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El general Luis Alejandre Sintes presenta su nuevo ensayo: "La aventura mexicana del general Prim"

Permalink 26.05.09 @ 22:17:13. Archivado en Literatura, Historia

Mi buen amigo y compañero en Edhasa Luis Alejandre Síntes anda de presentaciones de su último ensayo: La aventura mexicana del general Prim, un libro excelente, al que auguro tanto éxito como el anterior dedicado como saben a seguir los pasos del coronel Carlos Palanca en medio de la apasionante aventura española en la Cochinchina (1858). Nuevamente el esfuerzo heurístico, que es más que notable, con documentación que ve, en muchos casos, por primera vez la luz, se combina con la amenidad narrativa propia del general, que sabe de esto y mucho. He disfrutado enormemente con las peripecias mexicanas de aquel hijo del pueblo de Reus, tan sensato como valiente, al que sólo pudieron parar a traición en la infausta calle del Turco. Y es que aquella romántica aventura al socaire de los proyectos políticos de Napoleón III (1861), con Juárez, Maximiliano y Prím, nada menos y todos a la vez, resulta cinematográfica, verdaderamente apasionante. Como el que suscribe posee muy afortunadamente información privilegiada, gracias a un largo café casi conspirativo con el general en la Bayona de Galicia, donde fue tomada la foto que ilustra esta reseña, creo que cabrá esperar más ensayo histórico, incluso podría decirles a dónde viajaremos la próxima vez, pero me lo voy a guardar, claro que sólo por el momento.

Sí les adelanto que las próximas presentaciones de La aventura mexicana del general Prim, tendrán lugar el martes 9 de junio a las 19.30 horas en el palacio de Buenavista de Madrid (calle de Alcalá), donde por cierto han colocado una estatua enorme de “nuestro” Gran Capitán. Y, como no, en la misma Reus y en su Museo Archivo Municipal, el viernes 12 de junio a las 20.00 horas. No es cosa de perdérselo.

Esto nos cuenta la contraportada:

El 31 de octubre de 1861, Gran Bretaña, Francia y España firmaron en Londres un tratado para intervenir conjuntamente en México –país que acababa de suspender el pago de la deuda externa durante dos años y de expulsar al embajador español–, con la intención de salvaguardar sus intereses económicos y la seguridad de sus ciudadanos, y con el propósito explícito de "no ejercer en los negocios interiores de México influencia alguna capaz de menoscabar el derecho que tiene la nación para escoger y constituir la forma de su gobierno".
Apenas dos meses después de la firma de este acuerdo llegaba a Veracruz quien por entonces, tras la Guerra de África (1859-1860), era ya el militar español de mayor prestigio. Sin embargo, la situación con que se encontró era muy distinta a la que el Gobierno le había anunciado, y las relaciones con las tropas británicas y sobre todo francesas fueron muy diferentes a las que el tratado de Londres permitía augurar.

Sin dejar de lado su pericia castrense, Prim sorprendió al mundo manifestándose como un habilidoso diplomático capaz de atemperar el deseo de los franceses de instaurar a sangre y fuego una monarquía en México, convencer a las autoridades americanas de que no tenía ninguna intención de ocupar territorios y, no menos importante, evitar que los convulsos acontecimientos que vivía Centroamérica en esos meses se lo llevaran por delante.

El general Alejandre consigue aunar rigor y amenidad en un tipo de ensayo poco frecuente en nuestras letras.

LA AVENTURA MEXICANA DEL GENERAL PRIM (EDHASA)
Luis ALEJANDRE SINTES
ISBN 978-84-350-3983-3
Páginas : 384 - Formato : 15 x 23 cms.
Encuadernación : Tapa dura

Premio de Relato Corto “Historias de la Historia”

Permalink 01.02.09 @ 17:51:07. Archivado en Literatura, Historia

El portal de Historia “Historias de la Historia”, bien conocido por los visitantes de este blog y Toison Ediciones, convocan el Primer Premio de Relato Corto de HDH. Una parte del premio será la publicación de los cuentos ganadores en la Revista Medieval. Creo que esto supone una excelente ocasión para que escritores noveles y no tanto, se den a conocer. Mi buen amigo Javier Sanz nos ha liado un buen número de escritores de histórica para que echemos una mano. Ni que decir tiene que lo haremos encantados.

El jurado estará formado por:
-Mª Pilar Queralt
-Magdalena Lasala
-Juan Eslava Galán
-Jesús Callejo
-Fernando Martínez Laínez
-José Calvo Poyato
-Sebastián Roa y quien suscribe.

Lo dicho, animo a todos a participar, ya tengo ganas de leer esos escritos construidos al amor de la lumbre y al calor de un corazón inquieto. Las bases, naturalmente, en Historias de la Historia.

Zapatero “Igualdad”; o cómo apañar el mundo entero por decreto

Permalink 13.04.08 @ 14:18:49. Archivado en Política, Historia

Fastuoso arranque zapateril en tiempos de crisis. Aclara que pondrá a Caldera a “pensar” en torno a la ideología más fracasada de la Historia, convertirá a los militares en damas del consuelo y ejército de salvación y, a base de discriminación positiva, nos hará a todos iguales por mandato presidencial. Inevitable pensar en el orwelliano “todos los animales somos iguales; pero unos somos más iguales que otros”, en especial si uno se dedica a la política subvencionada por un fisco más ingerente a cada día que pasa. Es la enésima vez que se le ocurre que discriminar es bueno. Ya lo hizo antes con las lenguas vernáculas, mis hijos saben mucho de esto, ahora elegirán primero las que posean el sexo adecuado. Lo próximo ha de ser un ministerio de la negritud infravalorada, de los semovientes discriminados por merma de masa cerebral o del reino vegetal opreso. Todo puede ser con este triste iluminado henchido de egolatría, la factura la seguiremos pagando los de siempre.

Sostendrá Zapatero que esto calmará al Leviatán desbocado, también lo creyó en su día Luís Felipe José, Duque de Orleáns, cuando cambió su nombre por el de “Felipe Igualdad”, no obstante, su pasteleo con el delirio falsamente igualitario, su ratificación de la condena a muerte de su primo Luís XVI, de poco le valió. En 1793 sus nuevos amos pidieron su cabeza, es sabido que las ideas del progreso general por pertinente decreto nunca tienen bastante. Abandone toda esperanza quien posea algún tipo de habilidad mecánica o intelectual, algún mérito o cualquier suerte de capacidad, la pedrea estatal será colectivamente discriminatoria. Si vd. quiere medrar en medio de tan áspero panorama, intégrese oportunamente en el lobby privilegiado o cámbiese de sexo, tengo entendido que ahora lo subvenciona la Seguridad Social.

