Secularizados, mística y obispos

¿QUIEN SERA EL LOCO?

12.08.18 | 18:27. Archivado en Actualidad

Cuando miro a la gente y contemplo la vida de muchos santos, se me ocurren preguntas como ésta: ¿Quién estará loca la gente normal o los santos extraordinarios?
La razón me aconseja a pensar: Si creemos, hemos de ser consecuentes con nuestra fe. Eymard, Micaela del Santísimo Sacramento, D. Manuel González, el Padre Nieto creyeron en la presencia de Jesús en la Eucaristía. En pura consecuencia de fe, dedicaron larguísImos espacios de su vida a la contemplación y adoración del Señor en el sagrario.

Amigo mío: tú y yo creemos. ¿Ya dedicamos grandes ratos a sacar fuerza de Jesús por nosotros sacramentado?
Pienso que la mayor parte de los hombres estamos bastante locos o tenemos el gusto depravado. ¿Por qué? No actuamos en consecuencia con cuanto creemos. Y, lo que es peor, a veces ni lo intentamos. Nos apegamos a algunas cosas sobre manera. Todo gira alrededor de ese nuestro gusto. Basta con preguntarnos de vez en cuando la clásica cuestión de Tissot ¿Dónde está mi corazón ahora? ¿Dónde halla nuestro corazón reposo? Si la respuesta más frecuente fuese EN DIOS, entonces nos encontramos en proceso de curación de esta locura. Leía en un libro de espiritualidad estas ideas: hay tres clases de sabiduría reprobadas por la Sagrada Escritura: La terrena, buscadora sólo de riquezas; la animal: no apetece sino los placeres del cuerpo; la diabólica (sic), pone su fin en la propia excelencia. Esta última es la más impresionante; es la más sutil. A veces me pregunto: ¿no estaré en el fondo yo dominado por ella? ¿No deseo en el fondo esa estimación humana? ¿Por qué no amo la humildad con más ahínco? ¿Por qué critico de gran parte de personas? ¿Por qué en el fondo me juzgo superior a muchos, aunque no me lo formule claramente? Créeme, amigo, con frecuencia estas preguntas me inquietan. Es tan fácil justificarse... ¿Estaremos locos, Señor?

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PREDICADOR ENAMORADO

12.08.18 | 11:07. Archivado en Espiritualidad - Mística

Me da como apuro citar su nombre, por eso me lo callo. Pero sí se trata de persona que lee nuestra revista, conocido de muchos.

- "No podía mi sicología - dice- hablar de Dios de modo repetitivo; como quien recita un tema aprendido. Hablo siempre con la misma emoción que en mis años jóvenes; y si no fuera así, imposible para mí continuar con este ministerio sagrado."

Le he escuchado pocas veces, pero su palabra cala en el alma, penetra en el corazón como espada de dos filos.
¡Quién pudiera oírle todas las semanas! Habla de Dios consciente de que El es el dulce huésped de su alma. A veces suspira en su elocución. ¡Quién pudiera como él estar enamorado de Dios!
Este modo de hablar no se improvisa. No es fruto de estudio, ni de ensayo teatral. A la fuerza nos tenemos que encontrar ante un alma, cuya vida entera es pura intimidad con Dios. Tú y yo tal vez somos cristianos de a pie; de los que todas las mañanas hemos de entonar el "mea culpa" antes de recibir la Eucaristía, porque el egoísmo, el genio o el apego a la materia, constituyen adherencias diarias.
Vamos a entusiasmarnos de Cristo, como el hombre de nuestro tema, que siempre habla de Dios desde la hondura de su corazón.

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Por Ti madrugo. Puntos de meditación 12-8-18

12.08.18 | 05:04. Archivado en Espirtualidad mística

1.- Aunque siempre madrugo, hoy ha sido hacia las cinco de la mañana. Aquí me tienes de nuevo. Soy templo vivo de Dios y deseo vivir siempre en tu presencia; vivir todo el día en recogimiento, consciente de mi dicha y siempre amándote a ti en ti mismo y en mis semejantes. Ayúdame.

2.- ¡Qué suerte la mía que me has regalado! Mucha gente va tras las riquezas; yo quiero ir detrás de ti, ayúdame. Quiero seguirte de cerca. Aunque no supe serte tan fiel como otros, deseo ser ahora bueno como el Hijo Pródigo cuando volvió a la casa del padre.

3.- Tocar la orla de tu vestido como la Cananea, para que salga de ti una virtud que me sane; sáname, Señor, mira que siento gran compunción por no haber sido sacerdote santo.

4.- Fui mediocre, a pesar de todas las gracias que me has dado. No supe renunciar al placer; no me sacrificaba en nada; tan sólo aceptaba cuando me venía algo, y luego no tuve fuerza para vivir.

5.- En soledad. No supe enamorarme de ti que eres mi bien y mi todo. Pero tú me quieres, Y tú sabes que te amo y seguiré.

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Viernes, 22 de febrero

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