
Mañana, el fotógrafo y escritor coruñés, Jose Luis Pardo, presentará una nueva serie de fotografías nocturnas en el Casino de La Coruña, patrocinada por el Casino Sporting Club y la Asociación de Estudios Históricos de Galicia. Allí estaremos, como no. Un excelente momento para disfrutar del arte junto a los amigos. Cuando pienso en la obra de Jose Luis, siempre me viene al magín este sabroso dicho de Antonio Escohotado:
Aristóteles decía que los niños no podían ser felices y estaban haciendo siempre trastadas porque eran incapaces a aprender a hacer algo bien; cuando una persona sabe hacer algo bien, lo hace y no molesta a los demás. Cuando, por neurosis, por torpeza o por ignorancia no es así, nos encontramos con gente problemática. El único antídoto contra el aburrimiento es la maestría.
Así es, y, afortunadamente, de maestría, sentimiento y técnica es de lo que procuraremos hablar mañana, están todos invitados. Aquí les dejo los datos del acto por lo menudo:
José Luis Pardo Caeiro tiene el placer de invitarle a la presentación de la exposición de fotografías “La Coruña, una ciudad, un faro” que tendrá lugar el próximo 29 de Enero de 2.009 a las 20,30 horas en la Sala de Cultura y Exposiciones del Sporting Club Casino de La Coruña, C/Real nº 83-85, con laintervención de:
D. Juan José Medin Guyatt. Presidente Sporting Club Casino
D. Pedro Arias Veira. Economista, Profesor Teoría Económica USC
D. Juan A. Granados Loureda. Escritor de Novela Histórica

Me ha gustado esta larga entrevista que Alvarado Tenorio realizó a Jaime Gil de Biedma en 1984, esencias de escritor, repaso del mundo. Aquí les dejo sustancioso fragmentos.
-Fue entonces, en esos años, cuando se hizo poeta…
-Yo decidí hacerme poeta desde muy joven, cuando tenía diecinueve años, pero mis poemas se publicaron diez años después; no se por qué, pero esa fue mi decisión y un día de esos, luego de haber leído y bebido toda la poesía del mundo, escribí mi primer poema. Primero me eduqué en la poesía del Siglo de Oro, en el simbolismo francés, me leí todo Baudelaire y toda la poesía española del 27. Hacer poesía fue para mí una manera de construirme un muro contra el mundo exterior, una suerte de andamio contra mis propias debilidades interiores. Luego, cuando a partir de los años cincuenta me interesé por la poesía social, fundé mi propia voz, una voz que luego no he querido dilapidar, repitiéndome. Usted sabe que yo he escrito poco, pero lo cierto es que en algún momento, tras prolongadas imitaciones de voces y formas, alcancé no el poema sino la poesía, una voz, un tono que me hacía idéntico a la imagen que había querido crear de mí ante los otros. Pude saber cuáles eran mis sentimientos, y que deseaba hacer en mi vida. Eso sucedió cuando viví mis primeros treinta años, cuando escribí Moralidades. En esos años yo guardaba como un secreto, en mi cuerpo, esos poemas, y me negaba a ponerlos por escrito, iba con ellos como un tesoro oculto de un pirata, como unas joyas que nunca iría a mostrar a otros, como aquel vendedor de orfebrerías que hay en un poema de Kavafis, que mira cada tarde antes de cerrar la tienda y no muestra a sus clientes, algo así como cuando se hace el amor y se retarda el orgasmo…
-¿Por qué esos poemas llevan ese título de Moralidades, no es una contradicción con su tiempo y su manera de ser y pensar?
-Las moralidades, que gozaron de gran popularidad en la edad media, son dramas que se representaban en los atrios de las iglesias y catedrales y respondían al propósito de la Iglesia de ilustrar la actitud cristiana ante la muerte. El motivo central era la confrontación entre el Bien y el Mal en el alma de los hombres, aunque la obra siempre concluye con la redención de sus protagonistas. Los personajes de las moralidades no son santos o personajes bíblicos, sino alegorías. Mis poemas de ese libro continúan en la tónica de Compañeros de viaje, son moralejas sobre la hipocresía y la opresión, la amistad y las conversaciones de esos años de torvo franquismo…
-Hay quienes dicen que siendo usted catalán su patria es el español y su alma es inglesa, aparte de tenerlo como un aristócrata de izquierdas…
-Esas deben ser deducciones suyas propias Alvarado. No he oído que nadie en España diga algo así.
Para fomentar sus impertinencias voy a decirle que los Gil descienden de Alonso Gil, un caballero del rey Ramiro del reino de León. Gil quiere decir El Elegido o El Defendido, pero también hubo Gil en los reinos de Valencia, o en Andalucía. Mi abuelo Gil y Becerril casó con una Biedma y Oñate y a él se le ocurrió solicitar licencia para que sus vástagos usaran los dos apellidos fungidos en uno y desde entonces nos llamamos Gil de Biedma.
