A menudo se presenta la excelente novela del escritor búlgaro Ilija Trojanov, como una contribución al entendimiento entre culturas, presuponiendo que el pensamiento cautivo de los convencionalismos culturales, erróneo por su propia naturaleza ilógica, posee algún valor en sí distinto del gusto por la tradición. Les puedo asegurar que nada de lo que he leído en sus casi 400 páginas me remite a semejante aserto. La fascinante epopeya de Sir Richard Francis Burton (1821-1890) a través de la India, la península Arábiga y el África profunda, enseña sobre todo a qué grado de esclavitud dialéctica puede llegar el ser humano cuando permanece cautivo de las creencias colectivas mal aprendidas desde la niñez. A través de la retina inquieta de un espía-antropólogo nada convencional, Trojanov nos presenta un bullente mosaico del mundo extraeuropeo de mediados del siglo XIX, el tiempo en que la India era la joya de la orgullosa corona Británica, Arabia permanecía administrada por el paradójico imperio Turco y África era sólo una promesa de aventura. Por mucho que ciertos críticos deseen arrimar el ascua a su sardina pringada de grasa ideológica, Burton comprende como se llega a ser intocable en la India, las razones que argumenta el Islam para no ingerir alcohol o la terrible realidad de la esclavitud en el África negra, pero no por eso comparte tan evanescentes situaciones, ni siquiera por un instante.
Queda, además, el desierto y la literatura. De las cualidades espirituales que el desierto inspira en el ser humano ya se ha dicho todo, “Este es, para mí, el más bello y más triste paisaje del mundo”, decía Saint-Exupéry en El Principito, tenía razón. En cuanto a la potente literatura de Trojanov, ya saben, es eslavo y ocurre que los eslavos encuentran con facilidad la esencia de las cosas, baste plasmar aquí una admirable reflexión, que encuentra a la capital del Nilo sólo vivible de noche: “El sol debe ponerse y la luna encogerse antes de que El Cairo se abra como una concha y revele su belleza en forma de siluetas. Las estrellas veraniegas, esparcidas sobre la invisible pobreza, hablan de un mundo mejor”.
“No, Monkey, pensé al haber recordado esto. A mí la vida me la quisieron servir como una tajada de queso —un triangulito suave, de bordes perfectos— y, desde aquel momento, hube de ingeniármelas para meterle mano al resto del molde, con corteza y todo, y para el resto de mis días, también.”
(Comienzo de “Manual de pistola automática”).
El primer verano cae amable en la ciudad y camino al encuentro del escritor limeño Juan Carlos Mústiga. Una conferencia internacional se lo ha traído y él, amable como es, me regala una tarde de sábado inolvidable. Porte criollo y sonrisa de paseante viajado del Callao, me recibe en el umbral de su hotel para contarme de su afán. Largo y prolijo afán, la Moleskine, que no grabadora, las grabadoras resultan inoportunas y poco veraces, echa humo. Así, entre las líneas de Vallejo y la poesía de mi hermano Pedro Granados, Juan Carlos Mústiga tienta a la vida probando mil maneras de caminarla, la docencia universitaria, la edición, el publicismo, el negocio de la pesca en la generosa plataforma litoral peruana, donde —nos dice— las licencias debiera concederlas Neptuno y no el gobierno, el periodismo y, naturalmente, la escritura, que es su mayor gloria, aunque Mústiga, como todos los grandes, no se concede ni un instante de egolatría.
Escribe a vuelapluma sobre cualquier cuaderno que le viene al paso, ni tiembla ni duda, la caligrafía —cómo le gusta el trazo— corre libre para decir, por ejemplo: “Soy peruano y viajo siempre a través de mi lenguaje, prisionero voluntario del habla de mi país”. Dicho esto, me ilustra con una palabra que casi me regala “macró”, afortunada corrupción limeña de quien sabe qué palabra francesa. Un macró es un malaje, un explotador de mujeres, un mal bicho de los que pueblan sus luminosas novelas. En “Manual de pistola automática” la desesperación conduce al protagonista a planear un asesinato, pero no sabe asesinar, para asesinar hay que nacer asesino y los personajes de Mústiga no lo son. En cambio, se convierte en contador de historias para su extorsionador, buena manera de enjugar una deuda imposible de sufragar, el mal de los tiempos, se diría.
