“Cada cosa es lo que es: la libertad es libertad, y no igualdad, honradez, justicia, cultura, felicidad humana o conciencia tranquila. Si mi libertad, o la de mi clase o nación, depende de la miseria de un gran número de otros seres humanos, el sistema que promueve esto es injusto e inmoral.”
De “Dos Conceptos de Libertad” en Isaiah Berlin, Cuatro Ensayos sobre la Libertad. Madrid, Alianza Editorial, 1993
Viendo como andan de revueltos nuestros prebostes, que parece que se les va la vida en busca del voto que les vaya arreglando el cocido, hoy me gustaría hablarles de un espíritu libre, tan difícil de encasillar que nunca consiguió satisfacer del todo a facción alguna, muchos habrán oído hablar de él, se llamaba Sir Isaiah Berlín, filósofo político, letón de nacimiento y británico de adopción.
Algunos acusaban a su obra de dispersa, casi diletante, pero lo cierto es que el viejo profesor judío de Oxford consiguió, antes o después, enmendarle la plana a todos sus oponentes. ¿Las razones? Su desprecio radical al monismo, a la defensa partidista de un cuerpo general de doctrina considerada perenne, cierta e inalterable. Le bastó sufrir el stalinismo durante su época juvenil para comprender muy pronto hacia qué lúgubres callejones del espíritu conduce el pensamiento totalitario. Desde su torre de hebreo exiliado pudo juzgar a Marcuse “como un divertido y gordito conversador de cafetín”, mientras para otros más impresionables el pensador alemán era el dios-filosófo del mayo del 68.
Pero pronto comprendió Berlin que no todo es tan sencillo. Haciéndose eco del célebre aforismo del poeta griego Arquíloco, luego trasladado a nosotros por Erasmo: “La zorra conoce muchas cosas; el erizo conoce una sola gran cosa”. Dedicó buena parte de su esfuerzo intelectual a desentrañar los entresijos de una polaridad metodológica: el pluralismo (la zorra) y el monismo (el erizo). Pues bien, fue su consideración del liberalismo optimista clásico de Smith o Mill como un monismo más: “Felices los que viven bajo una disciplina que aceptan sin hacer preguntas, los que obedecen espontáneamente las órdenes de dirigentes, espirituales o temporales, cuya palabra aceptan sin vacilación como una ley inquebrantable”, lo que realmente enfureció a sus colegas liberales, que no podían tolerar afirmaciones plagadas de intensa humanidad como la citada o como la que sigue:
“Ciertamente no pienso que la respuesta al comunismo sea una contrafé, igualmente ferviente, militante [...], porque entonces uno combate al demonio con las armas del demonio. Para comenzar, nada es menos propicio para crear una “fe” que la reiteración perpetua del hecho de que estamos buscando alguna, de que tenemos que buscar alguna, de que estamos perdidos sin ella” (Cit. En Ignatieff, Isaiah Berlin: A Life (1998)
Dicho de otra manera, la libertad es un valor, pero no el único y, a menudo, la presunta libertad de algunos se construye sobre la más grosera esclavitud de otros. Así, podía afirmar: “Se dice, muy plausiblemente, que si un hombre es tan pobre que no puede permitirse algo, respecto a lo cual no hay ningún impedimento legal —una barra de pan, un viaje alrededor del mundo, o el recurso a los tribunales—, él tiene tan poca libertad para obtenerlo como si la ley se lo impidiera.” O, más brevemente: “Como dijo un escritor radical ruso del siglo XIX, hay situaciones en las que las botas son superiores a las obras de Shakespeare”
Claro que el viejo Isaiah tenía el verbo tan fácil y la elocuencia tan subida que podía despistar a cualquier biógrafo, asegurando lo anterior y apoyando inmediatamente después la guerra de Vietnam. Pero cuando realmente levantó una verdadera polvareda en la anquilosada academia liberal fue al manifestarse como decidido admirador de Franklin D. Roosevelt y su New Deal, una verdadera herejía para los liberales no Keynesianos, ¿cómo podía aceptarse semejante intervencionismo estatal?, “sí, pero ha funcionado” gustaba de responder Isaiah Berlín. É ahí su aportación a la economía política, probemos, esto y lo otro y apliquemos lo que funcione, al fin, algo que ya había experimentado con éxito Newton en el caso de la física.
