Secularizados, mística y obispos

RESONANCIA

16.09.18 | 11:23. Archivado en Espirtualidad mística

Seguro que te ha ocurrido muchas veces: palabras, imágenes literarias, frases de la Sagrada Escritura, antes leídas o escuchadas con plena rutina, de pronto han producido en tu espíritu una resonancia cadenciosa, una emoción inexplicable. Como un imán de gozo que atrae tu alma hacia la trascendencia. Es una gracia actual de importancia. Parece como claridad nítida en la bruma de la fe. Te sientes obligado a exclamar: "El dedo de Dios está aquí."

He conocido a un sacerdote que predicaba siempre dentro de esa emoción; en la resonancia de lo divino. Lo comprendo del todo, aunque para mí esa melodía mística no sea constante.
Me gustaría, hermano, que el Señor dejara escuchar en nuestros corazones la sinfonía maravillosa de su canción de amor. Pero no para nuestro recreo y gusto interior, - ¡sería indigno- sino para que sepamos entregarnos sin descanso al trabajo de evangelización. Seríamos más audaces y menos "prudentes". Abandonaríamos esa postura calculadora, y comenzaríamos a entregarnos sin medida.
¿Cuándo sabremos, como San Pablo, predicar "oportune et importune"? Y no digas: "Yo no lo merezco". Tal vez dentro de esa falsa humildad se encierre el egoísmo de no complicarte la vida.

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Quieto delante de Ti. Puntos de oración. 16-9-18

16.09.18 | 05:02. Archivado en Espirtualidad mística

1.- Me quedo aquí, quieto, sentado delante de ti, Señor, en esta iglesia delante del sagrario; y me vine a la memoria el canto que ayer leía en latín: "Qué amable eres, buen Jesús, oh buen dulce Jesús; qué deleitable eres, buen Jesús".

2.- Quiero sentir en mí tu amabilidad, tu bondad, tu amor. Quiero que sea para mí durante el día mi mayor placer; sentir el calor de tu corazón.

3.- Quiero que sea para mí la alegría de mi corazón, el solaz de mi mente atormentada a ratos por tanta desgracia del mundo y de la existencia.

4.- Oh buen Jesús, óyeme; dentro de tus llagas, escóndeme. Este es mi deseo y a la vez mi súplica a ti Padre en nombre de este mismo Jesús. En Vos está el hacerlo realidad.

5.- El padre Pío pasó su vida envuelta en amarguras; en marginación enorme por parte de la jerarquía, y a vez en olor de multitudes, e incluso, a temporadas con el parabién de papas. ¡Cuánto sufrió! Pero tenía una convicción profunda de tu amor y en ti encontró su solaz. Dadme, Señor, espíritu de abnegación y dolor de mis pecados. Y haz que siempre me adhiera a ti, y no permitas que me aparte de ti.

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Miércoles, 20 de febrero

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