
05.04.08 @ 14:12:54. Archivado en Filosofía, Economía
La verdad se defiende sola, la mentira necesita ayuda del gobierno.
(Antonio Escohotado)
Acudo fugazmente al congreso en torno a la escuela económica austríaca que se ha celebrado en la universidad de Santiago. Lástima no haber podido quedarme más tiempo, nada me gusta más que escuchar a otros hablando de economía política mientras fuera llueve a Dios dar. Y es que las cosas que tienen que ver con el modo en que se relacionan los hombres con la economía, esa hidra agreste, mueven al pensamiento subjetivo y apasionado más que otra cosa alguna. Como, además, voy creyendo que la ingerencia burocrática en asuntos de condumio y cobijo causan más males que beneficios al contribuyente, resulta muy instructivo ahondar en la historia de la predación organizada.
Abrió el fuego el profesor Miguel Anxo Bastos, con un asunto sugerente: “Los nuevos ludditas”, es decir origen, procedencia y desarrollo de los tecnófobos que en el mundo han sido, ese “odio a la máquina” que de cuando en vez aflora por medio del pensamiento de algún gurú económico. El profesor Bastos, pese a su juventud, es un clásico. Hay una especie de profesor compostelano, ya semiextinta, de tertulia en el café “Azul” y chorreo bibliográfico, que resulta inexportable. En ellos, divina verborrea, la mente apura más que las palabras, van de una esquina a otra de sus lecturas sin solución de continuidad, entretienen más que un Barça-Madrid. El primero de esa especie que tuve la suerte de conocer fue don Carlos Alonso del Real, capaz de comparar el cráneo de Ursula Andress con la osamenta de un Cro-Magnon; Torrente Ballester también era así, será cosa del granito y de la lluvia. Bastos, como sus colegas Pedro Arias o Miguel Cancio mantiene bien alto el pabellón de la vieja universidad, que ya apenas existe como tal.
Más tarde, Gabriel Calzada, del Instituto Juan de Mariana, realizó una muy notable exposición en torno a los desencuentros del autor del “De Rege” con el poder. Esto es muy pertinente, aquel colegio salmantino, de jesuitas combativos, sigue representando la verdadera gloria del pensamiento económico español. Antes que Bodin dieron con el fenómeno, nuevo para aquel mundo precapitalista, de la inflación. El “discurso sobre la moneda de vellón”, aquellas cosas que avisaba González de Cellorigo, siguen en absoluta vigencia.
Y así, a media tarde, vino la profesora María Blanco con el viejo Bastiat bajo el brazo. Es sabido que a Bastiat siempre se le ha hecho más caso en América que en Europa, y es lástima, porque probablemente ha escrito las líneas más lúcidas, realistas y divertidas de la economía política, claro que sus publicaciones tenían aspecto de panfleto, no de manual, Bastiat no tenía método, sólo sentido común ¿Cómo olvidar su narración del pleito ficticio de los fabricantes de velas franceses con el sol? Todo esto, recordado a través del bisturí literario de María Blanco fue, se lo puedo asegurar, un delicado placer. Esperamos ansiosos la publicación de las actas.
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09.01.08 @ 09:00:53. Archivado en Economía
“Vous n’avez ni Parlaments, ni Etats, ni gouverneurs, je dirais presque ni Roi ni Ministres: ce sont trente maîtres des requêtes commis aux provinces de qui dèpendent le bonheur ou le malheur de ces provinces, leur abondance ou leur sterilité" (Law al marqués de Argenson)
Puede ser que las chaquetas de Xavier Sala i Martin resulten detestables, que su página web, ligada a la Universidad de Columbia, parezca la de un teenager recién iniciado en la piratería del mp3; es posible que casen mal sus amenas visiones macroeconómicas con un espíritu más bien histriónico, casi fanatizado por lo culé y la butifarra primigenia, pero cuando toma el recado de escribir se convierte en lo que en realidad es, un economista industrioso a tener en cuenta. Hace poco ha escrito en la Vanguardia un artículo que se hacía ya necesario, pueden suponer que anuncia lo que cualquiera con cierto sentido del riesgo previsible ve venir, por mucho que el gabinete Zapatero quiera endilgarnos a “todos y a todas” la especie delirante de que allá por marzo el asunto de los IPC’S, los Euribors, el paro, la pérdida de poder adquisitivo y otros asuntos parejos e irrelevantes para el devenir del común serán agua pasada, el sentido común indica perspectivas mucho menos halagüeñas.
Sala i Martí señala nada menos que seis aspectos de la economía mundial que, cada uno por si mismo, podrían justificar el hecho de que se avecina una crisis de considerables proporciones, todos juntos pueden constituir esa “Tormenta perfecta” que intitula su artículo.
Y es que no es necesario ser el más despierto de los hombres para conocer siquiera por encima que el sistema funciona así, se les llama ciclos y es lo que toca. Como en cierta ocasión le dijo el ministro Law a su homónimo francés “Vous n’avez ni Parlaments, ni Etats, ni gouverneurs, je dirais presque ni Roi ni Ministres:( es de otros, mon Ami), de quien depende “le bonheur ou le malheur de ces provinces, leur abondance ou leur sterilité”. Y, generalmente, esos otros, no tienen oficina de reclamaciones, todos formamos parte de ello, desde la empresa china que demanda más combustible, hasta el banco hipotecario del medio oeste estadounidense que endosa sus impagados a su vecino mayor de la costa. Se le dice capitalismo.
Claro que, los gobiernos pueden actuar de manera más o menos neutra o poner las cosas peor. Algo que nos recuerda muy sagazmente desde sus “Noches confusas” el inimitable Berlín Smith:
Y el final de la fiesta: desde Moisés sabemos que los años de vacas gordas vienen seguidos de años de vacas flacas y no hay keynesiano que haya terminado con el ciclo, así que el crecimiento ininterrumpido durante tantos años en plan tigre de aguas orientales termina por acabarse, incluso en la Asia más lejana: veremos qué le pasa a los chinos después de los juegos.
Culpable o no culpable (en realidad, si tiene buena o mala suerte, los gobiernos occidentales son bastante apañados en no meter la pata mucho y poco más pueden hacer de magia), lo interesante para José Luis y sus huestes, sobre todo las más cercanas, es que se ha terminado el tiempo de ese juego llamado "cuán moderno y avanzado que soy y cuán modernos os vamos a hacer" y van a tener que gobernar. Es decir, la trayectoria de convertir toda la agenda política en una versión elegante de las fiestas de un pueblo (chupinazo y encierro, si hay heridos por asta de toro sólo es culpa de los que corren), me temo que deja de servir. El juego del tío bien situado que ahora reparte unos cheques por allí y otros por allá y que regala sopa boba se va a poner complejo.
El artículo se llama: “El final de los aficionados”, de antología.
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03.01.08 @ 09:30:53. Archivado en Política, Economía

Ya sabrán que Gabriel Tortella (Barcelona, 1936) es un historiador económico o un economista historiador, que lo mismo da, perteneciente a esa hornada áurea de investigadores catalanes que como Jordi Nadal o Albert Carreras, nos ayudaban desde la editorial Ariel a entender con mayor claridad las vicisitudes del difícil proceso de industrialización en España. He de reconocer que a mí me gusta mucho Tortella, hace ya mucho tiempo leí unas más que interesantes reflexiones suyas en torno a la defensa catalana en 1869 del arancel proteccionista frente a los tímidos intentos liberalizadores de Laureano Figuerola, en los que concluía que más les habría valido a los industriales algodoneros del principado dejarse llevar por el benefactor viento de la libre competencia, que haberse agarrado a la seguridad del proteccionismo, creciendo, decía, “como un organismo natural y no como una planta de estufa”. Corría el año 1994 y el libro se llamó “El desarrollo de la España contemporánea”.
Hoy compruebo que Gabriel Tortella sigue a la suya y no se casa con nadie, sus demoledores artículos en El País criticando los excesos del nacionalismo, por su vocacional cortedad de miras, por su empecinado caminar en contra de la Historia, resultan hoy más pertinentes que nunca. Trasmite esperanza contemplar que personas como Gabriel Tortella no hayan sucumbido ante la apisonadora ideológica que hoy señorea con mano de hierro el universo cultural y político de cualquier territorio extracastellano. Lo fácil hubiera sido lo contrario, vamos que no creo que en un futuro próximo se le conceda a este historiador de pluma ágil y miles de horas de vuelo la Creu de Sant Jordi. Y fíjense, que Tortella, como hijo dilecto de su generación, es un historiador de metodología marxista, que hoy en día resulta ser idéntica a cualquier otra metodología rigurosa, pero que entonces parecía un condicionante ético inexcusable para un intelectual, no hacerlo así sería verse abocado al ostracismo más o menos expreso del mundo académico, ya decía Marc Ferro, que lo de la escuela de Annales era vergonzoso, pues conceptos como “explotación” eran considerados en aquella casa tan naturales e inevitables como “que a la primavera le suceda el verano”.
Afortunadamente, entonces, existe un pensamiento de izquierda que todavía camina libre de prejuicios de campanario, centrado en su afán antropológico. Alivia mucho pensar que existe un universo de rigor y sensatez tras las frases romas de Zapatero, Montilla o Pepe Blanco, empeñados como andan en gobernar un “Estado” con quien sea, bajo la máxima “tras de mí y los colegios de élite de mis hijos el Diluvio”, igual les da si es con los mismos cuyo único fin en este mundo es que el tal “Gobierno de España” deje de existir. Nada que ver con términos como izquierda o socialismo, esto se llama, a lo más, búsqueda del sustento y dominio del cotarro pese a quien le pese. No nos rasguemos las vestiduras, Aznar y los anteriores hicieron lo mismo o parecido, gobierno a cambio de gabelas y normalizaciones. El resultado resulta fácilmente comprobable. Hace poco compartía mesa y mantel con un afamado arquitecto que había impartido clases y conferencias en universidades del País Vasco y Cataluña. En un momento de la conversación, no siempre estamos de acuerdo, más bien al contrario, le dije: “Oye y tú irías a vivir con tus hijos a alguno de esos territorios”; “¡Ni loco!” me respondió. Luego citó algunas de las razones que todos podemos suponer: “¡En Euskadi han llegado a traducirme simultáneamente una conferencia…en español!, de locos, en cuanto a Cataluña, mis hijos no tendrían manera de aprender en la lengua que hablamos en casa”. Lo mismo, exactamente lo mismo, han conseguido ya en Galicia. En fin, el “efecto San Mamés”, a este paso, la tristísima endogamia pseudoétnica dominará por completo aquellos lugares en los cuales el nacionalismo ha hecho fructificar la hiedra de su crónico autismo. Por mí que vayan preparando el Referéndum, Nihil Obstat, ya nos buscaremos un confortable refugio al abrigo de tan insanos humores, todavía queda mucho Mediterráneo, por muchos Paisos que quieran colonizar.
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Son los milagros de Internet, por mucho que se quiera soslayar e incluso silenciar la información incómoda para los poderes, es un hecho que, al menos por el momento, no pueden con la fuerza cívica que atesora la red. A nada que se ha sabido que a la Consellería de Pesca de la Xunta de Galicia se le atragantaba la publicación de un estudio científico sobre el asunto Prestige, estudio que la misma Xunta había encargado a la Universidad compostelana, podemos comprobar como esa misma publicación: La incidencia socioeconómica del Prestige, está ya, íntegramente y en formato original, a disposición de quien desee leerla on line o descargarla en su equipo (60Mb). Todo ello por iniciativa de la web Coruña Liberal. Naturalmente, ahí les dejo el enlace al archivo descargable, disfrútenlo y que cada quien juzgue por sí mismo. Los créditos, como reza en su frontispicio son inmejorables:
A INCIDENCIA SOCIOECONOMICA DO PRESTIGE EN GALICIA
Impacto no litoral galego
Este libro es el resultado de un trabajo realizado por un Convenio de Investigación entre la Consellería de Pesca de la Xunta de Galicia y Asuntos Marítimos y la Universidad de Santiago de Compostela el 31 de Enero de 2.005.
Ha sido dirigido por:
PEDRO ARIAS VEIRA
Profesor del Departamento de Fundamentos del Análisis Económico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. USC.
Los temas sociológicos han corrido a cargo de:
MIGUEL CANCIO ALVAREZ
Profesor del Departamento de Sociología y Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. USC.
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19.11.07 @ 22:44:00. Archivado en Política, Economía

Los hechos son muy sencillos y fáciles de entender. En su día la Consellería de Pesca de la Xunta de Galicia encarga un estudio científico sobre el impacto del siniestro a un equipo de la Universidad de Santiago de Compostela dirigido por los profesores Pedro Arias Veira y Miguel Cancio. A su debido tiempo y cumpliendo todos los plazos, el trabajo que lleva por título: Impacto Socioeconómico del Prestige en Galicia, 300 páginas de información, que estudian cada uno de los IX distritos marítimos de Galicia de manera científica y contrastada fue entregado a la administración que lo había encargado. Es un precioso libro además, extraordinariamente maquetado a color y redactado en gallego y castellano, también en inglés para su supuesta difusión posterior. A día de hoy no se ha publicado, tampoco los autores tienen noticia de que lo será algún día. ¿Las razones? Pueden suponerlas, las conclusiones del estudio científico no se pliegan a la versión oficial, así de simple y así de inquietante.
Veamos pues algunas de las que allí se barajan, ya que la administración bipartita pretende silenciarlas:
- La investigación revela que los causantes reales fueron los titulares del buque, una maraña de oscuras sociedades de paraísos fiscales y piratas del mar. Dueños de un buque viejo y con un marco legal de seguros garantizados y adversos, lo que hubieran querido era el acercamiento, el estrellado en la costa y la imputación de responsabilidad al gobierno español. La gestión marítima fue correcta, en la línea general de estos casos.
- La gestión económica fue rápida y eficiente. Se neutralizaron rápidamente los posibles efectos socioeconómicos negativos sobre las áreas afectadas, el sector y el conjunto gallego.
- Debido a que el salvamento era una competencia estatal, los costes se repartieron en el erario público de todos los españoles. Por lo que no hubo efecto depresivo, sino que se encajó sin problemas. Más aún, si Galicia hubiera sido independiente, entonces el coste de limpieza, subvenciones y apoyos, hubiera tenido repercusiones mucho más importantes.
- Al realizar un análisis individualizado por cada una de las IX Zonas Marítimas gallegas, se observa que no tuvo impacto depresivo. Primero por el propio efecto de mercado, menos pesca pero más precio, con ingresos superiores en los casos importantes. (Salvo justamente la Zona Cero, Fisterra-Muxía, que se tuvo mucho tiempo en veda; pero que fue compensado con las sabrosas ayudas públicas). Esta realidad sumada a subvenciones y efectos positivos en hostelería y demás repercusiones subsidiarias, supuso unos momentos de importante dinamismo zonal. (De hecho en la fase de estudio de campo, los investigadores escuchamos frecuentemente la expresión “¡Que venga otro Prestige!”, en clave irónica pero descriptiva de su evolución económica en esos meses de verdadero impacto). Solo en Fisterra y Costa da Morte –de escasa entidad en empleo- el efecto mercado-precio no fue positivo pero sí sobrecompensado mediante ayudas y subvenciones.
- La evolución socioeconómica de las zonas siguió su pauta habitual. El conjunto de la economía gallega, en la senda expansiva que ya había alcanzado. Por tanto el catastrofismo, difundido interesadamente por las plumas al servicio de la, entonces, oposición nacionalista fue un mito más.
- La clave para evitar catástrofes radica en cambiar el cuadro de la legislación, tal como ocurre en USA; allí el propietario y titular son de entrada los responsables. Han de viajar con buques solventes y preparados para las contingencias temporales y de todo tipo. Deben autodisciplinarse. De lo contrario deben asumir las consecuencias.