Cazando brujas

Permalink 18.02.08 @ 21:48:47. Archivado en Política, Historia

Pocos individuos conllevan más peligro para el procomún y la paz pública que un obtuso concejal de cultura dispuesto a aplicar doctrina moral sobre sus desapercibidos administrados. Deben saber que hace bien poco el saliente consistorio de la hermosa villa coruñesa de Cedeira había restaurado el fortín dieciochesco de la Concepción, para convertirlo en Museo Histórico. Gracias a los dineros de la Comunidad Europea y la Diputación coruñesa, con el trabajo y asesoramiento riguroso y entusiasta de asociaciones de recreación histórica como los Royal Green Jackets o la Asociación Napoleónica Española, se logró reunir una notable colección destinada a reproducir la vida cotidiana en un fortín de la época de Carlos IV, en la que se podían contemplar uniformes, cañones de época, mosquetes, dioramas, maquetas, grabados, salas con representaciones del polvorín, cuerpo de guardia, dormitorios de la tropa y un largo etcétera, que hacían de este fortín del tiempo de la Ilustración un lugar del mayor interés histórico, cultural y turístico, más aún cuando nos encontramos en plena conmemoración de los sucesos de 1808.

Pero no somos un país normal, apenas se produjo el relevo en el consistorio tras las últimas elecciones municipales, nos encontramos con un concejal redentorista, dispuesto a enterrar la historia en pro de un vernaculismo militante, empeñado como nunca en eliminar por vía del presupuesto cualquier elemento que nos recuerde de donde venimos. La consigna es hacer desaparecer el museo histórico para convertirlo en un trasunto de memoria brujeril y esotérica de raíz, al parecer mucho más adecuado a los fines del gobierno. No se pierdan el argumento: “La violencia no educa”, aún aceptando que los usos brujeriles y atávicos fuesen políticamente correctos con sus víctimas, se supone que por lo ineficaces y ridículos que se mostraban, el mandato del concejal es un toque a rebato contra casi cualquier cosa que se mueva en la actividad museística. De seguir su admonición de viernes nacionalista, ningún museo podría tenerse en pie, no se podrían exhibir ni hachas prehistóricas ni puñales de la Edad del Bronce, menos aún las metopas del Partenón del Museo Británico (reproducen sañudas luchas entre amazonas y lapitas, violencia y de género, además) Fuera los museos navales, se atreven a mostrar maquetas de hermosos navíos de guerra con el trapo desplegado, a la mierda Velázquez, ese belicista, y sus lanzas, nada de literatura histórica, acostumbra a narrar alguna que otra batalla, que se entierre en pozo de inmundicia la memoria de quien se ha atrevido a mostrar públicamente el submarino de Peral, la Tizona del Cid o el pendón de las Navas de Tolosa. Que se olvide, sobre todo, quienes somos y de donde venimos, así será todo más fácil.

El ojo de Richelieu

Permalink 18.11.07 @ 22:04:36. Archivado en Política, Historia

Si nos fiamos del, por otra parte infalible, adagio que asegura que el rostro es el espejo del alma, debemos concluir que cuando Philippe de Champaigne realizó en 1637 el célebre retrato triple de Armand-Jean du Plessis, cardenal-duque de Richelieu, debió suponer que su viejo patrón se traía algo entre manos. El gesto de inflexibilidad y determinación del gran valido de Luis XIII no admitía ningún género de dudas, el cardenal sabía bien lo que quería y estaba dispuesto a conseguirlo; si su conducta fiel a la razón de Estado suponía salvar algún escollo moral, conspirar en contra de su propia fe o llevarse por delante a unos cuantos compatriotas poco avisados, no tenía mayor importancia, Francia era Francia y su grandeza lo único substancial.

La presencia incómoda de los Habsburgo a un lado y otro de la frontera era algo que le traía de cabeza, eso y la hegemonía de la Monarquía Hispánica ejercida de este a oeste del Orbe por su alter ego el Conde-Duque de Olivares era una cuestión que le traía a mal traer. Nadie duda hoy que en tanto posaba con su habitual desgana e indisimulada altanería para el Champaigne, nuestro Cardenal abrigaba en su interior la determinación de acabar con todo aquello.

No tardaría en presentársele la oportunidad. El territorio que se disponía al sur de los Pirineos, la malhadada España, tenía más detractores a cada día que pasaba. La leyenda negra, aquella suerte de especies un tanto disparatadas difundidas por el rencor de Antonio Pérez y el ánimo independentista del príncipe de Orange, encontraban ahora nuevo pasto en la animadversión de Carlos I de Inglaterra, rechazado por Felipe IV como pretendiente de la infanta Mariana, y en las fuerzas centrífugas de territorios que, como Cataluña o Portugal, vivían muy favorablemente bajo el poder de un rey lejano y unas cargas fiscales infinitamente más livianas que las sufridas por la silente Castilla. ¿Había adivinado entonces Richelieu los acontecimientos de 1640 que supusieron la revuelta catalana y la independencia de Portugal? ¿Sabía ya entonces que el poder incontestado de los imbatibles tercios que transitaban incansables por el mítico camino español comenzaría a periclitar tras Rocroi? Probablemente, Richelieu dormía poco y trabajaba veinte horas al día, siempre había tenido que ver con todo aquello, nada ansiaba más que alcanzar un día a poseer siquiera una parte del imperio español para convertirlo en colonia de Francia. Entretanto, Olivares pugnaba inútilmente con unos y con otros para tratar de aunar esfuerzos bajo la Unión de Armas, es sabido que no le sirvió de nada, ni las mejores condiciones de fuero y trato le sirvieran nunca para convencer a según qué territorios, su afán estaba perdido desde hacía década y media larga. Difícil sería para cualquiera luchar contra la orden general de “todos contra España” que corría de un lado al otro de Europa, la paz de Westfalia no hizo más que corroborar la doma y castración del maltrecho imperio de los Austrias. Richelieu no vivió para verlo, los beneficios de todo aquello los recogió Mazarino, otro cardenal avispado y ahorrador que se ocupó de recapitular concienzudamente las rentas políticas obtenidas por su antiguo patrón. Es sabido que tras Westfalia España nunca volvió a ser la misma, mucho menos tras Utrecht, la hegemonía de los Austrias pasó indefectiblemente a la historia, el ojo acusador de Richelieu tenía razón, no hay más que indisponer al mundo en contra del enemigo para que todos remen a favor de tu marea.

