Carta desde El Álamo
10.03.08 @ 22:38:24. Archivado en Política

“No sólo es la libertad de pensamiento compatible con la paz del Estado, sino que suprimirla implica destruir dicha paz (...) Los gobiernos no deben esforzarse por convertir a los seres humanos en bestias o peleles, sino fomentar que desarrollen sus mentes y cuerpos rodeados de seguridad, empleando su razón sin ninguna especie de grilletes”.
Baruch Spinoza
Si tuviésemos alguna necesidad de ponernos bíblicos, deberíamos enunciar aquello de “Todo está consumado”, puesto que el triunfo de los partidarios del nuevo Leviatán se ha hecho bien efectivo en las urnas. Contemplando la satisfacción casi pantagruélica de Zerolo tras la figura enaltecida de su mentor, podemos esperar lo que viene a continuación, una versión corregida y aumentada de esa extenuante forma de gobernar, donde sólo hace falta dar una patada a cualquier bote para que aparezca el estado, bien el central, bien el vernáculo, bajo el más leve de nuestros movimientos. Quiere esto decir que a cambio de impuestos que van camino de hacerse directamente ofensivos, donde, desde que existen los paraísos fiscales, es decir desde siempre, se encomienda a las rentas medias y bajas el sostén casi en exclusiva del constructo público, joviales gobernantes volverán a sortear pedreas que escenifiquen esa especie de grotesco festival redistributivo al que confían el sosiego de las conciencias y la sedación de los anhelos de prosperidad que creíamos innatos en el hombre.
A pesar de que, de creer a los medios, la intelectualidad hecha multitud parece entregarse rendidamente a los designios de la ideología más fracasada de la Historia, hoy vergonzosamente aliada con las restricciones etnicistas de los que desean imponernos, incluso, la lengua que hemos de emplear; parece que algunos los van viendo venir y encima lo publican sin empacho. Es muy de agradecer, porque estas sinceridades suelen repercutir a menudo en la calidad del cocido que se le permite ingerir el librepensador. Parece que agrupados tras la empalizada de la libertad, algunos tramperos del pensamiento, resisten bien los envites de las legiones de salvadores sociales que, a falta de mejor perspectiva, usan de la política para impartir doctrina, sembrar moral y repartir como mejor les parece la dádiva, en vez de administrar el país sin ruido y con cierta eficacia, que es lo único para lo que se les contrata, conscientes como somos de que los más útiles no suelen pertenecer a gremio tan artificialmente acomodado, ocupados como andan en desarrollar sus propias potencialidades conforme a su naturaleza.
Llegados a este punto, satisface recordar que los cañones de Santa Ana nada pudieron contra la confianza en sí mismos de un puñado de resistentes. Habrá pues, que reivindicar sin temor el derecho a existir de opciones políticas menos agresivas con la libertad individual. No pedimos gran cosa, sólo enunciamos un deseo, el mismo que Baruch Spinoza dejó tan afortunadamente escrito, aspiramos a que administren lo que se les encomienda, de convicciones, anhelos y patrias redivivas, preferimos ocuparnos nosotros.
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Juan Granados
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