Este señor con ademán de jefe de escalera permanentemente agraviado por la vecindad, es miembro del Consejo General del Poder Judicial e independentista catalán. Últimamente se ha vuelto muy mediático con sus boutades en pro de la liberación de su pueblo opreso. Y yo le doy la razón, porque o bien catalanes, vascos y gallegos se liberan de buena vez, vía referéndum, bien logrando la independencia, bien demostrándose de forma suficientemente clara que la segregación no es una demanda mayoritaria de la población, o los que estamos obligados a vivir bajo gobiernos ultranacionalistas, donde el PSOE se comporta como un entusiasta y complaciente charnego deseoso de hacer olvidar sus impuros orígenes, seguiremos sobreviviendo tan desnudos de amparo como nuestros primeros padres cuando su expulsión del paraíso. La promulgación de leyes de normalización tan tiránicas como incomprensibles para cualquier europeo que no viva en España —que le cuenten tamañas milongas sobre escolarización y rotulaciones comerciales a un Francés o a un Inglés, sin ir más lejos— nos han convertido en súbditos tan esclavizados como los desprevenidos taínos ante el requerimiento colombino, “la ley dice” y andando. A mis hijos no se les permite aprender en español ni matemáticas, ni ciencias, ni historia, ni nada distinto a la gimnasia, siempre que al profesor de gimnasia le parezca hablar español, que no tiene porqué parecerle, ni nadie le obliga. Según López Tena España es un país opresor, qué gracioso es este señor, ojala un buen día lo veamos independiente, al menos así no podrá decir que se le debe no se qué dinero, servidor lleva muy mal este tipo de desafíos. En el ínterin, Zapatero asegura que no existe conflicto lingüístico, seguramente no para los jerifaltes del PSOE como Montilla o Pepe Blanco, eximios luchadores sociales, martillo de poderosos, que escolarizan a sus retoños privilegiados por el presupuesto en colegios alemanes o franceses, no se puede tener menos vergüenza, así nos va con este personal.

Pocos individuos conllevan más peligro para el procomún y la paz pública que un obtuso concejal de cultura dispuesto a aplicar doctrina moral sobre sus desapercibidos administrados. Deben saber que hace bien poco el saliente consistorio de la hermosa villa coruñesa de Cedeira había restaurado el fortín dieciochesco de la Concepción, para convertirlo en Museo Histórico. Gracias a los dineros de la Comunidad Europea y la Diputación coruñesa, con el trabajo y asesoramiento riguroso y entusiasta de asociaciones de recreación histórica como los Royal Green Jackets o la Asociación Napoleónica Española, se logró reunir una notable colección destinada a reproducir la vida cotidiana en un fortín de la época de Carlos IV, en la que se podían contemplar uniformes, cañones de época, mosquetes, dioramas, maquetas, grabados, salas con representaciones del polvorín, cuerpo de guardia, dormitorios de la tropa y un largo etcétera, que hacían de este fortín del tiempo de la Ilustración un lugar del mayor interés histórico, cultural y turístico, más aún cuando nos encontramos en plena conmemoración de los sucesos de 1808.
Pero no somos un país normal, apenas se produjo el relevo en el consistorio tras las últimas elecciones municipales, nos encontramos con un concejal redentorista, dispuesto a enterrar la historia en pro de un vernaculismo militante, empeñado como nunca en eliminar por vía del presupuesto cualquier elemento que nos recuerde de donde venimos. La consigna es hacer desaparecer el museo histórico para convertirlo en un trasunto de memoria brujeril y esotérica de raíz, al parecer mucho más adecuado a los fines del gobierno. No se pierdan el argumento: “La violencia no educa”, aún aceptando que los usos brujeriles y atávicos fuesen políticamente correctos con sus víctimas, se supone que por lo ineficaces y ridículos que se mostraban, el mandato del concejal es un toque a rebato contra casi cualquier cosa que se mueva en la actividad museística. De seguir su admonición de viernes nacionalista, ningún museo podría tenerse en pie, no se podrían exhibir ni hachas prehistóricas ni puñales de la Edad del Bronce, menos aún las metopas del Partenón del Museo Británico (reproducen sañudas luchas entre amazonas y lapitas, violencia y de género, además) Fuera los museos navales, se atreven a mostrar maquetas de hermosos navíos de guerra con el trapo desplegado, a la mierda Velázquez, ese belicista, y sus lanzas, nada de literatura histórica, acostumbra a narrar alguna que otra batalla, que se entierre en pozo de inmundicia la memoria de quien se ha atrevido a mostrar públicamente el submarino de Peral, la Tizona del Cid o el pendón de las Navas de Tolosa. Que se olvide, sobre todo, quienes somos y de donde venimos, así será todo más fácil.
Nuestras glorias musicales y escénicas sostienen que Zapatero trasmite alegría. No extraña, ya decía el Aquinate que “El alma recibiendo la acción de la cosa reacciona con la satisfacción del bien conseguido y esa conciencia de plenitud es causa de la exultación gozosa que llamamos alegría”. Dicho de otra manera, los que ahora cobrarán de todos nosotros por imperativo de avariciosa ley rinden obediencia a su benefactor. Hay más, la ideología apresurada que practican les inclina a creer que la respuesta a la infelicidad reside en el reparto arbitrario del óvolo entre una población uniformemente minorizada, a la que a cada día que pasa se le urge con las más disparatadas obligaciones, desde subvencionar el cine de cuota, hasta aprender en la lengua que se le antoja a su apóstol de la supuesta tolerancia. Esto ya lo había visto muy bien Federico Schiller, reconociendo en su letra del Himno a la alegría que también al gusano se le concedió la capacidad del gozo. Sólo individuos con el raciocinio de uno de estos pequeños necrófagos dejaría de reparar en el hecho de que los españoles periféricos somos hoy mucho menos libres que ayer, no sólo nuestros hijos deben aprender en el idioma que se les impone, sino que ha de gustarles y aún deben mostrarse alegres, lo mismo que aquellos tristes infantes que criaba Pol Poth bajo su ala intervencionista y totalitaria, sino se les acosa y se les zurra. No es que no tengamos sentido del humor, es que, no siendo proclives a la sumisión, Zapatero no nos causa la menor gracia, cuanto menos alegría.
Al igual que ya no se escribe sobre pergamino, ni los monjes dedican largas jornadas a la minuciosa tarea de scriptorium, cabe suponer que el crecimiento exponencial de las nuevas tecnologías y la interactividad a través de la red, eso que se llama web 2.0, nos traerá, lo está haciendo ya, nuevos entornos de intercambio cultural paralelos al libro convencional. En alguna ocasión hemos hablado aquí de asuntos como la autoedición o la influencia del formato digital sobre autores y editores.
En realidad, las nuevas ofertas y sus potencialidades son tantas y tan diversas que, seguramente, unas fructificarán y otras quedarán en el recuerdo como meros y fútiles experimentos obra de urgidos fabricantes de humo. Veremos qué ocurre en el futuro con experiencias como la impresión bajo demanda o el e-book, al que, por cierto, todavía no podemos acceder plenamente en España. No obstante, existen ya elementos verdaderamente útiles a día de hoy. No tengo datos a la vista, pero parece claro que nadie necesita ya atiborrar sus estanterías con inmanejables y carísimas enciclopedias, obsoletas al día siguiente de su adquisición, o diccionarios de todo tipo a los que se puede acceder con un simple click en la red. Lo mismo podríamos decir respecto a revistas y literatura científica, resulta maravilloso bajarse todos los PDF que se necesitan para la redacción de un artículo profesional sin pisar siquiera una funcionarial biblioteca.
Ya sabemos que la literatura encuadernada e impresa negro sobre blanco posee connotaciones tan míticas que será mucho más difícil de sustituir con éxito y solvencia. No obstante, a todos nos gustaría gozar de una nueva novela y, a la vez, poder disfrutar de los paisajes allí recreados a través de hipervínculos a Flirk, por ejemplo. O consultar on-line cuantos malditos metros mide una versta rusa mientras leemos a Tolstoi, si puede ser sin levantarse del sillón o de la hamaca playera, mucho mejor. No descartemos, por tanto, apresuradamente las bondades que pueden ofrecer las nuevas tecnologías. En torno a estos asuntos y muchos más se habló largamente en la FNAC de Barcelona. Aquí les dejo tres interesantes vídeos que resumen el desarrollo de las jornadas. Allí han participado gentes del gremio que suelo seguir en la red, como Neus Arqués o Juan Freire.
21 de Enero
22 de Enero
23 de Enero
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Julio César Izquierdo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Carlos Juan Gómez Martín