Y sin embargo se mueve… Un blog de Juan Granados

Desestructurando el 11-S

18.09.11 | 20:53. Archivado en Política, Filosofía

“No hubo nada más que un relámpago amarillo cerca de su tobillo. Quedó inmóvil un instante. No gritó. Cayó suavemente como cae un árbol. En la arena, ni siquiera hizo ruido.” (Antoine de Saint-Exupéry: El Principito )

Fernando R. Genovés, filósofo y escritor de fuste, cuya obra seguirán ya sin duda muchos de ustedes, nos regala en descarga gratuita a través de la red de redes su última producción ensayística que lleva por título: “Cine, espectáculo y 11-S”, en mi opinión, una obra que se hacía francamente necesaria en medio del triste panorama mediático que rodea aquel execrable episodio de barbarie, patéticamente “explicado” y hasta justificado por amplios sectores de una sociedad occidental más errática a cada día que pasa. Baste citar un solo párrafo de Genovés para ejemplificar lo que hasta aquí ha venido ocurriendo:

“Estos intelectuales posmodernos suben al estrado y, para seguir llevando la contraria a la alta cultura, entonan el Himno de la Tristeza, el canto del cisne de una Civilización que consumen, pero que aborrecen. En realidad, estos maestros del descontento se aborrecen a sí mismos. Aunque la sintaxis y la semántica que emplean sean, a menudo, incomprensibles, en el fondo se les entiende todo. Si ellos deciden caer en la miseria, los demás deben seguir el mismo camino.”

Bueno es que alguien lo quiera señalar de una vez. Pero hay mucho más en “Cine, espectáculo y 11-S”, por ejemplo, y tampoco pretendo desvelar demasiado el contenido de un ensayo de lectura más que recomendable, la añoranza que siente el autor por el modo en que los clásicos del cine de comedia se han acercado a la catástrofe y al horror. La esencia del asunto comienza, no podría ser de otra manera, con aquel guión afortunado, obra del más brillante cómico contemporáneo: “Woody Allen describió esta situación, este caso, en uno de sus filmes más logrados: Delitos y faltas (Crimes and Misdemeanors, 1989). Lester, llevado a la pantalla por Alan Alda, hermano del personaje principal, interpretado, a su vez, por el propio Allen, diserta en una secuencia determinada acerca del significado de la comedia, de la caracterización de gracioso: […] Comedia es tragedia más tiempo».” ¿Qué viene después? Pueden suponerlo: Chaplin y su “Gran Dictador”, Ernst Lubitsch rodando en plena guerra mundial “Ser o no ser” o Billy Wilder desestructurando la guerra fría con aquella desternillante “Uno, Dos, Tres”, película rodada en agosto de 1961, poco antes de que se construyese el muro de la ignominia en Berlín. Para Genovés, aquellos cineastas inmortales probaron su amor por la libertad y su desprecio de la tiranía por el camino de lo que mejor sabían hacer, el humor. Pueden resultar muy graciosos, pero no hay en sus filmes ni un solo atisbo de connivencia con los asesinos, no existe conmiseración alguna para los dispensadores de dolor y crueldad.

La comparación de la obra de los viejos maestros con el tratamiento que del 11-S han hecho cineastas cresos y bien asentados en la podredumbre de la sociedad occidental que tanto parecen detestar, como Oliver Stone o Wim Wenders, resulta, inevitablemente desoladora. El resto léanlo allí, no les defraudará.


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