Blogs solidarios
07.10.07 @ 23:05:34. Archivado en Actualidad, Filosofía

Mi querido y admirado Luís Gómez me otorga Desde el Exilio uno de esos galardones con los que de cuando en vez los amigos de la tecla nos regalamos un homenaje. Esto para mí es un honor y por partida doble, primero por venir de quien viene, un verdadero Robin Hood que se parte el pecho cada día en su lucha por un mundo más real y más vivible. También por aquello de la solidaridad, que otorga a quien lo recibe una cierta fama de bonhomía que nunca está de más.
Con todo —Luís lo sabe tan bien como yo—, el vocablo solidaridad, en cualquiera de sus dos acepciones: “Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros” o “Modo de derecho u obligación in sólidum”, ha sido y es tan profusa y malintencionadamente utilizado, que ha perdido ya buena parte de su significación. Hoy cualquiera se declara “solidario” aunque jamás se le haya pasado por el magín acercarse con afecto a algún semejante con la intención de hacerle la vida siquiera mas fácil.
Así que, como alguna vez había escuchado a Gustavo Bueno quejarse, con la gracia con la que cuenta las cosas, de esta especie de fiebre de “solidarios” que azota el planeta, he encontrado un largo excurso del maestro en el Catobleplas que resulta ser una verdadera antología adornada de extensa casuística sobre el asunto. El artículo no tiene desperdicio, en mi opinión pone las cosas en su justo lugar, vean al respecto estas perlas que he ido entresacando de su texto:
El término «solidaridad» al que Leroux imprimió el nuevo significado «humanitario» en el terreno social-político, en realidad, un significado que comenzaba por eliminar los componentes polémicos para quedarse con los componentes armónicos de la idea, no fue desde luego creado por él. Leroux mismo lo dice en la Grève de Samarez: «yo he sido el primero en tomar de los legistas el término de solidaridad para introducirlo en la filosofía, es decir, según mi opinión en la religión: he querido reemplazar la caridad del cristianismo por la solidaridad humana.»
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¿Qué puede tener de común el término «solidaridad» cuando unas veces se utiliza para expresar condolencia y otras veces obligación en el cumplimiento de un pacto?
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A veces la artificiosidad de esta cultura de la solidaridad podrá ser tan intensa que, sin perjuicio de su eficacia, cuanto a la creación de solidaridades positivas, podrá llegar a rozar el ridículo: los saint-simonianos de Ménilmontant, en el comienzo del reinado de Luis Felipe, intentaron extender su traje barroco en el que figuraba un famosos chaleco simbólico que sólo podía abotonarse por la espalda, de tal modo que nadie podía abotonarlo por sí sólo (de modo autista), puesto que necesitaba la ayuda solidaria de alguno de sus congéneres.
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Sería precisamente la naturaleza etológica –y en especial de etología humana (del comportamiento de los individuos en un grupo social) – que ha adquirido el adjetivo «solidario» lo que explicaría el éxito de este término en nuestra sociedad. Lo que se quiere decir al calificar a un individuo o grupo de «solidario», no es tanto que sea generoso (adjetivo que puede alcanzar un sentido ético: quien solidario o participativo en un grupo, no tiene por qué ser necesariamente generoso respecto de otras personas determinadas)
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Apreciamos un cierto pudor en el misionero, en el bombero, o en el miembro de cualquier ONG, cuando utiliza el término solidaridad, en lugar de hablar de caridad, de com-pasión (sim-patía) o de generosidad, cuando trata de describir la línea de su actuación.
Y ahí nuestro filósofo, cuyo artículo completo pueden seguir aquí, da verdaderamente en el clavo. Personalmente, el concepto solidaridad, tan manido, a menudo tan artera y demagógicamente utilizado por los neo ricos con carnet de partido, me produce cierta dentera. Como procuro no tener prejuicios, no reparo en mientes para asegurar que si de cooperación y empatía por el prójimo hablamos, existen conceptos más antiguos, más bellos y más exactos. Los budistas le dicen “compasión”, los que procedemos de un entorno occidental hablamos de caridad, naturalmente no la caridad de cepillo de iglesia, sino aquella forma superior de filosófica misericordia y amor al prójimo que tan bien supo describir Pablo de Tarso en su primera epístola a los corintios, pues nadie es nada sin caridad: “Si hablando lenguas de hombres y de ángeles no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe”. Más hermoso y más exacto, en mi opinión, que la vacua charlatanería que nos vemos obligados a escuchar cada mañana.
Como las normas del premio indican señalar siete blogs merecedores de compartirlo, será para mí un placer citar a algunos viejos amigos, que amén de solidarios, son también caritativos y pacientes con el que suscribe y con el prójimo, que es lo fundamental:
Poder Limitado (Luis Balcarce, Periodista, con mayúsculas)
Reflexiones de un modernista (Un historiador de raza)
Una casa en el aire (Nacho se define Nonwriter, siempre le digo: ¿qué nos queda a los demás)
Los árboles y el bosque (Antonio, incapaz de no ser honesto y encima escribe como nadie)
Hemiplejía Moral (Un hombre siempre en la brecha y a la que salta)
Viento de Poniente (La bonhomía en persona)
Comentarios:
saludos!!!
Juan muchas gracias por incluir mis pequeñas reflexiones en tu seleccion de blogs solidarios. Mas gracias aun por considerarme un historiador, honor inmerecido puesto que aun no paso de proyecto o de aprendiz del mismo. Por eso mismo te doy doblemente las gracias.
Saludos a todos.
Un abrazo
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Juan Granados
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