Gracias al excelente trabajo de Luis Balcarce. de Periodista Digital, ya están disponibles en You Tube los vídeos de la presentación en la Casa de Galicia de Madrid del libro de Jose luis Pardo "La Coruña su alma oculta", yo creo que se aprecia que lo pasamos muy bien y que estuvimos excelentemente acompañados, habrá más, el libro de Jose Luis es un libro "con patas". Aquí les dejo los enlaces a los vídeos de Gonzalo Martín, Jose Luis Pardo y quien suscribe, así como del coloquio posterior.
La fértil obra de Jose Luis Pardo Caeeiro va caminando sola y a cada poco nos proporciona una nueva alegría. El próximo 22 de junio a las 20 horas se presentará en la Casa de Galicia de Madrid, un maravilloso palacete de los años veinte situado en la calle Casado del Alisal 8. Gonzalo Martín y un servidor nos encargameremos de presentar al alimón la última obra de Jose Luis, que aúna con maestría la fotografía nocturna de la inmortal Marineda con textos que, les aseguro, dejan poso y proporcionan un excelente mosaico de la historia viva de la ciudad herculina. Lo pasaremos bien, ni que decir tiene que quedan invitados.
Mi buen amigo y compañero en Edhasa Luis Alejandre Síntes anda de presentaciones de su último ensayo: La aventura mexicana del general Prim, un libro excelente, al que auguro tanto éxito como el anterior dedicado como saben a seguir los pasos del coronel Carlos Palanca en medio de la apasionante aventura española en la Cochinchina (1858). Nuevamente el esfuerzo heurístico, que es más que notable, con documentación que ve, en muchos casos, por primera vez la luz, se combina con la amenidad narrativa propia del general, que sabe de esto y mucho. He disfrutado enormemente con las peripecias mexicanas de aquel hijo del pueblo de Reus, tan sensato como valiente, al que sólo pudieron parar a traición en la infausta calle del Turco. Y es que aquella romántica aventura al socaire de los proyectos políticos de Napoleón III (1861), con Juárez, Maximiliano y Prím, nada menos y todos a la vez, resulta cinematográfica, verdaderamente apasionante. Como el que suscribe posee muy afortunadamente información privilegiada, gracias a un largo café casi conspirativo con el general en la Bayona de Galicia, donde fue tomada la foto que ilustra esta reseña, creo que cabrá esperar más ensayo histórico, incluso podría decirles a dónde viajaremos la próxima vez, pero me lo voy a guardar, claro que sólo por el momento.
Sí les adelanto que las próximas presentaciones de La aventura mexicana del general Prim, tendrán lugar el martes 9 de junio a las 19.30 horas en el palacio de Buenavista de Madrid (calle de Alcalá), donde por cierto han colocado una estatua enorme de “nuestro” Gran Capitán. Y, como no, en la misma Reus y en su Museo Archivo Municipal, el viernes 12 de junio a las 20.00 horas. No es cosa de perdérselo.
Esto nos cuenta la contraportada:
El 31 de octubre de 1861, Gran Bretaña, Francia y España firmaron en Londres un tratado para intervenir conjuntamente en México –país que acababa de suspender el pago de la deuda externa durante dos años y de expulsar al embajador español–, con la intención de salvaguardar sus intereses económicos y la seguridad de sus ciudadanos, y con el propósito explícito de "no ejercer en los negocios interiores de México influencia alguna capaz de menoscabar el derecho que tiene la nación para escoger y constituir la forma de su gobierno".
Apenas dos meses después de la firma de este acuerdo llegaba a Veracruz quien por entonces, tras la Guerra de África (1859-1860), era ya el militar español de mayor prestigio. Sin embargo, la situación con que se encontró era muy distinta a la que el Gobierno le había anunciado, y las relaciones con las tropas británicas y sobre todo francesas fueron muy diferentes a las que el tratado de Londres permitía augurar.
Sin dejar de lado su pericia castrense, Prim sorprendió al mundo manifestándose como un habilidoso diplomático capaz de atemperar el deseo de los franceses de instaurar a sangre y fuego una monarquía en México, convencer a las autoridades americanas de que no tenía ninguna intención de ocupar territorios y, no menos importante, evitar que los convulsos acontecimientos que vivía Centroamérica en esos meses se lo llevaran por delante.
El general Alejandre consigue aunar rigor y amenidad en un tipo de ensayo poco frecuente en nuestras letras.
LA AVENTURA MEXICANA DEL GENERAL PRIM (EDHASA)
Luis ALEJANDRE SINTES
ISBN 978-84-350-3983-3
Páginas : 384 - Formato : 15 x 23 cms.
Encuadernación : Tapa dura
En unos famosos versos de su obra De rerum natura, Lucrecio elogia la filosofía diciendo: "Nada hay más grato que ser dueño de los templos excelsos guarnecidos por el saber tranquilo de los sabios, desde donde puedas distinguir a otros y ver cómo confusos buscan el camino de la vida". Ortega, por su parte, afirmaba que alejarse de las cosas para comprenderlas es lo que se llama presbicia. Hay que "salir a su encuentro y chocar con ellas".