Siempre he pensado que algo tendremos cuando vivimos permanentemente sometidos a las ojerizas ajenas. Todo ha cambiado desde entonces menos esto. Véase el celebérrimo “Gobierno de España” sometido a la tiranía aritmética de individuos que se han apuntado a la política con el único fin de lograr que eso que se iba llamando España pase lo antes posible a la historia. Yo a esto, y para entendernos, le llamo el efecto “Joan Tardá”, mejor gobernar apoyándose en cuervos, o simplemente no hacerlo, que en quien sólo busca tu ruina. Si a esto unimos fenómenos exteriores como el permanente juego de ventaja que mantiene Marruecos o el reciente affaire Chávez, se comprueba que tenemos un problema, la marca España vende mal, por envidia, por desprecio o por ignorancia, esto nunca se sabe, pero apañados estábamos y apañados seguiremos rodeados secularmente de este porfiado personal al que el pusilánime gobierno Zapatero no sabe, ni sabrá nunca, poner coto. Tengo para mí que Armand-Jean du Plessis, cardenal-duque de Richelieu, saltaría de gozo en su tumba si fuese convenientemente informado de estas novedades.

De canallas, mastuerzos y conmemoraciones

Permalink 23.10.07 @ 04:18:36. Archivado en Literatura, Historia

De nuevo en casa entre el griterío infantil y las lentejas. Ha sido una semana industriosa y placentera, también cansada; vivida a medias entre los hornabeques y revellines de los arsenales de su majestad católica y las zarandajas conmemorativas de 1808. Todo está bien, pocas cosas gratifican más que saludar a los viejos amigos del circo histórico, hoy aquí y mañana allá; como los amos a sus perros, cada día nos parecemos más, hasta en el atuendo, y bien que nos sabe pertenecer a tan honrada e industriosa tribu.

En cuanto a navíos y caponeras, comprobé que todo estaba como debe, con orden cartesiano y en perfecto inventario, Jorge Juan dejó el asunto bien atado, vaya que sí. Pero 1808, eso es otra historia, ahí no nos caben más que dudas, comprobando las pasmosas contradicciones de aquellos convulsos tiempos. Yo me reía, cuanto más se comentaban las felonías de Napoleón, más dudas me entraban respecto a sus oponentes, al fin, aquel tipo avaricioso representaba, quiérase o no, el futuro. De hecho, visitando distraídamente una exposición paralela al evento me detuve un buen rato ante unas figurillas, primorosamente realizadas, que representaban a muchos de los protagonistas de aquella historia. Vistosos lanceros polacos, los orgullosos dragones con sus cascos de aire griego, infantes españoles de Bailén, no se, estaban todos allí. Pero me quedé con la cara del más estrafalario de aquellos seres de yeso, “guerrillero español” rezaba bajo la peana. A fe que aquí el artista se había esmerado, retratando la España profunda en efigie de escayola y tela, ¡valla calvatrueno! : cejijunto, hirsuto, huraño, malencarado; daba miedo solo echarle el ojo encima. Sí, no hay duda —me dije— así debían ser muchos de aquellos hijos de la revolución, no se si este sería un valiente, un héroe del Valdeorras, de los Arapiles o de Medina de Rioseco, lo que sí tengo por seguro es que este sujeto le zoscaba a la parienta.

Es esta cosa tan nuestra de socavar al presuntamente débil, los informativos nos recuerdan cada día que no es un mito, que está ahí, que seguimos viviendo al lado de un hatajo de miserables. Ahora se les dice maltratadotes, bueno, sencillamente son unos cobardes que pagan con los cercanos su mucha frustración. Afortunadamente, en ocasiones damos con textos como el que hoy les traigo; es de Rosa, aka Faustine de Morel o la Donna é Móbile, un simple comentario al bies en un blog, como en este caso, resulta a veces superior a cualquier tratado, así son estos gerifaltes domésticos y están por todas partes:

249] Escrito por: Faustine de Morel - 15 de octubre de 2007 14:46
Todos los santos mediodías de Dios, pero que todos los santos mediodías de mi vida, me llega la voz de mi vecino del piso de al lado quejándose de la comida. Todos. No ha habido un solo día desde que vive aquí en que al sentarse a la mesa, no haya puesto la banderilla correspondiente. Está fría, está demasiado caliente, este melón no vale na, yo no sé cómo compras este pan, qué poco caldo le has dejado a esto, el arroz no está suelto, las gambas no se hacen tanto, no sabes comprar ternera, le falta sal, no compras donde te dije, pero no te he dicho que no guardes nada de un día para otro, qué poco me has puesto, ¡hala, tú crees que puedo comerme todo esto! pero si esto es vuelta y vuelta y ya está, joder, el frigo no enfría nada esta cerveza está caliente, dame otra. Hoy son los gazpachos, que por lo visto ha echado demasiados y se han quedado sin agua. Y yo que estoy sola también comiendo escucho la respuesta de la mujer, en la que nunca le responde en condiciones, a la altura. Que sólo le dice: tienes razón, sí cariño, lo que tú digas, toma, ¡en lugar de decirle, pero melón de alberca, haberlo hecho tú! ¡Nunca se lo dice! Ni le llama éso, ni móngol, ni mérluz, ni gelipoyas que es lo que habría que soltarle, pero es que la mayoría de las veces ni le responde y es a mí a la que se le rompen las pinzas entre las manos, la que dobla las cucharas que ni Geller y la que cierra los ojos para imaginar a ese penco con el corazón atravesado por un enorme, formidable, cucharón de servir la sopa.

Huelga decir que Rosa tiene talento, por arrobas, son las rosas de este mundo las que, afortunadamente, darán el finiquito a esta suerte de majaderos. En el ínterin léanla, es un placer inestimable. Rosa nos jubilará a todos, cuestión de tiempo y de cada cosa tome su lugar, es algo así como inevitable, los editores, esos mercaderes con pretensiones, harían bien en seguirla, mañana puede ser demasiado tarde.

