"No estoy convencido de mi humanidad; no quiero ser como los otros. No quiero ser feliz con permiso de la policía."
Pedro Granados, Juvenal Agüero, mi hermano limeño, prefiere, como yo, las populosas nalgas de Yaella a la poesía social. Que llegase a la lírica a través de César Vallejo, no quiere decir que no sepa desde hace tiempo que las metáforas sólo sirven para certificar un fracaso, para hacer ver que la relación entre las palabras y las cosas es dificultosa, evanescente; se puede poetizar la realidad, pero luego ya será otra cosa.
Entonces, le preguntan un día a Juvenal, ¿no crees en una poesía de tipo social?
En absoluto —dice— No me siento vocero de ningún tipo de mesianismo: Siempre entreveo la pendejada en ello, porque siempre hay alguien que es vocero del mesianismo y vive muy bien.
Juvenal prefiere ver el mundo desde el erotismo independiente, desatado y libre para marchar cuando toca. Claro, me digo, ¿Por qué demonios escribiríamos los varones normalmente constituidos sino?, ¿qué otra cosa verdadera nos puede atosigar el alma, sabiendo, como sabemos, que la libertad permanece tan olvidada como la justicia?
Hoy, hermano Pedro me envía desde Lima Un chin de amor, una especie de elongación caribeña de Prepucio carmesí. Tan cierto, tan gozoso y vivido me parece que no lo he soltado desde su llegada a mi casa de lluvia, tengo para mí que a ustedes, queridos lectores, les sucederá lo mismo.
Miércoles, 10 de febrero
Peio Sánchez Rodríguez
Marie-José Martin Delic Karavelic
Ángel Sáez García
Alfonso Agís
Carlos Ferrer
Julio César Izquierdo
Juan Luis Recio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes