Y sin embargo se mueve… Un blog de Juan Granados

La riqueza de la Libertad; un libro de Fernando R. Genovés

13.03.16 | 19:52. Archivado en Política, Filosofía


Desestructurando el 11-S

18.09.11 | 20:53. Archivado en Política, Filosofía

“No hubo nada más que un relámpago amarillo cerca de su tobillo. Quedó inmóvil un instante. No gritó. Cayó suavemente como cae un árbol. En la arena, ni siquiera hizo ruido.” (Antoine de Saint-Exupéry: El Principito )

Fernando R. Genovés, filósofo y escritor de fuste, cuya obra seguirán ya sin duda muchos de ustedes, nos regala en descarga gratuita a través de la red de redes su última producción ensayística que lleva por título: “Cine, espectáculo y 11-S”, en mi opinión, una obra que se hacía francamente necesaria en medio del triste panorama mediático que rodea aquel execrable episodio de barbarie, patéticamente “explicado” y hasta justificado por amplios sectores de una sociedad occidental más errática a cada día que pasa. Baste citar un solo párrafo de Genovés para ejemplificar lo que hasta aquí ha venido ocurriendo:

“Estos intelectuales posmodernos suben al estrado y, para seguir llevando la contraria a la alta cultura, entonan el Himno de la Tristeza, el canto del cisne de una Civilización que consumen, pero que aborrecen. En realidad, estos maestros del descontento se aborrecen a sí mismos. Aunque la sintaxis y la semántica que emplean sean, a menudo, incomprensibles, en el fondo se les entiende todo. Si ellos deciden caer en la miseria, los demás deben seguir el mismo camino.”

Bueno es que alguien lo quiera señalar de una vez. Pero hay mucho más en “Cine, espectáculo y 11-S”, por ejemplo, y tampoco pretendo desvelar demasiado el contenido de un ensayo de lectura más que recomendable, la añoranza que siente el autor por el modo en que los clásicos del cine de comedia se han acercado a la catástrofe y al horror. La esencia del asunto comienza, no podría ser de otra manera, con aquel guión afortunado, obra del más brillante cómico contemporáneo: “Woody Allen describió esta situación, este caso, en uno de sus filmes más logrados: Delitos y faltas (Crimes and Misdemeanors, 1989). Lester, llevado a la pantalla por Alan Alda, hermano del personaje principal, interpretado, a su vez, por el propio Allen, diserta en una secuencia determinada acerca del significado de la comedia, de la caracterización de gracioso: […] Comedia es tragedia más tiempo».” ¿Qué viene después? Pueden suponerlo: Chaplin y su “Gran Dictador”, Ernst Lubitsch rodando en plena guerra mundial “Ser o no ser” o Billy Wilder desestructurando la guerra fría con aquella desternillante “Uno, Dos, Tres”, película rodada en agosto de 1961, poco antes de que se construyese el muro de la ignominia en Berlín. Para Genovés, aquellos cineastas inmortales probaron su amor por la libertad y su desprecio de la tiranía por el camino de lo que mejor sabían hacer, el humor. Pueden resultar muy graciosos, pero no hay en sus filmes ni un solo atisbo de connivencia con los asesinos, no existe conmiseración alguna para los dispensadores de dolor y crueldad.

La comparación de la obra de los viejos maestros con el tratamiento que del 11-S han hecho cineastas cresos y bien asentados en la podredumbre de la sociedad occidental que tanto parecen detestar, como Oliver Stone o Wim Wenders, resulta, inevitablemente desoladora. El resto léanlo allí, no les defraudará.


El próximo sábado 6 nos vemos en Madrid en la presentación de "Adios al Orden" de Rafael Herrera

04.11.10 | 18:18. Archivado en Actualidad, Filosofía

Presentacion ADIOS AL ORDEN

intervendrán:

MARÍA BLANCO: profesora Universidad San Pablo-CEU y miembro del Instituto Juan de Mariana.

FRANCISCO GIMÉNEZ GRACIA: filófoso, escritor y profesor de filosofía, director de archivos de la región de Murcia.

JUAN GRANADOS: escritor e historiador

RAFAEL HERRERA: autor del libro, filósofo y ensayista
Tendrá lugar el sábado 6 de noviembre a las 20:00 h. en la librería FUENTETAJA · san bernardo 35 MADRID

La democracia por sí misma no tiene garantizada su supervivencia. Ésta era una de las conclusiones más significativas en el anterior libro de Herrera sobre la globalización. En Adiós al orden. La deriva del Estado hasta el siglo XXI el filósofo, en diálogo con los pensadores más importantes, rastrea la historia de esa forma de ordenar la convivencia y el poder típica de Occidente, el Estado, para descubrir su “deriva” por el mar del tiempo hasta la actualidad. Así, frente a las teorías hoy imperantes que afirman que el Estado es una estrategia política caduca ya superada, Herrera traza desde sus orígenes el fuerte sentido de pacificación de lo estatal, y advierte de que el final del Estado, si no se lleva a cabo con una cierta prudencia, puede llevarnos a todos a despedirnos del orden. Es más, sugiere el autor, las formas de construcción de la globalización, si no se contrarrestan con fuertes dosis de democracia liberal, podrían abocarnos a un estado de naturaleza posglobal.

Rafael Herrera Guillén es profesor e investigador del Grupo de Excelencia “La Filosofía y los procesos sociohistóricos” de la Universidad de Murcia. Especialista en historia del pensamiento político y en la transición del siglo XVIII al XIX en España, obtuvo en 2006 el Premio Extraordinario de Doctorado y en 2001 el Primer Accésit del Premio de Ensayo “Fermín Caballero”. Asimismo es miembro del Grupo de Investigación “Saavedra Fajardo” de Pensamiento Político Hispánico.

Ha publicado numerosos ensayos sobre filosofía política en revistas nacionales e internacionales y artículos de opinión en el diario La Opinión, en donde aborda las cuestiones más relevantes de la política actual.

Otros libros del autor: Un largo día. Globalización y crisis política (2008), Floridablanca en la Guerra de la Independencia (2008), Cádiz, 1812 (2007), Las indecisiones del primer liberalismo español (2007).


Chez Revel

19.04.10 | 22:23. Archivado en Política, Filosofía

Entre brumas ABC-Galicia, lunes 12 de abri de 2010

“Hoy, como antaño, el enemigo del hombre está dentro de él. Pero ya no es el mismo: antaño era la ignorancia, hoy es la mentira.” (Jean-François Revel, El conocimiento inútil)

Abril de 2006, Jean-François Ricard, luego Ferral, luego Revel, Chez Revel, amante de la gastronomía y del buen vino, hay quien defiende que en difícil dialéctica con cualquier tipo de vino, iba camino de las verdes praderas en las que no creía. Ojala su hijo Matthieu Ricard, monje budista, tuviese finalmente razón manteniéndose en su complicada fe tibetana y el viejo filósofo goce de una buena reencarnación la próxima vez. Aquí le seguimos echando en falta, quedan ya muy pocos como él, un liberal que dignificaba cada día el concepto, desentrañando el engaño, evidenciando la mentira, cuestionando los trajes nuevos del emperador que a cada poco nos presenta con renovado éxito de crítica y público la izquierda irredenta. Mucho les dio que hacer el viejo profesor a los enemigos de la libertad y las sociedades abiertas, primero combatió contra estalinistas y maoístas, luego, tras la caída del muro, contra la irracional persistencia de la izquierda, empeñada en justificar cualquier cosa que se mostrase sólo tangencialmente antioccidental, ya fuese el castrismo, el tercermundismo, el integrismo islámico o los turbios movimientos antisistema. Una actitud valiente rara de ver en un intelectual. Los que así se consideran suelen andar por la vida como pisando huevos y espetando por la boca lo que se espera oír de ellos o lo que ellos creen que el procomún desea escuchar, si no hay ni un ápice de verdad en lo que afirman, da igual, “el arte de “pensar socialista" no consiente que la realidad le fastidie una buena teoría, una buena soflama”, decía Revel, y tenía razón. Tal vez resulte cómodo vivir anclado en la tautología de los lugares comunes, en el hablar de oídas, todo con tal de no madrugar.
Revel daba mal en las fotos, es la miseria general de los liberales, ya le pasaba a Raymond Arom, también a Tocqueville, nunca supieron ser encantadores de serpientes ni regaladores de oídos, la realidad resulta a veces poco agradable, sobre todo al indolente. Pero Revel era pertinente, nos recordaba en cada ocasión de donde venimos y como hemos llegado hasta aquí, lo que ha costado acceder a la razón y las luces y el dispendio que supone abandonarse a la tiranía de las religiones laicas. Si occidente descubrió el individuo y toda su admirable potencialidad, hoy impera la imposición de lo colectivo, el agobiante poder totalizador de la maquinaria socialista, empeñada en redimirnos no se sabe de qué esta vez. ¿Será por ventura que una vez uniformado el pensamiento de los súbditos las cúpulas rectoras podrán por fin tumbarse a descansar plácidamente en sus bien provistas villas? Sólo así se explica el momento en que nos hallamos, hoy, escuchando con cierto pesar las cosas que proclama Willy Toledo, me ha venido al magín, como de rondón, el bueno de Jean François en el aniversario de su gran viaje, los últimos acontecimientos le hubieran proporcionado buen pasto del que hablar, ya lo haremos otro día, según se vaya pudiendo.


El mito del hombre nuevo, un nuevo libro de Dalmacio Negro

28.04.09 | 10:12. Archivado en Filosofía

(Por Luis Canal)

En unos famosos versos de su obra De rerum natura, Lucrecio elogia la filosofía diciendo: "Nada hay más grato que ser dueño de los templos excelsos guarnecidos por el saber tranquilo de los sabios, desde donde puedas distinguir a otros y ver cómo confusos buscan el camino de la vida". Ortega, por su parte, afirmaba que alejarse de las cosas para comprenderlas es lo que se llama presbicia. Hay que "salir a su encuentro y chocar con ellas".
El presente libro de Dalmacio Negro, catedrático emérito de Ciencia Política en la Universidad CEU San Pablo y miembro numerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, tiene una doble virtud, y es que, a la par que irradia unas grandes dosis de erudición y agudeza visual sobre la evolución de las ideas políticas que han ido modelando en los últimos siglos el pensamiento europeo, confronta al lector con los grandes problemas de la actualidad y la compleja realidad en la que vive el hombre en los albores de la era de la bioingeniería y la revolución tecnológica.

En esta obra el autor aborda el mito del hombre nuevo, el gran mito del siglo XX, el siglo de los Estados Totalitarios, que se atisba como una fantasía plausible, a la sombra del Estado Total o Estado del Bienestar. Éste no necesita imponerse por la fuerza, sino que, en cuanto productor de valores y cultura, ha creado su propia religión secular facilitando la servidumbre voluntaria de sus ciudadanos.

Dicha situación pone en riesgo no sólo el êthos de las sociedades europeas, sino la propia existencia humana tal y como la conocemos. El orden social se forma exteriormente por el orden cultural y engloba a su vez los órdenes horizontales de la fe, la religión, la moral, el derecho, la economía y la política, siendo este último aspecto la epidermis de todo lo demás. La cultura, el modo de vida, que se configura mediante la conversión de las ideas-ocurrencia, en las que se piensa, en ideas creencia, en las que se está, condiciona la visión de la realidad y, por tanto, la acción humana.

Las nuevas bioideologías –entre las que caben destacar el ecologismo, la obsesión por la salud, la mitificación de la juventud, la llamada cultura de la muerte (técnicas eugenésicas y la eutanasia), el feminismo radical, el multiculturalismo, la corriente New Age– son el producto de una época caracterizada por la desfundamentación de la cultura. El hombre no es tan sólo un animal político, como decía Aristóteles, sino social, y, consecuentemente, su naturaleza es evolutiva, como animal cultural transmisor de conocimientos y capaz de modificarse culturalmente. Empero, está dotado de unos instintos naturales invariables y por unos patrones de conducta fijos, constantes y universales, como dedujo Hume.

La politización de la naturaleza humana –biopolítica–, como consecuencia del uso de los conceptos como armas políticas, los avances de la ciencia médica y genética y la promesa de alcanzar la perfectibilidad de la raza humana en el futuro, vislumbrándose, incluso, la posibilidad de alcanzar la inmortalidad, abren el abismo de una era post-humana. Como advertía Francis Fukuyama en su obra El fin del hombre, la famosa distopía de Huxley (Un mundo feliz) es una posibilidad real de consecuencias nocivas para la democracia liberal y para la naturaleza de la propia política.

Ese mito culturalista del hombre nuevo, según Dalmacio Negro, espiritualmente vacío y exteriormente solidario, "altruista sin deseos ni pasiones", es fruto de la religión secular nacida al amparo del moralismo de la revolución francesa. Para entender esa derivación post-revolucionaria, Dalmacio Negro analiza los orígenes de dos de los principales artificios modernos, sin los que hubiera sido imposible el surgimiento de la religión secular: el Estado y la Sociedad.

En este orden de cosas, Tomás Hobbes, el primer liberal estatista, es quien sustituyó la vieja tradición de la razón y la naturaleza por la de la voluntad y el artificio. El contractualismo hobbesiano promete salvar al hombre, sacarlo de su estado de la naturaleza, mediante la política, colectivamente, en el futuro, y no como las religiones tradicionales mediante la salvación individual en el más allá.

Este nuevo deus ex machina, el gran Leviatán, monopoliza la libertad política a cambio del reconocimiento formal de una serie de derechos sociales y personales que concede a sus súbditos. Su carácter mecanicista propende a extender su control a todos los ámbitos de la sociedad mediante la burocratización de las relaciones sociales, la expansiva reglamentación de la vida pública e incluso la privada y la sustitución del Derecho, fruto de las costumbres y la tradición, del common-law, por la Legislación. El despojo legal del que habla Bastiat, para el que la "Ley es la Justicia"..."Salid de ahí, haced que la Ley sea religiosa, fraternitaria, igualitaria, filantrópica... y en seguida os hallaréis en lo infinito, en lo incierto, en lo desconocido, en la utopía impuesta a la fuerza".

Fue Rousseau quien transformó el Estado-Leviatán en el Estado-Moral. Es el origen de la nueva religión secular, asentada en el nihilismo al romper con el pasado y engalanada con el ropaje del humanitarismo romántico, en una época dominada por la confianza en el progreso. De la Gran Revolución surgiría el Estado moderno, el Estado-Nación –en contraposición a la nación histórica–, como protagonista indiscutible de la historia europea, que adquiere sus propios fines, subordinando los del individuo a los de la sociedad.

A partir de Rousseau, la política se reduce al ejercicio del poder en la medida en que está moralizado, desplazando la vieja tradición política liberal del gobierno limitado, en la que la libertad política es esencial, llegando a legitimar en casos extremos el derecho de resistencia al poder injusto, contrario al Derecho, como postulaba Juan de Mariana.

El pensamiento ideológico, que ha ocupado el centro político de los siglos XIX y XX, es, en este sentido, un producto del estatismo que impregna una visión artificial del orden y distorsiona la concepción de la realidad, condicionado a su vez la acción humana. Como señala D. Negro, el actual consenso político socialdemócrata, que predomina en Europa y da forma a la actividad política, es heredero de las ideas de Rousseau.

Con la revolución cientificista de 1968, "la revolution introuvable" de Raymond Aron, se produjo un salto cualitativo que pretendía superar el marxismo. La lucha de clases se sustituyó por la lucha entre generaciones. Ya no se trataba de cambiar las estructuras sociales para alcanzar el paraíso terrenal, sino que se pretendía cambiar la propia naturaleza humana como presupuesto del cambio de la sociedad. Todo ello supuso un cambio cultural brutal en la generación del baby boom, que es la generación de la clase política dominante; eternos jóvenes que monopolizan el arte, la educación, los medios de comunicación y la política. El gran problema ya no es el capitalismo, en el que se sienten cómodos, sino la propia naturaleza humana, a la que se considera culpable. Las bioideologías no se parecen al marxismo, salvo en la propaganda leninista-estalinista, sino que se asemejan a los movimientos juveniles del nacionalsocialismo alemán, inspirados en el darwinismo social y la eugenesia. Se trata de crear un hombre nuevo, en el que los deseos miméticos habrán desaparecido, que transforma su naturaleza divinizándola.

En La posibilidad de una isla, Houllebecq describe un mundo en que "ser viejo estaba prohibido". Quizás ese mundo no esté tan lejano y las nuevas bioideologías conviertan al hombre en un ser antihistórico; privado de su cultura, sus instintos, sus pasiones; externamente solidario y virtuoso, pero desarraigado de sus tradiciones y de sus lazos familiares y afectivos; aislado y desprovisto de sentido de la vida. Para comprender las claves de la actual situación política, cuyas consecuencias son impredecibles, es imprescindible la lectura de la obra aquí reseñada.


DALMACIO NEGRO: EL MITO DEL HOMBRE NUEVO. Encuentro (Madrid), 2009. 437 páginas.

LUIS CANAL, abogado.


Metafísicas

20.11.08 | 21:49. Archivado en Literatura, Filosofía

Tarde extraña a vueltas con la conciencia y perezosas urgencias. Leo a Arturo Schopenhauer y a mi amigo Alvarado entrevistando a Borges. En un bucle gracioso, descubro que el patrón de todos los bibliotecarios apreciaba sinceramente la cosmología del viejo cascarrabias alemán, ya es casualidad:

“Si, he dedicado muchos años al estudio de la filosofía china, especialmente al taoísmo, que me han interesado mucho y también he estudiado el budismo. He estado también muy interesado por el sufismo. De modo que todo eso ha influido en mí, pero no sé hasta dónde. He estudiado esas religiones, o esas filosofías orientales como posibilidades para el pensamiento o para la conducta, o las he estudiado desde el punto de vista imaginativo para la literatura. Pero yo creo que eso ocurre con toda la filosofía. Creo que fuera de Schopenhauer, o de Berkeley, yo no he tenido nunca la sensación de estar leyendo una descripción verdadera o siquiera verosímil del mundo. He visto más bien en la metafísica una rama de la literatura fantástica.”

A lo mejor es que le leyó párrafos como éste, que suena a Borges y no a Schopenhauer:

"Me dicen que abra los ojos y contemple las bellezas que el sol alumbra; que admire sus montañas, sus valles, sus torrentes, sus plantas, sus animales y no sé cuantas cosas más. Pero entonces, ¿el mundo no es más que una linterna mágica?. Ciertamente el espectáculo es espléndido, pero en cuanto a representar allí algún papel, eso es otra cosa."

Ambos tenían razón, ¿qué sabe nadie de metafísica? Pasada la edad de la esperanza inducida el pensamiento se vuelve tan huérfano, tan miserable, como aquellos dos hermanos primitivos y bárbaros del cuento de los cuchilleros, ¿recuerdan? Pues resulta que la frase certera, el remate borgiano que rezaba en perfecta y cruel síntesis: “a trabajar hermano, esta mañana la maté”, fue cosa de doña Leonor, clara madre del divino ciego.


Del malsano historicismo (Keep it simple, stupid!)

14.06.08 | 14:15. Archivado en Política, Filosofía

Pluralitas non est ponenda sine necesítate (Guillermo de Occam)

Uno camina con el tiempo limitado, pero no hasta el punto de transitar por lo cotidiano privado de ciertas intuiciones. No hay más que darse un paseo por la realidad, para colegir que vivimos en un lugar extraño, vinculado permanentemente al pasado, es decir, dependiente del pensamiento artificialmente complejo, donde lo evidente jamás aparece y todo se explica a través de increíbles retruécanos verbales subsidiarios de un modo absurdo de razonar. Algunos enlaces con los que he topado en casas cercanas ayudan a explicar todo esto.

Si Rafael Herrera nos recuerda que permanecemos inermes en manos de un lobby político fascinado por el derecho territorial y el privilegio artificialmente justificado por las cuitas de los bisabuelos, Berlin Smith nos enlaza con la realidad que deviene de semejante actitud. En consecuencia, observamos como los habitantes de un territorio, elevados a verdadera casta dominante por el presupuesto que debería atender a todos por igual, demandan, no se si mayoritariamente aunque bien poco les falta teniendo en cuenta los sistemas lingüísticos y educativos que imponen en sus feudos, la inmediata secesión del común hispánico. Presupongo que lo lógico en este caso sería no porfiar con el mal pagador, invitándole a salirse cuando quiera. Lejos de ello, la “clase” política, esa de los “miembros y miembras” interpone a la liberación moral mil excusas patéticamente legales, como si la ley en España no estuviese ya suficientemente desprestigiada por su errática trayectoria, dependiente en todo del aire que marcan los tiempos y las campañas electorales, donde; por ejemplo, hablar, escribir, español en España puede ser a la vez obligación y delito, una ley tan estúpida como aquella que en ciertos parajes prohíbe la ingesta de determinados animales por miedo a que se trate de tu propia abuela reencarnada.

La miseria historicista nos impide contemplar la impúdica desnudez del rey. Aquí, en la España de 2008 no somos ciudadanos iguales en derechos y obligaciones, esa es la verdad por más que se quiera disfrazar con groseros constructor epistemológicos. Los viejos canallas del FBI de Hoover solían aplicar el axioma: “Si te lo parece, es”; antes que ellos Guillermo de Occam aplicaba su navaja para encontrar la verdadera respuesta en lo evidente. Aquí seguimos explicándonos como los amondongados y sofistas bizantinos, peor para nosotros, permaneceremos esclavos de la historia, siervos de la arbitrariedad presupuestaria y el público adoctrinamiento.


Cuando Bastiat visitó Compostela

05.04.08 | 14:12. Archivado en Filosofía, Economía

La verdad se defiende sola, la mentira necesita ayuda del gobierno.
(Antonio Escohotado)

Acudo fugazmente al congreso en torno a la escuela económica austríaca que se ha celebrado en la universidad de Santiago. Lástima no haber podido quedarme más tiempo, nada me gusta más que escuchar a otros hablando de economía política mientras fuera llueve a Dios dar. Y es que las cosas que tienen que ver con el modo en que se relacionan los hombres con la economía, esa hidra agreste, mueven al pensamiento subjetivo y apasionado más que otra cosa alguna. Como, además, voy creyendo que la ingerencia burocrática en asuntos de condumio y cobijo causan más males que beneficios al contribuyente, resulta muy instructivo ahondar en la historia de la predación organizada.

