“Vous n’avez ni Parlaments, ni Etats, ni gouverneurs, je dirais presque ni Roi ni Ministres: ce sont trente maîtres des requêtes commis aux provinces de qui dèpendent le bonheur ou le malheur de ces provinces, leur abondance ou leur sterilité" (Law al marqués de Argenson)
Puede ser que las chaquetas de Xavier Sala i Martin resulten detestables, que su página web, ligada a la Universidad de Columbia, parezca la de un teenager recién iniciado en la piratería del mp3; es posible que casen mal sus amenas visiones macroeconómicas con un espíritu más bien histriónico, casi fanatizado por lo culé y la butifarra primigenia, pero cuando toma el recado de escribir se convierte en lo que en realidad es, un economista industrioso a tener en cuenta. Hace poco ha escrito en la Vanguardia un artículo que se hacía ya necesario, pueden suponer que anuncia lo que cualquiera con cierto sentido del riesgo previsible ve venir, por mucho que el gabinete Zapatero quiera endilgarnos a “todos y a todas” la especie delirante de que allá por marzo el asunto de los IPC’S, los Euribors, el paro, la pérdida de poder adquisitivo y otros asuntos parejos e irrelevantes para el devenir del común serán agua pasada, el sentido común indica perspectivas mucho menos halagüeñas.
Sala i Martí señala nada menos que seis aspectos de la economía mundial que, cada uno por si mismo, podrían justificar el hecho de que se avecina una crisis de considerables proporciones, todos juntos pueden constituir esa “Tormenta perfecta” que intitula su artículo.
Y es que no es necesario ser el más despierto de los hombres para conocer siquiera por encima que el sistema funciona así, se les llama ciclos y es lo que toca. Como en cierta ocasión le dijo el ministro Law a su homónimo francés “Vous n’avez ni Parlaments, ni Etats, ni gouverneurs, je dirais presque ni Roi ni Ministres:( es de otros, mon Ami), de quien depende “le bonheur ou le malheur de ces provinces, leur abondance ou leur sterilité”. Y, generalmente, esos otros, no tienen oficina de reclamaciones, todos formamos parte de ello, desde la empresa china que demanda más combustible, hasta el banco hipotecario del medio oeste estadounidense que endosa sus impagados a su vecino mayor de la costa. Se le dice capitalismo.
Claro que, los gobiernos pueden actuar de manera más o menos neutra o poner las cosas peor. Algo que nos recuerda muy sagazmente desde sus “Noches confusas” el inimitable Berlín Smith:
Y el final de la fiesta: desde Moisés sabemos que los años de vacas gordas vienen seguidos de años de vacas flacas y no hay keynesiano que haya terminado con el ciclo, así que el crecimiento ininterrumpido durante tantos años en plan tigre de aguas orientales termina por acabarse, incluso en la Asia más lejana: veremos qué le pasa a los chinos después de los juegos.
Culpable o no culpable (en realidad, si tiene buena o mala suerte, los gobiernos occidentales son bastante apañados en no meter la pata mucho y poco más pueden hacer de magia), lo interesante para José Luis y sus huestes, sobre todo las más cercanas, es que se ha terminado el tiempo de ese juego llamado "cuán moderno y avanzado que soy y cuán modernos os vamos a hacer" y van a tener que gobernar. Es decir, la trayectoria de convertir toda la agenda política en una versión elegante de las fiestas de un pueblo (chupinazo y encierro, si hay heridos por asta de toro sólo es culpa de los que corren), me temo que deja de servir. El juego del tío bien situado que ahora reparte unos cheques por allí y otros por allá y que regala sopa boba se va a poner complejo.
El artículo se llama: “El final de los aficionados”, de antología.
Viernes, 17 de febrero
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Paulino Toribio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Carlos Ferrer
José Donís Català