Ahora prepara nueva novela urbana, “Prisionero en la calle” o en la ciudad, no se decirles, allí impostará algunas voces de su “Manual de pistola automática”, desde un punto de vista tal vez más amable, aunque igual de necesario. La tristeza endémica —nos dice— por la conciencia del paso del tiempo, el viaje permanente, la infancia evocada; en fin, literatura, que es de lo que se trata. En el ínterin hablamos de aficiones comunes, los hijos, el cine, los amores perdidos, el mar, la caza, que no pesca, submarina; sus tiempos como depredador a pulmón, junto a los viejos “rascaplayas” del Perú, pioneros del submarinismo en aquel luminoso país, todo ello reflejado en un libro delicioso: “Cuadernos submarinos”, que apenas ha subsistido un par de días sobre la mesilla de noche. Quedamos en pergeñar algún proyecto común, así sea, al lado de Juan Carlos Mústiga uno no puede más que mejorar, que buena falta hace. Mientras le dejo marchar, me ronda por el magín el misterio de aquella novela por encargo que inventó para su mentor, “Tormentos deliberados”, le quiso llamar, no se si por las vistitas rutinarias a casa de aquel inquietante mecenas que se conformaba con sus explicaciones y encontraba plausibles los vacíos de memoria que Mústiga salvaba a base de ingenio e invención, o por aquello de que sólo juntar letras ya hace sufrir. Es entonces cuando le sugiero que haga la novela de la novela, Borges, esto es seguro, no lo habría dejado pasar, Juan Carlos tampoco lo hará.
Juan Carlos Mústiga Benites (Lima 1958). Ha publicado los libros de relatos A pulmón (1986) y Una moral inquebrantable (1987); las novelas Tormentos deliberados (1996) y Manual de pistola automática (2005); y el libro de crónicas, Cuadernos submarinos (2006), alrededor del mar y sus testimonio como capitán, en varias oportunidades, de la selección peruana de caza submarina. Actualmente revisa una nueva novela titulada Prisionero en la calle.
Mañana, jueves 26 de junio, se presentará en la librería Arenas de A Coruña el último libro del profesor José María Peláez. “Héroes en el Olvido” es una hermosa novela histórica que refleja con sensibilidad y conocimiento los tiempos de la insurgencia gallega contra Napoleón. Allí estaremos acompañando al autor mi buen amigo el coronel-director del museo militar, José Navas Ramírez-Cruzado y el que suscribe. El acto tendrá lugar a las 20, 30 horas, por eso tildamos de épico el evento, competir con la semifinal España-Rusia no parece tarea fácil, en todo caso, les recomiendo vivamente la lectura de la novela, pertenece a la rara especie de las que se inician y ya no se sueltan. Esto nos cuenta de ella la promoción editorial:
En el marco de la terrible Guerra de la Independencia, pocos episodios históricos son tan fascinantes y poco conocidos como los que protagonizó la Insurgencia Gallega contra las tropas de Napoleón, que invadieron el territorio de Galicia a principios de 1809.
En sólo un mes, y después de que el ejército francés consiguiera la retirada y embarque del ejército inglés, Galicia ha rendido todo su territorio sin apenas resistencia por parte de las autoridades oficiales. Es entonces cuando estalla como un volcán la insurgencia popular. Surgen por todas partes guerrilleros y amotinados, labradores, artesanos y marineros, gente sencilla trasformada en improvisados combatientes de una insurgencia dispuesta a morir en defensa de su libertad. Serán conducidos por caudillos legendarios, como el Abad del Couto, capaces de conseguir increíbles acciones frente al mejor ejército del mundo. Son ellos los protagonistas de unos hechos que conducirán a la progresiva liberación de su territorio y a la heroica victoria final en la Batalla de Puente Sampayo.
El autor entreteje, en una fascinante historia novelada, la lucha de personajes históricos junto a otros de ficción arrastrados a contiendas, amores y venganzas. Todo ello en el seductor ámbito de la Galicia de costumbres ancestrales, influida por las creencias en embrujos y conjuros.
“Desde su soberbia, Napoleón no contaba que la puesta en acción de sus órdenes sorprendería en principio al pacífico búho gallego, pero que éste resultaría una peligrosísima ave rapaz, capaz de infligir muy serias heridas al águila napoleónica a la que conseguiría expulsar, para siempre, y maltrecha, de su propio territorio”.
Actualización: Mi buen amigo Manuel Arenas llama para anunciarme la suspensión del acto, buena medida, hay ciertos elementos contra los que resulta inútil batirse. La presentación quedará para otra día, ya anunciaremos cuando.
Pluralitas non est ponenda sine necesítate (Guillermo de Occam)
Uno camina con el tiempo limitado, pero no hasta el punto de transitar por lo cotidiano privado de ciertas intuiciones. No hay más que darse un paseo por la realidad, para colegir que vivimos en un lugar extraño, vinculado permanentemente al pasado, es decir, dependiente del pensamiento artificialmente complejo, donde lo evidente jamás aparece y todo se explica a través de increíbles retruécanos verbales subsidiarios de un modo absurdo de razonar. Algunos enlaces con los que he topado en casas cercanas ayudan a explicar todo esto.
Si Rafael Herrera nos recuerda que permanecemos inermes en manos de un lobby político fascinado por el derecho territorial y el privilegio artificialmente justificado por las cuitas de los bisabuelos, Berlin Smith nos enlaza con la realidad que deviene de semejante actitud. En consecuencia, observamos como los habitantes de un territorio, elevados a verdadera casta dominante por el presupuesto que debería atender a todos por igual, demandan, no se si mayoritariamente aunque bien poco les falta teniendo en cuenta los sistemas lingüísticos y educativos que imponen en sus feudos, la inmediata secesión del común hispánico. Presupongo que lo lógico en este caso sería no porfiar con el mal pagador, invitándole a salirse cuando quiera. Lejos de ello, la “clase” política, esa de los “miembros y miembras” interpone a la liberación moral mil excusas patéticamente legales, como si la ley en España no estuviese ya suficientemente desprestigiada por su errática trayectoria, dependiente en todo del aire que marcan los tiempos y las campañas electorales, donde; por ejemplo, hablar, escribir, español en España puede ser a la vez obligación y delito, una ley tan estúpida como aquella que en ciertos parajes prohíbe la ingesta de determinados animales por miedo a que se trate de tu propia abuela reencarnada.
La miseria historicista nos impide contemplar la impúdica desnudez del rey. Aquí, en la España de 2008 no somos ciudadanos iguales en derechos y obligaciones, esa es la verdad por más que se quiera disfrazar con groseros constructor epistemológicos. Los viejos canallas del FBI de Hoover solían aplicar el axioma: “Si te lo parece, es”; antes que ellos Guillermo de Occam aplicaba su navaja para encontrar la verdadera respuesta en lo evidente. Aquí seguimos explicándonos como los amondongados y sofistas bizantinos, peor para nosotros, permaneceremos esclavos de la historia, siervos de la arbitrariedad presupuestaria y el público adoctrinamiento.
Con motivo de los actos en celebración del Bicentenario del comienzo de la Guerra de Independencia en Galicia, cuando los coruñeses decidieron gallardamente alzarse contra Napoleón, el comité organizador del bicentenario y la asociación de recreación histórica “The Royal Green Jackets” nos han distinguido con la medalla de plata de la batalla de La Coruña. Un gran honor, que desde aquí agradecemos de todo corazón. Ahí tenemos una razón más para pensar que aquella trágica retirada de las tropas de Sir John Moore bien merece una novela, todo se andará. Fue, además, un acto entrañable, donde nos pudimos rodear del calor de viejos y nuevos amigos, los apasionados por la Historia vamos siendo multitud, que siga así por muchos años.
Me gustan los tipos del Country porque no buscan la componenda ni la laxitud. Son como son y no se casan con nadie, tienen sus reglas y se atienen a ellas. Consideran lícito emborracharse y aprovechar lo bueno que la vida proporciona, pero esto nunca será a costa de perderle el respeto a tu propia madre, tenga o no la maldita razón. He vuelto a ver aquella maravilla de 1980, Honeysuckle Rose, cuando el viejo Buck Bonham (Willie Nelson) se enamoró perdidamente de Lily Ramsey (Amy Irving) su cantante, situando en difícil tesitura a Viv Bonham (Dyan Cannon), esposa y compañera en tiempos difíciles. La película no ha perdido un ápice de frescura, ni musical ni argumental. El triángulo amoroso siempre ha gozado de buena salud literaria, pocos asuntos nos reflejan mejor. Resultan también inolvidables algunos cameos ilustres como la espectacular intervención de la bellísima dama del country-rock Emmylou Harris.