El presente libro de Dalmacio Negro, catedrático emérito de Ciencia Política en la Universidad CEU San Pablo y miembro numerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, tiene una doble virtud, y es que, a la par que irradia unas grandes dosis de erudición y agudeza visual sobre la evolución de las ideas políticas que han ido modelando en los últimos siglos el pensamiento europeo, confronta al lector con los grandes problemas de la actualidad y la compleja realidad en la que vive el hombre en los albores de la era de la bioingeniería y la revolución tecnológica.
En esta obra el autor aborda el mito del hombre nuevo, el gran mito del siglo XX, el siglo de los Estados Totalitarios, que se atisba como una fantasía plausible, a la sombra del Estado Total o Estado del Bienestar. Éste no necesita imponerse por la fuerza, sino que, en cuanto productor de valores y cultura, ha creado su propia religión secular facilitando la servidumbre voluntaria de sus ciudadanos.
Dicha situación pone en riesgo no sólo el êthos de las sociedades europeas, sino la propia existencia humana tal y como la conocemos. El orden social se forma exteriormente por el orden cultural y engloba a su vez los órdenes horizontales de la fe, la religión, la moral, el derecho, la economía y la política, siendo este último aspecto la epidermis de todo lo demás. La cultura, el modo de vida, que se configura mediante la conversión de las ideas-ocurrencia, en las que se piensa, en ideas creencia, en las que se está, condiciona la visión de la realidad y, por tanto, la acción humana.
Las nuevas bioideologías –entre las que caben destacar el ecologismo, la obsesión por la salud, la mitificación de la juventud, la llamada cultura de la muerte (técnicas eugenésicas y la eutanasia), el feminismo radical, el multiculturalismo, la corriente New Age– son el producto de una época caracterizada por la desfundamentación de la cultura. El hombre no es tan sólo un animal político, como decía Aristóteles, sino social, y, consecuentemente, su naturaleza es evolutiva, como animal cultural transmisor de conocimientos y capaz de modificarse culturalmente. Empero, está dotado de unos instintos naturales invariables y por unos patrones de conducta fijos, constantes y universales, como dedujo Hume.
La politización de la naturaleza humana –biopolítica–, como consecuencia del uso de los conceptos como armas políticas, los avances de la ciencia médica y genética y la promesa de alcanzar la perfectibilidad de la raza humana en el futuro, vislumbrándose, incluso, la posibilidad de alcanzar la inmortalidad, abren el abismo de una era post-humana. Como advertía Francis Fukuyama en su obra El fin del hombre, la famosa distopía de Huxley (Un mundo feliz) es una posibilidad real de consecuencias nocivas para la democracia liberal y para la naturaleza de la propia política.
Ese mito culturalista del hombre nuevo, según Dalmacio Negro, espiritualmente vacío y exteriormente solidario, "altruista sin deseos ni pasiones", es fruto de la religión secular nacida al amparo del moralismo de la revolución francesa. Para entender esa derivación post-revolucionaria, Dalmacio Negro analiza los orígenes de dos de los principales artificios modernos, sin los que hubiera sido imposible el surgimiento de la religión secular: el Estado y la Sociedad.
En este orden de cosas, Tomás Hobbes, el primer liberal estatista, es quien sustituyó la vieja tradición de la razón y la naturaleza por la de la voluntad y el artificio. El contractualismo hobbesiano promete salvar al hombre, sacarlo de su estado de la naturaleza, mediante la política, colectivamente, en el futuro, y no como las religiones tradicionales mediante la salvación individual en el más allá.
Este nuevo deus ex machina, el gran Leviatán, monopoliza la libertad política a cambio del reconocimiento formal de una serie de derechos sociales y personales que concede a sus súbditos. Su carácter mecanicista propende a extender su control a todos los ámbitos de la sociedad mediante la burocratización de las relaciones sociales, la expansiva reglamentación de la vida pública e incluso la privada y la sustitución del Derecho, fruto de las costumbres y la tradición, del common-law, por la Legislación. El despojo legal del que habla Bastiat, para el que la "Ley es la Justicia"..."Salid de ahí, haced que la Ley sea religiosa, fraternitaria, igualitaria, filantrópica... y en seguida os hallaréis en lo infinito, en lo incierto, en lo desconocido, en la utopía impuesta a la fuerza".
Fue Rousseau quien transformó el Estado-Leviatán en el Estado-Moral. Es el origen de la nueva religión secular, asentada en el nihilismo al romper con el pasado y engalanada con el ropaje del humanitarismo romántico, en una época dominada por la confianza en el progreso. De la Gran Revolución surgiría el Estado moderno, el Estado-Nación –en contraposición a la nación histórica–, como protagonista indiscutible de la historia europea, que adquiere sus propios fines, subordinando los del individuo a los de la sociedad.
A partir de Rousseau, la política se reduce al ejercicio del poder en la medida en que está moralizado, desplazando la vieja tradición política liberal del gobierno limitado, en la que la libertad política es esencial, llegando a legitimar en casos extremos el derecho de resistencia al poder injusto, contrario al Derecho, como postulaba Juan de Mariana.
El pensamiento ideológico, que ha ocupado el centro político de los siglos XIX y XX, es, en este sentido, un producto del estatismo que impregna una visión artificial del orden y distorsiona la concepción de la realidad, condicionado a su vez la acción humana. Como señala D. Negro, el actual consenso político socialdemócrata, que predomina en Europa y da forma a la actividad política, es heredero de las ideas de Rousseau.