- En los últimos capítulos se tratan estos aspectos así como la necesaria unidad nacional ante estas irresponsabilidades de las mafias internacionales marítimas. Aquí incluso sacralizadas – celebérrimo capitán Mangouras- con tal de utilizarlas políticamente.
¿Comprenden ahora el silencio de la Consellería de Pesca, y de algún que otro marinero de agua dulce dispuesto a lo que sea a cambio del favor del poder? Más información aquí y aquí.
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El drama del campesino español ha sido siempre el mismo. Mientras los mercaderes ganen infinitamente más con la especulación que con el fomento de la producción, el agro siempre llevará las de perder. Estos datos publicados en "Las provincias” no difieren mucho de los tiempos en que asentistas y acaparadores llenaban sus graneros tras la cosecha, para vender en cuanto la penuria alimentaria hacía subir los precios:
El porcino está en estos momentos a 0,87 euros en origen, mientras que el consumidor lo paga a 6,12. El margen medio del distribuidor es de 5,25 euros, según La Unió, nada menos que un 604%.
La ternera se paga al ganadero a 6,36 y cuesta al detall 15,81. la diferencia es de 9,45, un 328% más. En el caso del cordero se pasa de 2,38 a 6,29, un 191%. En conejo y pollo son más moderadas las cifras. El 1,44 del conejo en granja se convierte en 2,9 para el consumidor, un 102% más, y el 1,38 del pollo en origen pasa a ser 2,17, un 57% de incremento.
No ocurre nada muy distinto a lo de siempre. Véase por ejemplo el tenor de un memorial elevado al Rey en las Cortes de 1593:
«, . .hay casi todos los años esterilidad y carestía en ellos [en los reinos de S. M.] a causa de haberse los labradores enflaquecido, en forma que faltan más de las dos terzias partes dellos, y si no es servido vuestra Majestad de proveerles de breve y suficiente remedio, se acavarán, porque han venid oa tanta necesidad que no tienen de suyo cómo se sustentar, ni con qué labrar las heredades, por lo qual han venido a tomar fiado lo que siembran y los pocos ganados con que labrar, y allende de que las tales personas [los tratantes] les llevan precios excesivos por lo que les venden, les dan lo peor que tienen, y por ser así los ganados que muy caros compran, son las labores mal hechas, y la tierra mal cultivada no da fruto, y así son las cosechas cortas, y con ellas no pueden pagar lo que deben y vienen a ser presos, en forma que las cárceles están llenas dellos, y a ser tantos los pleitos de acreedores que hazen, que embarazan las más de las audiencias, y los tratantes son tan cautelosos que usan contra esta pobre gente de mil fraudes y cautelas . . .»
(Cfr. ÁNGEL GARCÍA SANZ, Actas de las Cortes de Castilla, tomo XIII, Madrid, 1887, pp. 136-137.)
Quiere esto decir que mientras muchos productores caen en la miseria y el desánimo, algunos de sus paisanos, manteniendo su dominio hegemónico sobre precios y comercialización, son cada vez más ricos. Despiadada caradura o capitalismo imperfecto, léase lo que se prefiera.
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07.07.07 @ 03:30:29. Archivado en Historia, Economía
Aquellos tipos adustos que adoptaban terno negro, golilla y gesto grave; severos memorialistas instalados en torno a la decadencia del 1600, gozaron siempre de mala prensa. Se les decía “arbitristas” por su costumbre de representar al Rey los males de aquella monarquía y las por veces peregrinas soluciones que se les ocurrían para remediarlos.
Para la población avisada, los arbitristas eran a menudo juzgados como tristes charlatanes de poco seso, capaces de presentar a la consideración del Consejo de Castilla las soluciones más disparatadas y carentes de fundamento que se pudiera imaginar. Cuenta Cervantes por boca de Berganza en “El coloquio de los perros” cómo entre los recluidos en el Hospital vallisoletano de la Resurrección había podido ver a un alquimista, un poeta, un matemático, y “uno de los que llaman arbitristas”, buena muestra de por donde caminaba el pensamiento español a la hora de señalar las ocupaciones que habitualmente desempeñaba la irracional caterva de lunáticos y desesperados que comenzaba a señorear aquellos reinos, personajes peripatéticos a los que Don Alonso Quijano daría carta de identidad y cierta esperanza de que en el futuro serían mejor comprendidos.
Pero ya a las puertas de la crisis, los conceptos se afilan y los juicios se despojan de toda misericordia, el siglo de hierro comenzaba a parecer a sus contemporáneos un lugar insalubre. Para Quevedo — ¿leía de verdad Quevedo o sólo se leía a sí mismo? —, los arbitristas son unas veces locos universales y castigo del cielo (Fortuna con seso) cuando no charlatanes embargados por la mayor de las estupideces. En El Buscón el arbitrista que charla con Don Pablos pretende convencerle de la posibilidad de ganar Ostende secando el mar con esponjas…

Claro que cuando uno repasa la lista de tanto desnortado como había dirigiendo memoriales a los austrias menores, se encuentra con nombres que en nada se corresponden con la imagen tradicional del arbitrista, así entre 1550 y 1600 nos encontramos con la escuela de Salamanca en pleno: Luis Ortiz, del que dijera Earl J. Hamilton que había desarrollado “una doctrina de la balanza de pagos notablemente lúcida para su época”; Martín de Azpilpueta, quien casi con toda probabilidad se habría adelantado al mismísimo Jean Bodin al formular la primera teoría cuantitativista del dinero, es decir, que la moneda, como cualquier otro bien, obedece a la ley de la oferta y la demanda, relacionando así explícitamente el caudal de los metales preciosos americanos con la inflación de los precios y el “premio de la plata” que tan detenidamente ha estudiado el citado Hamilton. Pero aún hay más, ¿qué decir de Tomás de Mercado? Aquella “Suma de tratos y contratos” estableció de forma paralela a la “Réponse à monsieur de Malestroict” de Bodin los peligros de intercambiar sistemáticamente materias primas por producciones elaboradas en la industriosa manufactura del norte de Europa.
De entre todos estos pensadores más o menos económicos a los que nadie hizo nunca el menor caso, puede que, llegando ya a la generación de la crisis, Martín González de Cellorigo sea de los menos conocidos, no obstante resulta para mí uno de los más audaces en su pensamiento al rechazar el bullonismo premercantilista dominante, es decir, la idea de que un Estado era tanto más próspero cuantos más metales preciosos fuese capaz de acumular. Para Cellorigo no se trataba de acumular moneda de buena ley, sino de emplearla en producción razonablemente rentable: “Que el mucho dinero no sustenta a los Estados, ni está en él la riqueza de ellos”. Todo un hallazgo que probablemente muchos ya intuían, no en vano los arbitristas llevaban décadas clamando contra la falta de manufacturas, el exceso de clérigos y la pervivencia de estorbos notorios para el comercio como la Mesta o los malhadados puertos secos. Pero fue probablemente Cellorigo el primero en expresarlo con tal claridad, incluso antes que el francés Montchrestien, acabando así con la hegemonía de una doctrina errónea:
“La riqueza ha andado y anda en el aire, en papeles y contratos, censos y letras de cambios, en la moneda, en la plata y en el oro, y no en bienes que fructifican y atraen a a sí como más dignos las riquezas de afuera, sustentando las de dentro. Y así el no haber dinero, oro, ni plata en España es por haberlo, y el no ser rica, es por serlo” (Memorial de la política necesaria y útil restauración de España, 1600)
Elegante remate en paradoja que venía a resumir los males del siglo y apuntaba conceptos como la industriosidad para enmendarlos, ojala Quevedo le hubiese leído, diríamos algunos. Tal vez de esa manera se hubiese podido prestar algún remedio a la naturaleza social de España, que, contenta con la herencia del tío de América, quien podía no producía y quien tal vez quisiera no podía, tales eran las trabas administrativas y de mentalidad colectiva que les rodeaban. En palabras del mismo Cellorigo: “No parece sino que se han querido reducir estos reynos a una república de hombres encantados que vivan fuera del orden