Farine Five Roses
02.01.09 @ 18:41:31. Archivado en Arte

El mundo novelesco no es más que la corrección de este mundo, según el deseo profundo del hombre. Pues se trata indudablemente del mismo mundo. El sufrimiento es el mismo, la mentira y el amor. Los personajes tienen nuestro lenguaje, nuestras debilidades, nuestras fuerzas. Su universo no es ni más bello ni más edificante que el nuestro. Pero ellos, al menos, corren hasta el final de su destino y no hay nunca personajes tan emocionantes como los que van hasta el extremo de su pasión, Kirilov y Stavroguin, la señora Graslin, Julián Sorel o el príncipe de Cléves. Es aquí donde nos alejamos de su medida, pues ellos acaban lo que nosotros no acabamos nunca.
(Novela y rebeldía, Albert Camus)
Por mucho empeño que muestren esa suerte de secundarios con ínfulas a los que les gusta presentarse como “agentes sociales”, siempre propensos a educarnos el gusto derramando ideología y colmando la faltriquera de humo enlatado con chorretones de infausto colorido acrílico, me gusta pensar que el Arte camina como quiere y por donde mejor le parece. El “así es la rosa!” de Juan Ramón, la conmoción que causa reconocerse en la obra de otro, nada tiene que ver con memorandums y subvenciones, lo pertinente triunfa huérfano de padre y madre, como un acto de dignidad, como esencia de proyección humana, la más poderosa razón para esperar y existir.
Para comprobar certezas como éstas no hay más que sentarse a la vera del camino en espera de noticia y acontecimiento. Y en estas andaba, entre el burgués hastío y las ganas de pelea, cuando di con la imagen que ilustra este artículo. Es obra de un joven fotógrafo, canadiense de Montreal, llamado Mario Jean (Aka Madoc). Lo conocí casi por casualidad, por indicación de un viejo compadre también aficionado a la cosa de la imagen. Un paseo por la web de Madoc nos descubre una retina privilegiada a la expectativa de cuanto ocurre alrededor. Es evidente que Mario posee un depurado dominio de la técnica, pero esto nunca es suficiente, poseer técnica sin alma creativa, sin inquietud para desterrar lo obvio y mostrar el verdadero interés que subyace tras la cotidianeidad es, sencillamente, perder el tiempo. Las imágenes de Mario Jean trasmiten esencia de humanidad, cualquiera se puede reconocer en ellas, urdiendo historias completas al pie de sus fotografías, historias de amor y sufrimiento, como casi todas las historias susceptibles de ser contadas. “Farine Five Roses”, por ejemplo, esa imagen de la vieja fábrica de harinas, varada como un pecio inerme entre los fríos canales de Montreal, con su nombre medio francés y medio inglés en rojo desvaído, haría una portada excelente para una novela que hable de esperanza y redención, de lucha por la vida en la era postindustrial. Más aún, haría por sí misma asunto de narración. Así se lo he hecho saber y le ha parecido una buena idea, es así como el espíritu generoso de unos alimenta el de otros, como se suele decir, a la hora de encontrar inspiración y motivo, nos aupamos a hombros de gigantes.
La foto “Farine Five Roses” nos ha sido amablemente cedida por Mario Jean para ilustrar este artículo.
© 2007-2008 Mario Jean, Madoc photo.
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Juan Granados
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