Y sin embargo se mueve… Un blog de Juan Granados

Juan Carlos Mústiga, literatura a pulmón libre.

28.06.08 | 20:18. Archivado en Literatura

“No, Monkey, pensé al haber recordado esto. A mí la vida me la quisieron servir como una tajada de queso —un triangulito suave, de bordes perfectos— y, desde aquel momento, hube de ingeniármelas para meterle mano al resto del molde, con corteza y todo, y para el resto de mis días, también.”

(Comienzo de “Manual de pistola automática”).

El primer verano cae amable en la ciudad y camino al encuentro del escritor limeño Juan Carlos Mústiga. Una conferencia internacional se lo ha traído y él, amable como es, me regala una tarde de sábado inolvidable. Porte criollo y sonrisa de paseante viajado del Callao, me recibe en el umbral de su hotel para contarme de su afán. Largo y prolijo afán, la Moleskine, que no grabadora, las grabadoras resultan inoportunas y poco veraces, echa humo. Así, entre las líneas de Vallejo y la poesía de mi hermano Pedro Granados, Juan Carlos Mústiga tienta a la vida probando mil maneras de caminarla, la docencia universitaria, la edición, el publicismo, el negocio de la pesca en la generosa plataforma litoral peruana, donde —nos dice— las licencias debiera concederlas Neptuno y no el gobierno, el periodismo y, naturalmente, la escritura, que es su mayor gloria, aunque Mústiga, como todos los grandes, no se concede ni un instante de egolatría.

Escribe a vuelapluma sobre cualquier cuaderno que le viene al paso, ni tiembla ni duda, la caligrafía —cómo le gusta el trazo— corre libre para decir, por ejemplo: “Soy peruano y viajo siempre a través de mi lenguaje, prisionero voluntario del habla de mi país”. Dicho esto, me ilustra con una palabra que casi me regala “macró”, afortunada corrupción limeña de quien sabe qué palabra francesa. Un macró es un malaje, un explotador de mujeres, un mal bicho de los que pueblan sus luminosas novelas. En “Manual de pistola automática” la desesperación conduce al protagonista a planear un asesinato, pero no sabe asesinar, para asesinar hay que nacer asesino y los personajes de Mústiga no lo son. En cambio, se convierte en contador de historias para su extorsionador, buena manera de enjugar una deuda imposible de sufragar, el mal de los tiempos, se diría.

Ahora prepara nueva novela urbana, “Prisionero en la calle” o en la ciudad, no se decirles, allí impostará algunas voces de su “Manual de pistola automática”, desde un punto de vista tal vez más amable, aunque igual de necesario. La tristeza endémica —nos dice— por la conciencia del paso del tiempo, el viaje permanente, la infancia evocada; en fin, literatura, que es de lo que se trata. En el ínterin hablamos de aficiones comunes, los hijos, el cine, los amores perdidos, el mar, la caza, que no pesca, submarina; sus tiempos como depredador a pulmón, junto a los viejos “rascaplayas” del Perú, pioneros del submarinismo en aquel luminoso país, todo ello reflejado en un libro delicioso: “Cuadernos submarinos”, que apenas ha subsistido un par de días sobre la mesilla de noche. Quedamos en pergeñar algún proyecto común, así sea, al lado de Juan Carlos Mústiga uno no puede más que mejorar, que buena falta hace. Mientras le dejo marchar, me ronda por el magín el misterio de aquella novela por encargo que inventó para su mentor, “Tormentos deliberados”, le quiso llamar, no se si por las vistitas rutinarias a casa de aquel inquietante mecenas que se conformaba con sus explicaciones y encontraba plausibles los vacíos de memoria que Mústiga salvaba a base de ingenio e invención, o por aquello de que sólo juntar letras ya hace sufrir. Es entonces cuando le sugiero que haga la novela de la novela, Borges, esto es seguro, no lo habría dejado pasar, Juan Carlos tampoco lo hará.

Juan Carlos Mústiga Benites (Lima 1958). Ha publicado los libros de relatos A pulmón (1986) y Una moral inquebrantable (1987); las novelas Tormentos deliberados (1996) y Manual de pistola automática (2005); y el libro de crónicas, Cuadernos submarinos (2006), alrededor del mar y sus testimonio como capitán, en varias oportunidades, de la selección peruana de caza submarina. Actualmente revisa una nueva novela titulada Prisionero en la calle.


