Rooney Ledo volteó con desgana en el aire la botella de plástico vacía, chasqueó los labios heridos por la extenuante pasión, arrojó aquel bote inservible donde mejor le vino y se obligó a caminar en busca de un dispensador de moneda, reparó en que le observaban, estuvo tentado a agradecérselo a aquellos desconocidos agostados por el calor y la espera, alguno todavía le sonreía; se encogió de hombros —maldita sea, amigos, ¿qué más hay?, quiso decirles — buena parte de mis razones existenciales se escurren, melena al aire y taconeo por medio, en este instante por un sumidero mecanizado y no hay nada que yo pueda hacer— Naturalmente se engañaba a sí mismo, lo irreemplazable no quiere saber de logísticas y economías; es fama que un asunto así demanda conocer cual será el próximo movimiento, era ella, desde luego, pero tal vez no lo sabía o no lo creía así, o el manto negro que en ocasiones la había envuelto le obligaba a olvidar toda esperanza, saber que por una maldita vez las cosas eran lo que parecían, que cierta manera de abrazar no se sabe fingir. Rooney Ledo, mal guiado por una incipiente presbicia alcanzó con alguna dificultad la calle y el aire limpio, encendió un cigarrillo y miró alrededor, qué carente de sentido le parecía ahora el universo heterogéneo de almas urgidas que le rodeaban, un instante antes los hubiese besado a todos, ahora habían vuelto a su condición de extraños sin interés. Abajo, la espesura del mundo había regresado, se había plantado allí, burlona, esperándole. Sonrió para sí, ya encontraría la manera de sortear la inquietante y estúpida monotonía que pretendía entregarle, no le quedaba tiempo que regalar.
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Querida señora Móbile, como el que suscribe proviene de familia de marinos, esto de las despedidas siempre lo ha llevado mal, cuando uno ve tan poco a los seres queridos, en efecto, se le despinta el mundo de cuando en vez, conservo una foto de niño, al lado de mi padre, cenando la noche que tocaba embarcar, a ninguno de los dos se nos veía con ganas de nada ;-)
A Rooney hay que recordarle que del escenario del amor no hay que irse el último (al contrario del de las fiestas, en el que es recomendable aguantar el tipo todo lo que se pueda, para no sufrir las críticas de los que van quedando).
El alrededor, para el que se queda, se queda sin colores, sin alegría, despojado, en la nada. Qué bien contado, Juanito, :-)
Lunes, 13 de febrero
José Donís Català
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Antonio García Fuentes
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Paulino Toribio
José Lozano Galera
Chris Gonzalez -Mora
Padre Fortea
Juan Carrasco de las Heras
Julián Moreno Mestre