
Les sanglots longs
Des violons
De l'automne
Blessent mon coeur
D'une langueur
Monotone.
(Paul Verlaine, Chanson d'automne)
Una fugaz aparición radiofónica de Gonzalo Martín, me da vela para meterme en un entierro al que no estaba invitado. Allá en la nueva industria audiovisual hablan los expertos en la industria, pero bueno, el asunto resulta tan estimulante que parece difícil resistirse a decir alguna cosa. Se plantea, Nada menos, si debe desaparecer la televisión pública tal como ahora la entendemos. Bueno, veamos, 7000 millones de Euros de injustificadísima deuda claman por sí solos por una pronta liquidación. Unos y otros han convertido el ente público en un inmenso agujero negro que todo lo traga a cambio de casi nada. El muy keynesiano argumento que sostiene, ya es sostener, que la TV pública ofrece contenidos minoritarios que las cadenas privadas se niegan a difundir por poco rentables, ya no vale, como muy bien señala Gonzalo Martín, para eso ya tenemos Internet, aparte, claro es, de que muchos contenidos minoritarios se ganen a pulso el serlo, prefiero no poner ejemplos esta vez, pero resulta evidente que el visionado de un corto destinado a señalar la intensa expresividad de una escobilla de inodoro no resulta comparable a la pertinencia de una diálisis en un hospital público. Lo cierto es que la mayoría de lo que se nos enchufa, bien embutido entre toneladas de publicidad, es de encontrar en cualquier otro medio, cuando no resulta ser de peor calidad aún. ¿Alguien ha sido capaz de llegar alguna vez al final del peliculón del domingo. O sea a las tres de la mañana, anuncios, horóscopos y teletiendas por medio? ¿Será por ventura que los corazones de otoño, invierno o primavera, o las teleseries o las vaquillas veraniegas poseen tal potencial intelectual que justifican la existencia del ente?
Naturalmente, esto no es lo peor. El evidente sesgo ideológico que toman las televisiones públicas en cuanto mudan sus patrones en las Cortes, justificaría por sí mismo un cambio de modelo. Y esto no es nada comparado con el panorama autonómico, en aquellas cuevas de cerrazón política el intento de adoctrinamiento público es ya general, algunas sienten tal desprecio por la vinculación al resto del país, que más parecen emisoras gibraltareñas. Ahora, con el cable, me divierte hacer zapping por aquellas casas taifales para contemplar, por ejemplo, como en un concurso musical de Tv3 la otorgan un 10 a un cantante charneguito por “hacer el esfuerzo” de cantar en catalá. Cosas, en fin, de mucha chufla y mucha befa a costa del contribuyente y del propio que se presta a tales desmanes coloniales.
Claro que lo público no tiene que ser necesariamente así, en tiempos más dignos, emisoras como la BBC se ganaron a pulso su existencia desde el rigor y el servicio al común. No puedo olvidar aquellos versos de Verlaine, los mismos que presiden este artículo, destinados a alertar a la resistencia francesa de la inminencia de la operación de Normandía. Había entonces más romanticismo y menos, mucha menos, ingerencia en el bolsillo del procomún, que es de lo que finalmente se trata. Pues si se nos ha de adoctrinar, al menos que lo paguen otros.
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Que va, el francés sólo lo leo, se lo escuchaba hablar a mi abuela que era casi francesa. Superior? demonios, no sabría decir en qué, ni lo pretendo, a mi me gusta aprender y de ti aprendo muchísimo.
Muchas gracias, Juan. Sorpresa de verte tan versado en lengua francesa. Ya me ganas, ya eres superior. Me ha encantado el mito resucitado de la BBC, desde los discursos de Churchill a Verlaine. Y así que pasen cien años.
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
Atticus-444
Paulino Toribio
José Pómez