Cambios y permanencias en la España preconstitucional, 1808-1812

Permalink 29.08.07 @ 21:09:51. Archivado en Historia

Vamos de lleno hacia el marasmo historiográfico en torno a 1808. El que suscribe no es excepción. En septiembre, congreso, naturalmente. Presentaré esta comunicación: Cambios y permanencias en la España preconstitucional, que pueden consultar íntegra en mi web "Sartine Coffee". Se trata de una breve intrusión en las entretelas del primer liberalismo español y sus más que notorias raíces bien asentadas en las peculiaridades político-administrativas de nuestro Antiguo Régimen. Así somos y así nos va desde entonces.

1808, más allá del mito

Permalink 26.07.07 @ 04:02:53. Archivado en Política, Historia

Entre los días 18 y 20 de julio asistí al curso de la UIMP: Reforma y crisis de España. Las vísperas de 1808, que, organizado por mi buen amigo Manuel Mª de Artaza, profesor titular de ciencia política y administración de la universidad compostelana, se celebró en el Archivo del Reino de Galicia, anexo al recoleto Jardín de San Carlos, que viene a ser el Sancta Santorum de la historiografía gallega. Ni que decir tiene que el encuentro me permitió recordar muchos asuntos y aprender bastantes más. Era de esperar, allí se presentaron armados con sus carterones repletos de datos un soberbio grupo de historiadores de raza, de esos que comienzan a debatir por la mañana y siguen discutiendo vehementemente de sus asuntos hasta la última copa del día. Estaba, por ejemplo José Luis Gómez de Urdáñez de la universidad riojana, un profesor sabio y socarrón, cuya bonhomía no le permite guardarse nada celosamente para sí, publicando regularmente sus trabajos en la red a fin de ponerlos generosamente a disposición de la comunidad científica. Como ocurre además que José Luis es el mayor experto mundial sobre la vida y los tiempos del Marqués de la Ensenada, ya se comprenderá que siempre he hecho amplio acopio de su publicística, tanto para mis artículos, digamos, serios, como a la hora de afrontar Sartine, mi primera novela y, claro, mucho que se lo agradezco.

Venía el profesor Gómez de Urdáñez con ganas de desmitificar y a fe que lo consiguió. Ya se sabe que cuando se desciende a la realidad documental, al dato menudo, la Historia nunca es como la pintan, ni siquiera parecida, he ahí el drama. Si los panegiristas de Carlos III quisieron y lograron, consagrarlo en vida como el mejor Borbón que vieron los tiempos, Urdáñez quiso dejar bien claro que en realidad el napolitano era un santurrón con afición desmedida por la caza, poseía centenares sino miles de escopetas, al que cualquier otro asunto enojaba, retratado como un verdadero desastre con patas por los embajadores extranjeros de la época. Vamos, un déspota, más que ilustrado, de carácter tan caprichoso como malvado. El mejor ejemplo fue el proceso a Olavide, tal vez una de las mentes mejor ordenadas de la época. Aunque el bueno de Marcelino Deforneaux no lo quiso contar, parece claro a la luz de la documentación que las órdenes para su proceso inquisitorial y posterior condena provinieron directamente de este rey vengativo, deseoso de buscar una cabeza de turco que lograse escarmentar los intentos reformistas de Campomanes y sus amigos. Vamos que ni Carlos III era tan listo, ni Carlos IV y Godoy tan tontos, toda una lección de cómo se desmonta una idea preconcebida alimentando luz directa sobre el papel amarilleado por el tiempo.

Pero hubo mucho más, Jesús Astigarraga, de la universidad de Zaragoza, nos habló de la pervivencia en el siglo XVIII de la desigualdad fiscal entre los reinos de la Monarquía Hispánica. Si los equivalentes de Aragón fueron una consecuencia punitiva derivada de la guerra de Sucesión, vía la Nueva Planta, tornaron pronto en contribuciones casi tan livianas como las impuestas por los Austrias en los territorios extracastellanos. De forma que el viejo adagio de Quevedo, que retrataba fehacientemente aquel “imperio a la inversa” nunca antes contemplado en el mundo, seguía siendo una realidad incuestionable:

Solo Castilla y León
Y el noble reino andaluz
Llevan a cuestas la cruz

Tanto es así, que para mediados de siglo, el profesor Astigarraga calcula una presión per cápita de 28 reales para los habitantes de Castilla y de tan solo 11 para los de la Corona de Aragón, naturalmente, de los territorios vascos “prefirió ni hablar”. Contó como después vino Cabarrús para afirmar que la Monarquía no admitía más remiendos, nadie le hizo mucho caso a la vista del camino que sigue el asunto de la cohesión fiscal y la justicia redistributiva dos siglos más tarde. En su tiempo, la imposibilidad de establecer contribuciones verdaderamente directas, como la Única de Ensenada, derivó en la quiebra de la misma Monarquía Absoluta que se resistía tenazmente al cambio. Fueron las Cortes de Cádiz las primeras en, digamos, medio establecerla, privilegios navarros y vascos por medio, como no. Más tarde veremos como Javier de Burgos y hasta el mismo Madoz, un liberal como la copa de un pino, sacrificarán el principio de la unidad constitucional, no hay nada más liberal que esto, en pro de “salvaguarda de la paz” tan inocente como inútil, tres guerras carlistas dan buena cuenta de la inutilidad de su bienintencionado intento. De forma que aquel “Fueros todos y Fueros ninguno” de Miguel de Unamuno jamás, ni hoy día, llegó a cumplirse, reinando en el concierto fiscal peninsular el distingo permanente que Ferdinand Braudel calificaba sin empacho de “privilegios sin escrúpulos”.

¿Y qué sucedió con América? Paradójicamente, la apertura del tráfico indiano a diversos puertos peninsulares y el establecimiento del comercio libre en 1778, unida a la desaparición de los “puertos secos” (aduanas interiores) como consecuencia de la Nueva Planta de Felipe V, permitió pensar por primera vez en una Monarquía Hispánica con vías comerciales articuladas, activas e integradas, justamente coincidiendo con el principio de su propio fin. Bueno es decir, al respecto, como recordó el profesor Artaza, que las amadas Indias fueron cada vez más consideradas como simples colonias a la inglesa, especialmente por los diputados sitiados en la isla de León en vísperas de la constitución de 1812, craso error que José I, mírese por donde, no se había permitido cometer en su carta otorgada de Bayona, un documento, por cierto, muy superior en lo económico a la Pepa y mucho menos melindroso en cuanto a la salvaguarda de fueros y privilegios medievales. Así de paradójico resulta este espinoso asunto. Pero en fin, las consecuencias de la falta de visión de los constitucionalistas gaditanos las aprovecharían bien pronto, como se sabe, sus hermanos criollos del otro lado del mar. Unas Indias silentes, dadivosas y firmes al menos hasta la batalla de Ocaña (nos cuenta el profesor Chust Calero de la Univ. De Castellón) se volvieron contra la metrópoli no tanto por la disolución del poder en España, sino más bien ante lo desesperado de su situación y el miedo a tener que afrontar una guerra servil. Vamos, que la Junta Central primero y a la Regencia después nunca llegaron a comprender lo que querían expresar los rebeldes norteamericanos con aquel “No taxation without representation”, bien que lo pagaron después.

Pero aún hay más, ¿saben que el pronunciamiento de Riego se produjo más por el miedo de la tropa a navegar en barcos rusos podridos, lo único que se pudo comprar, tras el desastre de Trafalgar ya no teníamos marina, que por verdadero sentido revolucionario? ¿Curioso, verdad?

En fin, serían cientos los datos que podríamos seguir aportando aquí, no será necesario, afortunadamente Manuel Mª de Artaza me ha confirmado que se publicarán actas del encuentro y, si nada se tuerce, el próximo julio volveremos con otros aspectos de tan señalada efeméride.

Actualización:

Foto de grupo ante la tumba de Sir John Moore en el coruñés Jardín de San Carlos

Arriba, de izquierda a derecha: Manuel Lucena, José Luis Gómez de Urdáñez, Manuel Suárez Cortina, Manuel Mª de Artaza, Manuel Chust Calero, Manuel Estrada. Abajo: Emilio La Parra, Agustín Guimerá, Vítor Manuel Migués, Jon Arrieta Alberdi, Marta Friera.

La cultura del “ladrillo” y otros dislates en tiempo del Quijote: Martín González de Cellorigo.

Permalink 07.07.07 @ 03:30:29. Archivado en Historia, Economía

Aquellos tipos adustos que adoptaban terno negro, golilla y gesto grave; severos memorialistas instalados en torno a la decadencia del 1600, gozaron siempre de mala prensa. Se les decía “arbitristas” por su costumbre de representar al Rey los males de aquella monarquía y las por veces peregrinas soluciones que se les ocurrían para remediarlos.

Para la población avisada, los arbitristas eran a menudo juzgados como tristes charlatanes de poco seso, capaces de presentar a la consideración del Consejo de Castilla las soluciones más disparatadas y carentes de fundamento que se pudiera imaginar. Cuenta Cervantes por boca de Berganza en “El coloquio de los perros” cómo entre los recluidos en el Hospital vallisoletano de la Resurrección había podido ver a un alquimista, un poeta, un matemático, y “uno de los que llaman arbitristas”, buena muestra de por donde caminaba el pensamiento español a la hora de señalar las ocupaciones que habitualmente desempeñaba la irracional caterva de lunáticos y desesperados que comenzaba a señorear aquellos reinos, personajes peripatéticos a los que Don Alonso Quijano daría carta de identidad y cierta esperanza de que en el futuro serían mejor comprendidos.

Pero ya a las puertas de la crisis, los conceptos se afilan y los juicios se despojan de toda misericordia, el siglo de hierro comenzaba a parecer a sus contemporáneos un lugar insalubre. Para Quevedo — ¿leía de verdad Quevedo o sólo se leía a sí mismo? —, los arbitristas son unas veces locos universales y castigo del cielo (Fortuna con seso) cuando no charlatanes embargados por la mayor de las estupideces. En El Buscón el arbitrista que charla con Don Pablos pretende convencerle de la posibilidad de ganar Ostende secando el mar con esponjas…

Claro que cuando uno repasa la lista de tanto desnortado como había dirigiendo memoriales a los austrias menores, se encuentra con nombres que en nada se corresponden con la imagen tradicional del arbitrista, así entre 1550 y 1600 nos encontramos con la escuela de Salamanca en pleno: Luis Ortiz, del que dijera Earl J. Hamilton que había desarrollado “una doctrina de la balanza de pagos notablemente lúcida para su época”; Martín de Azpilpueta, quien casi con toda probabilidad se habría adelantado al mismísimo Jean Bodin al formular la primera teoría cuantitativista del dinero, es decir, que la moneda, como cualquier otro bien, obedece a la ley de la oferta y la demanda, relacionando así explícitamente el caudal de los metales preciosos americanos con la inflación de los precios y el “premio de la plata” que tan detenidamente ha estudiado el citado Hamilton. Pero aún hay más, ¿qué decir de Tomás de Mercado? Aquella “Suma de tratos y contratos” estableció de forma paralela a la “Réponse à monsieur de Malestroict” de Bodin los peligros de intercambiar sistemáticamente materias primas por producciones elaboradas en la industriosa manufactura del norte de Europa.

De entre todos estos pensadores más o menos económicos a los que nadie hizo nunca el menor caso, puede que, llegando ya a la generación de la crisis, Martín González de Cellorigo sea de los menos conocidos, no obstante resulta para mí uno de los más audaces en su pensamiento al rechazar el bullonismo premercantilista dominante, es decir, la idea de que un Estado era tanto más próspero cuantos más metales preciosos fuese capaz de acumular. Para Cellorigo no se trataba de acumular moneda de buena ley, sino de emplearla en producción razonablemente rentable: “Que el mucho dinero no sustenta a los Estados, ni está en él la riqueza de ellos”. Todo un hallazgo que probablemente muchos ya intuían, no en vano los arbitristas llevaban décadas clamando contra la falta de manufacturas, el exceso de clérigos y la pervivencia de estorbos notorios para el comercio como la Mesta o los malhadados puertos secos. Pero fue probablemente Cellorigo el primero en expresarlo con tal claridad, incluso antes que el francés Montchrestien, acabando así con la hegemonía de una doctrina errónea:

“La riqueza ha andado y anda en el aire, en papeles y contratos, censos y letras de cambios, en la moneda, en la plata y en el oro, y no en bienes que fructifican y atraen a a sí como más dignos las riquezas de afuera, sustentando las de dentro. Y así el no haber dinero, oro, ni plata en España es por haberlo, y el no ser rica, es por serlo” (Memorial de la política necesaria y útil restauración de España, 1600)

Elegante remate en paradoja que venía a resumir los males del siglo y apuntaba conceptos como la industriosidad para enmendarlos, ojala Quevedo le hubiese leído, diríamos algunos. Tal vez de esa manera se hubiese podido prestar algún remedio a la naturaleza social de España, que, contenta con la herencia del tío de América, quien podía no producía y quien tal vez quisiera no podía, tales eran las trabas administrativas y de mentalidad colectiva que les rodeaban. En palabras del mismo Cellorigo: “No parece sino que se han querido reducir estos reynos a una república de hombres encantados que vivan fuera del orden natural”. Nada más certero, sólo la cuna importaba, Alonso Quijano era pobre, pero hidalgo, eso era lo esencial, mientras nuestros vecinos calvinistas se afanaban allí en la Europa nublada por cambiar su suerte a base de algo tan elemental como trabajar para el futuro. De entonces acá, y pese a lo que Zapatero nos pueda contar al respecto de la marcha de “su” economía, muchos sospechamos que seguimos, en un buen porcentaje de acción, a la nuestra, con el “que inventen ellos” y la compra-venta de pisos como casi única e imaginativa forma de invertir caudales, todo ello en medio de un bosque iluso-administrativo, los nuevos puertos secos que nos hemos regalado, basado en principios sentimentales tan ridículos como inoportunos para los negocios, en palabras de mi admirado Gabriel Tortella, seguimos caminando en la dirección equivocada:

“Resulta cuando menos desconcertante, en vista de todo esto, que en España nos estemos inclinando por la fragmentación en lugar de por la integración. La erección de barreras lingüísticas y culturales allí donde no las había, la descoordinación de las políticas fiscales y sociales, no pueden sino ser una rémora económica en el futuro por la misma razón que lo son en la Unión Europea. En lugar de aprender de los errores o dificultades de nuestros vecinos y socios, parece que hemos decidido sumarnos al pelotón de los torpes.”
(Gabriel Tortella: Tan largo me lo fiáis... El País 18-07-2006)

Juan Sempere y Guarinos o la miseria del Historicismo.

Permalink 15.06.07 @ 21:19:37. Archivado en Política, Historia, Filosofía

“Faltando a las fábricas el estímulo del despacho, y fatigados sus dueños con varias trabas, que se les pusieron, las fueron abandonando poco a poco, de donde dimanó la ociosidad, y la indolencia, que algunos escritores superficiales han tenido por genial, y característica de los españoles, sin advertir que ha sido efecto solamente, no del clima, ni del temperamento, sino de causas políticas accidentales, que pueden mudarse con el tiempo”.

Historia del lujo y las leyes suntuarias de España. Juan Sempere y Guarinos

Mi buen amigo Rafael Herrera, que es filósofo y muchas otras cosas más, uno de esos hombres claros que tan difíciles de ver resultan por estos pagos, me envía muy gentilmente su libro Cádiz 1812, una edición crítica de dos ensayos constitucionales del pensador eldense Juan Sempere y Guarinos (1754-1830). Y bien que se lo agradezco, no es que leer a Rafa constituya un placer en sí mismo, que también, sino que, como ya sospechaba desde que el siempre recordado Francisco Tomás y Valiente se ocupase de su obra, leer a Sempere supone profundizar en las esencias de nuestro desmañado constitucionalismo, tradicionalmente perdido en las procelosas aguas del historicismo.

A Juan Sempere y Guarinos le ocurrió lo que a muchos, vivió el exilio como afrancesado, ¿Cómo no serlo, si había alcanzado la consciencia de que el primer liberalismo español, tanto como la resistencia absolutista, vivían anclados en el mito? No había lugar entonces, como nos señala Herrera, “para todos cuantos desde el primer momento lucharon por la creación de un sistema constitucional basado en el iusnaturalismo moderno”.

Es sabido que la cuestión venía de lejos. En realidad, se trata de un asunto general y constante en la Historia de la Administración española, la permanente dialéctica entre lo gubernativo y lo contencioso y sus múltiples variables. En efecto, al menos desde la llegada de los Borbones al poder, aparece con claridad el interés por desarrollar las facultades ejecutivistas de la monarquía frente a las resistencias de los poderes tradicionales, de carácter togado y sinodial, consejos y audiencias, siempre amparados en la religión y la jurisprudencia de tradición milenaria para mantener sus privilegios, atribuciones y prerrogativas.

Esto lo cuenta muy bien el británico Ch. Howard Mc.Ilwain en su obra: Constitucionalism: Ancient and Modern, (New York, Cornell Univ. Press, ed. 1966), donde nos descubre la pervivencia de las categorías del derecho medieval llamadas de Bracton: (Gubernaculum y Jurisdictio) en medio de las entretelas del constitucionalismo contemporáneo. Así, Gubernaculum sería el gobierno del Rey en sentido estricto, de claro carácter ejecutivo, mientras que Jurisdictio son “esos derechos vinculantes de los súbditos que están totalmente fuera y más allá de los límites legítimos de la autoridad real”. Si esta dialéctica resulta muy visible en el concierto europeo, no digamos nada del contexto hispano, donde fueros, privilegios y distingos de difícil justificación, qué bien supo ver esto Sempere, informaban con su permanencia cualquier veleidad de igualdad de los ciudadanos ante la ley, que era lo que, presuntamente, se estaba dilucidando en la isla de León, frente a la luminosa bahía de Cádiz, en 1812.

Para muestra un botón lexicológico, nada como recurrir al lenguaje de la época para entender como “los poderes” surgidos más o menos espontáneamente tras los sucesos de Bayona, aludiendo claramente a la coyuntural orfandad de poder, pensaban más en casullas, crucifijos e hidalguías que en el sentido revolucionario de su acceso a la soberanía. Un simple análisis del tenor de sus proclamas, muestra bien a las claras cómo la ideología de las Juntas Provinciales caminaba aún sólidamente unida a los principios ideológicos del Antiguo Régimen, cuando no a resabios puramente medievales, como sucedió, por cierto, con más de un artículo de la propia constitución de Cádiz, mucho más arcaizante que la de Bayona, por paradójico que esto pueda parecer. Así, las menciones a la providencia divina, el desprecio étnico y el recuerdo constante al mito de la Reconquista frente al Islam, son lugares comunes en la documentación emanada de estas instituciones:

“Españoles: esta causa es del Todo poderoso; es menester seguirla, ó dexar una memoria infame a todas las generaciones venideras. Baxo el estandarte de la Religión lograron nuestros padres libertar el suelo que pisamos de los inmensos Exércitos Mahometanos, y nosotros ¿temeremos ahora envestir a una turba de viles ateos, conducidos por el protector de los Judíos? Nuestros venerables padres, aquellos héroes que derramaron tan gloriosamente su sangre contra los Agarenos levantarían la cabeza del sepulcro, y furibundos gritarían contra nuestra cobardía, desconociéndonos por hijos suyos... Nobles Gallegos: sabios sacerdotes: piadosos cristianos de este afortunado suelo: vosotros sois los primeros y más obligados a sacudir el yugo de tan vil canalla: vosotros depositarios del cuerpo del Apóstol Patrón de las Españas de Santiago; honrados con los sagrados trofeos del Santísimo Sacramento, que adornan nuestros Estandartes.”

(Proclama de la Junta de Galicia en: Colección de proclamas, bandos, órdenes, discursos, estados de exército y relaciones de batallas publicados por las Juntas de Gobierno. Cádiz, 1808, Tomo II, Págs. 123-125.)

Lo mismo podía apreciarse en los poderes locales, que aperecían tan desconcertados y perdidos como los regionales:

“La Fe de nuestros padres que ha plantado entre nosotros nuestro augusto y tutelar patrón el Apóstol Santiago; Aquella fe con la qual un solo puñado de valeroso Españoles ha batido, y arrollado exércitos inmensos de sarracenos,...; Aquella fe en fin capaz de mudar de una parte a otra los montes más eminentes, es la misma fe que intentaban arrancar y borrar de nuestros corazones las miras ambiciosas del sediento Napoleón.”

Y más adelante:

“La notoria justicia de nuestra causa y el imponderable denuedo de nuestros soldados prometen el éxito más feliz de nuestra empresa; pero si nuestra fe es muerta, si nuestras obras no corresponden a lo que nos prescribe la Religión Santa, si nuestra modestia y compostura no acredita el sosiego de nuestras conciencias, y si nuestras súplicas no van acompañadas de aquella fe viva que dic tantas victorias a nuestros padres ¿qual será nuestra suerte?,...Nosotros pediremos y recibiremos sin duda inmensos beneficios, si pedimos con corazón contricto y con humildad cristiana; prevengámonos pues para tan digna empresa, acordémonos de la doctrina que Jesucristo nos ha enseñado con su exemplo, fixémosla en nuestros corazones, y así, contrictos y humillados con espíritu sincero y tan católicos como debemos ser, corramos al pie de los altares".

(Proclama del Ayuntamiento convocando al pueblo coruñés a la procesión y rogativas a la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad, por el éxito en la guerra contra los franceses. 3 de julio de 1808. AMC.)

Los presupuestos despóticos de raíz absolutista no daban para más y tenían sus limitaciones y servidumbres, en palabras de Benjamín González Alonso: “Es el paradigma de un Estado que se debate para sobrevivir a base de correciones parciales y tardías que caen en el vacío”. Tal vez por eso, la obra de Sempere, en su defensa de la realidad frente al mito, en su ataque a aquellas tautologías pseudogóticas de Martínez Marina, en su inteligente desprecio del historicismo, parece hoy tan moderna y necesaria. En la España del siglo XXI caminamos todavía miserablemente imbuidos en el marasmo identitario, en la mítica cutrería foral; o buscamos soluciones imaginativas o nunca alcanzaremos la mayoría de edad constitucional, y ya va tardando, todos saben ya a qué me refiero. Como asegura Rafael Herrera: “cada tiempo histórico debe imponer su legitimidad sobre la base de las exigencias reales que el presente inspira a los actores políticos. De lo contrario se caería en contradicciones tan escandalosas que, al cabo, terminan por debilitar las propias estructuras de legitimación contemporáneas. Y esto, en definitiva, es lo que sucedió a los liberales cuando los reaccionarios reclamaron la historia para sí.”

Ya lo decía Popper, vivir del pasado, amén de estúpido, resulta un mal negocio, permítaseme pues que remate con una de sus más conocidas citas:

"La miseria del historicismo es, podríamos decir, una miseria e indigencia de imaginación. El historicismo recrimina continuamente a aquellos que no pueden imaginar un cambio en su pequeño mundo; sin embargo, parece que el historicista mismo tenga una imaginación deficiente, ya que no puede imaginar un cambio en las condiciones de cambio."
(La miseria del historicismo, Alianza/Taurus, Madrid, 1981, p. 145.)

Derechos humanos y Alianza de Civilizaciones (otra de esas cosas con plumas)

Permalink 24.05.07 @ 13:40:26. Archivado en Política, Historia

"E predicando tutto quello anno in Firenze, tre cose continuamente proposi al popolo: la prima, che la Chiesa se avena a rinovare in questi tempi; la seconda, che innanzi a questa rinovazione Dio darebbe un grande flagello a tutta Italia; la terza, che queste cose sarebbono presto” (Girolamo Savonarola).

Con ese estilo tan peculiar que tiene de simplificar las cosas, micer Zapatero parece haberse quedado muy contento con ese slogan o divisa o idea o lo que demonios sea, que da en llamar “alianza de civilizaciones”. Suele explicarla como una especie de sacralización de su palabra más querida: “tolerancia”, es decir que se trata de tener buena mano, mucho talante y tragaderas suficientes para aguantar lo que vaya viniendo de latitudes más o menos orientales, para, por medio de la buena educación y el mejor rollito ir volviendo a estos descarriados al redil de la libertad que ofrecen las sociedades abiertas.

Ocurre que, en mi opinión, no es necesario aliarse con civilización alguna porque tanto en ese oriente atribulado, como en el cada vez más dolido occidente, lo que abunda es el personal civilizado, esto es, respetuoso con las vidas y las creencias del prójimo. Hablar por tanto de aliar civilizaciones es una descomunal tautología que confirmaría la flagrante estupidez de considerar al Islam como la ideología responsable de arropar a un puñado de bárbaros sin entrañas, a los que hay que reconvertir en probos ciudadanos, espero que no a través de la Logse, para que se olviden de matar a fin de obtener sus setenta vírgenes en el paraíso y se apliquen en producir como la generalidad de los mortales. Esta oculta forma de tomar la parte por el todo denota desconocimiento y un velado desprecio, no por las “civilizaciones” que es un concepto bastante vetusto, producto de la historiografía británica más rancia, sino por las culturas que, estas si, son legión. No debemos mostrar excesivos inconvenientes a que cada quien idee y viva en su universo paralelo, no se trata de eso, se trata solamente de luchar de manera inteligente contra, por ejemplo, el integrismo que nos asesina gratuitamente.

Hoy Berlín Smith, con esa capacidad suya para dar en la diana a vuelapluma y según se le ocurre, nos plantea la gran pregunta:

"Por lo visto, la ONU cree en la Alianza de Civilizaciones, que nadie sabe lo que es, es cierto: ¿pero no es eso una renuncia a los derechos humanos en nombre de la concordia y el diálogo?"

El problema me trae inmediatamente al pensamiento la historia de la Florencia renacentista, aquella nueva Atenas, proporcionada, áurea, neoplatónica y geométrica, creada por la inteligencia de Marsilio Ficino, Pico Della Mirandola o Lorenzo Valla, bajo el sereno mecenazgo de Lorenzo el Magnífico. En aquella república asombrosa todo fue progreso, buena filosofia e inteligencia durante mucho tiempo, hasta la llegada al convento de San Marco de un fraile Dominico, natural de Ferrara, que atendía al nombre de Girolamo Savonarola. Sus inflamadas prédicas contra la nueva y bella manera de ver las cosas acabaron muy pronto con la industriosa alegría florentina, Lorenzo de Médici llegó a pedirle perdón antes de morirse de pena, Botticelli pronto cambió sus espléndidas Venus, Pallas y Floras por cientos de extraños y compulsivos bocetos que pretendían reflejar fehacientemente el infierno del Dante, un joven e influenciable Miguel Angel pasará de pintar Venus con aspecto de vírgenes a reflejar Vírgenes con aspecto de madres dolorosas, en lo que fue un triste y general sometimiento a la oscuridad y a la intolerancia. No, la historia aconseja no aliarse nunca con quien ni te entiende, ni te respeta. Al contrario, los florentinos hicieron con Savonarola lo mismo que nosotros debemos hacer con el terror, deshacernos de él, no buscar alianzas con la peregrina esperanza de que nos comprendan, jamás lo harán.

El corifeo, el culto al poder y la historia

Permalink 20.05.07 @ 22:14:07. Archivado en Política, Historia

Un fanático es alguien que no puede cambiar de mentalidad y no quiere cambiar de tema.
Winston Churchill

Cada vez que leo a ciertos sicofantes que parecen trabajar hacendosamente al servicio del gobierno, bien en ejercicio de refuerzo de su propia ideología, bien en defensa de la cotidiana pitanza, o, más frecuentemente, certificando ambas cosas a la vez, me viene a la mente la célebre sentencia de Jean François Revel plasmada en “El conocimiento inútil”: “Hoy, como antaño, el enemigo del hombre está dentro de él. Pero ya no es el mismo: antaño era la ignorancia, hoy es la mentira.”

Vean, como ejemplo, algunos fragmentos del artículo que nos regalaba Manuel Rivas el pasado sábado en El País:

"Se ha equivocado el PP en enfocar estas elecciones como unas primarias. En primer lugar, porque en el cómputo global va a salir malparado y, en algunas plazas, muy desarbolado…/…

En gran parte de España, ha perdido la antigua sintonía con la gastronomía local. Salvo en Madrid y en el País Valenciano. Éstas serán las "aldeas potemkianas", con perdón, en el día después. Y ahí es donde tendrá que trabajar a tope la maquinaria propagandística de la derecha para contrarrestar no ya la estadística sino la realidad. Cuando la realidad es adversa, hay que reunir un equipo lo más surrealista posible e inventarse otra realidad. Ahí entra la técnica de la "aldea potemkiana…/…

La técnica de las "aldeas potemkianas" consiste en elegir un punto de referencia conveniente, un escenario bien iluminado, que oscurezca todo lo demás. Lo que hacía Potemkin, al servicio, en todos los sentidos, de Catalina II de Rusia “

Siempre he pensado que Rivas cuando se remanga y se lía a realizar imputaciones en ese tono temblón y balbuceante tan suyo, recuérdese su Cui Prodest? pronunciado con cierta dificultad expresiva cuando el affaire de los incendios acaecidos el pasado verano en Galicia, evidencia que se lleva mal con la historia, que medio la desconoce o no la asume o sólo lee lo que le dan a leer. De otro modo no se puede entender que acuse a los populares de inventarse realidades, cuando su pluma notoriamente afecta al régimen bipartito social-nacionalista que señorea el país, ha apoyado, apoya y lo seguirá haciendo, ese constructo a la mentira organizada que, aunque ya venía de antes, se fraguó cuando el asunto Prestige.

Hoy nos habla muy condescendientemente de sus “aldeas potemkianas” de las que seguramente no tiene la más remota idea, como ejemplo de alienación y propaganda gubernamental. Ciertamente muestra de paja en ojo ajeno, Manuel Rivas ha visto, al igual que el que suscribe, como cuando la campaña del Nunca Máis, en buena parte auspiciada por él mismo como portavoz de la intelectualidad del establishment galaico, miles de escolares gallegos eran subidos a autobuses y conducidos ordenadamente, como aquellos tristes sujetos de Metrópolis, a jalear las protestas contra el gobierno. También sabe, como yo lo se, que los escolares gallegos ya no pueden elegir en que idioma reciben las clases de historia, o de ciencias o de matemáticas. Sabe, como yo, que las guarderías gubernamentales se llaman ahora Galescolas, lugares siniestros donde el español está proscrito por ley; sabe en suma, con cinismo de corifeo sobrealimentado, que hoy en España, en Galicia y utilizando sus propias palabras: “Cuando la realidad es adversa, hay que reunir un equipo lo más surrealista posible e inventarse otra realidad”, ciertamente, estos individuos de riguroso terno negro, pensamiento anclado en lo supuestamente ancestral y ánima totalitaria ya lo van consiguiendo, le dicen “normalizar”.

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