Corría el año de gracia de 1990, hallábase el que suscribe becado en Estambul en compañía de su primera, alongada y rubicunda ex-mujer, cuando una noche al comité organizador le pareció una buena idea conducirnos a los estudiosos a una de esas horribles cenas-dancing para turistas que suelen incluir un trasunto de danza del vientre.
Tras la cena, también horrible, el speaker decidió dedicarnos una canción, iba a arrancarse con el “Que viva España” pero descubrió a tiempo que corría un run-run de desaprobación por la platea. “Menos mal, nos dijimos mi particular Sharon Stone y yo, nos va a ahorrar el papelón”. Pero no, el speaker se dirigió al público embargado por cierto azoramiento y preguntó tembloroso: ¿españoles? Nooooooo, se oyó por toda la sala ¡catalanes! ¡Somos catalanes! Era cierto, de todos los becados, los únicos que no procedíamos del Principado éramos nosotros, los demás venían de la entonces cosmopolita y modernísima universidad catalana. El speaker sonrió satisfecho y sin esperar a más comenzó a entonar con furia la célebre: “Baixant de la Font del Gat una noia, una noia; baixant de la Font del Gat una noia i un soldat. Pregunteu-li com se diu, Marieta, Marieta, ...”; en fin, ya conocen el resto. En la platea cundió el entusiasmo y el palmoteo cerril, fue entonces cuando me dije que era un alivio haber prescindido del turre del “viva España” en una noche perfecta entre los callejones de la Sublime Puerta, pero claro, tampoco habíamos ganado mucho con el cambio, aquellos elitistas universitarios eran tan catetos como de oficio se nos supone a otros peninsulares de a pie.
Ni que decir tiene, Sharon y yo decidimos prescindir de la compañía “diferencial” para perdernos juntos entre las sombras, más allá de la Plaza Taksim, entre miles de bigotudos expectantes, aquella noche decidimos ser de ninguna parte.
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Pues no, porque lo reservaba para unas vacaciones, pero me apetece mucho paladearlo. Tiene gracia, imagínese, catálogo de Navidad de Marcial Pons, pues aparece "El gran Capitán" al lado de Pamuk y de Auster, casi me da algo! no podían haber elegido mejos...la compañía, claro.
Siempre había pensado en retirarme a uno de esos palacetes, hombre ya se que es difícil, pero soñar es gratis, son de lo mejor que uno puede prender en la retina en Estambul con esas lanchas atracadas al costado, las de madera al estilo veneciano, que parecen de cuando el mundo era como debía ser, junto a los vibrantes mosaicos de la Kariye camii y claro, una buena pipa de espuma de mar.Me ha puesto vd. nostálgico, querido amigo.
Quite, quite, que ando sumergido en la peor de las nostalgias, la de lo que ya no será. ¿Ha leído el libro de Orhan Pamuk sobre la ciudad? Cada incendio en los palacetes de madera del Bósforo se clava como un cuchillo.
Pues es para ponerse, querido no-escritor, ya le he dicho una vez ¿qué nos queda al resto? En fin, siempre Estambul, claro que sí, ¿hacen unas pipas frente al Bósforo?
Pues es para ponerse, querido no-escritor, ya le he dicho una vez ¿qué nos queda al resto? En fin, siempre Estambul, claro que sí, ¿hacen unas pipas frente al Bósforo?
Hombre hombre hombre... si llego yo a saber que los comentarios sobre el señor turco sentado venían de un istanbullu de pro, me habría puesto más orondo aún.
Bueno, la pasión turca ya tiene sus propias manías ahora y allí escribir resulta ahora algo dangerous según qué/quién/cómo/sea. Nosotros estamos apesebrados (no apesadumbrados, al menos de derecho) y confundimos el sabio adagio de vivir hoy para pelear mañana con la curva de la felicidad del retiro mental prematuro. En fin...
¿A los becarios catalanes quién le pagó la beca? ¿La Generalidad? A qué no. A que se la pagaron los españolitos que tanto detestan... no aprendemos más.
Domingo, 19 de febrero
José Pómez
Juan Fernandez Krohn
Padre Fortea
Atticus-444
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Paulino Toribio