A sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos de ambos sexos
¡Cuántas veces hablamos de fidelidad! De verdad me gustan las personas que hablan de ello y procuran vivir en consecuencia. Pero hemos de tener en cuenta que no la fijaremos en la mera defensa de la ortodoxia en el sentido abstracto. Hemos de advertir: el Dios que ama la verdad, ama también la misericordia y sufre con el Pueblo. Por eso nuestra fidelidad ha de vivir en unión íntima con la bondad de corazón, con el amor a la paz y a la concordia.

Los profetas de Dios, verdaderamente fieles, no pecaban ni de
verticalismo ni de horizontalismo.
A mí me hubiese gustado ser tan fiel como muchos hombres santos; tal vez al no haberlo conseguido, se ha acentuado en mi manera de ser, más que antes, la comprensión y simpatía por los más débiles no sólo en lo físico, sino también en lo moral. Me parece fundamental es ser hombre o mujer de fe humilde. Y tratar de corresponder lo más fielmente posible a la gracia del Señor.
A veces Dios nos pide una cosa; no le hacemos caso; nos la vuelve a pedir; no aceptamos. Así se suceden varias proposiciones. Luego pasan esas circunstancias. La petición del Señor no tiene ya lugar, porque repetidas veces no fue acogida. Por eso decía San Agustín: "Temo que el Señor pase delante de mí y no le haga caso, porque tal vez no vuelva a pasar."
Vamos a ser dóciles en seguir las inspiraciones del Espíritu Santo. Tú has dado garantías muchas veces ser capaz de ello, por eso te entregaste un día incondicionalmente. Pero hemos de pedir en la oración esta fidelidad, porque de lo contrario, las propias fuerzas son débiles.
Llegaríamos mucho más alto en nuestra relación con Dios si no nos guiáramos por nuestra mera prudencia calculadora y cerebral. Dios tiene subordinadas gracias posteriores al buen uso de las anteriores. Y esto resulta apasionante, si somos fieles a todo.
Si queremos progresar en los caminos de Dios, tenemos que ser fieles. Ocurre a veces: recibimos del Señor una buena inspiración y somos atacados de dudas, repugnancias, dificultades. No la vamos a rechazar, aunque nos cueste. Si la acogemos de corazón, nos llenará de paz.
La causa de que todavía no hemos llegado a la perfección es sin duda el haber regateado mucho con Dios y así habernos cerrado a sus inspiraciones.
San Pablo ya lo dijo. Sabes la frase de memoria: "Porque los que son movidos por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios". Vamos a dejarnos mover. La inspiración del Espíritu Santo es a la virtud lo mismo que la tentación con respecto al pecado. Tú y yo debemos de ser dóciles a estos movimientos de Dios.
José María Lorenzo Amelibia
Te recomiendo mi página web http://personales.jet.es/mistica
Más de mil artículos del autor sobre enfermos y debilidad en http://opina2000.com
Miércoles, 22 de mayo
Carlos F. Barberá
Juan Fernandez Krohn
César Luis Caro
Josemari Lorenzo Amelibia
Urbano Sánchez García
Alejandro Córdoba
José Manuel Bernal
Asoc. Humanismo sin Credos
Rufo González Pérez
Francisco Margallo