Y sin embargo se mueve… Un blog de Juan Granados

Juan Sempere y Guarinos o la miseria del Historicismo.

15.06.07 | 21:19. Archivado en Política, Historia, Filosofía
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“Faltando a las fábricas el estímulo del despacho, y fatigados sus dueños con varias trabas, que se les pusieron, las fueron abandonando poco a poco, de donde dimanó la ociosidad, y la indolencia, que algunos escritores superficiales han tenido por genial, y característica de los españoles, sin advertir que ha sido efecto solamente, no del clima, ni del temperamento, sino de causas políticas accidentales, que pueden mudarse con el tiempo”.

Historia del lujo y las leyes suntuarias de España. Juan Sempere y Guarinos

Mi buen amigo Rafael Herrera, que es filósofo y muchas otras cosas más, uno de esos hombres claros que tan difíciles de ver resultan por estos pagos, me envía muy gentilmente su libro Cádiz 1812, una edición crítica de dos ensayos constitucionales del pensador eldense Juan Sempere y Guarinos (1754-1830). Y bien que se lo agradezco, no es que leer a Rafa constituya un placer en sí mismo, que también, sino que, como ya sospechaba desde que el siempre recordado Francisco Tomás y Valiente se ocupase de su obra, leer a Sempere supone profundizar en las esencias de nuestro desmañado constitucionalismo, tradicionalmente perdido en las procelosas aguas del historicismo.

A Juan Sempere y Guarinos le ocurrió lo que a muchos, vivió el exilio como afrancesado, ¿Cómo no serlo, si había alcanzado la consciencia de que el primer liberalismo español, tanto como la resistencia absolutista, vivían anclados en el mito? No había lugar entonces, como nos señala Herrera, “para todos cuantos desde el primer momento lucharon por la creación de un sistema constitucional basado en el iusnaturalismo moderno”.

Es sabido que la cuestión venía de lejos. En realidad, se trata de un asunto general y constante en la Historia de la Administración española, la permanente dialéctica entre lo gubernativo y lo contencioso y sus múltiples variables. En efecto, al menos desde la llegada de los Borbones al poder, aparece con claridad el interés por desarrollar las facultades ejecutivistas de la monarquía frente a las resistencias de los poderes tradicionales, de carácter togado y sinodial, consejos y audiencias, siempre amparados en la religión y la jurisprudencia de tradición milenaria para mantener sus privilegios, atribuciones y prerrogativas.

Esto lo cuenta muy bien el británico Ch. Howard Mc.Ilwain en su obra: Constitucionalism: Ancient and Modern, (New York, Cornell Univ. Press, ed. 1966), donde nos descubre la pervivencia de las categorías del derecho medieval llamadas de Bracton: (Gubernaculum y Jurisdictio) en medio de las entretelas del constitucionalismo contemporáneo. Así, Gubernaculum sería el gobierno del Rey en sentido estricto, de claro carácter ejecutivo, mientras que Jurisdictio son “esos derechos vinculantes de los súbditos que están totalmente fuera y más allá de los límites legítimos de la autoridad real”. Si esta dialéctica resulta muy visible en el concierto europeo, no digamos nada del contexto hispano, donde fueros, privilegios y distingos de difícil justificación, qué bien supo ver esto Sempere, informaban con su permanencia cualquier veleidad de igualdad de los ciudadanos ante la ley, que era lo que, presuntamente, se estaba dilucidando en la isla de León, frente a la luminosa bahía de Cádiz, en 1812.

Para muestra un botón lexicológico, nada como recurrir al lenguaje de la época para entender como “los poderes” surgidos más o menos espontáneamente tras los sucesos de Bayona, aludiendo claramente a la coyuntural orfandad de poder, pensaban más en casullas, crucifijos e hidalguías que en el sentido revolucionario de su acceso a la soberanía. Un simple análisis del tenor de sus proclamas, muestra bien a las claras cómo la ideología de las Juntas Provinciales caminaba aún sólidamente unida a los principios ideológicos del Antiguo Régimen, cuando no a resabios puramente medievales, como sucedió, por cierto, con más de un artículo de la propia constitución de Cádiz, mucho más arcaizante que la de Bayona, por paradójico que esto pueda parecer. Así, las menciones a la providencia divina, el desprecio étnico y el recuerdo constante al mito de la Reconquista frente al Islam, son lugares comunes en la documentación emanada de estas instituciones:

“Españoles: esta causa es del Todo poderoso; es menester seguirla, ó dexar una memoria infame a todas las generaciones venideras. Baxo el estandarte de la Religión lograron nuestros padres libertar el suelo que pisamos de los inmensos Exércitos Mahometanos, y nosotros ¿temeremos ahora envestir a una turba de viles ateos, conducidos por el protector de los Judíos? Nuestros venerables padres, aquellos héroes que derramaron tan gloriosamente su sangre contra los Agarenos levantarían la cabeza del sepulcro, y furibundos gritarían contra nuestra cobardía, desconociéndonos por hijos suyos... Nobles Gallegos: sabios sacerdotes: piadosos cristianos de este afortunado suelo: vosotros sois los primeros y más obligados a sacudir el yugo de tan vil canalla: vosotros depositarios del cuerpo del Apóstol Patrón de las Españas de Santiago; honrados con los sagrados trofeos del Santísimo Sacramento, que adornan nuestros Estandartes.”

