Secularizados, mística y obispos

TOMAR LA ANTORCHA

16.11.18 | 17:09. Archivado en Eucaristía

Hoy algunas personas maduras llevan encendida la antorcha de la fe y del amor eucarístico. Sin dejarla nosotros los mayores de nuestras manos, hemos de buscar otros adoradores que nos acompañen y sean ellos mismos, jóvenes, quienes aviven esta llama de amor al Sacramento. Me emocionan las cartas de un religioso, todavía no sacerdote, que está inflamado de amor a Jesús. Me alegran los mensajes encendidos por el fuego del amor al divino prisionero del Sagrario, y más aún cuando proceden de una persona que no ha llegado a los cuarenta.

Todos juntos hemos de transmitir lo que Dios nos ha dado por su gracia; es un deber, una responsabilidad y nuestro gran honor. Cada uno hemos de hacer germinar esas semillas que se desprenden de nuestros frutos ya del todo maduros. Procurar que caigan en corazones jóvenes, sin desalentarnos por aparentes fracasos. En largas horas de adoración hemos asumido el compromiso de encender numerosos puntos de luz, que se han de convertir en antorchas, y tal vez en hogueras de amor eucarístico. Jamás puede terminar la era eucarística de nuestros santos, Pedro Julián Eymard, Micaela del Santísimo Sacramento, Don Manuel González, el padre García Nieto y otros muchos que nos precedieron. Quienes hemos recibido el don de Dios en el silencio de nuestros Sagrarios, nos hemos comprometido a llevar al Señor a todas las partes, a ser reflejo de su doctrina y signo alegre de la salvación.

Nuestra antorcha seguirá iluminando en la oscuridad de este mundo paganizado me incendiará muchos corazones. ¡Por siempre seas bendito y adorado Señor Eucaristía! Que siempre ardan nuestros corazones en tu amor.

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Jesús en la Eucaristía se reviste de sencillez, muy distinto de los que mandan

16.11.18 | 11:22. Archivado en Crítica

Pienso mucho en Jesús Eucaristía; es para muchos cristianos como el motivo, la línea matriz, el enfoque de toda su vida interior. Veo a Jesús Sacramentado todo lo contrario de los reyes y las altas dignidades humanas: ellos gustan de ataviarse con ornatos que los distingan de los demás ciudadanos. Son distintos y superiores.

Y ¿por qué no decirlo? Lo vemos normal; los hemos conocido así de siempre. Se trata de unos disfraces admitidos que, sobre todo a los más débiles e incultos, les llenan de admiración, respeto e incluso veneración.

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En mi naufragio. Puntos de meditación 16-11-18

16.11.18 | 04:53. Archivado en Espirtualidad mística

1.- Señor, celebro este año el cincuenta aniversario de mi entrega a ti. Tenía quince; recién salido de la niñez; en mi segundo año adolescente. Tú, Dios mío, no lo necesitas recordar, pues eres Dios y todo lo tienes presente.

2.- Me embarga el alma la emoción al mirar aquella iglesia de Laguardia en aquella tarde de agosto, cuando todo era paz y armonía y el sol se dibujaba sobre el altar, sobre el sagrario. Aquello parecía el cielo. Yo, Señor, nunca me separaría de ti. Lo recuerdo a menudo y me hace bien. Han pasado ya cincuenta años; cincuenta años de amarte y de sentirme amado de ti; cincuenta años de entrega.

3.- Soñaba yo entonces, Señor, con ser santo como el cura de Ars; vivir de amor siempre contigo. Soñaba en jamás separarme de ti. Mis necesidades de alimento las cubriría como él: con un puchero de patatas para toda la semana; mi sacrificio sería el alimento de mi alma para fundirse con la tuya.

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Lunes, 10 de diciembre

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