Hay muchas maneras de ejercer la sana costumbre de disculparse, de solicitar perdón y amparo; hacerlo ejecutando las dulces notas de una acústica a espaldas de tu desprevenida dama es, desde luego, una de las más sutiles y elegantes, así es esta gente, supuestamente han pasado de moda, qué gracia...
“Para un gallego es tierra ajena aquella en que no puede encontrar un crucero” Filgueira Valverde.
Mi buen amigo Juan J. Burgoa, que es marino, investigador y escritor infatigable, me remite gentilmente su último libro. Se trata de un monumental esfuerzo heurístico que ha dado como fruto una verdadera antología sobre lo mucho que escritores, poetas e investigadores nos han ido contando en torno al cruceiro gallego. Nadie se echa de menos aquí, desde Castelao, Cunqueiro o Vicente Risco, hasta mi admirado Carlos Alonso del Real. Desde el cancionero popular, hasta la lírica amable de Manuel María. En tiempos de mediano pasar se agradece el esfuerzo. Aquellas pedras-fitas, altariums del paganismo, mixtificadas luego con la epidérmica uniformidad cristiana, son y serán alta señal de las esencias de Galicia.
No hay parroquia en Galicia que no posea al menos una de estas obras fruto de la pericia de anónimos canteros. Se dice que se conservan bastantes más de 10.000, muchos bajomedievales, aunque la mayoría son producto de la explosión creativa del Barroco gallego. Signos destinados a concitar la telúrica positiva, la buena suerte, la salud del caminante y hasta el buen andar de los niños, mantiene el misterio de lo antiguo, nunca sabremos del todo qué son y qué significan en esencia; lo mismo que las vírgenes negras o los laberintos de las catedrales góticas, están ahí para recordarnos que sabemos bien poco de nosotros mismos, menos aún de los miedos y anhelos de los que nos precedieron, y aún así, resisten enhiestos para recordarnos que detenerse un instante en el camino, recapitular, reflexionar sobre lo que de verdad importa, siempre merece la pena. Un libro delicioso que no deben perderse.
O cruceiro na literatura
de Juan J. Burgoa Fernández
Colección Soláster
Ferrol-2008
ISBN: 978-84-95289-91-1
”Seré yo, será el silencio, allí donde estoy, no sé, no lo sabré nunca, en el silencio no se sabe, hay que seguir, voy a seguir." Frase final de “El innombrable”, Samuel Beckett
Bulgaria seis años después es la misma con los Ladas y los Trabant desterrados. Vehículos convencionales, tal vez con menos gadgets que los nuestros ocupan ahora su lugar. Junto a ellos, florece el capitalismo diferencial vía UE en forma de Bentleys, Ferraris y Porsches Cayenne; de estos hay más por hectómetro cuadrado en Sofía que en Madrid o París. Uno podría pensar que resta cierta esperanza alimentaria, pero es un espejismo, no hay modo de librarse de la “ensalada del pastor”: pepino, tomate, una especie de queso feta por encima y la solitaria aceituna negra observando nuestro desánimo desde la cumbre. Luego, era de suponer, pollo en brocheta o a la plancha, con suerte se obtiene un “mixed grill” con diversas categorías de cerdo especiado y hecho picadillo. La imaginación culinaria no puebla el ánimo eslavo, se supone que el desahogo económico todavía tampoco, aunque parecen estar en ello. Puede que sean legión quienes aún no quieren verlo, pero el mundo entero tiende a mostrarse razonable en punto de comercio y negocio, a pesar del todavía incomprensible éxito de las políticas provisoras e ingerentes; Fukuyama piensa que perder la estupidez es cuestión de tiempo, yo también.
