
Por beneficio de un virus intestinal con el mismo sentido de la mesura que Benito Mussolini, del que me he ido librando a base de paciencia, humildad ante la poquedad del ser humano y ciertos preparados isotónicos que ya en cierta ocasión me habían salvado la vida en medio de los Foros Imperiales de la Ciudad Eterna, me ha sido dado retirarme por breve tiempo del permanente enojo que causan los quehaceres cotidianos, más si, como en mi caso, parecen elaborados por un cabo espartano criado en una inclusa, para dedicarme a asuntos de mayor provecho.
Es así que, ya en la paz que sólo otorgan ciertas dolencias románticas, puse algo del viejo Alan Parson en los cascos y me entregué a la gustosa lectura de dos obras francamente distintas, aunque en esencia no lo son tanto. Pura Anarquía, lo último de Woody Allen y el largo alegato sin puntos y aparte que Camilo José Cela llamó: Vísperas, festividad y octava de San Camilo del año 1936 en Madrid.
La obra de Allen podría considerarse casi crepuscular, en el sentido de que procedimiento y discurso suenan ya a conocido, con todo, el pelirrojo paseante de Manhattan sigue mostrándose superior a casi cualquier otra oferta, él sabe muy bien de qué demonios va el mundo y lo que podemos esperar de él, que es lo justo y gracias, si uno se ha espabilado lo suficiente, tras los 40 se ha visto todo lo digno de verse, también más horror y más estupidez de la que se puede soportar y con todo, siempre merece la pena continuar por ver lo que se esconde tras la próxima calenda. Conque resta la risa, el favor de ciertas y luminosas damas, alguna terraza del Egeo y párrafos como éstos, por los que los buenos dioses harían bien en recompensarle:
"Me contaba entre las personas legalmente incapacitadas por enajenación mental que habían intervenido en varios de los proyectos infalibles de Wunch a lo largo de los años, siendo “El caso Beleño Negro” la última de sus propuestas, una crónica importada del West End sobre la invención y fabricación de la ducha regulable".
En cuanto a Don Camilo, éste era uno de los escasos CJC que me quedaban pendientes, sólo decirles que cayó de corrido y sin respirar, como manda un texto tan forzado y vertiginoso como el que nos traemos entre manos. Ahora que el español no está de moda en el gobierno, el diablo los vaya confundiendo a su hora, me gusta recordar a los inmortales, así para rabia de estultos, afanadores, pretendedores y desprevenidos. Ésta es mi primera lista: Cervantes, Calderón, Quevedo, Cela, Salinas y Umbral. Pueden no compartirla, pero esta, como la rosa, es la lista. Cela, como Woody, tenía la mala costumbre de darse cuenta de las cosas, hacer como si le diese igual y luego contarlo, eso, queridos amigos, es la literatura:
"Nadie es importante, sobrino, y los muertos menos aún, si quieres te lo digo de otra manera, todos los hombres son importantes e iguales en importancia, los necios hilos de la historia sólo sirven para tejer sudarios y la estulticia de las fuerzas conservadoras sólo es comparable a la estulticia
de las fuerzas revolucionarias, que también son fuerzas al servicio del retrogradismo aunque de signo contrario, las fuerzas revolucionarias no luchan contra las banderas los himnos y las condecoraciones sino en defensa de otras banderas otros himnos y otras condecoraciones, aquí es donde quiebra la teoría y se entumece la autenticidad del hombre, los números siguen manchando al hombre, las insignias adornan su solapa, el matrimonio se dibuja en forma de tenaza devoradora y los platos regionales y el registro civil siguen tal cual,"
De "Vísperas, festividad y octava de San Camilo del año 1936 en Madrid."CJC
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Julio César Izquierdo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Carlos Juan Gómez Martín