Secularizados, mística y obispos

Les suele gustar a los obispos un trato de distinción

31.12.18 | 14:55. Archivado en Crítica


Es muy frecuente que el obispo se sienta muy obispo, siempre obispo, en todas partes obispo. Tiene sus ventajas el hecho, pero si lo analizamos en conjunto tal vez acarree más males que bienes. El obispo ha de estar siempre sobre sí mismo para no sentirse más que los demás.

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Los canónigos

26.12.18 | 11:58. Archivado en Crítica

El caso es que desde hace setenta años decían que los canónigos no servían para nada, pero siguen. En mi época de seminario se comentaba: Jesucristo fundó la estirpe canongil cuando en el Huerto de los Olivos se dirigió a sus discípulos, los encontró dormidos, y les dijo: “Dormid ya y descansad”. No dejaba de tener humor la frase, pero nuestros queridos clérigos siguen y siguen. Y lo curioso es que pocos dicen “¡no!”, si el obispo les propone la bicoca. Algo apetecible tiene la profesión cuando pocos la desprecian.

Tuve un profesor, Jesús Lezáun, que ganó por oposición el oficio tan codiciado entonces. Y ocho años más tarde, renunció a la prebenda, convencido de que aquello poco tenía de evangélico. Otro cura tomó gozoso el relevo; además ya sin molestarse en preparar las tesis de Teología para el debate por el beneficio.

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Los numerosos sacerdotes llegados de la Iglesia Anglicana

21.12.18 | 11:50. Archivado en Crítica

Esperemos que pronto se regularice la ley del celibato clerical, aunque, ¿quién lo sabe? Porque las protestas sobre esta ley se han sucedido durante todos los siglos, desde que se fue implantando.

En tiempos todavía recientes, la revista “El Reinado Social del Sagrado Corazón” enero 81 publica lo siguiente: “En 1976 un grupo de 63 sacerdotes de la Iglesia Episcopal entraron en contacto con la Conferencia Episcopal de EE.UU. Estaban disconformes con la aprobación que su Iglesia anglicana había dado para la ordenación de mujeres. Según las agencias, los sacerdotes serán ordenados de nuevo al ingresar en la Iglesia Católica y podrán permanecer con sus mujeres”.

El tema de la ordenación de los sacerdotes anglicanos es para mí el más grave. Si son ordenados de nuevo porque su ordenación era inválida, se trata de ordenar sacerdotes a personas casadas, ¿por qué entonces la negativa a que el tema sea planteado sobre la ordenación sacerdotal a casados católicos? Por otra parte, ¿se puede pensar en invalidez de las órdenes anglicanas? ¿No significan nada los acuerdos a que llegó la comisión católica – anglicana, creada por Paulo VI y el que fue Arzobispo de Canterbury, doctor Ramsey? Una ordenación en estos momentos echaría por tierra la labor de años de trabajo serio y causaría serias dudas sobre la posibilidad ecuménica de la Iglesia Católica.

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Un argumento muy utilizado a favor del celibato sacerdotal

16.12.18 | 11:57. Archivado en Crítica


Siempre me ha llamado la atención este argumento: “Jesucristo es virgen, hijo de madre virgen, por eso el sacerdote ha de ser virgen”. Lo he leído muchas veces, y en muchas ocasiones lo he escuchado a predicadores, ascetas y místicos. Incluso me lo han echado en cara cuando a alguien le he dicho que debieran conceder a los sacerdotes, mal denominados secularizados, seguir ejerciendo el ministerio sacerdotal.

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Saber discernir

11.12.18 | 13:11. Archivado en Crítica

Siempre me ha preocupado la cuestión del discernimiento interior, sobre todo cuando recibo en la oración ciertas mociones, ocurrencias, pensamientos que me parecen que vienen de Dios. San Juan ya nos sugiere “... No os fiéis de todo espíritu, sino examinad los espíritus, a ver si son de Dios".
Hay algunas normas para saber discernir. San Pablo y San Ignacio de Loyola nos sugieren algunas:
- Las obras del espíritu son: caridad, paz, alegría longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia. Las de la carne: fornicación, impureza, lujuria. (Gal. 5 Ef. 5 Rom. 7)

- Los dones del espíritu son los que edifican la Iglesia (1 Cor 14,4)
- La fuerza en la debilidad es otro de los signos de discernimiento del Espíritu según 1 Tes. 1,4 y 2 Cor 2,4...) Así vemos en los Apóstoles que eran pobres e ignorantes y con gran fortaleza llevaron a todas las partes la "Buena Nueva".
- Otro signo del Espíritu es la luz y la paz según 2 Cor. 7,10
Otro, la comunión fraterna 1Cor. 13, que hace respetar y amar los carismas de los otros.
El criterio supremo de discernimiento según San Pablo es ‚este:
"Nadie, hablando en el espíritu de Dios dice 'maldito es Jesús', ni nadie puede decir 'Jesús es el Señor', sino el Espíritu."