natural”. Nada más certero, sólo la cuna importaba, Alonso Quijano era pobre, pero hidalgo, eso era lo esencial, mientras nuestros vecinos calvinistas se afanaban allí en la Europa nublada por cambiar su suerte a base de algo tan elemental como trabajar para el futuro. De entonces acá, y pese a lo que Zapatero nos pueda contar al respecto de la marcha de “su” economía, muchos sospechamos que seguimos, en un buen porcentaje de acción, a la nuestra, con el “que inventen ellos” y la compra-venta de pisos como casi única e imaginativa forma de invertir caudales, todo ello en medio de un bosque iluso-administrativo, los nuevos puertos secos que nos hemos regalado, basado en principios sentimentales tan ridículos como inoportunos para los negocios, en palabras de mi admirado Gabriel Tortella, seguimos caminando en la dirección equivocada:
“Resulta cuando menos desconcertante, en vista de todo esto, que en España nos estemos inclinando por la fragmentación en lugar de por la integración. La erección de barreras lingüísticas y culturales allí donde no las había, la descoordinación de las políticas fiscales y sociales, no pueden sino ser una rémora económica en el futuro por la misma razón que lo son en la Unión Europea. En lugar de aprender de los errores o dificultades de nuestros vecinos y socios, parece que hemos decidido sumarnos al pelotón de los torpes.”
(Gabriel Tortella: Tan largo me lo fiáis... El País 18-07-2006)
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10.05.07 @ 19:42:40. Archivado en Historia, Economía
La asociación de Estudios Históricos de Galicia, a la que me honra pertenecer, ha presentado el pasado lunes el nº II de su revista Nalgures. Nada más abrirla, me topo con un extraordinario artículo de Jose Luís López Sangil, dedicado a la historia del monacato en Galicia. Como Jose Luís es uno de los mayores expertos en el asunto, repaso con verdadero placer los avatares del clero regular en Galicia, cuya presencia y asentamiento en el territorio fue, como se sabe, casi omnímoda, tanto es así que se puede afirmar que entre benitos y bernardos andaba repartido buena parte del terrazgo galaico, quedando el resto para los obispados, la menos boyante nobleza laica y alguna villa del Rey como A Coruña o Viveiro.
Me llaman poderosamente la atención sus notas sobre el proceso desamortizador del siglo XIX, ya sabíamos que uno de sus efectos no deseados fue la práctica destrucción de buena parte del patrimonio artístico y cultural que se custodiaba en los cenobios españoles, claro que, cuando se desciende al rigor de la documentación, comprobamos que la cuestión fue decididamente sangrante.
Haciendo memoria, podemos recordar brevemente uno de los asuntos más debatidos por la historiografía de todo tiempo, la Desamortización de los bienes eclesiásticos inspirada por Juan Álvarez Mendizábal. El propósito inicial de aquel ministro era remediar la deuda del Estado y financiar el ejército con el producto de la venta de los bienes desamortizados a la Iglesia, cumpliendo de paso el deseo de la doctrina liberal de terminar con la no enajenabilidad de aquellos bienes, sujetos como es sabido a la mano muerta, es decir, que una vez que se incorporaban a la Iglesia debían permanecer en su seno sin poder venderse, enajenarse ni verse repartidos en herencias, hecho que inarticulaba para la producción agraria buena parte del territorio español. Así, por medio de una serie de Decretos dictados a fines de 1835 y comienzos de 1836 se suprimieron en España todas las ordenes religiosas, excepto las dedicadas a la beneficencia y las misioneras en las Filipinas. Inmediatamente el Estado procedió a la confiscación de las propiedades de las ordenes, convertidas así en Bienes Nacionales y, por último, estos activos se vieron transformados en propiedad particular mediante pública subasta. 
