Y sin embargo se mueve… Un blog de Juan Granados

Chez Revel

19.04.10 | 22:23. Archivado en Política, Filosofía

Entre brumas ABC-Galicia, lunes 12 de abri de 2010

“Hoy, como antaño, el enemigo del hombre está dentro de él. Pero ya no es el mismo: antaño era la ignorancia, hoy es la mentira.” (Jean-François Revel, El conocimiento inútil)

Abril de 2006, Jean-François Ricard, luego Ferral, luego Revel, Chez Revel, amante de la gastronomía y del buen vino, hay quien defiende que en difícil dialéctica con cualquier tipo de vino, iba camino de las verdes praderas en las que no creía. Ojala su hijo Matthieu Ricard, monje budista, tuviese finalmente razón manteniéndose en su complicada fe tibetana y el viejo filósofo goce de una buena reencarnación la próxima vez. Aquí le seguimos echando en falta, quedan ya muy pocos como él, un liberal que dignificaba cada día el concepto, desentrañando el engaño, evidenciando la mentira, cuestionando los trajes nuevos del emperador que a cada poco nos presenta con renovado éxito de crítica y público la izquierda irredenta. Mucho les dio que hacer el viejo profesor a los enemigos de la libertad y las sociedades abiertas, primero combatió contra estalinistas y maoístas, luego, tras la caída del muro, contra la irracional persistencia de la izquierda, empeñada en justificar cualquier cosa que se mostrase sólo tangencialmente antioccidental, ya fuese el castrismo, el tercermundismo, el integrismo islámico o los turbios movimientos antisistema. Una actitud valiente rara de ver en un intelectual. Los que así se consideran suelen andar por la vida como pisando huevos y espetando por la boca lo que se espera oír de ellos o lo que ellos creen que el procomún desea escuchar, si no hay ni un ápice de verdad en lo que afirman, da igual, “el arte de “pensar socialista" no consiente que la realidad le fastidie una buena teoría, una buena soflama”, decía Revel, y tenía razón. Tal vez resulte cómodo vivir anclado en la tautología de los lugares comunes, en el hablar de oídas, todo con tal de no madrugar.
Revel daba mal en las fotos, es la miseria general de los liberales, ya le pasaba a Raymond Arom, también a Tocqueville, nunca supieron ser encantadores de serpientes ni regaladores de oídos, la realidad resulta a veces poco agradable, sobre todo al indolente. Pero Revel era pertinente, nos recordaba en cada ocasión de donde venimos y como hemos llegado hasta aquí, lo que ha costado acceder a la razón y las luces y el dispendio que supone abandonarse a la tiranía de las religiones laicas. Si occidente descubrió el individuo y toda su admirable potencialidad, hoy impera la imposición de lo colectivo, el agobiante poder totalizador de la maquinaria socialista, empeñada en redimirnos no se sabe de qué esta vez. ¿Será por ventura que una vez uniformado el pensamiento de los súbditos las cúpulas rectoras podrán por fin tumbarse a descansar plácidamente en sus bien provistas villas? Sólo así se explica el momento en que nos hallamos, hoy, escuchando con cierto pesar las cosas que proclama Willy Toledo, me ha venido al magín, como de rondón, el bueno de Jean François en el aniversario de su gran viaje, los últimos acontecimientos le hubieran proporcionado buen pasto del que hablar, ya lo haremos otro día, según se vaya pudiendo.


Sartine y la guerra de los guaraníes, nuestra próxima novela

09.04.10 | 20:21. Archivado en Sobre el autor, Literatura

Esta que ven puede ser ya casi la última versión de la portada de mi nueva novela. Como podrán comprobar, el trabajo del ilustrador de Edhasa, Enrique Iborra ha sido, una vez más, excelente. El motivo hace referencia a una peligrosa travesía por debajo de los 60º S que se narra en la novela. Naturalmente, no voy a desvelar muchas cosas aquí hoy, pero sí les diré que nuestro Nicolás Sartine me lo ha hecho pasar francamente bien con sus andanzas australes. Esta novela hará la segunda de la serie y en junio comenzará su singladura.

Esta vez he entrelazado dos historias paralelas, una en la corte de Felipe II y otra en las misiones jesuíticas del Paraguay a mediados del siglo XVIII, la respuesta, obviamente, se hallará al final. A lo largo de mi blog personal he ido dejando algunas pistas para que el lector pueda ir imaginando por donde irá la cosa, yo solo puedo decir que estoy contento y que espero que la disfruten.

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El parto de los montes

05.04.10 | 12:36. Archivado en Actualidad

Publicado en ABC-Galicia 5/04/10

Es sabido que los Montes de Piedad, antepasados ilustres de las Cajas de Ahorros, fueron un invento franciscano, nacido para evitar la usura con la que procedían los prestamistas. Ocurrió en la Italia del siglo XV, en lugares de historia vieja y nombre venerable como Mantua, Savona o Florencia. De este modo, campesinos, artesanos y comerciantes podían aspirar al progreso acudiendo al Monte di Pietà en busca de amparo en tiempos de dificultad y de soporte económico cuando las coyunturas de bonanza aconsejaban la búsqueda de nuevas oportunidades. Apoyándose en el auxilio de aquellas instituciones, podían eludir los intereses usurarios que les exigían los protobanqueros del momento, nunca por debajo del 20% del valor del préstamo y, a menudo, dos o tres veces más que aquel disparatado valor. El mecanismo de la transacción resultaba muy sencillo, el solicitante empeñaba algún objeto de valor del que pudiese desprenderse, una capa de buen paño, alguna pieza de oro o plata, y el monte le otorgaba un préstamo a ningún interés o imponiendo uno muy razonable, hasta la extinción de la deuda.
En cuanto a las Cajas, como modernamente se entienden, se suele citar al filósofo utilitarista inglés Jeremy Bentham como el verdadero inspirador de las primeras cajas de ahorros del siglo XVIII. Bentham, un filósofo conceptualmente impecable, poco amigo de las alharacas del pensamiento y firme partidario de las políticas útiles y efectivas, al que le gustaba decir: “Bien y felicidad son la misma cosa, y evitar el dolor y promover la felicidad constituyen las dos reglas básicas de todo buen gobierno de un país civilizado”, entendía aquellas fundaciones para el ahorro como una forma de inspirar seguridad y esperanza en el futuro a los más desfavorecidos. De este modo, Europa se fue sembrando de Cajas de Ahorros, nacidas bajo los mismos presupuestos filantrópicos que habían inspirado aquellos primeros Montes de Piedad, hasta convertirse en entidades financieras de volumen cada vez más grueso. Algo que, naturalmente, no escapó a la atenta mirada del poder, de forma que, singularmente en España, fueron puestas primero bajo el “real patrocinio” para verse a cada paso más intervenidas por las autoridades estatales y provinciales, que con las sucesivas iniciativas legislativas del siglo XIX lograron asentarse cómodamente en sus consejos de administración.
¿Qué queda ya de todo aquello?, obviamente nada, las cajas modernas son bancos tutelados por el poder político, que tradicionalmente han debido plegarse a las veleidades de sus caprichosos patronos, fuesen o no viables los proyectos que les plantaban encima de la mesa. El resultado de tanto exceso aparece bien claro a vista de todos, las cajas, sometidas al arbitrio de aficionados al gasto y al oropel a costa de los demás, se han mostrado mucho menos efectivas y rentables que sus homólogos de dirección exclusivamente privada. Ahora todo es llanto y crujir de dientes, como acostumbraban a hacer los viejos caciques en tiempos de Cánovas, los prebostes del norte y del sur de Galicia se aferran a la prebenda y claman contra el desdoro de la nación. Que cada quien haga lo que quiera, en mi opinión, el dinero nunca ha tenido color, ni patria, ni religión; lo único que verdaderamente debiera preocuparnos es que quien cuida de nuestros ahorros, quien financia nuestras desmadradas hipotecas, sea honesto, eficaz y de fiar, con eso es más que suficiente.


Viernes, 1 de junio

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