Con la revolución cientificista de 1968, "la revolution introuvable" de Raymond Aron, se produjo un salto cualitativo que pretendía superar el marxismo. La lucha de clases se sustituyó por la lucha entre generaciones. Ya no se trataba de cambiar las estructuras sociales para alcanzar el paraíso terrenal, sino que se pretendía cambiar la propia naturaleza humana como presupuesto del cambio de la sociedad. Todo ello supuso un cambio cultural brutal en la generación del baby boom, que es la generación de la clase política dominante; eternos jóvenes que monopolizan el arte, la educación, los medios de comunicación y la política. El gran problema ya no es el capitalismo, en el que se sienten cómodos, sino la propia naturaleza humana, a la que se considera culpable. Las bioideologías no se parecen al marxismo, salvo en la propaganda leninista-estalinista, sino que se asemejan a los movimientos juveniles del nacionalsocialismo alemán, inspirados en el darwinismo social y la eugenesia. Se trata de crear un hombre nuevo, en el que los deseos miméticos habrán desaparecido, que transforma su naturaleza divinizándola.
En La posibilidad de una isla, Houllebecq describe un mundo en que "ser viejo estaba prohibido". Quizás ese mundo no esté tan lejano y las nuevas bioideologías conviertan al hombre en un ser antihistórico; privado de su cultura, sus instintos, sus pasiones; externamente solidario y virtuoso, pero desarraigado de sus tradiciones y de sus lazos familiares y afectivos; aislado y desprovisto de sentido de la vida. Para comprender las claves de la actual situación política, cuyas consecuencias son impredecibles, es imprescindible la lectura de la obra aquí reseñada.
DALMACIO NEGRO: EL MITO DEL HOMBRE NUEVO. Encuentro (Madrid), 2009. 437 páginas.
Recientemente Michael Living publicó en el New York Times el artículo que aquí les traigo en el que reflexiona sobre el papel de editoriales y agentes en un mundo cambiante, donde la web tiene cada día más que decir. Una reflexión interesante, aunque en mi opinión maniquea en exceso, por mi experiencia personal he de decir que no todos los editores son iguales, tampoco los agentes literarios, aquí el azar y la suerte todavía resultan decisivos y cada uno habla de la misa como le va en ella, claro es.
La muerte de las editoras tradicionales
Michael Levin*
Enero 29, 2009
Hace algunas semanas murió la industria editorial. La debacle económica fue el meteorito que golpeó al dinosaurio en la mismísima frente. La única sorpresa fue que las editoriales tradicionales duraran tanto.
Los despidos de los ejecutivos de la industria, los recortes masivos de personal en las más importantes casas editoras, así como la decisión de por lo menos una de las grandes editoriales de no aceptar nuevas propuestas de libros indican, de conjunto, el fin de la influencia de las grandes empresas del ramo. Por supuesto, seguirán operando para alimentar con libros de celebridades a un público obsesionado con ellas, y lo harán a través de puntos no tradicionales de venta de libros, como Wal-Mart y los supermercados locales. Pero el ramo que comenzó con editores que amaban los libros y publicaban lo que ellos querían está desapareciendo, víctima de su incapacidad para encontrar una razón de ser en el mundo de Internet y la impresión según demanda.
Los despidos son la consecuencia inmediata de una economía que se hunde, pero la muerte de la publicación tradicional es, en realidad, un suicidio. El ramo editorial devino demasiado grande y necio para poder sobrevivir, una víctima de su propia arrogancia y sus prácticas comerciales insensatas.
¿Quién escogió esto?
¿Existe acaso otra industria que escoge sus novísimas ofertas a partir del capricho colectivo de un grupo de personas (los responsables de las adquisiciones) que apenas poseen experiencia comercial? ¿Existe alguna otra industria que produzca miles de productos nuevos cada año y sólo brinde apoyo mercadotécnico a un puñado de ellos? Incluso los Tres Grandes del automotor realizan pruebas de mercado antes de que sus autos aparezcan en los salones de exhibición.
Dificultades para publicar
Hace 20 años, los editores hablaban de la regla del 80-20: el 80 por ciento de los dólares para publicidad se destinaban al 20 por ciento de los libros. Hoy, la regla más bien es del 90-10, o incluso del 99-1. Si el doctor Phil publica un libro nuevo en el mismo catálogo de autores noveles, obtendrá todos los dólares de mercadotecnia, mientras que un autor nuevo tendrá que conformarse con las migajas. Como resultado de ello, las ventas del autor novel serán tan escasas que los agentes y editores tomarán la (mala) decisión de que la obra de éste nunca podrá venderse, por lo que el autor jamás conseguirá un contrato.
Cuando entro en una biblioteca o una librería y estudio las nuevas ofertas de las grandes editoriales acabo siempre haciéndome las mismas tres preguntas: ¿Por qué decidieron publicar esta obra? ¿Quiénes, según aquéllas, desean en realidad adquirirla? ¿Qué otras obras rechazaron si fue ésta la que contrataron?
A fin de cuentas, ¿qué nos ofrecen las grandes editoriales? Sobre todo lo mismo, una y otra vez: tratados políticos que se inclinan a la izquierda o la derecha (pero que ofrecen más calor que luz). Libros de dietas y ejercicios que no son más que un refrito de lo dicho por otros libros de dietas y ejercicios: coma menos y muévase más. Libros que reciclan a otros autores dándoles un giro religioso o con un nuevo punto de vista en cuanto a cómo hacer más dinero. O libros que no se cansan de hablar pero no dicen nada nuevo.