No fue ésta la primera ni la última de las desamortizaciones hechas en España, pero sí la más conocida por su alcance político, económico e ideológico. Recordemos por ejemplo que ya Godoy pactó con la Iglesia en 1797 la venta de una parte de su patrimonio, y que también José I Bonaparte se apropió de bienes de ordenes religiosas suprimidas, decretos obra de los afrancesados que las Cortes de Cádiz dejaron en vigor. Por su parte, los hombres del trienio dictaron las Leyes Monacales en 1820 que anticipaban la obra de Mendizábal y la hubieran adelantado de haber dispuesto de tiempo para ello. En lo que respecta a la propiedad civil y comunal, las disposiciones de Fernando VII sobre los Baldíos, la supresión del mayorazgo en el Trienio Liberal y el Decreto de Toreno en 1835 para reducir a la propiedad particular los Bienes de Propios de los ayuntamientos son otros tantos antecedentes de la obra que llevará adelante Madoz a partir de 1855. Por eso, la historia de las desamortizaciones cubre en la realidad buena parte del devenir de nuestro siglo XIX.
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01.04.07 @ 17:19:11. Archivado en Política, Economía

“Hace quince años argumentaba en mi libro El fin de la historia y el último hombre que si una sociedad quería ser moderna no había más alternativa que la economía de mercado y un sistema político democrático. Por supuesto, no todos querían ser modernos y no todos podían establecer las instituciones y las políticas necesarias para que la democracia y el capitalismo funcionaran, pero ningún otro sistema podía arrojar mejores resultados.” (Francis Fukuyama, La Vanguardia, 2007)
Lo recuerdo muy bien, fue en el verano de 1989, cuando Francis Fukuyama, un profesor estadounidense de origen japonés bastante desconocido hasta entonces, publicó en The National Interest su célebre artículo: “The end of history?”. Como es sabido, en aquel opúsculo de 15 páginas que dio lugar en 1992 a un libro más extenso de título similar: El fin de la historia y el último hombre, se pretendía constatar el hecho de que, coincidiendo con el desplome de la Unión Soviética, las ideologías no democráticas y antiliberales habían muerto definitivamente o al menos caminaban firmemente hacia su extinción, de modo que a la humanidad no le quedaba más que contemplar su evolución hacia un futuro convergente en lo económico y en lo político, donde sólo tendrían cabida en el mundo estados democráticos interrelacionados por la economía de mercado.
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28.01.07 @ 22:10:19. Archivado en Economía
Decían los filósofos helenísticos que no podemos conocer cómo son las cosas en sí, pues la sensación sólo tiene que ver con la apariencia, por tanto no deberíamos decir: esto es, sino y como mucho esto me parece. Hace poco un buen amigo se quejaba amargamente de los males que nos estaba trayendo la deslocalización de la industria occidental, recuerdo que entonces me encogí de hombros y le dije “no te preocupes tanto, que ya volverán”, panta rei, todo fluye.
Coincidía que en aquellos días estábamos asistiendo al severo varapalo propinado por franceses y holandeses a la constitución de la Unión, analistas y tertulianos se afanaban en buscar explicaciones a un fenómeno con el que no contaban hasta hacía bien poco, tan sólo seis meses atrás había confianza en que el tren europeo caminaría siempre en la misma dirección, esto es, constitución consensuada entre todos y ampliación de socios. Y hete aquí que la Europa de la industria y la mercancía, del eterno progreso, del Laissez faire, laissez passer, parecía correr temerosa a encerrarse sobre si misma.
Contemplamos como la derecha más rancia desempolvaba sus banderas nacionales para reivindicar antiguas glorias imperiales, a la vez, la izquierda sindical y aburguesada temblaba ante la probable invasión de aquellos “fontaneros polacos”, o sea, los productivos y bien formados técnicos del Este, criados en el sacrificio y en la fuerza del trabajo, muy capaces de tumbar los precios a base de prescindir del cobro de extrañas plusvalías, por ejemplo esa especie de gabela feudal y abusiva que nuestros técnicos domiciliarios denominan en sus facturas “desplazamiento”, aunque vengan paseando desde la esquina, eso en el caso de que entreguen algún trasunto de factura.
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