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El Papa denuncia el afán de hacer carrera y de poder dentro de la Iglesia

06.12.18 | 11:34. Archivado en Crítica

El Papa Benedicto XVI denunció hoy que también entre los hombres de Iglesia existe el afán de hacer carrera y la ambición del poder, y aseguró que la Iglesia “sufre” por el hecho de que esas personas “trabajen para ellos mismos y no para la comunidad”.
El Pontífice hizo estas manifestaciones ante varios miles de fieles que asistieron en el Aula Pablo VI del Vaticano a la audiencia pública de los miércoles, en la que resaltó la figura del santo español Domingo de Guzmán (Caleruega, Burgos, 1170- Bolonia, Italia, 1221).

Al hablar del fundador de la Orden de los Predicadores, el Obispo de Roma dijo que cuando Domingo de Guzmán fue elegido canónigo de la catedral de Osma, ese nombramiento podía representar para él motivo de prestigio tanto en la Iglesia como en la sociedad, pero no lo tomó así, sino como un servicio que cumplir con dedicación y humildad.
“¿No es una tentación el afán de hacer carrera o la ambición de poder?”, se preguntó el Papa, que respondió que a esa tentación “no son inmunes ni siquiera los que tienen un papel de gobierno en la Iglesia”.

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La predicación hoy

01.12.18 | 11:30. Archivado en Crítica

De verdad: es raro oír predicar bien hoy. ¿Por qué será? No me refiero a algunos curas barraqueros que toman el micrófono por su cuenta, dicen cuatro vaguedades con desparpajo y se van. No abundan los predicadores barraqueros; con ellos no van estas líneas. Pero hablo de los que preparan su homilía. La dicen bien y me doy cuenta porque les presto atención, e incluso es aprovechable paa mí su idea, pero no calan ni siquiera en los pocos que le atienden; no saben dar un mensaje, nos dejan fríos; y los que se acercan a misa para cumplir, ni se enteran: permanecen en su distracción.

No se dan cuenta estos curas de que a la gente le cuesta atender; llevan en la mente sus rutinas y pasan el tiempo en misa abstraídos en su mundillo. Para atender a estos sacerdotes es preciso ir a misa con todo el propósito de participar, estar atento y orar; y por desgracia no es común, ni siquiera en nuestros días en que ha disminuido la participación eucarística hasta mínimos.

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Progresistas: unos son honestos y potivos; otros, absurdos.

26.11.18 | 11:41. Archivado en Crítica


Dentro de los progresistas hay dos clases, pero algunas veces, un mismo individuo se apunta a las dos. Y ¡cuánta diferencia entre las dos tendencias del progresismo!

Los progresistas absurdos. Son quienes en la Teología, en la ciencia de Dios, del que sabemos muy poco por la razón - mucho más por la revelación - intentan con su sabiduría humana lo imposible: avanzar fuera de control dentro del misterio, como si su inteligencia humana pudiera añadir o quitar algo a lo definido. No dudo de que con frecuencia comienzan en esta gimnasia intelectual con buena voluntad. Pero luego les entra el orgullo y, bajo el nombre de ciencia, pretenden marchar por vericuetos ajenos al magisterio de la Iglesia.

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Seguimos igual que hace medio siglo

22.11.18 | 11:52. Archivado en Crítica

Celibato sacerdotal: así salí de él

Copio literalmente la carta que he recibido. Omito los datos personales de la misma. Constanto que en pleno siglo XXI y con el Papa Francisco, estamos igual que hace más de medio siglo. Es hora de quitar muros, abolir la nefasta ley del celibato clerical ya de una vez… Demasiados escándalos se han experimentado. El celibato de los clérigos, sí, deja las manos más libres a los jerarcas, fundamenta más la casta clerical, pero no es evangélico y van ya denasiados escándalos. Pero leamos esta carta de 2016 que podía haberla escrito yo o uno de mis amigos secularizados en el año 1965.

“Embotado” de lo vivido en los últimos meses ante la urgente necesidad de tomar una decisión. En aquellos meses escribí muchas cosas que analizaban lo que viví, los sentimientos, la “nueva vida”, mi futuro: “laboral”, “social”, “familiar” y eclesial…

Hasta ese día todo lo había vivido en la Iglesia como cura. Fueron meses duros, llenos de juicios, de enfados, silencios y soledad, un tiempo claro de conversión que dio sus pequeños frutos. Al ir resolviendo el tema laboral con la cobertura ofrecida por la Diócesis, tal como le indiqué al Vicario General no fruto de una iniciativa piadosa de nadie sino una cuestión simplemente de justicia de esa que tanto nos gusta hablar los domingos a la gente, empecé a vivir la “ausencia” de la Iglesia.

Después de la última conversación con el Sr. Obispo el martes 24 de enero de 2012 donde me comunicó que definitivamente abandonara el ministerio estuvimos hasta el 14 de febrero de 2013 para encontrarnos, un año. Ya no digo mis hermanos presbíteros “ausentes”; los más cercanos, con los que trabajé por 12 años, todos, excepto el que me sustituyó y por razones obvias, todos, no han hecho ni una llamada. Nada de nada... Que bonitas homilías el día de San Juan de Ávila.

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Jesús en la Eucaristía se reviste de sencillez, muy distinto de los que mandan

16.11.18 | 11:22. Archivado en Crítica

Pienso mucho en Jesús Eucaristía; es para muchos cristianos como el motivo, la línea matriz, el enfoque de toda su vida interior. Veo a Jesús Sacramentado todo lo contrario de los reyes y las altas dignidades humanas: ellos gustan de ataviarse con ornatos que los distingan de los demás ciudadanos. Son distintos y superiores.

Y ¿por qué no decirlo? Lo vemos normal; los hemos conocido así de siempre. Se trata de unos disfraces admitidos que, sobre todo a los más débiles e incultos, les llenan de admiración, respeto e incluso veneración.

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¿Cómo te atreves a escribir a los Obispos? Quedé perplejo. 30 abril 2002

12.11.18 | 11:14. Archivado en Crítica

Querido amigo Don X: Fue para nosotros muy gratificante el encuentro contigo del 8 de abril, cuando estábamos terminando nuestro retiro de Pascua en la capilla del Hospital de Pamplona. Unos días después llegó la noticia de tu cese como obispo residencial, que deseo hayas acogido con el gozo que da el descanso y el poder dedicarse más a la oración, ilusión de todo apóstol, después de largos años de ministerio. Pido al Señor por tus familiares que estaban enfermos; mucho te va tocando a lo largo de la vida, pues sois muchos hermanos.
Quedó pendiente para mí el dar respuesta a una pregunta que me hiciste, porque se desvió la conversación por otros derroteros. Me dijiste, cuando me presenté: "¿Cómo te atreves a escribir a los obispos?"

Es una pregunta que yo mismo me he hecho muchas veces. Y, a pesar de que mis escritos son siempre llenos de respeto y consideración a vuestra dignidad sacramental, me encuentro lleno de apuro interior cada vez que escribo a mis queridos obispos. Pero es como una exigencia, como un impulso y deseo constante de la oración. Durante muchos años lo he hecho en conjunto con Don Félix Beltrán, que firmaba conmigo, y con Don Miguel Sola que, aunque no firmaba, nos estimulaba e incluso él quería colaborar costeando los gastos de envío. Los dos han muerto en olor de santidad, y me he quedado solo con una mayor perplejidad de seguir adelante. Sé que no soy digno de nada, pero me parece que el Señor me lo sigue pidiendo y mis dos amigos me estimulan desde el Cielo. Y es que, aunque sé muy poco de toda la problemática de los obispos, algo sí sé a través de las más de quinientas cartas que conservo de ellos y de algunas conversaciones privadas que he mantenido con varios.
De todos los modos tal vez puedas comprender un poco mi atrevimiento, si te analizas a ti mismo, al comprobar el apuro enorme que te dio aceptar el episcopado. Estoy seguro de que también dirías: "¿Quién soy yo para tal honor y para una misión tan difícil?" Y es que las personas somos tan poca cosa con relación a Dios...

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La vestimenta clerical: sotana, clergyman, vestido seglar

07.11.18 | 11:50. Archivado en Crítica


El tema siempre es de actualidad, y creo que siempre encontraremos las dos tendencias antagonistas. Existen razones para todo. Yo expreso también mi opinión. Costó sudores y disgustos abandonar el sombrero de teja, la coronilla, la sotana y otros atuendos clericales. Hubo tiempos en que los moralistas consideraban pecado mortal el hecho de dejar por varios meses la cabeza sin tonsura.

Los ordenados de menores, si lo hacían, perdían ya el privilegio de ser clérigos. ¡Casi nada! Hoy ni siquiera los obispos visten sotana por la calle. Lo han sustituido por el traje seglar con alzacuello. Pero la mayoría de los sacerdotes – sobre todo los mayores – visten del todo como cualquier ciudadano.

Un obispo le decía a un cura suyo, ya mayor: “Pareces un camionero”. Y se quedaba tan ancho. Creo que todavía es una exigencia disciplinar el que se distingan los curas de los seglares por su manera de vestir. Pienso que es hora de suprimir este mandato que a nada conduce.

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Jueves, 21 de febrero

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