En una ocasión el director ejecutivo de una gran cadena editorial admitió que sólo el 2 por ciento de los libros de sus tiendas se vendían; el resto era “papel de tapizar”. En realidad, debido a la mala calidad del material que publican y el escaso esfuerzo que hacen por vender libros, las grandes empresas no actúan como si se preocuparan de su negocio
El SDAL o Síndrome de distracción del agente literario
Están también los agentes literarios, una clase formada por la gente con menos mentalidad comercial y menos organizada de todo el mundo de los negocios. Si trabajaran en cualquier otro ramo serían despedidos debido a sus hábitos de dejar que los proyectos languidezcan, se deslicen entre grietas y queden a mitad del camino. Pero esto no ocurre en el mundo de las publicaciones, donde no existen los plazos de entrega. Nunca he logrado comprender cómo logra sobrevivir la mayoría de los agentes literarios. Son notoriamente irresponsables cuando se trata de estar al tanto de sus obligaciones, de mantener el contacto con sus clientes y manejar las propuestas editoriales que hacen. ¿A qué se dedican entonces los agentes editoriales, de quienes sus clientes suelen quejarse porque no responden sus llamadas telefónicas o sus e-mails?
Quizás si hiciesen un trabajo mejor de revisión y selección de proyectos y propusieran a las editoriales libros interesantes y vendibles, aquéllas tendrían más material para trabajar. O quizás ni siquiera así lo tendrían.
Yo llamo “Síndrome de distracción del agente literario” (SDAL) al modo de trabajar de la mayoría de los agentes literarios. No sé a ciencia cierta qué es lo que los distrae de hacer su trabajo básico, que no es otro que el de leer y criticar las propuestas y buscar contratos de edición. Cómo subsiste la mayoría de ellos sigue siendo un misterio para mí.
Y acabará siendo un misterio para ellos, toda vez que el futuro de la publicación por royalties resulta poco o nada ventajosa para la inmensa mayoría de los libros. Ahora se está avanzando hacia un modelo en el que los autores obtienen una parte al final en vez de un adelanto generoso al principio. Mi última averiguación mostró que el 15 por ciento de 0 equivale a 0. Por consiguiente, a no ser que los agentes se hagan mucho más eficientes, tendrán que buscar trabajo en otros campos, tal como hacen los editores que han perdido sus empleos.
Entonces, ¿cuál es el futuro? Siempre habrá millones disponibles para las Hillary Clinton y otros pesos pesados de la política que buscan contratar la publicación de sus libros. ¿Por qué? Porque si usted es Sumner Redstone y es el propietario de Viacom y desea hacerle una donación a una senadora famosa, usted podrá enmascararla como un adelanto que realiza su división editorial Simon & Schuster. Y siempre habrá espacio para lo que incluso la industria editorial acostumbraba a calificar de “libros que no son libros”, es decir, materiales sobre gatos, dietas nuevas y nuevos medios de llegar a Dios sin necesidad de rezar o de hacer algo por sus contemporáneos.
El futuro ya está aquí… Y tiene que ver con usted mismo
Entonces, ¿cuál es el futuro de la industria editorial? Después de decenas de años, los trogloditas que dirigen los imperios editoriales de Nueva York nunca reflexionaron sobre cómo sobrevivir en la era digital. La importancia que tienen hoy las grandes editoriales puede compararse con la de la industria tradicional de la música (casi muerta) la radio FM (casi muerta) o las tres grandes estaciones de televisión (siguen respirando, pero son cada vez menos relevantes en un mundo de hágalo usted mismo y 600 canales). Las grandes empresas de edición subsistirán como entes modestos y menoscabados, pero nunca gozarán de la importancia que tuvieron.
El futuro es el de las publicaciones que están en nuestras manos, que dependen de nosotros y de aquéllos con algún dinero para autopublicarse mediante una compañía de impresión según demanda y las que se ocupan de crear sitios web donde publicar e-libros. Dicho de otro modo, el futuro de la publicación tiene mucho que ver las con emisiones destinadas a grupos específicos, como ocurre con la música y el video.
En este caso usted mismo es el escritor y el editor (y también, el que se encarga de la venta, en algunos casos con la ayuda de una empresa de autopublicaciones). Usted escoge su público, se encarga de comunicarse directamente con él, sin necesidad, por fin, de arrastrarse a los pies de los agentes literarios y responsables de las adquisiciones, cuyos empleos, para decirlo con franqueza, están desapareciendo. Conozca al nuevo jefe: usted mismo.
¿Qué hace uno con tanto poder? Vender a montones. Utilizar la Internet 2.0, la red social de Internet para establecer contactos con el público específico al que va dirigido su libro. Se conecta con él a través de Facebook, You Tube, GoogleAds, o cualquier otro medio nuevo, atractivo, que aparezca mañana. Poner las ideas de uno en manos del público, de la misma manera cómo las bandas noveles ponen su música en los oídos de los escuchas del mundo entero, sin que medie la excesivamente comercializada y agotada industria editorial
De esta manera usted consigue decir lo que desea y a aquéllos a los que quiere llegar, y puede hacerlo ahora mismo, sin necesidad de esperar todo un período, ya tradicional, de dos años, cuando ya sus ideas languidecieron en medio de la brega por conseguir que un agente literario le preste alguna atención, por lograr firmar un contrato de publicación, a sabiendas de que su libro permanecerá en un limbo hasta que, ¡por fin!, llegue la fecha de publicarlo.