Bansko es una estación de esquí que se ha puesto de moda en Europa. Su ubicación es excepcional, un valle alpino encajado entre tres cadenas montañosas, los Pirim allí mismo, y alrededor los amables Rila y los míticos Rhodope, patria del rey de la Tracia. Bansko es otro, se ha construido muchísimo y a precios sin competencia en Europa, uno puede esquiar aquí por un costo más que interesante, si tal, encontrará áspero el carácter eslavo y curioso el que casi nadie se produzca razonablemente en inglés. Pasamos noches inolvidables en el Hotel Bulgaria, bajándonos jarras y jarras de buen cabernet búlgaro, al final la conversación es siempre la misma, Kerry que es profesor y actor en Manchester, cree que restar, más que sumar, proporciona mas satisfacción creativa, por eso preferimos a Beckett sobre Joyce, no acumulemos material en espesos renglones, no hay tanto que decir. Beckett, de permanecer entre nosotros, sería un rendido admirador de la ensalada del pastor, no diremos que es brillante, pero si endemoniadamente minimalista, eso no se le puede negar.
Gretel y Aitana me cuentan de una nueva experiencia a caballo de la ola 2.0. El asunto apasiona nada más tomar contacto con él, una suerte de teatro al estilo blogosfera, con participación activa del público y todo el maremagnum de la red tras de si. La obra, naturalmente, se llamará "Segunda Vida" y será representada este jueves 17 de abril, a las 20:00 h, en el Centro Cultural Moncloa de Madrid. Se trata de que el espectador pueda fotografiar, plantear preguntas y participar en los debates, in situ y también en la red. Pinta francamente bien.
Aquí les dejo más detalles, vía Aitana Galán
Theatre: "Segunda Vida"
Networking: Público invitado (blogueros, avatares activos en SL, participantes de comunidades online, productoras, público de teatro, profesores, profesionales tecnológicos, periodistas digitales, instituciones culturales, periodistas ciudadanos, etc.)
Postworking: La conversación
•¿Qué os ha parecido la puesta en escena de "Segunda vida"? ¿Los mundos virtuales os parecen un juego o una realidad descargable?
•Conversación sobre la virtualidad y el cambio de la realidad. ¿Cómo afecta las influencias virtuales a todos los ámbitos de la vida?, ¿y a los temas tratados en el artes escénicas como espejo social? ¿Conforma lo virtual nuevas realidades sociales y artísticas?, ¿cuáles?
•¿Qué echáis en falta en las artes escénicas españolas para acudir con más frecuencia?, ¿Os parecen de calidad? ¿Cómo los blogueros pueden potenciar una cultura de público escénico?, ¿existe? ¿Os llega a través de canales adecuados la oferta cultural disponible?
Fastuoso arranque zapateril en tiempos de crisis. Aclara que pondrá a Caldera a “pensar” en torno a la ideología más fracasada de la Historia, convertirá a los militares en damas del consuelo y ejército de salvación y, a base de discriminación positiva, nos hará a todos iguales por mandato presidencial. Inevitable pensar en el orwelliano “todos los animales somos iguales; pero unos somos más iguales que otros”, en especial si uno se dedica a la política subvencionada por un fisco más ingerente a cada día que pasa. Es la enésima vez que se le ocurre que discriminar es bueno. Ya lo hizo antes con las lenguas vernáculas, mis hijos saben mucho de esto, ahora elegirán primero las que posean el sexo adecuado. Lo próximo ha de ser un ministerio de la negritud infravalorada, de los semovientes discriminados por merma de masa cerebral o del reino vegetal opreso. Todo puede ser con este triste iluminado henchido de egolatría, la factura la seguiremos pagando los de siempre.
Sostendrá Zapatero que esto calmará al Leviatán desbocado, también lo creyó en su día Luís Felipe José, Duque de Orleáns, cuando cambió su nombre por el de “Felipe Igualdad”, no obstante, su pasteleo con el delirio falsamente igualitario, su ratificación de la condena a muerte de su primo Luís XVI, de poco le valió. En 1793 sus nuevos amos pidieron su cabeza, es sabido que las ideas del progreso general por pertinente decreto nunca tienen bastante. Abandone toda esperanza quien posea algún tipo de habilidad mecánica o intelectual, algún mérito o cualquier suerte de capacidad, la pedrea estatal será colectivamente discriminatoria. Si vd. quiere medrar en medio de tan áspero panorama, intégrese oportunamente en el lobby privilegiado o cámbiese de sexo, tengo entendido que ahora lo subvenciona la Seguridad Social.
