Y sin embargo se mueve… Un blog de Juan Granados

Juan Marsé, al fin

30.11.08 | 16:13. Archivado en Literatura

“Fue seguramente por aquel entonces cuando empezó a ponérsele esta escarcha rencorosa en los ojos y esta tristeza en el pelo” (de Últimas tardes con Teresa, Juan Marsé)

Que a la familia le vaya bien resulta ser buena noticia si todavía se mantiene el corazón desempañado de aversión y fracaso. “No le ha ido mal” —piensa uno—“Al final, milagrosamente, no le ha ido mal” pese a la inquina institucional y el premeditado desprecio de un gobierno que ya no es el suyo, que ya no lo es de casi nadie, como no lo fue de Vázquez Montalbán, ni de Gil de Biedma, ni de Barral, ni lo será nunca de Mendoza, Arcadi o Boadella, pues no son cultura, no representan, sobre todo, a la cultura catalana. A estas alturas uno ignora ya quien será el que la represente, fuera de la decena de panegiristas del régimen amparados por gruesa subvención. Igual da, la literatura fluye a su modo y por su camino, al exacto margen de prebostes endomingados cuya cuenta corriente resulta ser directamente proporcional a lo obtuso del discurrir. No obstante, gratifica que de vez en cuando se reconozca el trabajo de quien sólo se dedica a escribir al margen de consignas e indicaciones normalizadoras. Y ocurre que Marsé, que nació Faneca y cambió de apellido en un taxi negro y amarillo el mismo día en que se dio al mundo, escribe con la intensidad del que sabe de qué va esto, de qué va, en concreto, Barcelona y las micro historias de quienes la pueblan desde Sant Gervasi al Paralelo. Tres líneas de Marsé arrojan más sabiduría al mundo que la totalidad del texto de las Bases de Manresa, esa es la verdad pese a quien le pese. Lo que importa aquí, lo que ha importado siempre, es la vida fluyendo muy dificultosamente cada día, la lucha por la existencia y el logro de un lugar al sol, incluso si se nace charnego, incluso si además se tiene la poca visión política de no avergonzarse de ello, de no comportarse como un sumiso renegado, aún sabiendo que un simple cambio en la actitud le puede convertir a uno en el mismísimo presidente de la triunfante república ilusoria de Cataluña.

Yo creo que era el curso de 1981, manejaba por entonces un ejemplar en rústica de Las últimas tardes con Teresa, ella me lo había regalado, en mi facultad también proliferaban los progres de salón, eran hirsutos, barbados, poco estudiosos y tenían la mala costumbre de indicarnos sin permiso el camino a seguir. Ahora, confortados por el poder, nos gobiernan con puño de hierro y van haciendo cumplir una por una sus visiones proféticas. Sigo sin hacerles ni caso y así me va. También estaba aquella mujer y una pequeña scooter, yo, que no soy precisamente el pijoaparte, no sabía conducirla y ella me enseñó, supe que me quería por el modo en que me rodeaba la cintura transitando a poca velocidad por el campus. En aquella ocasión, poco más o menos cuando reclinó su melena rizada sobre mi espalda, me salvó la vida, ocurre que para siempre, aún me alimento de aquel instante, ajeno como estaba a todo lo que no fuese la total y completa felicidad, fue más que suficiente. Estas cosas y cosas como estas, Juan Marsé las conoce bien y las cuenta mejor, que disfrute intensamente del Cervantes, bien merecido lo tiene.


Munbai directo

27.11.08 | 02:03. Archivado en Actualidad


Mi amigo Gonzalo Martín está allí, acaba de enviar la crónica a través de su blog. Como cuenta Greene en “The quiet american”, nuestro Alden Pyle de la industria audiovisual española lo sigue todo recluido en su hotel, copa en mano y gesto impasible, nos lo cuenta serenamente vía Twitter. Su leyenda no hace más que crecer y, oigan, es mi amigo y está bien de salud y espíritu, aunque la cosa pinta verdaderamente mal en Bombay. Yo lo hacía en el ya célebre malecón, afortunadamente no es así.

Click sobre la imagen para seguir la crónica de la crisis en directo y en primera persona.

1 comentario


Metafísicas

20.11.08 | 21:49. Archivado en Literatura, Filosofía

Tarde extraña a vueltas con la conciencia y perezosas urgencias. Leo a Arturo Schopenhauer y a mi amigo Alvarado entrevistando a Borges. En un bucle gracioso, descubro que el patrón de todos los bibliotecarios apreciaba sinceramente la cosmología del viejo cascarrabias alemán, ya es casualidad:

“Si, he dedicado muchos años al estudio de la filosofía china, especialmente al taoísmo, que me han interesado mucho y también he estudiado el budismo. He estado también muy interesado por el sufismo. De modo que todo eso ha influido en mí, pero no sé hasta dónde. He estudiado esas religiones, o esas filosofías orientales como posibilidades para el pensamiento o para la conducta, o las he estudiado desde el punto de vista imaginativo para la literatura. Pero yo creo que eso ocurre con toda la filosofía. Creo que fuera de Schopenhauer, o de Berkeley, yo no he tenido nunca la sensación de estar leyendo una descripción verdadera o siquiera verosímil del mundo. He visto más bien en la metafísica una rama de la literatura fantástica.”

A lo mejor es que le leyó párrafos como éste, que suena a Borges y no a Schopenhauer:

"Me dicen que abra los ojos y contemple las bellezas que el sol alumbra; que admire sus montañas, sus valles, sus torrentes, sus plantas, sus animales y no sé cuantas cosas más. Pero entonces, ¿el mundo no es más que una linterna mágica?. Ciertamente el espectáculo es espléndido, pero en cuanto a representar allí algún papel, eso es otra cosa."

Ambos tenían razón, ¿qué sabe nadie de metafísica? Pasada la edad de la esperanza inducida el pensamiento se vuelve tan huérfano, tan miserable, como aquellos dos hermanos primitivos y bárbaros del cuento de los cuchilleros, ¿recuerdan? Pues resulta que la frase certera, el remate borgiano que rezaba en perfecta y cruel síntesis: “a trabajar hermano, esta mañana la maté”, fue cosa de doña Leonor, clara madre del divino ciego.


Viernes, 1 de junio

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