Y sin embargo se mueve… Un blog de Juan Granados

De cansinos gurús

21.06.10 | 17:37. Archivado en Política, Actualidad

Entre brumas

Publicado en nuestra columna de ABC-Galicia 21/6/10

Cada vez que José Blanco, esa especie de gran visir del zapaterismo, visita Galicia en comisión admonitoria, más claro me parece que la democracia española ha alcanzado unos niveles intolerables de sujeción y ausencia de libertad. Esta vez, acompañado de un Touriño eventualmente resucitado, venía tan célebre preboste, al parecer, a echar una mano al decrépito PS de G-PSOE de Pachi Vázquez. Y no se le ocurrió mejor cosa al ilustre bachiller de Palas de Rei, que pontificar en contra del decreto del gallego en la enseñanza que viene de aprobar el Parlamento de Galicia.
De modo que, a ver si lo entiendo, un sujeto con el mismo currículum que un paramecio razonablemente activo, cuya único mérito vital procede de poseer cierta habilidad para trepar en la trastienda de un partido. Que una vez ensalzado por sus bases, se ve elevado a la acumulación de cargos, carguitos y cargazos, y finalmente, y sólo en virtud de ello, habita en el extremo confortable del mundo y envía a sus hijos a estudiar a un colegio británico, donde gozan de una cómoda y útil enseñanza bilingüe, considera que los hijos de los demás deben estudiar hasta la extenuación el idioma que a él, más o menos, le viene en gana.
No cabe mayor cinismo. Vivimos en un país muy extraño, donde los que atesoran algún talento, cierta industriosidad o el necesario afán de superación, viven condenados al mileurismo, en tanto sujetos como José Blanco son elevados a la opulencia más rechinante. Si al menos, diríamos algunos, tuviesen la decencia de callarse, pero no, ni siquiera eso es posible, han de hacerse ver cada día, para recordarnos bajo qué siniestra dominación hemos de producirnos cada mañana al levantarnos.
Predican con saña su religión laica, mientras los sueldos se derrumban y las pensiones se congelan. Pero no tienen suficiente, como era de esperar no bastará con eso, ahora nos echan encima el anuncio de una política fiscal directamente confiscatoria, donde ya no valdrá la pena emprender nada, puesto que papá Estado permanecerá atento como un mochuelo a la producción de la menor plusvalía.
Díganme, entonces, si no hemos entregado nuestro destino a una casta de amondongados millonarios que a cada paso nos cuentan lo que está mandado hacer desde el confort del campo de golf de la trasera de su casa. Casta en verdad malsana y ventajista la que nos ha tocado soportar ¿Cómo diablos hemos llegado hasta aquí? ¿Veremos algún día el fin de semejante pesadilla? ¿Para cuándo dirigentes políticos cuyo único afán sea administrar eficaz y discretamente los caudales que la sociedad civil les encomienda, sin verse obligados a educarnos a cada paso en sus más que discutibles mejunjes ideológicos?


Presentación de la novela de Juan Granados: "Sartine y la guerra de los guaraníes"

21.06.10 | 17:12. Archivado en Sobre el autor, Literatura

Este jueves 24 de junio, a las 20.30 horas, presento en la coruñesa librería Arenas mi tercera novela para Edhasa, en realidad, la segunda parte de las aventuras de Nicolás Sartine, por nombre "Sartine y la guerra de los guaraníes". Ni que decir tiene que están todos invitados. Para los no-coruñeses, decir que la editorial planea realizar algún acto de presentación en Madrid y Barcelona a partir de septiembre.


Presentación de la novela de Juan Carlos Mústiga "Prisionero en la calle"

15.06.10 | 21:35. Archivado en Literatura, Actualidad

Queridos amigos:

Es un placer informaros que mañana, 16 de junio, a las 7.30 p.m., se presentará en Lima (Perú) la novela Prisionero en la calle de Juan Carlos Mústiga, coedición de la editorial Arcadia y EC Editores. En breve se editará y presentará también en España. El acto tendrá lugar en un restaurante clásico de Pueblo Libre, "El Bolivariano". La presentación estará a cargo el periodista Jaime Bedoya de la revista Caretas y la actriz y comunicadora peruana María Alena Alva, con la asitencia también al acto de la crítica y poeta Marcela Robles del diario El Comercio. Por Arcadia hablará Rodolfo Napurí y se leerá una carta de presentación de Espacio Cultura Editores. Comienza por tanto la andadura de una gran novela, de la que se puede esperar todo, pues tendrá larga vida.

