
En un artículo reciente, Mary White, con esa manera ágil y desinhibida que tiene de decir las cosas, se hacía eco de las quejas que el inefable Fernando Sánchez Dragó vertía en su blog en torno a las miserias de la llamada telebasura. Naturalmente, miss White, aka Lady Godiva, aportaba en su contribución la única clave válida a la hora de juzgar estos asuntos: ejerza vd. La soberanía en su hogar y pulse on/off según le convenga. Fin del asunto, una de las pocas libertades que aún sobreviven en medio de la universal regulación de nuestras vidas, es la capacidad que se nos concede para gestionar nuestro ocio, al menos en función de las posibilidades reales de cada quien.
Si se programan determinados contenidos es por que un buen número de conciudadanos los usa y hasta disfruta con ello, mercado, queridos amigos, lo demás son fariseísmos aplicados a las supuestas buenas costumbres.
Siempre me ha resultado curioso este asunto de no saber en qué emplear el tiempo, cuando en realidad éste se nos escapa de entre las manos cada día. Afortunadamente la oferta cultural es lo suficientemente amplia y diversa como para satisfacer a cualquiera. Si no lo creen, y hablando sólo de medios afines a la televisión, dense una vuelta por La nueva industria audiovisual, allí Gonzalo Martín nos cuenta casi diariamente lo mucho que está evolucionando este mundo de imágenes y contenidos gracias, fundamentalmente, a las nuevas posibilidades de ocio a la carta que proporcionan la red, la TDT o el cable. No es necesario aguantar la tostada que nos proponen en la TV al uso si nos ocupamos de buscar por ahí los contenidos que de verdad nos satisfacen.
Más les diré, a veces el disfrute viene cuando menos lo esperas. Hace algunos meses descubrí en la TV por cable una extraordinaria serie documental dedicada a contarnos meticulosamente la vida profunda de los pescadores del cangrejo real en el mar de Bering, allá en el peligroso Pacífico Norte. El cangrejo real es una especie de centollo mal concebido, feo y patón, de sabor nada más que regular, pero qué demonios, a mi me cae bien, me recuerda cálidas escenas bostonianas, armado de mazo y babero, en un tiempo en el que, me llevaría lo suyo explicarlo, compartía a menudo mesa, mantel y marisco estadounidense con un simpático pirotécnico aragonés. Tal vez sea esa una de las razones por las que las angustias cotidianas de esa gente me mantienen atento como un mochuelo ante el televisor. Cada vez que los valientes “fishermen” aleutianos logran arrancar una buena pesca al océano inclemente, me dan ganas de descorchar una botella a su salud. Ya ven, cada quien tiene la suya; y sino siempre tendremos un ruso para leer, mi querido amigo Luís Balcarce me ha pasado amablemente Vida y destino, la célebre obra de Vasili Grossman, este 2007 por fin traducida directamente del original ruso. Sorprendente novelón a la eslava, puro sentido de la vida y profundidad conceptual, del que pronto les contaré alguna cosa, vaya por ahora este adelanto:
"Entre millones de isbas rusas no hay ni habrá nunca dos exactamente iguales. Todo lo que vive es irrepetible. Es inconcebible que dos seres humanos, dos arbustos de rosas silvestres sean idénticos...La vida se extingue allí donde existe el empeño de borrar las diferencias y las particularidades por la vía de la violencia." (Pag. 12)
¿Quién dice que vivir es aburrido? Más importante aún ¿de donde diablos sacan los rusos esa habilidad innata para el análisis antropológico? ¿Qué diantre desayunan?
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"Siempre me ha resultado curioso este asunto de no saber en qué emplear el tiempo..."
Buen principio de novela, juanito. Gracias por la nota.
Sr. Nonwriter, usted no sabe lo bien que me fue en mi jueventud con una ucraniana que traía caviar en los tiempos del muro y John le Carré. Eso del frío, era otra cosa. Ya no hay Dostoieviskis
Anda, pues tampoco me extrañaría, ahora recuerdo que durante un viaje institucional a Bulgaria, andaba permanentemente con un punto etílico, comíamos y cenábamos con Rakia y vino tinto (este supongo que para rebajar la graduación), te juro que ignoraba que supiese tanto inglés! vamos, si hasta contaba chistes de irlandeses.
¿Qué diantres desayunan?
No sé, pero verás; un día me encontré en posesión de un tupper de caviar y una botella de vodka traídos en valija diplomática, obsequio de un promotor ruso (ex interior izquierdo del CSKA, con grado de teniente) al que daba de verdad mucho miedo rechazarle un detalle, y para no dar lugar a las inevitables habladurías sobre cohecho ópté por consumirlo directamente en el despacho invitando a todo el que pasara por allí, cortesía de don Vladimir.
A lo que iba: que los cuatro o cinco que nos ventilamos el vodka nos pasamos una sobremesa absolutamente metáfísica, hilando conceptos de gran espesor sobre la vida y la muerte, el alma y la salvación por el amor. O sea, concluimos, que lo de Dostoievski no tenñia mérito alguno, cuestión de dieta.
Sábado, 18 de febrero
Ángel Sáez García
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Paulino Toribio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Carlos Ferrer
José Donís Català