Con los métodos modernos y baratos, la fecha de publicación coincide con el momento en que uno termina el manuscrito, espera unos pocos días para que una empresa de publicaciones prepare el libro y lo imprima.
Es excitante, algo fantástico, y está al alcance de su mano. La edición tradicional murió, víctima de su propia arrogancia. ¡Escritores del mundo, álcense sobre los restos de los trogloditas! Un mundo nuevo espera, y todo depende de ustedes mismos.
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* Michael Living, del New York Times, es autor de más de 60 libros, algunos de los cuales se convirtieron en best-sellers.
Texto para la exposición "ENVEJECIENDO"
de Rosa Otero
A Coruña > El Corte Inglés de Ramón y Cajal > 6ª Planta
Desde el 16 de abril al 2 de mayo de 2009
Huye la tarde en mi prisión
Una dulce lámpara arde
Estamos solos en mi celda
Bella luz razón adorable
De Prisionero sin horizonte, Apollinaire
Es fama que la invasión por parte de Henri Matisse y sus amigos de Colliure del Salón de Otoño de París, supuso para la pintura el definitivo triunfo del subjetivismo. El rechazo del color imitativo y su substitución por la pureza expresiva, se hizo bandera de la vanguardia. De este modo y a la vez que el inimitable André Derain ilustraba el primer libro de poemas de Guillaume Apollinaire, quien supo ver, admitió por fin la distancia que conviene establecer entre la naturaleza y el hecho creativo. Luego vinieron otros a confirmar la poética de los nuevos hallazgos. Paul Klee, para quien era el color el que se apoderaba del artista y no al contrario; dictando así sus normas y su estética. Kandinsky, que entendía la pincelada del pintor como la nota, exacta, necesaria, gentilmente depositada sobre la partitura por el compositor. El matrimonio Delaunay, para quienes el color era la esencia misma de la dinámica natural…
El resultado fueron aquellas paletas de tonos inolvidables, que hacían de la obra de arte una creación hermana de la naturaleza, pero en ningún caso remedo de ella, sino su mismo complemento. Bien es verdad que al gusto por la explosión de luz le siguieron nuevas opciones y nuevas propuestas, pero la luz es la luz y siempre regresa al mundo plástico para reclamar lo que es suyo. Y esto es lo que ocurre cuando se contempla la obra de Rosa Otero, una pintora que evidencia su capacidad para escuchar en su interior, congraciando así las impresiones de su retina con la demanda expresiva más íntima. La utilización subjetiva del color, la simplificación del dibujo, la explosión casi anímica de sus colores por veces violentos, sugieren el espíritu de aquel otoño de 1905, cuando los pintores decidieron dejar de comportarse como fotógrafos para tornar en poetas plásticos, eso salimos ganando y uno siempre se alegra de que aquella fuerza creativa resurja una y otra vez, por diferentes manos, pero con un mismo espíritu.
No viniendo de Guzmanes o Sidonias, cazar venados en casposas monterías es signo de mal gusto y fortuna reciente. La montería no es deporte, sino ejecución programada a carísimo tanto la pieza. En España el camino del fatuo botarate, en llegado a subsecretario pasa en ineludible evolución del pádel, que no tenis, al golf y de éste a la montería; aficiones que de no mamarse de infante, más vale desechar por ser cosa de horteras y arribistas. Síndrome de escopeta nacional hoy encarnado en Bermejo el bailón, vulgar en cuerpo y alma, hombre del pueblo que golpea con condescendencia la nuca del rústico “secretario” cuando levanta la cuerna del pobre bruto para que quepa en la foto. Todo es lo mismo y siempre es igual. Por no saber, no saben ni comportarse como verdaderos ricos, léase gafas de sol de tenue azul y compañía de piernas estratosféricas, ya saben, ¡Braaaaaavo Fernaaando! Ese sí que sabe.
Ya sabrán que nada me pone de mejor humor que dedicar un rato a los amigos. Vivir en medio de una comunidad literaria basada en el mutuo aprecio y el afecto humano e intelectual es uno de los grandes placeres de la vida. Y como resulta que mis amigos no cesan de publicar, a veces llego tarde, pero llego. Hoy mismo se ha presentado en la Comunidad de Murcia el ensayo de Rafael Herrera: Un largo día, globalización y crisis política.
A pesar de que conozco la obra de Herrera desde hace años, no cesa de sorprenderme, esta vez se ha atrevido con todo y con todos, hacía mucho tiempo que no leía una reflexión tan valiente y ajustada a la gris realidad que nos toca vivir. No observarán en ella concesiones al “buenismo panfilista oficial” aquí hay ética, moral y filosofía de la buena; o sea las cosas por su directo nombre, por ejemplo, valores sí, pero los objetivamente admirables, no los que nos pongan delante por muy “interculturales” que resulten ser. Rafael Herrera cree, como yo, que los enemigos de la libertad no nos van a tratar mejor porque les facilitemos la vida mostrando inmensas y serviles tragaderas ante todo lo que venga de latitudes más o menos subtropicales, ya me van entendiendo. Obra, pues, necesaria y con el tiempo imprescindible, lo veremos.
