Blanca Ortiz..., Segorbe..., el humo dormido...: todo
15.10.07 @ 13:56:41. Archivado en Segorbe - Alto Palancia
"Concretamente no es el pasado nuestro; pero nos pertenece, y de él nos valemos para revivir y acreditar episodios que rasgaron su humo dormido".
Gabriel Miró, “El humo dormido”.
... Tanto tiempo leyendo y releyendo mentalmente El humo dormido, tanta voluntad invertida en la prosa refulgente de Miró, tanta Oleza, tanto recuerdo alicantino, determinaron –no cabe duda- que este verano pasado pudiese entrevistar, siquiera mediante pocas y resumidas preguntas, de manera –eso sí- ajena al bullicio de cerveza y refacción que a esas horas de la noche vivía el Casino de Segorbe, a Blanca Ortíz Díaz, Bellea del Foc de Alicante, esa provincia/tierra/terreta (la millor del mon) del también mejor triunvirato/terna/ tripartito que pudiésemos reverenciar los que malvivimos de la tinta. Las tres literaturas en la mirada, ibérica y profunda, de la diosa del fuego apaciguado bajo la peculiar mantilla blanca... Y Blanca se llama.
-La prenda de cabeza, la mantilla, ¿tiene algún nombre especial?
-No, mantilla...
-Pues debería tenerlo, porque es una mantilla como solar y deslumbrante. Una mantilla que dice que viene a ser como el primer sol que amaneció en la Tierra.
Sí, la mantilla de Blanca tenía la magia sideral de la luz vista y no vista, de la luz desmayada en catarata de pólvora estañada que se derrama en la palmera incandescente de la noche...
-Te prevengo de que ésta no es una entrevista de las que entrevistan para salir del paso y nada más; nada va a tener que ver con lo que te hayan preguntado por ahí...
-Ya me he dado cuenta.
-¿Y qué algo es lo que estudias?, porque seguro que estudias algo...
-Pues, sí: cuarto de Derecho y segundo de Periodismo.
-Eso son dos algos, pero, en fin, letras puras, de las soñadas por mí.
Las letras puras de mi humo dormido, ante los ojos avispados, brillantes, casi felinos, de la muchacha, me trasladaron a las tardes errabundas de Alicante, cuando, como el viajante de Miller, vendía cosas inútiles, imprescindibles para el buen fracaso de un escritor... Gracias a ellas y su adherido fracaso, gracias a Blanca y al humo dormido –ya digo-, ahora soy casi feliz escribiendo otras letras que no sirven para nada.
-¿Sabes?
-¿Qué?
-Cuando yo era viajante de comercio y tenía que esperar la hora concertada de visita a algún cliente, o simplemente cuando no quería ver a níngún cliente, me pasaba tardes enteras sentado en la plaza de Gabriel Miró... Solo, ensimismado frente a su busto, mirándonos fijamente, porque mirar es una manera de hablar...
Y Blanca “miraba” tratando de comprender... La paz que lograba en ese rincón fresco y umbroso, en esa serenidad que da vivir amparado en las metáforas del humo flotante, en esas sintaxis que independizan al lenguaje de todas las servidumbres habidas y posibles; en esas porciones del Más que parecen inexistentes en los anuncios luminosos, en los periódicos, en las rebajas de El Corte Inglés y hasta en los discursos de los políticos viejos políticos, siempre ha viajado conmigo. Y Blanca miraba calladamente, como Miró, en su busto pétreo y descubridor.
-¿Has leído a Gabriel Miró?
-Bueno, más a Miguel Hernández...
-¿Y a Azorín?
- Sí.
- Hace poco estuve con mi socio en su casa de Monóvar (y señalé a Luis Javier Simón, que hacía las fotos)... Por cierto, también estuvimos dejando unas flores en la tumba de Miguel Hernández.
Blanca no entendía nada, o no del todo, porque le parecía –quizás- que era mucho ver en un solo día. Pero ver, lo que se dice ver, vimos mucha más literatura en ese solo día, puesto que, por la tarde, entrevistamos a Fernando Sánchez Dragó en el hotel Lucentum, cuando presentó Muertes paralelas, porque la muerte es lo que más hermana a los españoles, también a todos los humanos, pero a los españoles, más, mucho más... Gabriel Miró lo sabía, por eso no se adhería a nada que no fuese la prosa vestida y bien vestida, algo así, pero de apariencia contraria, a la poesía desnuda de Juan Ramón Jiménez, de ahí la rica indumentaria de elipsis estremecedoras con las que vistió sus relatos. Por otra parte, tan reales..., desde Las cerezas del cementerio a El obispo leproso... El obispo leproso irritaba sobremanera a don José Ortega y Gasset porque no podía soportar prosas mejores que la suya. En fin, no sé, ya digo, repito...: hay pasajes de Miró que pueden matar de belleza y pesadumbre. Pero seguí preguntando.
