Nuestras glorias musicales y escénicas sostienen que Zapatero trasmite alegría. No extraña, ya decía el Aquinate que “El alma recibiendo la acción de la cosa reacciona con la satisfacción del bien conseguido y esa conciencia de plenitud es causa de la exultación gozosa que llamamos alegría”. Dicho de otra manera, los que ahora cobrarán de todos nosotros por imperativo de avariciosa ley rinden obediencia a su benefactor. Hay más, la ideología apresurada que practican les inclina a creer que la respuesta a la infelicidad reside en el reparto arbitrario del óvolo entre una población uniformemente minorizada, a la que a cada día que pasa se le urge con las más disparatadas obligaciones, desde subvencionar el cine de cuota, hasta aprender en la lengua que se le antoja a su apóstol de la supuesta tolerancia. Esto ya lo había visto muy bien Federico Schiller, reconociendo en su letra del Himno a la alegría que también al gusano se le concedió la capacidad del gozo. Sólo individuos con el raciocinio de uno de estos pequeños necrófagos dejaría de reparar en el hecho de que los españoles periféricos somos hoy mucho menos libres que ayer, no sólo nuestros hijos deben aprender en el idioma que se les impone, sino que ha de gustarles y aún deben mostrarse alegres, lo mismo que aquellos tristes infantes que criaba Pol Poth bajo su ala intervencionista y totalitaria, sino se les acosa y se les zurra. No es que no tengamos sentido del humor, es que, no siendo proclives a la sumisión, Zapatero no nos causa la menor gracia, cuanto menos alegría.
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Julio César Izquierdo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Carlos Juan Gómez Martín