Por otra parte, mi buen amigo el viajero, Nonwritter, Nacho al fin, arquitecto y “paseante invisible” nos ofrece hoy un redondo libro de viajes en torno a la India. Ya sabrán por su blog como se las gasta nuestros Stendhal del siglo XXI, a mí me ha sorprendido hace mucho tiempo y no ha cesado de hacerlo. Grandes fotografías y deliciosos textos, no se lo pueden perder. Sorprende, además, la calidad que ha alcanzado la edición a demanda en estos tiempos, francamente impresionante.
Mi enhorabuena a los dos, queridos, el pensamiento sólo crece por contraste y vuestra letra me hace feliz. Larga vida a vuestros textos, que sean libros “con patas” que es lo que los “writters” nos deseamos siempre.
El portal de Historia “Historias de la Historia”, bien conocido por los visitantes de este blog y Toison Ediciones, convocan el Primer Premio de Relato Corto de HDH. Una parte del premio será la publicación de los cuentos ganadores en la Revista Medieval. Creo que esto supone una excelente ocasión para que escritores noveles y no tanto, se den a conocer. Mi buen amigo Javier Sanz nos ha liado un buen número de escritores de histórica para que echemos una mano. Ni que decir tiene que lo haremos encantados.
El jurado estará formado por:
-Mª Pilar Queralt
-Magdalena Lasala
-Juan Eslava Galán
-Jesús Callejo
-Fernando Martínez Laínez
-José Calvo Poyato
-Sebastián Roa y quien suscribe.
Lo dicho, animo a todos a participar, ya tengo ganas de leer esos escritos construidos al amor de la lumbre y al calor de un corazón inquieto. Las bases, naturalmente, en Historias de la Historia.
Mañana, el fotógrafo y escritor coruñés, Jose Luis Pardo, presentará una nueva serie de fotografías nocturnas en el Casino de La Coruña, patrocinada por el Casino Sporting Club y la Asociación de Estudios Históricos de Galicia. Allí estaremos, como no. Un excelente momento para disfrutar del arte junto a los amigos. Cuando pienso en la obra de Jose Luis, siempre me viene al magín este sabroso dicho de Antonio Escohotado:
Aristóteles decía que los niños no podían ser felices y estaban haciendo siempre trastadas porque eran incapaces a aprender a hacer algo bien; cuando una persona sabe hacer algo bien, lo hace y no molesta a los demás. Cuando, por neurosis, por torpeza o por ignorancia no es así, nos encontramos con gente problemática. El único antídoto contra el aburrimiento es la maestría.
Así es, y, afortunadamente, de maestría, sentimiento y técnica es de lo que procuraremos hablar mañana, están todos invitados. Aquí les dejo los datos del acto por lo menudo:
José Luis Pardo Caeiro tiene el placer de invitarle a la presentación de la exposición de fotografías “La Coruña, una ciudad, un faro” que tendrá lugar el próximo 29 de Enero de 2.009 a las 20,30 horas en la Sala de Cultura y Exposiciones del Sporting Club Casino de La Coruña, C/Real nº 83-85, con laintervención de:
D. Juan José Medin Guyatt. Presidente Sporting Club Casino
D. Pedro Arias Veira. Economista, Profesor Teoría Económica USC
D. Juan A. Granados Loureda. Escritor de Novela Histórica
Me ha gustado esta larga entrevista que Alvarado Tenorio realizó a Jaime Gil de Biedma en 1984, esencias de escritor, repaso del mundo. Aquí les dejo sustancioso fragmentos.
-Fue entonces, en esos años, cuando se hizo poeta…
-Yo decidí hacerme poeta desde muy joven, cuando tenía diecinueve años, pero mis poemas se publicaron diez años después; no se por qué, pero esa fue mi decisión y un día de esos, luego de haber leído y bebido toda la poesía del mundo, escribí mi primer poema. Primero me eduqué en la poesía del Siglo de Oro, en el simbolismo francés, me leí todo Baudelaire y toda la poesía española del 27. Hacer poesía fue para mí una manera de construirme un muro contra el mundo exterior, una suerte de andamio contra mis propias debilidades interiores. Luego, cuando a partir de los años cincuenta me interesé por la poesía social, fundé mi propia voz, una voz que luego no he querido dilapidar, repitiéndome. Usted sabe que yo he escrito poco, pero lo cierto es que en algún momento, tras prolongadas imitaciones de voces y formas, alcancé no el poema sino la poesía, una voz, un tono que me hacía idéntico a la imagen que había querido crear de mí ante los otros. Pude saber cuáles eran mis sentimientos, y que deseaba hacer en mi vida. Eso sucedió cuando viví mis primeros treinta años, cuando escribí Moralidades. En esos años yo guardaba como un secreto, en mi cuerpo, esos poemas, y me negaba a ponerlos por escrito, iba con ellos como un tesoro oculto de un pirata, como unas joyas que nunca iría a mostrar a otros, como aquel vendedor de orfebrerías que hay en un poema de Kavafis, que mira cada tarde antes de cerrar la tienda y no muestra a sus clientes, algo así como cuando se hace el amor y se retarda el orgasmo…
-¿Por qué esos poemas llevan ese título de Moralidades, no es una contradicción con su tiempo y su manera de ser y pensar?
-Las moralidades, que gozaron de gran popularidad en la edad media, son dramas que se representaban en los atrios de las iglesias y catedrales y respondían al propósito de la Iglesia de ilustrar la actitud cristiana ante la muerte. El motivo central era la confrontación entre el Bien y el Mal en el alma de los hombres, aunque la obra siempre concluye con la redención de sus protagonistas. Los personajes de las moralidades no son santos o personajes bíblicos, sino alegorías. Mis poemas de ese libro continúan en la tónica de Compañeros de viaje, son moralejas sobre la hipocresía y la opresión, la amistad y las conversaciones de esos años de torvo franquismo…
-Hay quienes dicen que siendo usted catalán su patria es el español y su alma es inglesa, aparte de tenerlo como un aristócrata de izquierdas…
-Esas deben ser deducciones suyas propias Alvarado. No he oído que nadie en España diga algo así.
Para fomentar sus impertinencias voy a decirle que los Gil descienden de Alonso Gil, un caballero del rey Ramiro del reino de León. Gil quiere decir El Elegido o El Defendido, pero también hubo Gil en los reinos de Valencia, o en Andalucía. Mi abuelo Gil y Becerril casó con una Biedma y Oñate y a él se le ocurrió solicitar licencia para que sus vástagos usaran los dos apellidos fungidos en uno y desde entonces nos llamamos Gil de Biedma.
Mi lengua materna es el castellano, y en él he escrito todo. Pero mis apellidos tampoco son catalanes, en mi familia no se hablaba catalán y como le he dicho la guerra la pasé en Castilla y luego de la guerra, al volver a Cataluña, el catalán estuvo prohibido por años. Cuando hablo el poco catalán que conozco me avergüenzo de mi acento. Además yo aprendí inglés y francés antes de hablar catalán. En Inglaterra viví algunos meses durante los primeros años cincuentas, en una vieja casona de Eaton Place y como bien puede darse cuenta en su ignorancia yo visto y bebo como un inglés. Estuve en Oxford haciendo unos cursos de económicas, pero en verdad lo que descubrí en Inglaterra fue a Auden primero y luego a Eliot y a William Epson y Mathiew Arnold. Cuando fui a Inglaterra yo estaba intoxicado por la poesía de Aleixandre y la de Guillén. En inglés leí entonces a Spender y aun cuando había leído ya a Eliot en las versiones de Gaos, fue en Londres cuando pude darme cuenta de la magnitud de su obra, de la grandeza de su musicalidad, de su prosodia.
-Ángel González me dijo que usted era de izquierdas pero ya no ejercía…
-¿Cómo? Usted cree que con esta cabeza de romano, calvo, y con estos ojos azules, soy una suerte de terrorista oculto, o ¿qué? Pero si habré sido, digamos, marxista. De militancia nada, nunca he militado con nada ni con nadie. Yo no creo en esa tesis de que los intelectuales deben meterse a políticos, una cosa son los políticos y otra los intelectuales. Por eso un intelectual trajeado de político es un elemento peligroso, casi siempre terminan siendo tiránicos, sectarios, fanáticos del centralismo democrático y la tesis del partido único. Yo habré sido en cierto momento marxista, me atraía mucho el análisis marxista de la historia, ese arte de anunciar el pasado que decía Valera a partir de la consideración de Marx sobre aquello de que la anatomía del mono solo era compresible a través de la anatomía del hombre. Pero el marxismo es una doctrina difunta, como la novela, un asunto del ayer, de nuestro ayer. Queda sin embargo la ideología, las ideas que gestó, esa manera de sustentar la rebeldía del hombre contra los opresores, eso que uno entiende bien en países como el suyo, del Tercer Mundo, como Filipinas o Cuba. Incluso creo que mis lecturas y aficiones marxistas han quedado en algunos de mis poemas de esos años, pero si, creo que sigo siendo de izquierdas, y a veces, incluso en las noches, ejerzo, ejerzo…
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-Pasemos entonces a un tema que le seduce: la poesía…
-No creo que podamos definir la poesía, diría mejor que poesía es esa sensación de bienestar, de placer, de gozo que siente alguien cuando se lee, en voz alta, un poema. La poesía no es precisamente lo que sucede cuando se escribe el poema, poesía es el acto de ejecutar el poema. Un poema se hace para ser leído. El poema es poema mientras se lee porque es tiempo y tempo…
-Y ese hecho indefinible, ¿qué produce en el ejecutante y en el oyente, acaso el mismo efecto de la música, de la melodía?
-Pareciera que a partir del siglo XVII, la rotura de lo meramente narrativo que imperaba en el poema épico o el teatral, hubiese creado una separación entre el signo y sus valores, afectando nuestras sensibilidades de manera tal que ahora el poema nos conduce a una certeza de la fragilidad existente en la propuesta de realidad que hace el comercio y las ideologías. La poesía, el acto de ejecutar el poema, quiebra la verdad de las asociaciones que nos vende el mundo contemporáneo. La poesía ofrece imágenes del mundo, ni contradictorias ni univocas, que son la otra realidad, ni verdadera ni falsa, pero otras realidades. Unos saberes y conciencias de que la llamada realidad es apenas una creación del sujeto, de nosotros que deseamos el mundo…La poesía entonces es uno de los instrumentos mas eficientes para abolir aduanas, para derruir lugares de observación y vigilancia, para derribar las costumbres y las modas y nos hace entrar en una verdadera comunión entre las palabras y los hechos, las palabras y lo que ellas nombran…
-Pero si la realidad es una falacia cómo es que usted es un poeta de la experiencia, de la memoria de una realidad no conocida, ficticia...