Mi lengua materna es el castellano, y en él he escrito todo. Pero mis apellidos tampoco son catalanes, en mi familia no se hablaba catalán y como le he dicho la guerra la pasé en Castilla y luego de la guerra, al volver a Cataluña, el catalán estuvo prohibido por años. Cuando hablo el poco catalán que conozco me avergüenzo de mi acento. Además yo aprendí inglés y francés antes de hablar catalán. En Inglaterra viví algunos meses durante los primeros años cincuentas, en una vieja casona de Eaton Place y como bien puede darse cuenta en su ignorancia yo visto y bebo como un inglés. Estuve en Oxford haciendo unos cursos de económicas, pero en verdad lo que descubrí en Inglaterra fue a Auden primero y luego a Eliot y a William Epson y Mathiew Arnold. Cuando fui a Inglaterra yo estaba intoxicado por la poesía de Aleixandre y la de Guillén. En inglés leí entonces a Spender y aun cuando había leído ya a Eliot en las versiones de Gaos, fue en Londres cuando pude darme cuenta de la magnitud de su obra, de la grandeza de su musicalidad, de su prosodia.-Ángel González me dijo que usted era de izquierdas pero ya no ejercía…
-¿Cómo? Usted cree que con esta cabeza de romano, calvo, y con estos ojos azules, soy una suerte de terrorista oculto, o ¿qué? Pero si habré sido, digamos, marxista. De militancia nada, nunca he militado con nada ni con nadie. Yo no creo en esa tesis de que los intelectuales deben meterse a políticos, una cosa son los políticos y otra los intelectuales. Por eso un intelectual trajeado de político es un elemento peligroso, casi siempre terminan siendo tiránicos, sectarios, fanáticos del centralismo democrático y la tesis del partido único. Yo habré sido en cierto momento marxista, me atraía mucho el análisis marxista de la historia, ese arte de anunciar el pasado que decía Valera a partir de la consideración de Marx sobre aquello de que la anatomía del mono solo era compresible a través de la anatomía del hombre. Pero el marxismo es una doctrina difunta, como la novela, un asunto del ayer, de nuestro ayer. Queda sin embargo la ideología, las ideas que gestó, esa manera de sustentar la rebeldía del hombre contra los opresores, eso que uno entiende bien en países como el suyo, del Tercer Mundo, como Filipinas o Cuba. Incluso creo que mis lecturas y aficiones marxistas han quedado en algunos de mis poemas de esos años, pero si, creo que sigo siendo de izquierdas, y a veces, incluso en las noches, ejerzo, ejerzo…
…/…
-Pasemos entonces a un tema que le seduce: la poesía…
-No creo que podamos definir la poesía, diría mejor que poesía es esa sensación de bienestar, de placer, de gozo que siente alguien cuando se lee, en voz alta, un poema. La poesía no es precisamente lo que sucede cuando se escribe el poema, poesía es el acto de ejecutar el poema. Un poema se hace para ser leído. El poema es poema mientras se lee porque es tiempo y tempo…
-Y ese hecho indefinible, ¿qué produce en el ejecutante y en el oyente, acaso el mismo efecto de la música, de la melodía?
-Pareciera que a partir del siglo XVII, la rotura de lo meramente narrativo que imperaba en el poema épico o el teatral, hubiese creado una separación entre el signo y sus valores, afectando nuestras sensibilidades de manera tal que ahora el poema nos conduce a una certeza de la fragilidad existente en la propuesta de realidad que hace el comercio y las ideologías. La poesía, el acto de ejecutar el poema, quiebra la verdad de las asociaciones que nos vende el mundo contemporáneo. La poesía ofrece imágenes del mundo, ni contradictorias ni univocas, que son la otra realidad, ni verdadera ni falsa, pero otras realidades. Unos saberes y conciencias de que la llamada realidad es apenas una creación del sujeto, de nosotros que deseamos el mundo…La poesía entonces es uno de los instrumentos mas eficientes para abolir aduanas, para derruir lugares de observación y vigilancia, para derribar las costumbres y las modas y nos hace entrar en una verdadera comunión entre las palabras y los hechos, las palabras y lo que ellas nombran…
-Pero si la realidad es una falacia cómo es que usted es un poeta de la experiencia, de la memoria de una realidad no conocida, ficticia...