- ¿Se percibe en Alicante animadversión hacia Valencia?
- No, ¿por qué?...
- Porque hace años se hablaba de una especie de entidad autónoma que se podría llamar “El Sudeste”... Bueno, quizá viniese de la tradición cantonalista de Alicante. ¿A ti te suena la palabra Alicantón?
- No, nada, en absoluto.
- Fue una especie de partido político independentista respecto a Valencia.
- De verdad, no lo sabía.
- Tampoco tienes por qué: eres muy joven... Aquí en Segorbe está la Fundación Max Aub... Max Aub escribió Campo de los almendros...
- ¿De qué trata?
- Del estado de postración en que quedaron los republicanos vencidos al final de la guerra civil, cercados en el puerto de Alicante y luego conducidos a un campo de concentración conocido como “De los Almendros”.
A Blanca, los ojos le destellaban preguntas segorbinas, pero los fotógrafos intrascendentes del momento destellaban cólera facial por la charla que menteníamos, una charla que les mermaba el número de imágenes a cobrar; tal era para ellos el romanticismo de la evidenciada confraternidad castellonenese-alicantina. No tenían humos dormidos que escribir, claro está. Pero yo, sí. A mí me venían a los sesos frases sueltas, luminosidades y tragedias mironianas que marcaron
mi vida... Pasajes de Miró como uno del relato El oracionero y su perro, en el que describe la fatalidad existencial del perro de un ciego que sustituía a otro que tuvo que vender y que todavía acabó peor...: “Por eso Andrés buscó otro perro y lo trajo uncido al dogal del Noble. El nuevo era rojo, trasijado, sin cola ni orejas, siempre tembloroso de calambres y de sustos. Los hombres y los chicos le apedreaban sin querer; era de esos perros sin raza, huido de todas las aldeas, que pasan corriendo torcidamente, y de súbito se paran porque alguien viene, y vuelven a escapar, y entonces el que venía se dobla, alcanza un guijarro y se lo tira a ver si acierta, y siempre atina, que el perro plañe y se aparta jadeando... Cuando llegaba a los muladeres, sus hermanos los perros nómadas le acometían aunque estuvieran hartos. Sólo un hombre le dio pan y le rascó la cerviz desollada: fue Andrés, que de paso lo ató. Todos los perros salían a ladrarle, escarneciéndole en su cautiverio; algunos le mordían en la matadura de la última cuerda. El cayado de Andrés quiso ampararle, y como era cayado de ciego hirió al protegido en la llaga vieja; y los otros brincaban rodeándole muy alegres”...

En fin, eran cosas de Miró pensadas en Segorbe, porque Segorbe se hermana con Alicante por España..., que una Avenida de España hay en Segorbe y una Explanada de España tiene Alicante. La "explanda de España", por antonomasia, puede que sea la gran meseta castellana, pero Alicante le aporta a la idea esteparia de la nación una explanada guarnecida por palmeras y con oleajes marinos en baldosas, que le dan la sensualidad soñada por los páramos adustos; y Segorbe incopora a la enrevesada semántica de España, como una antítesis tan pertinaz a la sequía, el rumor hedonista, feliz y epicúreo, de su hontanar, esa fuente de lágrimas felices que es la De los Cincuenta Caños, uno por provincia sin mas hecho diferencial que el que no existe.

- Yo leo a Matilde Asensi – dijo Blanca.
- No conozco nada de ella.
- Es de Alicante, periodista...
Ahora ya he olfateado las prosas de Asensi, pero son las diametralmente opuestas a las de Miró. Las de Asensi, en plan Código Da Vinci, tienen vocación de masas; las de Gabriel siempre serán las ideales de una minoría selecta que, existir, existe.
- ¿Qué les quieres decir a los de Segorbe?
- Pues, darles las gracias a todos y por todo. Han sido éstas unas horas inolvidables
- Oye, ¿y qué te parece esto del fuego como elemento común, mágico y ritual en toda la Comunidad Valenciana?
- Es muy bonito, también común en otros lugares, porque España es un país de tradiciones.
Así recuerdo ahora aquella charla con Blanca en el casino de Segorbe, la noche de la proclamación de la Reina de las Fiestas... Ella era la Bellea del Foc (la Bella del Fuego), y yo alguien que escribe siempre con el humo dormido que demostró Gabriel Miró... Y por el humo se sabe dónde está el fuego.
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Juan E. Sanchis
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