El viejo Leviatán no sólo no aprende de sus errores, sino que de un tiempo a esta parte parece haberse vuelto aún más fastidioso en sus exigencias. Leo en El País que existe en Galicia una especie de éxtasis colectivo que bendice el feliz parto del enésimo proyecto de normalización del gallego en la escuela. De nuevo los tres partidos visibles en el espectro político galaico, junto a ese colectivo nebuloso que denominan “comunidad escolar”, se ponen de acuerdo para establecer porcentajes, idear fútiles y onerosas acciones difusoras de la lengua sacra y fomentar el desarrollo de aplicados y serviles equipos encargados de velar con alma de esbirro por el cumplimiento de la norma.
Dicho en otras palabras, a los escolares gallegos, y a quienes en edad temprana decidan habitar aquellos pagos, no les quedará otra que aprender historia, geografía, biología o matemáticas, por ejemplo, en la lengua que a nuestros bienamados políticos y agentes sociales les parece, no se les concede ni siquiera el derecho a elegir. Querrán hacernos creer que con ello hacen justicia al país, mientras la mayoría habla un hipócrita castellano en la intimidad; pero sólo veo prohibicionismo y adoctrinamiento institucional, la inmersión de la sociedad civil en un mundo absurdo dónde uno se ve obligado a hablar en la escuela, en su trabajo, en el parlamento, de forma diferente a como habla en casa y ha de parecerle, además, bien, mostrándose domeñado, urgido, exigido, pero contento; al fin Leviatán sólo desea nuestra ontológica felicidad.
En el artículo, una foto. Unos tipos de aspecto más bien vulgar caminan ufanos, henchidos tras el acuerdo, bien se ve que nos han salvado la vida, regulando esta vez hasta en qué sutil dirección debemos mover la lengua cuando ponemos en marcha el aparato fonador, de nada les valdrá, el orden espontáneo tiene la mala costumbre de sobreponerse a los decretos.
Los comentarios para este post están cerrados.
No me gusta insultar (en público, quiero decir), pero pienso que hay, verdaderamente, necionalistas. El palabro está inventado y disiento del uso que suelen hacer de él las autoridades en la materia. De los nacionalistas no diría que son necios. En cierto sentido, no lo son en absoluto. Su persistencia en el mapa político de Europa tras las experiencias nazionalistas, y su fructífero viaje de la minoría marginal a la minoría cuasi hegemónica en España son hechos que demuestran que saben jugar sus cartas. Y cartas manchadas de sangre, como aquí es el caso. Nacionalismo y sangre vienen juntos desde el principio: Blut und Erde. Y debe de apelar a ingredientes, que si no están en la sangre, sí en otros fluidos de la especie, para haber conseguido llegar adonde ha llegado. Pues su discurso no puede ser más simplón, más carente de interés y más, eso sí, tonto. Pero, ay, ha tenido éxito. Y no ya entre quienes compran el pack completo, como es evidente, sino, sobre todo, entre los que no. De a...
La cosa tiene más pelos de lo que en principio, deja ver. Aquí en la comunidad valenciana mis hijos están obligados a estudiar en valenciano lógicamente, la asignatura correspondiente a la lengua valenciana (malo sería...), y la de Conocimiento del medio, aquí llamada Coneixement del Medi, donde las criaturas —los míos tienen 11 y 9 años— toman contacto y ponen nombre no sólo a su entorno, rios, montañas, mares, sino también a conceptos muy de andar por casa como los músculos, los huesos...
Esto está muy bien. O no. Pero es lo que hay.
Lo divertido vendrá el año que viene, y al otro, cuando después de machacar durante varios años estas lecciones, les digan en primero de la ESO que ahora darán la asignatura en castellano, porque se da en castellano, y no les sirva nada de cuanto han aprendido.
Yupi, hey. Hey, yupi. Yupi, hey.
Viernes, 17 de febrero
Ángel Sáez García
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Chris Gonzalez -Mora
Carlos Ferrer
José Donís Català
Paulino Toribio