-Tampoco debe olvidar que nada hay más artificial que la escritura. Escribimos porque somos entrenados en ese artilugio que pretende asir la realidad, como recuerdos o como actos del presente. Pero para poder transmitirlos y hacerlos poesía hay que crearlos, extraerlos de la manga del mago, del demiurgo, del poeta. Cuando hablamos de poesía de la experiencia no hablamos de contar lo que le ha pasado a uno, de una suerte de cotilleo de la vida nocturna de ayer, de las posturas amorosas del año pasado, poesía de la experiencia es escribir un poema donde la voz que se escucha cuando se ejecuta el poema sufre la vida, padece la existencia, hace sentir el recuerdo del placer o el dolor de las separaciones… Algo así como decía ese poeta inferior llamado Auden, la poesía de la experiencia es un anteproyecto verbal de la vida pasada o por vivir…
-Ahora hay en España muchos jóvenes poetas que le admiran, pero hay muchos más que le imitan…
-Es lamentable, eso no existía en mi juventud. Nosotros no aspirábamos al éxito social con la poesía, era otra cosa. El mundo editorial ha cambiado la condición de los poetas, hoy es posible ganar fama y fortuna y seguir siendo muy mal poeta, hay cientos de premios, de concursos, de verdaderas canonjías, que terminan por fomentar gildas poéticas, camarillas mafiosas…Y ciertamente es una vergüenza que haya tanto admirador suelto por allí. Al principio me halagaba oír que me citaban por la radio o alguien se acordaba de un poema o una línea mía, pero una cosa es la gente o el lector común y otra el gremio de los poetas y los escritores profesionales, aduladores de oficio…
-Mil gracias, querido y admirado poeta…
-De nada don Haroldo, de nada…
Harold Alvarado Tenorio, publicado en Vanguardia Dominical de Vanguardia Liberal, Bucaramanga, 22 de Mayo de 1984
El mundo novelesco no es más que la corrección de este mundo, según el deseo profundo del hombre. Pues se trata indudablemente del mismo mundo. El sufrimiento es el mismo, la mentira y el amor. Los personajes tienen nuestro lenguaje, nuestras debilidades, nuestras fuerzas. Su universo no es ni más bello ni más edificante que el nuestro. Pero ellos, al menos, corren hasta el final de su destino y no hay nunca personajes tan emocionantes como los que van hasta el extremo de su pasión, Kirilov y Stavroguin, la señora Graslin, Julián Sorel o el príncipe de Cléves. Es aquí donde nos alejamos de su medida, pues ellos acaban lo que nosotros no acabamos nunca.
(Novela y rebeldía, Albert Camus)
Por mucho empeño que muestren esa suerte de secundarios con ínfulas a los que les gusta presentarse como “agentes sociales”, siempre propensos a educarnos el gusto derramando ideología y colmando la faltriquera de humo enlatado con chorretones de infausto colorido acrílico, me gusta pensar que el Arte camina como quiere y por donde mejor le parece. El “así es la rosa!” de Juan Ramón, la conmoción que causa reconocerse en la obra de otro, nada tiene que ver con memorandums y subvenciones, lo pertinente triunfa huérfano de padre y madre, como un acto de dignidad, como esencia de proyección humana, la más poderosa razón para esperar y existir.
Para comprobar certezas como éstas no hay más que sentarse a la vera del camino en espera de noticia y acontecimiento. Y en estas andaba, entre el burgués hastío y las ganas de pelea, cuando di con la imagen que ilustra este artículo. Es obra de un joven fotógrafo, canadiense de Montreal, llamado Mario Jean (Aka Madoc). Lo conocí casi por casualidad, por indicación de un viejo compadre también aficionado a la cosa de la imagen. Un paseo por la web de Madoc nos descubre una retina privilegiada a la expectativa de cuanto ocurre alrededor. Es evidente que Mario posee un depurado dominio de la técnica, pero esto nunca es suficiente, poseer técnica sin alma creativa, sin inquietud para desterrar lo obvio y mostrar el verdadero interés que subyace tras la cotidianeidad es, sencillamente, perder el tiempo. Las imágenes de Mario Jean trasmiten esencia de humanidad, cualquiera se puede reconocer en ellas, urdiendo historias completas al pie de sus fotografías, historias de amor y sufrimiento, como casi todas las historias susceptibles de ser contadas. “Farine Five Roses”, por ejemplo, esa imagen de la vieja fábrica de harinas, varada como un pecio inerme entre los fríos canales de Montreal, con su nombre medio francés y medio inglés en rojo desvaído, haría una portada excelente para una novela que hable de esperanza y redención, de lucha por la vida en la era postindustrial. Más aún, haría por sí misma asunto de narración. Así se lo he hecho saber y le ha parecido una buena idea, es así como el espíritu generoso de unos alimenta el de otros, como se suele decir, a la hora de encontrar inspiración y motivo, nos aupamos a hombros de gigantes.