Publicado originalmente en ABC-Galicia, en nuestra columna Entre Brumas, lunes 27/09/10
A la vez que Rodríguez Zapatero se apresuraba a pactar la quiebra de la caja única de la Seguridad Social con el Partido Nacionalista Vasco con el fin evidente de perpetuarse en el poder, el presidente Núñez Feijoo confesaba tras la celebración del último Consello de la Xunta de Galicia que el Estado se empeña en recortar 240 millones de € correspondientes a los fondos de cooperación firmados y comprometidos con la autonomía gallega. Al fin, un hito más en el camino del distingo económico que hace que el principio constitucional de la igualdad de los españoles ante la ley no sea más que una burla cruel. El nacionalismo, que dice que se va pero nunca se termina de ir, parece vivir muy confortablemente traduciendo la cacareada diferencia en beneficio corriente.
Son hechos que de nuevo me hacen recordar que hasta el Estatuto de Bayona de 1808 encontraba rechinantes ciertos privilegios que durante el Antiguo Régimen habían ido obteniendo unos peninsulares sobre otros: “Todos los privilegios, que actualmente existen concedidos a cuerpos o a particulares, quedan suprimidos” (Art. 118) decían aquellos afrancesados. A los liberales de Cádiz semejante principio no les pareció mal del todo: “Las contribuciones se repartirán entre todos los españoles con proporción a sus facultades, sin excepción ni privilegio alguno” (1812, Art. 339). Claro que luego vinieron las guerras carlistas y el delirio federal a consagrar cupos, convenios y conciertos en un esfuerzo más bien inútil de contentar la esencial insatisfacción de los norteños. Y es que, como nos confirman cada día los líderes políticos de la CAV, los euskaldunes son muy conscientes de que el convenio navarro y el concierto vasco suponen un beneficio notable para los ciudadanos de aquellas comunidades.
Huroneando por la red, me topo con el abogado navarro experto en asuntos fiscales, Mikel Aranburu Urtasun, que, a lo mejor sin quererlo, desentraña muy bien la raíz de este oprobio secular:
“La conclusión que obtengo es que por su lejano origen histórico, intrincada estructura y confusa génesis y actualización, el Convenio/Concierto posee el carácter de un mecanismo que opera desde lo jurídico-político como constructor de la identidad…Un artefacto de gran potencia simbólica que proporciona recursos materiales dignos de aprecio.”
Así que, como sospechábamos, hasta para los muy expertos la cuestión del privilegio revestido de cupo, concierto o como demonios quiera llamarse, el tal “artefacto” para entendernos, es el fondo y ante todo un elemento lucrativo de justificación puramente simbólica. No extraña entonces que hasta el Financial Times haya reparado en esta secular tendencia de las nacionalidades históricas a aligerar el peso de la bolsa que han de entregar al recaudador, sea éste el estado central o la CEE:
“Los catalanes, que presumen de ser más europeos que el resto de España, deberían recordar los principios de solidaridad de la Unión Europea. Estos incluyen transferencias de las regiones ricas a las menos desarrolladas. ¿Por qué debería ser así dentro de Europa pero no dentro de España?”
decía a propósito de la autonomía fiscal que se pretendía desarrollar en el borrador del Estatut.
Desde una perspectiva cívica de las cosas, no hay mayor despropósito que tragar secularmente con el distingo, sólo por ver si se aplaca el furor del vecino poco solidario. El folclore está muy bien y resulta hasta pintoresco y fotogénico, pero la pasta, amigos, eso es otra cosa, algunos pecheros estamos ya un poco hartos de que las espesas negruras del Antiguo Régimen no terminen jamás de disiparse por estos peculiares pagos. De seguir así, terminaremos reeditando el sistema gremial.
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Julio César Izquierdo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Carlos Juan Gómez Martín