Hace unos días, Raúl Rivero se hacía eco en el diario El Mundo de un viejo sucedido, la polémica suscitada al respecto del célebre prólogo falso de Jorge Luis Borges que el poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio había introducido como separata en su poemario “Pensamientos de un hombre llegado al invierno”.
La casualidad ha querido que, casi a la vez, mis amigos de “La web de la poesía” me remitiesen un documento excepcional, la fotocopia de una página de la revista Panorama, fechada el 28 de septiembre de 1972 en la que se da cuenta de la investigación que el periodista Jorge di Paola realizó sobre aquel curioso asunto.
Cuentan que fue Álvaro Bajarano, un oscuro columnista del diario El País de Cali, quien solicitó a la redacción de Panorama una investigación, pues, de natural suspicaz, se le hacía raro que un poeta por entonces desconocido gozase del privilegio que suponía recibir el espaldarazo de Borges, más aún cuando la editorial, que sospechosamente había sido bautizada “Piraña” por sus propietarios, había tomado la prevención de editar en separata el prólogo, en vez de situarlo al inicio del poemario como sería lo esperable. Sabían bien lo que se hacían, lograron vender de la obra de Harold Alvarado Tenorio 70 prólogos y tan sólo 12 poemarios.
El caso es que la redacción de Panorama decidió enviar a Jorge Di Paola a visitar al porteño inmortal en su guarida de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Seguramente, el periodista esperaría encontrarse ante un enojadísimo Borges que, informado del asunto, tomaría terribles medidas legales contra el autor de semejante impostura literaria.
Pues bien, nada de eso, se halló ante un amable anciano ciego que se entretuvo en jugar con el periodista a las adivinanzas a fin de dilucidar si el texto del prólogo podría ser o no de su autoría. La extensa entrevista no tiene desperdicio, resulta en sí una joya literaria, como todo lo que tocaba Borges por muy tangencialmente que fuese. Véanse sino algunas de las preguntas y respuestas que en larga batería se reproducen en el reportaje de Panorama, mientras Jorge Di Paula iba leyéndole lentamente el prólogo al autor del Aleph:
Di Paola (lee) —“Alguna vez yo bosquejé la historia de un hombre portentosamente dotado de una perfecta percepción del mundo sensible y de una perfecta memoria”.
JLB —Es verdad. No tengo por qué desdecirme de esto. Siga.
Di Paola (lee) —“Si lo hubiera dotado de auroras el ocular vizconde de Chateubriand…” De esto, Borges, ¿tampoco tiene que desdecirse?
JLB —El “ocular vizconde” me sorprende pero no es imposible que yo haya perpetrado esa frase, tan ajena a mis hábitos literarios.
Di Paola —Pero…Y al poeta Harold Alvarado Tenorio, ¿lo conoce?
JLB —No lo recuerdo, pero Harold fue un rey teutón que…
Di Paola — ¿Y Tenorio?
JLB —También es raro que mi memoria haya dejado caer un nombre tan singular como Harold Alvarado Tenorio, pero a los 73 años el olvido es harto accesible. Pienso que el “prólogo” es una afortunada parodia, que debo agradecer.
Di Paola (lee) —“A Góngora le gustan las palabras que denotan colores, pero es tan desdeñoso de lo visible que suele equiparar a la mujer desnuda a la nieve, por la razón verbal de que a las dos las podemos calificar de blancas”.
JLB —Yo hubiera dicho que para los sajones hay un solo color, que es el de la tierra labrada. Pero no, no anote esto. Voy a escribir una declaración.
Tras algunas disquisiciones, este es el texto de la declaración final que Borges quiso firmar:
“Los pareceres y el estilo concuerdan con lo que yo hubiera podido escribir. Asimismo, las autoridades que alega el texto corresponden a mis preferencias. El “ocular vizconde” me sorprende, pero no es imposible que yo haya perpetrado esa frase, tan ajena a mis hábitos literarios. También es raro que mi memoria haya dejado caer un nombre tan singular como Harold Alvarado Tenorio, pero a los 73 años el olvido es harto accesible. Pienso que el “prólogo” es una afortunada parodia que debo agradecer.
P/D Juraría no haber escrito “Pero también la lluvia interior”.
Jorge Luis Borges”
Mientras Jorge Di Paola tecleaba el texto de la nota, escuchó que Borges le decía: "Qué trabajo se habrá tomado este muchacho, ¿no?", "Debe haber sido jugando" -respondió, esbozando una sonrisa el periodista- "Yo también juego a parodiar a Borges", dijo luego que le había respondido el maestro.

Cuenta Raúl Rivero que años después Harold Alvarado Tenorio quiso visitar en Madrid a Borges para agradecerle su generosidad. María Kodama atendió su llamada, en cuanto Borges supo de que se trataba, invitó al poeta a visitarle en la habitación que mantenía en el Ritz. Luego se fueron a almorzar a una tasca del Arco de Cuchilleros y pasearon largo tiempo por el centro de Madrid. Desde entonces Harold Alvarado Tenorio pudo presumir con toda libertad de haber sido el primer colombiano prologado por Borges.
La moraleja, de haberla, es sencilla: sólo los grandes, aquellos que regresan del áspero y solitario camino de la fama y la soberbia, aquellos que han recuperado la serena quietud del que se sabe pleno y completo, son capaces de mostrar generosidad con los talentos ocultos. Nada sabemos de lo que le ocurrió al triste gacetillero inquisidor y acusica Álvaro Bejarano tras su denuncia, con la que pedía el linchamiento cultural de un joven poeta de Cali que se había atrevido a vender 70 prólogos falsos. Al contrario hoy, por supremo favor de los clementes dioses, lo sabemos todo del poeta llamado Harold Alvarado Tenorio, tal vez por gracia y espaldarazo de Borges, capaz de lo sublime, de decir, por ejemplo:

"No comprendiste las palabras/ Aquellos que conocieron la locura/ jamás crecieron en brazos de los dioses/ jamás cantaron contra el infinito."
O también:
“Sin falta recuerdo/ el fulgor de tus ojos/ la magnolia de tu piel/ tu sonrisa de malevo/ tu rítmico andar/ y esa manera de engañar / que sólo en ti perdono.
Tenía yo un viejo tabernero amigo, un auténtico y delicioso canalla, que siempre comenzaba sus discursos etílicos recomendando al sin par Odín, al que consideraba, todo hay que decirlo, un impúdico cabrón ancestral, que mantuviese en letrina de mierda al taimado abate de Samos por no pagarle lo que le debía. Hoy se me ocurre que el señor del Valhala haría bien en retener en el mismo hediondo lugar a esa legión de siniestros personajes pseudoliterarios, falsos humildes, nuevos Uriah Heep del resentido desprecio, cuyo único empeño en la vida es mantener en el olvido a aquellos que brillan con su propia luz, con su afán inagotable y fecundo, contra toda contingencia.
Miércoles, 10 de febrero
Peio Sánchez Rodríguez
Marie-José Martin Delic Karavelic
Ángel Sáez García
Alfonso Agís
Carlos Ferrer
Julio César Izquierdo
Juan Luis Recio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes