Secularizados, mística y obispos

Tonsura y primeras órdenes

23.11.18 | 11:37. Archivado en Secularizados de ambos sexos

Y ha llegado el 24 de noviembre de 1956: El día de los sueños de mi vida. El día de mi ilusión. Alegre sonaba la campana; alegres los primeros momentos. Estaré en retiro hasta las cinco, y a las siete recibiré la tonsura clerical.
Saboreo en estos momentos la intimidad con Jesucristo. Amarle, como Pedro después de su caída: Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te amo. Y que mi amor al Señor se traduzca en obras. Confiar en Él plenamente.

El Señor va a ser la parte de mi herencia; ¿qué me importa el mundo? Darme al Señor por completo "¡Estos recibirán la bendición de Dios!" Estos eran mis sentimientos minutos antes de la tonsura. Después, me desbordaba la ilusión y el gozo.

¡Cuántos años esperando este momento sublime; cuánta lucha; cuánto trabajo! Y escucho pronunciar mi nombre en latín; y doy la respuesta con una sola palabra: "adsum"; aquí estoy. Pronuncio con el señor Arzobispo las frases en latín: "El Señor es la parte de mi herencia; Tú, Señor, el que me devolverás mi herencia". Y me envuelve como un halo del Espíritu Divino al recibir la sobrepelliz blanca del hombre nuevo, mientras suena la canción mariana de la entrega: "Madre del alma mía, Reina del Cielo... Llévame, Virgen María, al Señor en estos primeros pasos de la clericatura.

Se va perfilando el sacerdocio y le hablo al Señor con el alma y el corazón: No soy digno. Pido que su nombre sea conocido y honrado por todo el mundo. Peticiones universalistas. Después me he ido acordando de todos los familiares, Iglesia, de todo. Sé que estas cosas son externas y lo de verdad importante es lo espiritual, lo interior, lo profundo.

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El Padre se complace. Puntos de meditación 23 -11-18

23.11.18 | 05:14. Archivado en Espirtualidad mística

1.- El Padre se complace en el alma en que advierte semejanza con Jesús. Señor, así tiene que ser. Por algo se oyó tu voz que decía: "Este es mi Hijo muy amado en el que pongo mis complacencias".

2.- Tiempo y lugar de prodigios, de teofanías, aquél del bautismo de Jesús. Padre, te pido por mediación de tu Hijo, imitarle. Él era manso y humilde de corazón, ayúdame a imitarle en esa mansedumbre, en esa humildad. Ha habido tiempo en que me creía humilde porque delante de ti me sentía pecador.

3.- Pero me doy cuenta de que la soberbia brota en cualquier momento cuando trato con mis semejantes. Ahí se ve la humildad, porque ¿qué creyente va a ser soberbio delante de Dios? La humildad aparece y se muestra en el trato con el prójimo, con los hermanos y amigos, con los adversarios, con los indiferentes, con los conocidos y desconocidos.

4.- Padre, ayúdame a ser humilde en esto, porque ahí está la humildad; en no querer tener la última palabra; en no criticar al prójimo, como si yo fuese el bueno y los demás fueran los malos. Definitivamente me siento soberbio, pero quiero ser humilde. Para ser humilde tengo motivos: todas las gracias que he recibido y no he sabido o no he querido aprovecharlas. Perdona mis pecados, mira que no te he sido fiel y necesito mucho de tu misericordia. Mantenme en tu amistad.

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Domingo, 17 de febrero

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