-Tampoco debe olvidar que nada hay más artificial que la escritura. Escribimos porque somos entrenados en ese artilugio que pretende asir la realidad, como recuerdos o como actos del presente. Pero para poder transmitirlos y hacerlos poesía hay que crearlos, extraerlos de la manga del mago, del demiurgo, del poeta. Cuando hablamos de poesía de la experiencia no hablamos de contar lo que le ha pasado a uno, de una suerte de cotilleo de la vida nocturna de ayer, de las posturas amorosas del año pasado, poesía de la experiencia es escribir un poema donde la voz que se escucha cuando se ejecuta el poema sufre la vida, padece la existencia, hace sentir el recuerdo del placer o el dolor de las separaciones… Algo así como decía ese poeta inferior llamado Auden, la poesía de la experiencia es un anteproyecto verbal de la vida pasada o por vivir…
-Ahora hay en España muchos jóvenes poetas que le admiran, pero hay muchos más que le imitan…
-Es lamentable, eso no existía en mi juventud. Nosotros no aspirábamos al éxito social con la poesía, era otra cosa. El mundo editorial ha cambiado la condición de los poetas, hoy es posible ganar fama y fortuna y seguir siendo muy mal poeta, hay cientos de premios, de concursos, de verdaderas canonjías, que terminan por fomentar gildas poéticas, camarillas mafiosas…Y ciertamente es una vergüenza que haya tanto admirador suelto por allí. Al principio me halagaba oír que me citaban por la radio o alguien se acordaba de un poema o una línea mía, pero una cosa es la gente o el lector común y otra el gremio de los poetas y los escritores profesionales, aduladores de oficio…
-Mil gracias, querido y admirado poeta…
-De nada don Haroldo, de nada…
Harold Alvarado Tenorio, publicado en Vanguardia Dominical de Vanguardia Liberal, Bucaramanga, 22 de Mayo de 1984

El mundo novelesco no es más que la corrección de este mundo, según el deseo profundo del hombre. Pues se trata indudablemente del mismo mundo. El sufrimiento es el mismo, la mentira y el amor. Los personajes tienen nuestro lenguaje, nuestras debilidades, nuestras fuerzas. Su universo no es ni más bello ni más edificante que el nuestro. Pero ellos, al menos, corren hasta el final de su destino y no hay nunca personajes tan emocionantes como los que van hasta el extremo de su pasión, Kirilov y Stavroguin, la señora Graslin, Julián Sorel o el príncipe de Cléves. Es aquí donde nos alejamos de su medida, pues ellos acaban lo que nosotros no acabamos nunca.
(Novela y rebeldía, Albert Camus)
Por mucho empeño que muestren esa suerte de secundarios con ínfulas a los que les gusta presentarse como “agentes sociales”, siempre propensos a educarnos el gusto derramando ideología y colmando la faltriquera de humo enlatado con chorretones de infausto colorido acrílico, me gusta pensar que el Arte camina como quiere y por donde mejor le parece. El “así es la rosa!” de Juan Ramón, la conmoción que causa reconocerse en la obra de otro, nada tiene que ver con memorandums y subvenciones, lo pertinente triunfa huérfano de padre y madre, como un acto de dignidad, como esencia de proyección humana, la más poderosa razón para esperar y existir.
Para comprobar certezas como éstas no hay más que sentarse a la vera del camino en espera de noticia y acontecimiento. Y en estas andaba, entre el burgués hastío y las ganas de pelea, cuando di con la imagen que ilustra este artículo. Es obra de un joven fotógrafo, canadiense de Montreal, llamado Mario Jean (Aka Madoc). Lo conocí casi por casualidad, por indicación de un viejo compadre también aficionado a la cosa de la imagen. Un paseo por la web de Madoc nos descubre una retina privilegiada a la expectativa de cuanto ocurre alrededor. Es evidente que Mario posee un depurado dominio de la técnica, pero esto nunca es suficiente, poseer técnica sin alma creativa, sin inquietud para desterrar lo obvio y mostrar el verdadero interés que subyace tras la cotidianeidad es, sencillamente, perder el tiempo. Las imágenes de Mario Jean trasmiten esencia de humanidad, cualquiera se puede reconocer en ellas, urdiendo historias completas al pie de sus fotografías, historias de amor y sufrimiento, como casi todas las historias susceptibles de ser contadas. “Farine Five Roses”, por ejemplo, esa imagen de la vieja fábrica de harinas, varada como un pecio inerme entre los fríos canales de Montreal, con su nombre medio francés y medio inglés en rojo desvaído, haría una portada excelente para una novela que hable de esperanza y redención, de lucha por la vida en la era postindustrial. Más aún, haría por sí misma asunto de narración. Así se lo he hecho saber y le ha parecido una buena idea, es así como el espíritu generoso de unos alimenta el de otros, como se suele decir, a la hora de encontrar inspiración y motivo, nos aupamos a hombros de gigantes.
La foto “Farine Five Roses” nos ha sido amablemente cedida por Mario Jean para ilustrar este artículo.
© 2007-2008 Mario Jean, Madoc photo.
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Julio César Izquierdo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Carlos Juan Gómez Martín