
En ese momento, al lugar aún no lo podía observar en su propio fuero interno, en sus desconcertadas dendridas de lo semejante; eso sí, Madrid lo mantenía literalmente excitado, por no decir arrecho. La arrechura era su rosa de los vientos; la belleza, su invisible brújula. ¡Cuánta belleza, bendito Dios!, decía para sus adentros. ¡Cuánta mujer distinguida y amable! ¡Cuánta agraciada y tan sencilla muchacha!
De Prepucio carmesí, novela de Pedro Granados
Hay días en que la red nos muestra su mejor cara, días en los que compensa enchufar la cajilla de sobremesa por ver que se cuece en el binario corazón sin patria, abundoso en comercios y tratos y cicatero con el talento. Y hete aquí que tropiezo con un amable correo, Pedro Granados, si, Granados como el que suscribe, eso ya le anima a uno, aquello de los parientes anhelados y desconocidos, me escribe, puede que desde los USA aunque yo prefiero pensar que lo hace desde Lima. Prosa sensata y amable, puramente americana diría yo.
Adjunto me envía un manojo de escritos, ensayo, poesía, parte sustancial de sus fecundas entretelas. Y me digo, le digo, ¿pero habrá alguien en esa bendita ciudad que no posea el don de la escritura? Tienen que saber que no sólo leo a Pedro Granados, lo disfruto, me reflejo en él. Pedro Granados tiende a la desazón y a la rebeldía, con sus negras eternas, de esas que le hablan a uno para siempre. Claro que, en el fondo, me parece un sentimental, como lo somos todos, ah, amigos, las damas, todas resultan adorables, pero sólo una, maldita sea, nos parte el corazón.
Miércoles, 10 de febrero
Peio Sánchez Rodríguez
Marie-José Martin Delic Karavelic
Ángel Sáez García
Alfonso Agís
Carlos Ferrer
Julio César Izquierdo
Juan Luis Recio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes