Cazando brujas
18.02.08 @ 21:48:47. Archivado en Política, Historia

Pocos individuos conllevan más peligro para el procomún y la paz pública que un obtuso concejal de cultura dispuesto a aplicar doctrina moral sobre sus desapercibidos administrados. Deben saber que hace bien poco el saliente consistorio de la hermosa villa coruñesa de Cedeira había restaurado el fortín dieciochesco de la Concepción, para convertirlo en Museo Histórico. Gracias a los dineros de la Comunidad Europea y la Diputación coruñesa, con el trabajo y asesoramiento riguroso y entusiasta de asociaciones de recreación histórica como los Royal Green Jackets o la Asociación Napoleónica Española, se logró reunir una notable colección destinada a reproducir la vida cotidiana en un fortín de la época de Carlos IV, en la que se podían contemplar uniformes, cañones de época, mosquetes, dioramas, maquetas, grabados, salas con representaciones del polvorín, cuerpo de guardia, dormitorios de la tropa y un largo etcétera, que hacían de este fortín del tiempo de la Ilustración un lugar del mayor interés histórico, cultural y turístico, más aún cuando nos encontramos en plena conmemoración de los sucesos de 1808.
Pero no somos un país normal, apenas se produjo el relevo en el consistorio tras las últimas elecciones municipales, nos encontramos con un concejal redentorista, dispuesto a enterrar la historia en pro de un vernaculismo militante, empeñado como nunca en eliminar por vía del presupuesto cualquier elemento que nos recuerde de donde venimos. La consigna es hacer desaparecer el museo histórico para convertirlo en un trasunto de memoria brujeril y esotérica de raíz, al parecer mucho más adecuado a los fines del gobierno. No se pierdan el argumento: “La violencia no educa”, aún aceptando que los usos brujeriles y atávicos fuesen políticamente correctos con sus víctimas, se supone que por lo ineficaces y ridículos que se mostraban, el mandato del concejal es un toque a rebato contra casi cualquier cosa que se mueva en la actividad museística. De seguir su admonición de viernes nacionalista, ningún museo podría tenerse en pie, no se podrían exhibir ni hachas prehistóricas ni puñales de la Edad del Bronce, menos aún las metopas del Partenón del Museo Británico (reproducen sañudas luchas entre amazonas y lapitas, violencia y de género, además) Fuera los museos navales, se atreven a mostrar maquetas de hermosos navíos de guerra con el trapo desplegado, a la mierda Velázquez, ese belicista, y sus lanzas, nada de literatura histórica, acostumbra a narrar alguna que otra batalla, que se entierre en pozo de inmundicia la memoria de quien se ha atrevido a mostrar públicamente el submarino de Peral, la Tizona del Cid o el pendón de las Navas de Tolosa. Que se olvide, sobre todo, quienes somos y de donde venimos, así será todo más fácil.
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Juan Granados
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