La táctica de la zorra, esa especie de darwinismo social, es, parece, lo que nos permite mantenernos mal que bien sobre este viejo planeta. Antes lo que funciona que la doctrina, habría que decir, no es mala enseñanza, aunque siempre permanezcamos cautivos de nuestra propia y entrañable fragilidad, eso también lo supo ver Isaiah Berlin: “igualmente me parece que puede demostrarse que es falsa la creencia de que en principio pueda encontrarse una única fórmula con la que puedan realizarse de manera armónica todos los diversos propósitos de los hombres. Si, como yo creo, éstos son múltiples y todos ellos no son en principio compatibles entre sí, la posibilidad de conflicto y tragedia no puede ser nunca eliminada por completo de la vida humana, personal o social.”
Y ahora, si les place, échenle un ojo al periódico, a cualquier periódico, y díganme si encuentran algo diferente al monismo generalizado, erizos encastillados en torno a sus afiladas púas, en esas prosaicas manos estamos.
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aminoró los efectos de lo único bueno que tienen las crisis, el limpiar de ineficiencias el mercado.
Bien, es el típico debate entre “lo que se ve y lo que no se ve” como diría Frédéric...
Lo que ocurre, estimado Juan, Luis, el exiliado, Berlín el de aquí y MPV, es que resulta muy fácil dejarse llevar por el exceso de cintura para acomodarse a las situaciones del momento con el fin de mostrarse plástico y no monista. Y es que intentar comprender que el liberalismo, Luis, no es sino la suma de todas las responsabilidades, aplicación de la generosidad, con unas gotas de egoísmo y todo ello, claro está, en un ambiente de máxima libertad, es el principal método para lograr no caer en ese monismo, porque la libertad no es posible imponerla, ¡qué barbaridad!, lo que es imposible es negar el valor mismo de la libertad como generador de oportunidades frente al verdadero monismo de la intervención estatal.
Decir que el New Deal ha funcionado no es sino constatar que fue aplicado en ese momento. Lo que los economistas liberales dicen, los clásicos y los más radicales, es precisamente lo contrario, que retrasó la salida de la crisis del 29 precisamente porque aminoró l...
Entiendo, siguiendo al maestro Revel, que el liberalismo no puede ser concebido como una doctrina dado que es no es una construcción aprioristica, por el contrario es una estructura empírica de principios que no prentenden dar una solucion completa a todos los problemas, no intentan mas que abrir las puertas a la libertad y a la sociedad abierta como instrumentos fundamentales para poder hacer un mundo mejor.
Respecto al comentario de MPV decir que una politica sin ideologia es una politica sin ideas. Lo que el propone parece ser una especie de relativismo politico, el habitual travestismo al que nos tienen acostumbrados la "casta politico-funcionarial" que nos ha venido gobernando desde la muerte del tio Fandiño, y que ha configurado esta democracia de baja intesidad.
Estoy de acuerdo con vd. Don Marcos, gusto de verle por aquí.
Saludos
Hoy, aferrarse a una ideología ("soy liberal", "soy socialista", etc...) me parece una gran muestra de empobrecimiento intelectual. Me produce tristeza esa necesidad que muchos muestran de etiquetarse ideológicamente. Hasta que lo consiguen no se quedan tranquilos, llegando a tragar para ello carros y carretas ideológicos que, en ningún caso, comparten.
Desconfío de cualquier político excesivamente definido en lo ideológico, porque sé que sólo será capaz de aplicar los principios y valores de su ideología; lo que, a la larga, conducirá al fracaso a la sociedad. Porque lo que es bueno para un momento concreto y para una sociedad concreta puede no serlo para otro momento o para otra sociedad.
No hay soluciones mágicas para todo, para todos y para siempre. Se impone, como usted sugiere, un darwinismo de las ideas sobre la base de unos principios básicos inherentes al ser humano y que funcionen como soporte ontológico de la organización social.
Intere...
Pues ya somo tres, querido Luis, como a nuestro vecino el "otro Berlín" la gusta decir, "es cuestión de cintura".
Estás en lo cierto: la mejor forma de violentar el sueño de la libertad es intentar imponerlo como única verdad.
Yo siempre he sido defensor de colocar, al lado del amor por la libertad, otras "virtudes" como la responsabilidad y la generosidad.
Miércoles, 15 de febrero
Juan Luis Recio
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