
Publicado en ABC-Galicia 14/6/10
La vida, que tiende a la monodia mucho más de lo que quisiéramos, en ocasiones te regala instantes de redonda felicidad. Valga como ejemplo personal una larga estadía de quien suscribe en la luminosa Florencia durante el otoño de 1985. Disfrutábamos de una beca europea destinada a instruirnos en los muchos vericuetos de la historia económica en el Instituto “Francesco Datini” de Prato. Hacía semanas que asistíamos a sesudas disertaciones magistrales cada mañana, completadas con plúmbeas prácticas, atestadas de gráficas y escalas semilogarítmicas por las tardes. En el fondo, la economía es contar y allí se contaba de todo, desde las toneladas del tráfico de la Carrera de Indias hasta el rendimiento por hectárea de los inabarcables trigales polacos. Y entonces, sin esperarlo, un buen día se presentó ante nosotros un anciano caballero de porte principesco, erguido pese a la edad, propietario de todos los dones y el empaque de la vieja academia.
Se trataba nada menos que de Fernand Braudel, el padre de la moderna historiografía. Medio pasmados aún por el impacto de lo inesperado, tuvimos el inmenso placer de escuchar como el autor del “Mediterráneo y el mundo mediterráneo en tiempos de Felipe II”, comenzaba a hablarnos como si nos conociese de toda la vida. Y allí mismo nos instruyó en las verdades del barquero sin mayor empacho, improvisando sobre la marcha una clase magistral, de cuyas principales conclusiones aún guardo buen recuerdo.
Resulta inevitable que en estos tiempos de de bandazos económicos y titubeos institucionales, uno se acuerde del viejo profesor Braudel. Si contemplamos el dislate, esa especie de huída hacia adelante, que han emprendido las comunidades autónomas gobernadas por el PSOE, empeñadas en perseverar en el error, machacando a impuestos a sus ciudadanos y a las entidades de crédito, uno se pregunta qué parte del ABC de la economía aplicada se han perdido tan obtusos gobernantes. ¿Tan poco confían en la sociedad civil? ¿Hasta ese punto desprecian su capacidad para buscar libremente la prosperidad? No comprender que aumentar la presión fiscal es abortar gravemente muchas iniciativas destinadas generar empleo y riqueza es no comprender nada. Peor para ellos, sobre esto Braudel era taxativo: “El Capitalismo se ríe de las fronteras”, nos dejó dicho en aquella singular ocasión. Extráiganse las necesarias consecuencias.
Afortunadamente para los gallegos, el presidente Núñez Feijoo aparenta mostrase bastante inmune a los cantos de sirena que aconsejan sangrar al ciudadano a fin de aliviar el inaceptable déficit público que todos sufrimos. Espera recaudar más aligerando la presión fiscal y seguramente tiene razón, mantener una administración austera que tenga la prevención de no espantar el capital que se necesita para enjugar el déficit y las intolerables cifras de paro que sufrimos es, decididamente, el camino. No en vano, el viejo profesor también nos decía: “La economía sólo triunfa cuando mantiene la confianza en el Estado”. Fernand Braudel falleció el 27 de noviembre de aquel mismo 1985, probablemente fuimos uno de los privilegiados que asistimos a su última clase, entonces no lo sabíamos, él, naturalmente, tampoco.
Viernes, 1 de junio
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