Secularizados, mística y obispos

Seguimos igual que hace medio siglo

22.11.18 | 11:52. Archivado en Crítica

Celibato sacerdotal: así salí de él

Copio literalmente la carta que he recibido. Omito los datos personales de la misma. Constanto que en pleno siglo XXI y con el Papa Francisco, estamos igual que hace más de medio siglo. Es hora de quitar muros, abolir la nefasta ley del celibato clerical ya de una vez… Demasiados escándalos se han experimentado. El celibato de los clérigos, sí, deja las manos más libres a los jerarcas, fundamenta más la casta clerical, pero no es evangélico y van ya denasiados escándalos. Pero leamos esta carta de 2016 que podía haberla escrito yo o uno de mis amigos secularizados en el año 1965.

“Embotado” de lo vivido en los últimos meses ante la urgente necesidad de tomar una decisión. En aquellos meses escribí muchas cosas que analizaban lo que viví, los sentimientos, la “nueva vida”, mi futuro: “laboral”, “social”, “familiar” y eclesial…

Hasta ese día todo lo había vivido en la Iglesia como cura. Fueron meses duros, llenos de juicios, de enfados, silencios y soledad, un tiempo claro de conversión que dio sus pequeños frutos. Al ir resolviendo el tema laboral con la cobertura ofrecida por la Diócesis, tal como le indiqué al Vicario General no fruto de una iniciativa piadosa de nadie sino una cuestión simplemente de justicia de esa que tanto nos gusta hablar los domingos a la gente, empecé a vivir la “ausencia” de la Iglesia.

Después de la última conversación con el Sr. Obispo el martes 24 de enero de 2012 donde me comunicó que definitivamente abandonara el ministerio estuvimos hasta el 14 de febrero de 2013 para encontrarnos, un año. Ya no digo mis hermanos presbíteros “ausentes”; los más cercanos, con los que trabajé por 12 años, todos, excepto el que me sustituyó y por razones obvias, todos, no han hecho ni una llamada. Nada de nada... Que bonitas homilías el día de San Juan de Ávila.

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Contemplo, Jesús, tu cuerpo en la cruz. Puntos de contemplación 22 -11-18

22.11.18 | 05:29. Archivado en Espiritualidad - Mística

1.- Contemplo, Jesús, tu cuerpo en la cruz; agonía lenta la tuya, Señor; y los que te querían, nada podían hacer por ti, sino acompañarte en el dolor. Ahora, Jesús, nos permites cumplir en nuestros miembros lo que falta a la pasión de Cristo.

2.- No me resigno a acompañarte meramente con un sentimiento de compasión. Ahora eres feliz del todo en el cielo y ese sentimiento tan solo me beneficia a mí, a mi vida interior y mi fervor. Sí, Jesús, dame ese sentimiento, pero dame sobre todo un fervor más activo, que sea eficaz en tu Reino.

3.- "Tengo sed", decías desde la cruz. Que mi alma tenga sed de ti, Señor; que me abrase esa sed de amor a ti, de tal modo que de una manera espontánea llegue sin ningún rubor a ser mensajero de tu Evangelio, de tu amor.

4.- Sé que todos hemos de decir "siervos inútiles somos", pero a la vez, por medio de esos siervos inútiles vas extendiendo tu Reino. Concédeme esa sed de almas. Mira Señor este mundo, este tu pueblo que se aleja de la verdad y del amor. Ten compasión de nosotros. Envíanos tu luz y gracia para salir de esta crisis.

5.- Perdona mis pecados, mira que no te he sido fiel y necesito
mucho de tu misericordia. Mantenme en tu amistad. Y dame sed de almas, sed de ti, Señor. Te lo pido todo por medio de Jesucristo tu Hijo, y por medio de su madre y nuestra, María.

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Martes, 19 de febrero

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