Abrió el fuego el profesor Miguel Anxo Bastos, con un asunto sugerente: “Los nuevos ludditas”, es decir origen, procedencia y desarrollo de los tecnófobos que en el mundo han sido, ese “odio a la máquina” que de cuando en vez aflora por medio del pensamiento de algún gurú económico. El profesor Bastos, pese a su juventud, es un clásico. Hay una especie de profesor compostelano, ya semiextinta, de tertulia en el café “Azul” y chorreo bibliográfico, que resulta inexportable. En ellos, divina verborrea, la mente apura más que las palabras, van de una esquina a otra de sus lecturas sin solución de continuidad, entretienen más que un Barça-Madrid. El primero de esa especie que tuve la suerte de conocer fue don Carlos Alonso del Real, capaz de comparar el cráneo de Ursula Andress con la osamenta de un Cro-Magnon; Torrente Ballester también era así, será cosa del granito y de la lluvia. Bastos, como sus colegas Pedro Arias o Miguel Cancio mantiene bien alto el pabellón de la vieja universidad, que ya apenas existe como tal.

Más tarde, Gabriel Calzada, del Instituto Juan de Mariana, realizó una muy notable exposición en torno a los desencuentros del autor del “De Rege” con el poder. Esto es muy pertinente, aquel colegio salmantino, de jesuitas combativos, sigue representando la verdadera gloria del pensamiento económico español. Antes que Bodin dieron con el fenómeno, nuevo para aquel mundo precapitalista, de la inflación. El “discurso sobre la moneda de vellón”, aquellas cosas que avisaba González de Cellorigo, siguen en absoluta vigencia.

Y así, a media tarde, vino la profesora María Blanco con el viejo Bastiat bajo el brazo. Es sabido que a Bastiat siempre se le ha hecho más caso en América que en Europa, y es lástima, porque probablemente ha escrito las líneas más lúcidas, realistas y divertidas de la economía política, claro que sus publicaciones tenían aspecto de panfleto, no de manual, Bastiat no tenía método, sólo sentido común ¿Cómo olvidar su narración del pleito ficticio de los fabricantes de velas franceses con el sol? Todo esto, recordado a través del bisturí literario de María Blanco fue, se lo puedo asegurar, un delicado placer. Esperamos ansiosos la publicación de las actas.


Blogs solidarios

07.10.07 | 23:05. Archivado en Actualidad, Filosofía

Mi querido y admirado Luís Gómez me otorga Desde el Exilio uno de esos galardones con los que de cuando en vez los amigos de la tecla nos regalamos un homenaje. Esto para mí es un honor y por partida doble, primero por venir de quien viene, un verdadero Robin Hood que se parte el pecho cada día en su lucha por un mundo más real y más vivible. También por aquello de la solidaridad, que otorga a quien lo recibe una cierta fama de bonhomía que nunca está de más.

Con todo —Luís lo sabe tan bien como yo—, el vocablo solidaridad, en cualquiera de sus dos acepciones: “Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros” o “Modo de derecho u obligación in sólidum”, ha sido y es tan profusa y malintencionadamente utilizado, que ha perdido ya buena parte de su significación. Hoy cualquiera se declara “solidario” aunque jamás se le haya pasado por el magín acercarse con afecto a algún semejante con la intención de hacerle la vida siquiera mas fácil.

Así que, como alguna vez había escuchado a Gustavo Bueno quejarse, con la gracia con la que cuenta las cosas, de esta especie de fiebre de “solidarios” que azota el planeta, he encontrado un largo excurso del maestro en el Catobleplas que resulta ser una verdadera antología adornada de extensa casuística sobre el asunto. El artículo no tiene desperdicio, en mi opinión pone las cosas en su justo lugar, vean al respecto estas perlas que he ido entresacando de su texto:

El término «solidaridad» al que Leroux imprimió el nuevo significado «humanitario» en el terreno social-político, en realidad, un significado que comenzaba por eliminar los componentes polémicos para quedarse con los componentes armónicos de la idea, no fue desde luego creado por él. Leroux mismo lo dice en la Grève de Samarez: «yo he sido el primero en tomar de los legistas el término de solidaridad para introducirlo en la filosofía, es decir, según mi opinión en la religión: he querido reemplazar la caridad del cristianismo por la solidaridad humana.»
…/…
¿Qué puede tener de común el término «solidaridad» cuando unas veces se utiliza para expresar condolencia y otras veces obligación en el cumplimiento de un pacto?
…/…
A veces la artificiosidad de esta cultura de la solidaridad podrá ser tan intensa que, sin perjuicio de su eficacia, cuanto a la creación de solidaridades positivas, podrá llegar a rozar el ridículo: los saint-simonianos de Ménilmontant, en el comienzo del reinado de Luis Felipe, intentaron extender su traje barroco en el que figuraba un famosos chaleco simbólico que sólo podía abotonarse por la espalda, de tal modo que nadie podía abotonarlo por sí sólo (de modo autista), puesto que necesitaba la ayuda solidaria de alguno de sus congéneres.
…/…
Sería precisamente la naturaleza etológica –y en especial de etología humana (del comportamiento de los individuos en un grupo social) – que ha adquirido el adjetivo «solidario» lo que explicaría el éxito de este término en nuestra sociedad. Lo que se quiere decir al calificar a un individuo o grupo de «solidario», no es tanto que sea generoso (adjetivo que puede alcanzar un sentido ético: quien solidario o participativo en un grupo, no tiene por qué ser necesariamente generoso respecto de otras personas determinadas)
…/…
Apreciamos un cierto pudor en el misionero, en el bombero, o en el miembro de cualquier ONG, cuando utiliza el término solidaridad, en lugar de hablar de caridad, de com-pasión (sim-patía) o de generosidad, cuando trata de describir la línea de su actuación.

Y ahí nuestro filósofo, cuyo artículo completo pueden seguir aquí, da verdaderamente en el clavo. Personalmente, el concepto solidaridad, tan manido, a menudo tan artera y demagógicamente utilizado por los neo ricos con carnet de partido, me produce cierta dentera. Como procuro no tener prejuicios, no reparo en mientes para asegurar que si de cooperación y empatía por el prójimo hablamos, existen conceptos más antiguos, más bellos y más exactos. Los budistas le dicen “compasión”, los que procedemos de un entorno occidental hablamos de caridad, naturalmente no la caridad de cepillo de iglesia, sino aquella forma superior de filosófica misericordia y amor al prójimo que tan bien supo describir Pablo de Tarso en su primera epístola a los corintios, pues nadie es nada sin caridad: “Si hablando lenguas de hombres y de ángeles no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe”. Más hermoso y más exacto, en mi opinión, que la vacua charlatanería que nos vemos obligados a escuchar cada mañana.

Como las normas del premio indican señalar siete blogs merecedores de compartirlo, será para mí un placer citar a algunos viejos amigos, que amén de solidarios, son también caritativos y pacientes con el que suscribe y con el prójimo, que es lo fundamental:

Poder Limitado (Luis Balcarce, Periodista, con mayúsculas)

Reflexiones de un modernista (Un historiador de raza)

Noches Confusas en el siglo XXI (el viejo Berlín, siempre a la busca de la arenilla en el zapato del pensamiento monista)

Una casa en el aire (Nacho se define Nonwriter, siempre le digo: ¿qué nos queda a los demás)

Los árboles y el bosque (Antonio, incapaz de no ser honesto y encima escribe como nadie)

Hemiplejía Moral (Un hombre siempre en la brecha y a la que salta)

Viento de Poniente (La bonhomía en persona)


Más cosas con plumas. Educación para la Ciudadanía II, un artículo pertinente de Álvaro Delgado-Gal.

06.08.07 | 18:24. Archivado en Política, Actualidad, Filosofía

Uno comienza a creer que el problema que presenta la nueva asignatura de diseño gubernamental no reside tanto en los contenidos doctrinarios que se pretende introducir en el magín de nuestros infantes. Lo grave es que su desarrollo parece recaer en un puñado de machacateclas inmisericordes, cuyo desconocimiento de lo esencial transcurre parejo al entusiasmo pseudorevolucionario con el que parecen querer amansar su mucha frustración. Ese clásico del bachiller resentido e insuficientemente informado, sigue gozando de muy buena salud. Así nos lo cuenta Álvaro Delgado-Gal:

Hace unos días me acerqué a una librería de la calle del Arenal y pedí un título cualquiera de los que circulan por ahí sobre Educación para la Ciudadanía. Mi propósito era meramente exploratorio: no pretendía hacer un balance de la situación sino levantar la punta de la alfombra y echarle el ojo a lo que hay debajo.
.../…

En la confección del libro han intervenido tres plumas distintas y un ilustrador. El último ha sometido a una segunda destilación el mensaje contenido en la parte escrita, deparándonos, de paso, algunas joyas pedagógicas. Espigo dos. En la página 162 se ve dibujados a dos niños pijos, a horcajadas de los cuales van montadas sendas niñas pijas. La de la izquierda lleva un móvil en la mano y dice: «Lo bueno de la dictadura de mercado (en negrita) es que tiene lo bueno de los fascismos precedentes pero sin el mal rollo ese de los desfiles y las marchas militares». En la página 217, un hombre, situado en una especie de atalaya, señala con el índice un paisaje de infinita desolación y explica a sus dos hijos: «Vanesa... Pablito... ¡Mirad! ¿Veis ahí abajo? Es gracias a estas personas que se mueren horriblemente en la miseria que nosotros podemos tener un reproductor de DVD introducido subcutáneamente en el recto de nuestra perrita Fifí...».
…/…
De hecho, comparan el capitalismo con la Gestapo (pág. 153), y lo encuentran peor: «El capitalismo impone su orden totalitario con infinitamente mayor eficiencia que todos los campos de concentración nazis juntos» (pág.154). El capitalismo ha frustrado el gran proyecto ilustrado; el capitalismo es intrínsecamente incompatible con la democracia; y la historia demuestra que ha sido imposible reformar la democracia por medios pacíficos, es decir, legales: «... cada vez que la izquierda anticapitalista ha intentado valerse del marco legal para corregir las malas leyes, se ha encontrado con que ese marco no existía» (pág. 179). No sorprende que los autores comprendan la violencia: «Se puede defender el Estado de Derecho sin dejar de reconocer que dichos movimientos (los comunistas) tenían razón al defender que la lucha política debía entablarse extraparlamentariamente» (pág. 177). La sorpresa se combina con la preocupación cuando se lee que España, en realidad, no es un Estado de Derecho (pág. 84).

A medida que avanza, el libro va adquiriendo un tono paranoico. Se afirma que los Estados Unidos retrasaron su ingreso en la Segunda Guerra con el designio de que Alemania y la U.R.S.S., sus dos grandes rivales, se destrozaran mutuamente. Y que intervinieron pocos meses antes del fin de la contienda, cuando ésta ya estaba decidida (pág. 204). Semejante desprecio hacia los hechos reduce a una fruslería la línea en que se convierte a Popper en «filósofo americano» (pág. 83).

La ineptitud de los firmantes (dos de ellos, ¡ay!, profesores) causa mayor pasmo aún que su fanatismo. El argumento general adopta, miren ustedes por donde, un perfil kantiano. Se asevera, kantianamente, que toda ley digna de tal nombre debe asumir una forma universal. Y de ahí se deduce que es «intolerable» (pag. 72) que Bill Gates sea tan rico. ¿Por qué es intolerable? Porque Bill Gates no podría ser muy rico, si otros muchos no fueran muy pobres. Se entiende que el mercado es un juego de suma cero, y que yo sólo puedo prosperar a costa de que otro empeore. Uno esperaba una lectura kantiana un poco más sutil: una lectura que censurara, por ejemplo, el incumplimiento unilateral de los contratos o el uso de información privilegiada. Pero los autores no se andan con chiquitas: identifican la justicia con la igualdad de hecho, reprograman el kantismo en clave populista (Chávez es uno de sus héroes de referencia) y transforman a Kant en un heraldo de Evo (otro héroe de referencia).
…/…

ABC Guía de perplejos
ÁLVARO DELGADO GAL
5-8-2007


Luc Ferry o la serena y gratificante sensatez

01.07.07 | 05:37. Archivado en Educación, Filosofía

"Nuestros móviles pesan menos, pero nosotros no somos más felices”

Luc Ferry, filósofo (París, 1951), ha sido autor de éxito con su célebre Aprender a Vivir, y ministro de Educación y Juventud con el gabinete de Dominique de Villepin. Hace poco El País ha publicado una sabrosa entrevista con un ministro que ha pasado a la historia, sobre todo, por su prohibición de los símbolos religiosos en la escuela. Algo por lo que, naturalmente, fue preguntado y que respondió con el conocimiento y la seguridad del que cree en lo que pregona.

Pero no me he fijado sólo en eso, me han llamado especialmente la atención dos respuestas que aquí les transcribo. En la primera desentraña claves ciertamente valiosas si de verdad se quiere emprender un cabal diagnóstico del lastimero panorama educativo actual. Nos habla. (Por fin) diríamos algunos, del fracaso del paradigma académico dominante, al que llama “la ilusión pedagógica”:

P. ¿La educación no se ha resentido?
R. Sí, junto a los valores tradicionales se destruyó también la autoridad. En los colegios se ha impuesto la ilusión pedagógica: primero hay que apasionar a los alumnos y después hacerlos trabajar. Es al revés. Uno sólo trabaja por obligación. No hay espontaneidad en el aprendizaje. A todos nos ha marcado algún profesor, y solía ser un gran carismático que nos hacía trabajar, no un animador cultural. La ilusión pedagógica nos dice que podemos reemplazar el trabajo por el juego. De ahí el desastre. Hay que inventar nuevas formas de autoridad sin volver atrás como reaccionarios. Los pilares de la educación europea son griegos (por la cultura), judíos (por la ley) y cristianos (por el amor). Si damos el amor sin la ley, no funciona.

Una reflexión que muchos nos hacemos cada día, mientras el impermeable gobierno Zapatero sigue exaltando en los altares del reconocimiento y del desarrollo legal los excesos de una pseudociencia rousseauniana y tontorrona que parece dejar todo conocimiento al albur de la supuesta curiosidad adolescente. Un error que ya estamos pagando, y seguiremos haciéndolo con intereses a través del desarrollo de la LOCE. Es por esto que reconforta ver que todavía quedan pensadores autónomos y alejados del idealismo colegial. Aunque, claro, constatemos que viven y producen al otro lado de los Pirineos. Si alguien les contase que aquí además de aplicar a rajatabla cuartelera la ilusión pedagógica, muchos infantes “periféricos” son escolarizados a la fuerza en una lengua diferente a la que utilizan en casa y en la calle, tengo para mí que más de un viejo filósofo francés se arrancaría los cabellos de disgusto, pero en España a nuestro iluminado gobierno, con tal de dominar el poder, todo le parece bien.

La segunda perla de Luc Ferry resulta igual de satisfactoria, se constata, amigos, que la teoría de la conspiración es un asunto más bien falso, todos nos congratulamos de ello, buena noticia para el común y pésima para los alegres colectivos antisitema:

P. ¿Cuando un filósofo se hace ministro se vuelve más pragmático?
R. La experiencia más fuerte que tienes cuando llegas al poder es que no tienes poder. El proceso se nos escapa. Tenemos las apariencias del poder: coches, banderas... Como mucho, un ministro puede alegrar o fastidiar la vida de 300 personas, ahí se acaba todo. Si alguien moviera los hilos de la marioneta, como creen los militantes antiglobalización, estaríamos de enhorabuena. La lógica del mercado es anónima y ciega. Los políticos tienen ahora mucho menos poder que hace 40 años.

Aquí les dejo la entrevista completa, huelga decir que merece la pena.


El pensamiento liviano y el poder; el caso de José Antonio Marina.

28.06.07 | 20:10. Archivado en Educación, Política, Filosofía

Y todo fue un entierro de doncella,
Doctrina muerta, letra no tocada,
Luces y flores, grita y zacapella.

Francisco de Quevedo: A un tratado impreso que un hablador espeluznado de prosa hizo en culto, (fragmento)

Está ya por todas partes, le das una patada a un vote y de allí saldrá José Antonio Marina con su verborrea inconsistente para vendernos su libro. Reconozco que nunca me ha gustado, hay algo en su palabra pontificial que me resulta profundamente molesto. Es como si cada vez que habla estuviese ocupándose de vendernos una burra; un jumento, además, temblón, escuálido y de raza más que común.

Cada vez que habla, adivino en su pensamiento un sustrato torpemente idealista, una especie de adolescencia mal curada que se evidencia hasta en sus títulos. ¿A quien se le puede ocurrir llamar, por ejemplo, “Mermelada & Benji” a una presunta factoría de investigación social? Dentera me daba entonces el introito de sus artículos y más dentera aún me producen sus inventos educativos permanentemente unidos al poder de turno.

Ahora parece haberse erigido en cabeza pensante del régimen a través de su defensa del constructo gubernamental llamado “Educación para la ciudadanía”. Eso si, en su versión menos beligerante, no se trata de perder clientes. Así ha vuelto con sus tabarras sobre el buen royo y la paz perpetua, deseos bonancibles en todo caso que nada tienen que ver con la ética o la filosofía.

Su discurso resulta tan previsible que no se ha modificado en años. Ayer repasé con cierta calma el célebre debate a tres en torno a los conceptos de “Ética y Religión” que, moderado por Fernando Sánchez Dragó, convocó en el 2003 en la Universidad de Sevilla a Manuel Fraijó, Gustavo Bueno y nuestro Marina. Aún reconociendo que Don Gustavo, fiel a su figura, no se comportó como el filósofo más educado del mundo, el evento sirvió desde luego para confirmar mis peores sospechas. Mientras Bueno se esforzaba, como todo filósofo de sistema, en establecer las reglas del juego, definiendo, por ejemplo, lo que él entendía por Ética:

Es que la Ética yo la he definido, como la he definido, no tengo que decir más: «La Ética son las normas que van orientadas a la salvaguarda de los cuerpos individuales.» La norma fundamental es la «fortaleza»; entonces, cuando la fortaleza se aplica al individuo se llama «firmeza» y cuando se aplica a los demás se llama «generosidad» (palabras de Benito Espinosa en la Ética)

Añadiendo de su cosecha algún chascarrillo sabroso:

Y en cuanto a la Ética y a la Religión, creo que son cosas totalmente distintas, absolutamente distintas... porque yo me atengo aquí a la máxima de don Quijote –según Unamuno– cuando comparaba a San Ignacio {señalando a Manuel Fraijó} –su antiguo patrono, ¿verdad?, San Ignacio– con don Quijote, y decía que San Ignacio limpiaba el caballo por mayor gloria de Dios, y don Quijote lo limpiaba porque estaba sucio. {risas}

En tanto Marina se arrancaba con su ya clásica sucesión de naderías tautológicas, plagada de deseos más que de razonamientos, mostrándose en todo momento incapaz de definir con precisión el menor concepto. Así, todo se le fue en propugnar una especie de Ëtica universal más o menos tutelada, no se lo pierdan, por la ONU, es decir una asociación de figurantes presidida por un grupo de cinco que se veta entre sí. Por lo que se podía escuchar allí, no tenía demasiado clara la distancia entre Ethos (comportamiento) y Mores (costumbres), todo para él parecía ser Ética, o sea una especie de humanismo inespecífico. Para pasar luego a culpar de los males del mundo al mercado:

El mercado es un sistema suicida y en eso el libro de Garzón Valdés es precioso, es un mercado suicida si no está regulado por leyes que no son leyes económicas, que son leyes éticas

A lo cual respondió Gustavo Bueno como se debía:

Yo quiero discrepar rotundamente de Marina, como es natural, pero rotundamente, por su idealismo: es decir, la lucha por el monopolio no es absolutamente un resultado ético, como tampoco la liberación de esclavos en el Imperio romano fue una cuestión ética, ni de moral cristiana, fue sencillamente que con la liberación de los esclavos era más económico alimentar a los libertos y a los colonos que a los esclavos, no tiene nada que ver la ética.

Y claro, ocurrió lo que tenía que ocurrir, Jose Antonio Marina, que al inicio del debate se reconocía, con toda razón, como mercenario de la cultura: “Y yo realmente sí me considero un investigador privado, porque no soy un investigador académico, y además un investigador a sueldo”, perdió los papeles, se enojó terriblemente ante su dignidad puesta en entredicho, se derrumbó literalmente contemplando la pública caída de su supuesto bagaje intelectual, tanto, que ante una pregunta del público, sólo pudo afirmar como desmañado:

Público 2
...es que lo demás es Idealismo, yo veo mucho idealismo.

José Antonio Marina

¡Hombre, claro! ¡Bendito Idealismo! ¡Bendito Idealismo! Lo que me estás diciendo ahí, estás... lo que está en el fondo de la cuestión es que no se puede justificar una Ética laica, y eso es lo que han estado diciendo mucho tiempo las iglesias. Yo te digo que sí; no te lo puedo justificar ahora.

Claro que no podía, “es que no lee”, llegó a decirle Gustavo Bueno mientras el derrotado Marina hacía mutis por el foro. Pueden seguir el debate transcrito íntegramente en este enlace.

Pues bien, fíjense que éste Marina es el mismo que hoy se ve en la obligación de trasladar su robusto pensamiento a nuestros infantes. Esto de la “Educación para la ciudadanía” ya no es un problema político, si quieren es un asunto de elemental pertinencia intelectual. Cuando se le preguntó recientemente sobre que tipo de profesorado sería el ideal para impartir la nueva asignatura, aseguró:

¿Y quien va a impartirla? Pues quien sepa hacerlo. En primaria, los tutores, a los que habrá que dar materiales adecuados. En secundaria, si la asignatura cuaja y adquiere la importancia que merece, tendrían que crearse cátedras especiales, con cualificaciones específicas. Mientras tanto, me parece que los que están más preparados para tratar estos temas son los profesores de filosofía, que tendrán, sin embargo, que ampliar sus conocimientos históricos, jurídicos y políticos. Podrían impartirla los profesores de sociales, si aprenden la suficiente filosofía.

¡Hombre, Marina, gracias por suponer que los profes de Historia incluso podrían, no sin esfuerzo, alcanzar algún conocimiento filosófico equivalente al de un chico de 13 años formado bajo la reforma Zapatero! En fin, un ejemplo más de la mísera calidad intelectual que envuelve, como un satélite muerto y sin alma, el pensamiento gubernamental, donde Zerolos, Moratinos y Marinas establecen sin rubor alguno la hegemonía de lo inconsistente, al fin, aquí lo único importante es ganar elecciones y dominar como sea el óbolo público.


Jueves, 19 de octubre

BUSCAR

Editado por

El Gran Capitán Sartine

Síguenos

Hemeroteca

Octubre 2017
LMXJVSD
<<  <   >  >>
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031