La verdad se defiende sola, la mentira necesita ayuda del gobierno.
(Antonio Escohotado)
Acudo fugazmente al congreso en torno a la escuela económica austríaca que se ha celebrado en la universidad de Santiago. Lástima no haber podido quedarme más tiempo, nada me gusta más que escuchar a otros hablando de economía política mientras fuera llueve a Dios dar. Y es que las cosas que tienen que ver con el modo en que se relacionan los hombres con la economía, esa hidra agreste, mueven al pensamiento subjetivo y apasionado más que otra cosa alguna. Como, además, voy creyendo que la ingerencia burocrática en asuntos de condumio y cobijo causan más males que beneficios al contribuyente, resulta muy instructivo ahondar en la historia de la predación organizada.
Abrió el fuego el profesor Miguel Anxo Bastos, con un asunto sugerente: “Los nuevos ludditas”, es decir origen, procedencia y desarrollo de los tecnófobos que en el mundo han sido, ese “odio a la máquina” que de cuando en vez aflora por medio del pensamiento de algún gurú económico. El profesor Bastos, pese a su juventud, es un clásico. Hay una especie de profesor compostelano, ya semiextinta, de tertulia en el café “Azul” y chorreo bibliográfico, que resulta inexportable. En ellos, divina verborrea, la mente apura más que las palabras, van de una esquina a otra de sus lecturas sin solución de continuidad, entretienen más que un Barça-Madrid. El primero de esa especie que tuve la suerte de conocer fue don Carlos Alonso del Real, capaz de comparar el cráneo de Ursula Andress con la osamenta de un Cro-Magnon; Torrente Ballester también era así, será cosa del granito y de la lluvia. Bastos, como sus colegas Pedro Arias o Miguel Cancio mantiene bien alto el pabellón de la vieja universidad, que ya apenas existe como tal.
Más tarde, Gabriel Calzada, del Instituto Juan de Mariana, realizó una muy notable exposición en torno a los desencuentros del autor del “De Rege” con el poder. Esto es muy pertinente, aquel colegio salmantino, de jesuitas combativos, sigue representando la verdadera gloria del pensamiento económico español. Antes que Bodin dieron con el fenómeno, nuevo para aquel mundo precapitalista, de la inflación. El “discurso sobre la moneda de vellón”, aquellas cosas que avisaba González de Cellorigo, siguen en absoluta vigencia.
Y así, a media tarde, vino la profesora María Blanco con el viejo Bastiat bajo el brazo. Es sabido que a Bastiat siempre se le ha hecho más caso en América que en Europa, y es lástima, porque probablemente ha escrito las líneas más lúcidas, realistas y divertidas de la economía política, claro que sus publicaciones tenían aspecto de panfleto, no de manual, Bastiat no tenía método, sólo sentido común ¿Cómo olvidar su narración del pleito ficticio de los fabricantes de velas franceses con el sol? Todo esto, recordado a través del bisturí literario de María Blanco fue, se lo puedo asegurar, un delicado placer. Esperamos ansiosos la publicación de las actas.
Sábado, 18 de febrero
Chris Gonzalez -Mora
Ángel Sáez García
Padre Fortea
Atticus-444
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Paulino Toribio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Ángel Gutiérrez Sanz
Carlos Ferrer