Secularizados, mística y obispos

Confidencias al clero ENAMORARNOS DE LA EUCARISTIA

13.01.18 | 17:14. Archivado en Confidencias al clero

Desde mis años infantiles he centrado mi vida espiritual en la Eucaristía. Tal vez sea también éste tu caso. De todas las formas, vamos a ir adentrándonos en el Gran Misterio de de nuestra fe. Si permanecemos delante de Jesús hecho hostia con gesto sencillo de amor y espera, El se nos dará. Nuestra vida será de fervor e ilusión.

Me emociona la Eucaristía. Es la fidelidad total de Cristo a su promesa de salvación. El sabía nuestra indigencia y se nos entrega, para acompañarnos en nuestra marcha. Y no lo realiza con la lógica de los hombres, sino con la economía de Dios dentro de la fe. Todo celado, oculto en el misterio. Viene a ser la solución a un doble problema: el de un Dios que no se deja descubrir y el de los hombres que buscamos a Dios. Es el choque, el encuentro de estas dos realidades.
La Eucaristía es el gesto de un Dios amigo. Su amor es tangrande que rompe todos los moldes racionales. Si creemos en la Eucaristía, a la fuerza nos atraerá el Sagrario. Dirán: inicialmente se reservó a Jesús para la comunión de los enfermos. Está ahí, yo iré a El; le visitaré porque correspondo a su amistad; porque debo ser agradecido.
El alma deberá ser calentada con la presencia de la Eucaristía, y si se aleja, comenzará a ponerse tibia y después fría como un témpano. Sin la gracia de la comunión frecuente y fervorosa no podemos esperar más que tibieza y desilusión. Pero es preciso huir de la rutina. Porque si abrimos el alma a influencias y aficiones de este mundo hasta que constituyan un total apego, esas cosas nos llamarán del todo la atención y no la Eucaristía.
De la Comunión hemos de conseguir la gracia para llegar a la santidad. Muchas veces me pregunto: cuánta eucaristía perdida, pues no soy santo.
Dios se nos da. No somos nosotros los primeros en amar a Dios, sino El quien nos ha amado. Cuando de una vez nos hayamos dado cuenta de esta realidad, comprenderemos mejor cómo debemos apreciar la Eucaristía. Cada recepción de Jesús en nosotros nos asemeja más a El y, por consiguiente, más nos quiere.
Los mejores ratos de mi vida, los pasados reposadamente junto al Sagrario, hablándole de El, hablándole de mí, confiando en que seguirá derramando su gracia sobre este mundo frío y distante.

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DOMINGO 2º DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

13.01.18 | 09:34. Archivado en Homilías

14 ENERO 2018 Jn. 1,35-42

1.- Juan el Bautista decía de Jesús: "Éste es el Cordero de Dios". Se encontraron con Él Andrés y otro discípulo, y le preguntaron: "¿Jesús, dónde vives?. Después de pasar la jornada decidieron abandonar las redes y seguirle. Andrés un poco más tarde se encuentra con su hermano Simón Pedro y le dice: "Hemos visto al Señor". Lo presentó y también fue un nuevo discípulo.

2.- Una enseñanza para nosotros: Si seguimos a Jesús ha de ser al estilo de Andrés que lo comunicó a su hermano Pedro. La Providencia premió aquel acto de Andrés y Pedro fue más tarde la roca y fundamento de la Iglesia. Cuando comunicamos de una manera sencilla algún tipo de experiencia de fe, siempre produce su efecto. Confiemos en la Providencia de Dios que se sirve de nosotros para extender su Reino. Y le decimos: Señor, que tenga siempre el valor necesario para manifestar de una manera sencilla mi fe.

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Amar, dándome cuenta... Puntos de meditación 13-1-18

13.01.18 | 04:46. Archivado en Espirtualidad mística

1.- Amar, dándome cuenta de que mi meta es Dios solo. Dame, Señor, un corazón limpio, amable, generoso; y quítame el corazón egoísta.

2.- Siento URGENTE APREMIO Y NECESIDAD de dejarme invadir por la Gracia y por la PRESENCIA que me habita y en la que habito.

3.- Yo, tengo que ser, presencia callada tomada por Jesús, por mi Dueño o Esposo, generando energía divina que no se ve, pero se vive y se siente su eficacia.

4.- Fermento casi invisible pero bien eficaz. ¡Cómo sabía de estos menesteres Jesús de Nazaret, a buen seguro que había visto a su santa Madre tantas veces hacer la masa para el pan.

5.- Las máquinas se ven, la energía no, pero sin ésta de nada sirven las mejores técnicas, la mejor factoría..., viene a ser lo que Sta. Teresa de Lisieux decía al respecto del "corazón de la Iglesia". (Sor Paulina)

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Lunes, 19 de noviembre

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