Secularizados, mística y obispos

Urbano Larrea Maestu, sacerdote sencillo y virtuoso.

21.01.19 | 11:00. Archivado en Ejemplos de vida

Urbano Larrea Maestu, sacerdote sencillo y virtuoso.

Don Mariano Laguardia fue un rector del Seminario de Pamplona cuando aquel cenobio era el mayor del mundo, con mil candidatos al sacerdocio. Un día llamó a Urbano Larrea y le dijo:

- Estoy muy preocupado por tu salud. Te pido que lo pienses bien; a mí me quitarías un quebradero de cabeza si te fueras a casa, porque no sé si, con una salud tan precaria, vas a poder ejercer el ministerio.
- Don Mariano – le responde nuestro amigo – déjeme continuar. Yo espero recobrar la salud. Yo tengo vocación de sacerdote, déjeme.

¿Quién iba a decir al tal Don Mariano que nuestro Urbano Larrea iba a llegar a cumplir 91 años y 65 de sacerdocio bueno y santo? Esto recordábamos hace menos de dos meses él y yo, cuando felicitaba a nuestro amigo en la gloriosa efeméride de su santo.

Hay muchos sacerdotes buenos de verdad, yo los conozco. Uno de ellos, y de los mejores, es Urbano Larrea. Murió en vísperas de Nochebuena del pasado año 18, cargado de experiencia y lleno de amor a todos. Lo conocí en el seminario de Pamplona, él me adelantaba en la carrera eclesiástica. Andaba bien en los estudios, cumplía bien el reglamento, destacó por su sencillez y simpatía con todos. Había nacido en Lerín (Navarra) el 31 octubre de 1927 “en un hogar hondamente religioso, en el que hubieron de trabajar duramente para sacar adelante a sus hijos. Con 13 años cumplidos solicitó la entrada en el Seminario. Fue ordenado sacerdote el año 1953, junto con otros 29 jóvenes”.

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Exiges fidelidad. Puntos de meditación 21-1-19

21.01.19 | 05:10. Archivado en Espiritualidad - Mística

1.- Dios mío, me exiges fidelidad a mis compromisos cristianos, a mi deber de entrega, a mi sacerdocio; fidelidad de larga duración, hasta la muerte; deseo serte fiel y pido tu ayuda.

2.- Dime tus mandatos, y ayúdame a cumplirlos. Aumenta en mi alma el sincero deseo de alcanzar la perfección; y guíame por esos caminos difíciles y solitarios, que no se pierda mi alma.

3.- El deseo de santidad me dispone para recibir el don de lo Alto; conserva, Señor, y aumenta cada día en mí el deseo de santidad. Dadme, Señor, el don de oración, el don de abnegación, la perseverancia final, celo para la salvación de las almas; aumentar el hambre de Dios.

4.- Tú, Señor, eres el que mejor me conoces; me sondeas y me guías; dame fuerza; tu Sabiduría sabe hasta dónde llega mi capacidad Confío en Ti.

5.- Que brote en mí esa llama interior como un fuego sagrado que llevo dentro; que esta luz y fuerza me vaya conduciendo hacia Ti. Te lo pido, Padre, por medio de tu Hijo Jesús.

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Sábado, 16 de febrero

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