Aquí les dejamos nuestro texto de presentación editorial:

“Espacio Cultura Editores” es un nuevo proyecto editorial que ve la luz, sin urgencias y en tiempos de crisis, producto de la pasión por el arte, la creatividad y la edición, de un grupo de autores provenientes de campos tan diversos como la literatura, la fotografía, la música o la arquitectura. Nuestro fin es editar proyectos en los que creemos, fomentando el largo recorrido y la apuesta por el autor, antes que el éxito inmediato.

Nuestra carta de presentación bien quisiera parecerse a aquello que dejó dicho Goethe en una de sus cartas a Schiller: “Cuando no se habla de los escritos, como de los actos, con afectuosa simpatía, con un cierto entusiasmo fanático, queda tan poco que no merece la pena hablar de ellos; la alegría, el placer, la participación en las cosas es lo único real, que a su vez produce realidad; todo lo demás es vano y sólo obstaculiza”.

Proponer obras que tengan consecuencias, evidenciar talentos y disfrutar con la no siempre fácil relación autor-editor son nuestros presupuestos de partida. Es por esto que poder contar con la generosa participación de Juan Carlos Mústiga, editando su nueva novela “Prisionero en la calle” es para nosotros suerte y privilegio a partes iguales.

Tienen que saber que el que suscribe conoció a Juan Carlos por medio del gran poeta peruano Pedro Granados, al que, por cierto, también queremos editar más pronto que tarde. El caso es que gracias a una conferencia internacional que lo trajo a España, me regaló una tarde de sábado inolvidable. Porte criollo y sonrisa de paseante viajado del Callao, me recibió en el umbral de su hotel para contarme de su afán. Largo y prolijo afán, la Moleskine, que no grabadora, las grabadoras resultan inoportunas y poco veraces, echaba humo. Así, entre las líneas de Vallejo y la poesía de mi hermano Pedro Granados, Juan Carlos Mústiga tienta a la vida probando mil maneras de vivirla, la docencia universitaria, la edición, el publicismo, el negocio de la pesca en la generosa plataforma litoral peruana, donde —nos dice— las licencias debiera concederlas Neptuno y no el gobierno; el periodismo y, naturalmente, la escritura, que es su mayor gloria, aunque Mústiga, como todos los grandes, no se concede ni un instante de egolatría.

Escribe a vuelapluma sobre cualquier cuaderno que le viene al paso, ni tiembla ni duda, la caligrafía —cómo le gusta el trazo— corre libre para decir, por ejemplo: “Soy peruano y viajo siempre a través de mi lenguaje, prisionero voluntario del habla de mi país”. Me contó entonces que preparaba una nueva novela urbana, “Prisionero en la calle”, allí impostaría algunas voces de su “Manual de pistola automática”, desde un punto de vista tal vez más amable, aunque igual de necesario. La tristeza endémica —nos decía— por la conciencia del paso del tiempo, el viaje permanente, la infancia evocada; en fin, literatura, que es de lo que se trata. En el ínterin hablamos de aficiones comunes, los hijos, el cine, los amores perdidos, el mar, la caza, que no pesca, submarina; sus tiempos como depredador a pulmón, junto a los viejos “rascaplayas” del Perú, pioneros del submarinismo en aquel luminoso país, todo ello reflejado en un libro delicioso: “Cuadernos submarinos”, que apenas ha subsistido un par de días sobre la mesilla de noche.

Quedamos entonces en pergeñar algún proyecto común y miren ustedes por donde, hoy “Prisionero en la calle” ve la luz en edición conjunta con la editorial limeña Arcadia, pronto lo hará aquí, al otro lado del charco, para que el lector español pueda disfrutar de la grandeza literaria de Juan Carlos. Les puedo asegurar que con este proyecto se fragua uno de nuestros mayores deseos. Desde este Viejo Continente miramos con admiración pasmada, perpleja, la energía creativa de este Nuevo Mundo tan fértil en talentos y en desdichas. Y es en la literatura donde esa creatividad se muestra más generosa, la lengua castellana se enriquece y se cuaja de matices, de palabras, de vida. ¡Qué hermosa aquélla frase de la liturgia, “El verbo se hizo carne…”! El verbo se hace carne en la novela de Juan Carlos. Manfredi, Petra, La Profe, Miles y Lunfucker, vida, carne, violencia y ternura. También Giovanni, y Liuba y los hermanos Torres, los pobrecitos. Y, sobre todo, la libertad ¿quién más libre que nuestro prisionero? Una voz cargada de la libertad que dan las pasiones, los recuerdos, los amigos, la literatura y la supervivencia.

Juan Carlos es un francotirador de las palabras. Cada una de ellas, certera como la honda de Manfredi, nos va desgranando la vida del prisionero a golpes, a flashes, al ritmo exacto en que el corazón bombea la sangre al cerebro. Del corazón al cerebro, ideas, imágenes que se agolpan y atropellan impulsadas hacia el texto como en una estampida. Aquí aparece en todo su esplendor y crudeza el ser humano, el hombre como aquel mono desnudo de Desmond Morris que al final somos todos cuando nos quitan los aparejos y las cosméticas del cuerpo y de la mente. ¿Dónde termina Juan Carlos y comienza Manfredi? El prisionero en la calle respira realidad, una realidad tan alejada de otras realidades inventadas, que nos acaba doliendo. Porque nos reconocemos ahí, en el Colegio Luciérnaga al que todos hemos ido, porque es el lugar de todas las infancias y pobres de los que no lo recuerden. Y porque Rilke nos reveló que la patria del hombre es la infancia y no hay nada más cierto que eso.

Estamos convencidos de que a la novela de Juan Carlos le saldrán patas para caminar el mundo asombrando con pura literatura, tan peruana por el vocablo y tan universal por la potencia literaria. Deseamos que la paladeen y la disfruten, al rematar verán que Juan Carlos deja poso y pertinencia, ni siquiera puede evitarlo, lo suyo es el acto literario.

Hoy estás de enhorabuena “my friend” o como tú dices en la novela: . Sonrió al recordar el sobrenombre que le habían puesto los muchachos en la oficina, My friend. Maifrén, como sonaba. “Mi amigo”, pero en inglés, porque también le decían gringo, a él que era más peruano que la pobreza y la mala reputación y el color guinda del pasaporte nacional.”

Muchas gracias y un abrazo fraternal desde España.

Juan Granados

Cristóbal Crespo

Espacio Cultura Editores


La hora del Presidente

15.06.10 | 17:11. Archivado en Política, Actualidad

Publicado en ABC-Galicia 14/6/10

La vida, que tiende a la monodia mucho más de lo que quisiéramos, en ocasiones te regala instantes de redonda felicidad. Valga como ejemplo personal una larga estadía de quien suscribe en la luminosa Florencia durante el otoño de 1985. Disfrutábamos de una beca europea destinada a instruirnos en los muchos vericuetos de la historia económica en el Instituto “Francesco Datini” de Prato. Hacía semanas que asistíamos a sesudas disertaciones magistrales cada mañana, completadas con plúmbeas prácticas, atestadas de gráficas y escalas semilogarítmicas por las tardes. En el fondo, la economía es contar y allí se contaba de todo, desde las toneladas del tráfico de la Carrera de Indias hasta el rendimiento por hectárea de los inabarcables trigales polacos. Y entonces, sin esperarlo, un buen día se presentó ante nosotros un anciano caballero de porte principesco, erguido pese a la edad, propietario de todos los dones y el empaque de la vieja academia.
Se trataba nada menos que de Fernand Braudel, el padre de la moderna historiografía. Medio pasmados aún por el impacto de lo inesperado, tuvimos el inmenso placer de escuchar como el autor del “Mediterráneo y el mundo mediterráneo en tiempos de Felipe II”, comenzaba a hablarnos como si nos conociese de toda la vida. Y allí mismo nos instruyó en las verdades del barquero sin mayor empacho, improvisando sobre la marcha una clase magistral, de cuyas principales conclusiones aún guardo buen recuerdo.
Resulta inevitable que en estos tiempos de de bandazos económicos y titubeos institucionales, uno se acuerde del viejo profesor Braudel. Si contemplamos el dislate, esa especie de huída hacia adelante, que han emprendido las comunidades autónomas gobernadas por el PSOE, empeñadas en perseverar en el error, machacando a impuestos a sus ciudadanos y a las entidades de crédito, uno se pregunta qué parte del ABC de la economía aplicada se han perdido tan obtusos gobernantes. ¿Tan poco confían en la sociedad civil? ¿Hasta ese punto desprecian su capacidad para buscar libremente la prosperidad? No comprender que aumentar la presión fiscal es abortar gravemente muchas iniciativas destinadas generar empleo y riqueza es no comprender nada. Peor para ellos, sobre esto Braudel era taxativo: “El Capitalismo se ríe de las fronteras”, nos dejó dicho en aquella singular ocasión. Extráiganse las necesarias consecuencias.
Afortunadamente para los gallegos, el presidente Núñez Feijoo aparenta mostrase bastante inmune a los cantos de sirena que aconsejan sangrar al ciudadano a fin de aliviar el inaceptable déficit público que todos sufrimos. Espera recaudar más aligerando la presión fiscal y seguramente tiene razón, mantener una administración austera que tenga la prevención de no espantar el capital que se necesita para enjugar el déficit y las intolerables cifras de paro que sufrimos es, decididamente, el camino. No en vano, el viejo profesor también nos decía: “La economía sólo triunfa cuando mantiene la confianza en el Estado”. Fernand Braudel falleció el 27 de noviembre de aquel mismo 1985, probablemente fuimos uno de los privilegiados que asistimos a su última clase, entonces no lo sabíamos, él, naturalmente, tampoco.


La cursilería por decreto

11.06.10 | 20:43. Archivado en Política, Actualidad

ABC-Galicia, 7/6/2010

Al gobierno Zapatero y a sus muchos socios periféricos le entretiene prohibir, de esta afirmación caben ya pocas dudas. Comienzo a pensar que se conciben a sí mismos como bisnietos de la Revolución Francesa, desmontando uno por uno los cimientos del Antiguo Régimen. Se trata pues, de educar al ignaro pueblo hispano en las excelencias de la corrección moral vía real decreto y resolución gubernativa. Nada de tauromaquia en la muy europea Cataluña, adiós a la confortable nube de humo en los garitos nocturnos, se acabaron las procesiones orladas por la milicia en formación y sobre todo, caso de acercarse por allí algún soldado díscolo, ni pensar en lucir la enseña o el himno nacionales. Si esto es una tradición inmemorial, poco importa, ya están ellos para ponernos en vereda.
Para los que, por ejemplo, conocemos bien las entretelas de la Semana Santa malagueña, la última disposición de la ministra Carme Chacón, prohibiendo a los Tercios de la Legión portar en andas al Cristo de la Buena Muerte el Jueves Santo, resulta de una torpeza inusitada. En sus romos principios, los corifeos del gran timonel Zapatero han debido creer que con esta tropelía se pone a salvo la sacrosanta separación entre la Iglesia y el Estado, cuando el hecho en sí es más folclórico y festivo que cualquier otra cosa. No han comprendido, nunca lo harán, que las tradiciones vertebran a los pueblos, cohesionan y hermanan a sus gentes, les dotan de normalidad y razón de ser. Ordenar el fin de todo eso, mientras y a la vez se cacarea por medio mundo las bondades de la tal “Alianza de civilizaciones” es, llanamente una burla. Tolerar a ultranza lo ajeno, mientras se denosta furibundamente lo propio es sencillamente una canallada. En Málaga no serán más felices por dejar de escuchar cada Jueves Santo a cientos de jóvenes gargantas entonando el “Novio de la muerte” a ritmo lento y ceremonioso. Nada ganarán con ello y muchos esforzados turistas lo echaremos de menos. Odiar hasta ese punto nuestras esencias es no entender nada.
Al fin, quien suscribe no tiene inconveniente en creer que el esquema mental que deviene del racionalismo occidental y del cristianismo en sus diferentes facetas, es un asunto que nos resulta propio, familiar y cercano, una especie de inconsciente colectivo que nos viene por tradición y por genética, que, en nuestra opinión, hoy por hoy no resulta muy conveniente abandonar tal como vienen las ideologías alternativas. Nada tiene que ver esto, tradición, inercia mental, modos de ser y, sobre todo de pensar, con las creencias de cada quien. Que muchos de nosotros sospechemos que al final sólo nos espera el hoyo y los gusanos, no quita que seamos hijos de quienes somos, deudos de los que vivieron y sintieron antes que nosotros, émulos de cierta fortaleza mental, libre, honesta y racional, que haríamos bien en conservar. Visto está que no será posible, la insufrible corrección política nos matará antes de asco, cursilería y aburrimiento, a la vez que nos afloja a discreción la faltriquera a mayor gloria de los proyectos megalomaníacos del inquietante marciano que habita en la Moncloa.


Viernes, 1 de junio

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