La verdad se defiende sola, la mentira necesita ayuda del gobierno.
(Antonio Escohotado)
Acudo fugazmente al congreso en torno a la escuela económica austríaca que se ha celebrado en la universidad de Santiago. Lástima no haber podido quedarme más tiempo, nada me gusta más que escuchar a otros hablando de economía política mientras fuera llueve a Dios dar. Y es que las cosas que tienen que ver con el modo en que se relacionan los hombres con la economía, esa hidra agreste, mueven al pensamiento subjetivo y apasionado más que otra cosa alguna. Como, además, voy creyendo que la ingerencia burocrática en asuntos de condumio y cobijo causan más males que beneficios al contribuyente, resulta muy instructivo ahondar en la historia de la predación organizada.
Abrió el fuego el profesor Miguel Anxo Bastos, con un asunto sugerente: “Los nuevos ludditas”, es decir origen, procedencia y desarrollo de los tecnófobos que en el mundo han sido, ese “odio a la máquina” que de cuando en vez aflora por medio del pensamiento de algún gurú económico. El profesor Bastos, pese a su juventud, es un clásico. Hay una especie de profesor compostelano, ya semiextinta, de tertulia en el café “Azul” y chorreo bibliográfico, que resulta inexportable. En ellos, divina verborrea, la mente apura más que las palabras, van de una esquina a otra de sus lecturas sin solución de continuidad, entretienen más que un Barça-Madrid. El primero de esa especie que tuve la suerte de conocer fue don Carlos Alonso del Real, capaz de comparar el cráneo de Ursula Andress con la osamenta de un Cro-Magnon; Torrente Ballester también era así, será cosa del granito y de la lluvia. Bastos, como sus colegas Pedro Arias o Miguel Cancio mantiene bien alto el pabellón de la vieja universidad, que ya apenas existe como tal.
Más tarde, Gabriel Calzada, del Instituto Juan de Mariana, realizó una muy notable exposición en torno a los desencuentros del autor del “De Rege” con el poder. Esto es muy pertinente, aquel colegio salmantino, de jesuitas combativos, sigue representando la verdadera gloria del pensamiento económico español. Antes que Bodin dieron con el fenómeno, nuevo para aquel mundo precapitalista, de la inflación. El “discurso sobre la moneda de vellón”, aquellas cosas que avisaba González de Cellorigo, siguen en absoluta vigencia.
Y así, a media tarde, vino la profesora María Blanco con el viejo Bastiat bajo el brazo. Es sabido que a Bastiat siempre se le ha hecho más caso en América que en Europa, y es lástima, porque probablemente ha escrito las líneas más lúcidas, realistas y divertidas de la economía política, claro que sus publicaciones tenían aspecto de panfleto, no de manual, Bastiat no tenía método, sólo sentido común ¿Cómo olvidar su narración del pleito ficticio de los fabricantes de velas franceses con el sol? Todo esto, recordado a través del bisturí literario de María Blanco fue, se lo puedo asegurar, un delicado placer. Esperamos ansiosos la publicación de las actas.
Y es que a partir de hoy podrán encontrar en quioscos y librerías mi novela “El Gran Capitán” también en la versión que acaba de editar Planeta de Agostini para su nueva colección de narrativa histórica. Ya sabrán que se trata de de una selección de 60 novelas recientes, muchas de ellas previamente publicadas por Edhasa, muy bien presentadas, en tapa dura y a un precio excelente.
Como es natural, uno se alegra de que a sus hijos les vaya bien y gocen de larga vida, si me permiten, más en este caso, porque sigo creyendo que las peripecias vitales de Gonzalo Fernández de Córdoba merecen ser recordadas, aunque sólo sea para certificar nuevamente aquello de que el que resiste, mejor si es con ingenio y un punto de humor, gana. Bien que lo demostró, aunque fuese a costa de sufrir la cuartana y los desaires de un rey que parecía apreciar su bolsa más de lo debido.