Épica presentación

25.06.08 | 17:57. Archivado en Literatura, Actualidad


Mañana, jueves 26 de junio, se presentará en la librería Arenas de A Coruña el último libro del profesor José María Peláez. “Héroes en el Olvido” es una hermosa novela histórica que refleja con sensibilidad y conocimiento los tiempos de la insurgencia gallega contra Napoleón. Allí estaremos acompañando al autor mi buen amigo el coronel-director del museo militar, José Navas Ramírez-Cruzado y el que suscribe. El acto tendrá lugar a las 20, 30 horas, por eso tildamos de épico el evento, competir con la semifinal España-Rusia no parece tarea fácil, en todo caso, les recomiendo vivamente la lectura de la novela, pertenece a la rara especie de las que se inician y ya no se sueltan. Esto nos cuenta de ella la promoción editorial:

En el marco de la terrible Guerra de la Independencia, pocos episodios históricos son tan fascinantes y poco conocidos como los que protagonizó la Insurgencia Gallega contra las tropas de Napoleón, que invadieron el territorio de Galicia a principios de 1809.

En sólo un mes, y después de que el ejército francés consiguiera la retirada y embarque del ejército inglés, Galicia ha rendido todo su territorio sin apenas resistencia por parte de las autoridades oficiales. Es entonces cuando estalla como un volcán la insurgencia popular. Surgen por todas partes guerrilleros y amotinados, labradores, artesanos y marineros, gente sencilla trasformada en improvisados combatientes de una insurgencia dispuesta a morir en defensa de su libertad. Serán conducidos por caudillos legendarios, como el Abad del Couto, capaces de conseguir increíbles acciones frente al mejor ejército del mundo. Son ellos los protagonistas de unos hechos que conducirán a la progresiva liberación de su territorio y a la heroica victoria final en la Batalla de Puente Sampayo.

El autor entreteje, en una fascinante historia novelada, la lucha de personajes históricos junto a otros de ficción arrastrados a contiendas, amores y venganzas. Todo ello en el seductor ámbito de la Galicia de costumbres ancestrales, influida por las creencias en embrujos y conjuros.

“Desde su soberbia, Napoleón no contaba que la puesta en acción de sus órdenes sorprendería en principio al pacífico búho gallego, pero que éste resultaría una peligrosísima ave rapaz, capaz de infligir muy serias heridas al águila napoleónica a la que conseguiría expulsar, para siempre, y maltrecha, de su propio territorio”.

Actualización: Mi buen amigo Manuel Arenas llama para anunciarme la suspensión del acto, buena medida, hay ciertos elementos contra los que resulta inútil batirse. La presentación quedará para otra día, ya anunciaremos cuando.


Del malsano historicismo (Keep it simple, stupid!)

14.06.08 | 14:15. Archivado en Política, Filosofía

Pluralitas non est ponenda sine necesítate (Guillermo de Occam)

Uno camina con el tiempo limitado, pero no hasta el punto de transitar por lo cotidiano privado de ciertas intuiciones. No hay más que darse un paseo por la realidad, para colegir que vivimos en un lugar extraño, vinculado permanentemente al pasado, es decir, dependiente del pensamiento artificialmente complejo, donde lo evidente jamás aparece y todo se explica a través de increíbles retruécanos verbales subsidiarios de un modo absurdo de razonar. Algunos enlaces con los que he topado en casas cercanas ayudan a explicar todo esto.

Si Rafael Herrera nos recuerda que permanecemos inermes en manos de un lobby político fascinado por el derecho territorial y el privilegio artificialmente justificado por las cuitas de los bisabuelos, Berlin Smith nos enlaza con la realidad que deviene de semejante actitud. En consecuencia, observamos como los habitantes de un territorio, elevados a verdadera casta dominante por el presupuesto que debería atender a todos por igual, demandan, no se si mayoritariamente aunque bien poco les falta teniendo en cuenta los sistemas lingüísticos y educativos que imponen en sus feudos, la inmediata secesión del común hispánico. Presupongo que lo lógico en este caso sería no porfiar con el mal pagador, invitándole a salirse cuando quiera. Lejos de ello, la “clase” política, esa de los “miembros y miembras” interpone a la liberación moral mil excusas patéticamente legales, como si la ley en España no estuviese ya suficientemente desprestigiada por su errática trayectoria, dependiente en todo del aire que marcan los tiempos y las campañas electorales, donde; por ejemplo, hablar, escribir, español en España puede ser a la vez obligación y delito, una ley tan estúpida como aquella que en ciertos parajes prohíbe la ingesta de determinados animales por miedo a que se trate de tu propia abuela reencarnada.

La miseria historicista nos impide contemplar la impúdica desnudez del rey. Aquí, en la España de 2008 no somos ciudadanos iguales en derechos y obligaciones, esa es la verdad por más que se quiera disfrazar con groseros constructor epistemológicos. Los viejos canallas del FBI de Hoover solían aplicar el axioma: “Si te lo parece, es”; antes que ellos Guillermo de Occam aplicaba su navaja para encontrar la verdadera respuesta en lo evidente. Aquí seguimos explicándonos como los amondongados y sofistas bizantinos, peor para nosotros, permaneceremos esclavos de la historia, siervos de la arbitrariedad presupuestaria y el público adoctrinamiento.


Viernes, 1 de junio

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El Gran Capitán Sartine

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