(Proclama de la Junta de Galicia en: Colección de proclamas, bandos, órdenes, discursos, estados de exército y relaciones de batallas publicados por las Juntas de Gobierno. Cádiz, 1808, Tomo II, Págs. 123-125.)

Lo mismo podía apreciarse en los poderes locales, que aperecían tan desconcertados y perdidos como los regionales:

“La Fe de nuestros padres que ha plantado entre nosotros nuestro augusto y tutelar patrón el Apóstol Santiago; Aquella fe con la qual un solo puñado de valeroso Españoles ha batido, y arrollado exércitos inmensos de sarracenos,...; Aquella fe en fin capaz de mudar de una parte a otra los montes más eminentes, es la misma fe que intentaban arrancar y borrar de nuestros corazones las miras ambiciosas del sediento Napoleón.”

Y más adelante:

“La notoria justicia de nuestra causa y el imponderable denuedo de nuestros soldados prometen el éxito más feliz de nuestra empresa; pero si nuestra fe es muerta, si nuestras obras no corresponden a lo que nos prescribe la Religión Santa, si nuestra modestia y compostura no acredita el sosiego de nuestras conciencias, y si nuestras súplicas no van acompañadas de aquella fe viva que dic tantas victorias a nuestros padres ¿qual será nuestra suerte?,...Nosotros pediremos y recibiremos sin duda inmensos beneficios, si pedimos con corazón contricto y con humildad cristiana; prevengámonos pues para tan digna empresa, acordémonos de la doctrina que Jesucristo nos ha enseñado con su exemplo, fixémosla en nuestros corazones, y así, contrictos y humillados con espíritu sincero y tan católicos como debemos ser, corramos al pie de los altares".

(Proclama del Ayuntamiento convocando al pueblo coruñés a la procesión y rogativas a la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad, por el éxito en la guerra contra los franceses. 3 de julio de 1808. AMC.)

Los presupuestos despóticos de raíz absolutista no daban para más y tenían sus limitaciones y servidumbres, en palabras de Benjamín González Alonso: “Es el paradigma de un Estado que se debate para sobrevivir a base de correciones parciales y tardías que caen en el vacío”. Tal vez por eso, la obra de Sempere, en su defensa de la realidad frente al mito, en su ataque a aquellas tautologías pseudogóticas de Martínez Marina, en su inteligente desprecio del historicismo, parece hoy tan moderna y necesaria. En la España del siglo XXI caminamos todavía miserablemente imbuidos en el marasmo identitario, en la mítica cutrería foral; o buscamos soluciones imaginativas o nunca alcanzaremos la mayoría de edad constitucional, y ya va tardando, todos saben ya a qué me refiero. Como asegura Rafael Herrera: “cada tiempo histórico debe imponer su legitimidad sobre la base de las exigencias reales que el presente inspira a los actores políticos. De lo contrario se caería en contradicciones tan escandalosas que, al cabo, terminan por debilitar las propias estructuras de legitimación contemporáneas. Y esto, en definitiva, es lo que sucedió a los liberales cuando los reaccionarios reclamaron la historia para sí.”

Ya lo decía Popper, vivir del pasado, amén de estúpido, resulta un mal negocio, permítaseme pues que remate con una de sus más conocidas citas:

"La miseria del historicismo es, podríamos decir, una miseria e indigencia de imaginación. El historicismo recrimina continuamente a aquellos que no pueden imaginar un cambio en su pequeño mundo; sin embargo, parece que el historicista mismo tenga una imaginación deficiente, ya que no puede imaginar un cambio en las condiciones de cambio."
(La miseria del historicismo, Alianza/Taurus, Madrid, 1981, p. 145.)

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6 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Granados Juan [Blogger] 20.06.07 | 04:40

    Querido Wally, estoy ahora repasando las memorias de Talleyrand y resulta verdaderamente instructivo comprobar que aquel Fernando desgraciado era incapaz de permanecer más de diez minutos en el interior de la surtida biblioteca del obispo de Autum, qué lástima de hombre!

  • Comentario por Wallenstein77 19.06.07 | 10:59

    Hola a todos:
    Juan magnifico articulo. Creo que tendre que hacer una lista de articulos aprovechables para el segundo de bachillerato, mas alla de los manuales. No me gusta la historia ficcion (que es para estar divagando con los amigos con una cerveza fria y por eso la traigo) pero creo que España hubiera salido beneficiada con el gobierno de Jose I o si no se hubiera el legitimismo con Fernando VII y si con otro elemento. Sin embargo nos toco la "gorda" con este borbon, digo bobon.

    Saludos a todos.

  • Comentario por Granados Juan [Blogger] 18.06.07 | 22:14

    Como ya le he dicho a Rafa, he disfrutado con su texto y es que a veces los tochos no lo son tanto, sólo hay que cogerlos con cariño y las orejas bien abiertas.

  • Comentario por emma bovary 18.06.07 | 18:44

    me pierdo entre tanto dato y tanto conocimiento!!!!!, pero me resulta tn interesante que me despieta una gran curiosidad y las necesidad de buscar información para intentar controlar algo más, así que juanito sigue bombardeándonos. un saludo

  • Comentario por Rafael Herrera Guillén [Blogger] 18.06.07 | 11:32

    Bueno, pues que lo disfrute. A mí me produjo una gran satisfacción recrearme en textos tan prosaicos pero a la vez tan trágicos y decisivos.

    Saludos.

  • Comentario por Berlin Smith 16.06.07 | 22:01

    Bueno, es impresionante D. Rafael. Tendré que comprarme éste.

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