Secularizados, mística y obispos

Confidencias al clero GLORIA A DIOS

20.11.18 | 17:17. Archivado en Confidencias al clero

¡Cuántas veces le he dicho a Dios que le amo! Y, la verdad, cosa buena es. Pero no basta con tomar complacencia de los bienes de Dios. No basta siquiera con desear la gloria y el amor de Dios en todo el mundo. Es necesario ofrecernos a El cada uno de nosotros. Es preciso esforzarnos en cumplir su voluntad. ¿Cómo puede uno con verdad manifestar su deseo de la gloria de Dios, si no la procura en todos los actos de su vida? Este era nuestro comentario después de los últimos ejercicios espirituales. Lo recuerdas. Pero no hemos de olvidar nuestras decisiones de aquellos días de fervor. Las vamos a fomentar con éstas nuestras confidencias.
Por eso en la oración hemos de formar propósitos y deseos de cumplir la voluntad del Señor.

Dios nos quiere comunicar su vida, su felicidad, su luz, su amor. Cada día me convenzo más de ello. El único problema, creo yo: resulta difícil y molesto disponerse para recibir ese tesoro. De lo contrario, habría colas para comprar libros de espiritualidad, para ir a visitar a Jesús, para confesarse.
El problema es la fe, la dificultad, el apego a las mil cosas
entretenidas de nuestro entorno..
¿Qué pueden suponer las riquezas, los puestos distinguidos, los títulos universitarios y de nobleza en comparación de la intimidad con Dios en su Trinidad? Y sin embargo ¡a qué pocos interesa! Debemos ir proclamando nuestra vivencia de fe y amor a Dios. Llevar hacia adelante esta idea maravillosa.
Estamos como desterrados en el mundo en espera de la patria para la posesión completa de Dios. La fe nos permite desarrollar en nosotros el sentido de Dios, el instinto de lo divino. ¿A qué entretenernos tanto en lo efímero? Trabajar, sí. Es necesario. Tratar con personas también; es necesario. Pero nuestro gozo pleno y total, ponerlo en Dios que nos guía y nos espera.

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Los niños de la llave

20.11.18 | 11:39. Archivado en Actualidad

¡Menudo problema tenemos hoy con los niños de padres separados, divorciados o simplemente de aquellos progenitores que apenas paran en casa fuera de los fines de semana! Tan grande es la cuestión que psicólogos, pedagogos, sacerdotes y los mismos padres afectados andan de cabeza. Se trata de una epidemia moderna que más vale prevenirla que buscar soluciones a posteriori. A estos chavales de entre nueve y dieciséis años que viven en una especie de soledad familiar se les denomina “Los niños de la llave”.

Un día el padre o la madre entrega a su hijo de once años la llave de la casa, con cierta solemnidad y confianza, en la seguridad de que nada malo le va a suceder. Y sí, en apariencia reaccionan bien los niños, no son objeto de robos, ni arman jaleo en el domicilio, pero allí están solos, en una época en que la presencia de sus progenitores es del todo necesaria. ¿Qué sucede? De momento nadie lo advierte, pero a la larga aparecen los malos efectos. Se quejan los profesores del fracaso escolar de estos alumnos; se descubre con frecuencia en ellos un estado de ansiedad que ha de ser atendido por psicólogos o psiquiatras; muchos son cada vez más tímidos, poco sociables, con dificultad para el trato con los compañeros; van creando en sí mismos cierto hábito de aislamiento… Pueden parecer más valientes y autónomos, pero su personalidad no madura de manera satisfactoria.

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Pedro en la pasión. Puntos de meditación 20 -11-18

20.11.18 | 04:36. Archivado en Espirtualidad mística

1.- Pedro seguía a Jesús en la pasión; a lo lejos, Señor, ¿cómo te voy siguiendo yo a lo largo de mi vida?

2.- Pedro también cuando te negó te admiraba, pero con un fervor pre - pascual; como acostumbro yo. ¡Cuántas veces me repito los versos de San Juan de la Cruz: "Acaba de entregarte ya de vero!" Y siempre con las mismas reticencias.

3.- Perdóname, buen Jesús, y dame tu fuerza y tu valor para seguirte de una vez con ese fervor de los Apóstoles. Tengo ganas, pero enseguida me escudo en alguna falacia.

4.- Pedro negó a Jesús ante el peligro de confesarlo en momentos de peligro. Yo no le he negado, pero no tengo el suficiente coraje para seguirle: ayúdame a seguirte.

5.- Tú miraste a Pedro después de su caída. También me miras a mí. Tú sabes que te amo. Cantó el gallo después de la negación de Pedro. Y Pedro lloró con amargura su apostasía. También a mí me miras, Señor. Me dejo mirar de Jesús. Mírame con indulgencia, como el médico que cura la enfermedad. Deseo recibir tu salud y tu gracia. Ten misericordia de mí. y ayúdame a serte fiel, como Pedro después de la Resurrección.

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Martes, 19 de febrero

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