Secularizados, mística y obispos

JOSÉ MARÍA CONGET, EL OBISPO BUENO

26.02.12 | 15:56. Archivado en Ejemplos de vida

Nació en el año 1926 en Tauste (Zaragoza, España); su vida casi toda ella se realizó en Navarra. Vivió de niño en Pitillas. Estudió en el Seminario de Pamplona. Primera Misa en el año 1951. Coadjutor de Estella con el gran párroco de San Juan, don Miguel Sola.

Director de la Casa de Ejercicios del Puy en Estella, donde tuvo la iniciativa de los "Coloquios" para la juventud. Fue llamado a Madrid por la Conferencia Episcopal para desempeñar un cargo nacional de Acción Católica de jóvenes. Más tarde se le designa como párroco en las de San Fermín y San Miguel de Pamplona. Asimismo distintos cargos diocesanos. A sus sesenta y tres años es consagrado obispo de Jaca; doce años más tarde, el 18 de octubre del año 2001 entrega su alma al Señor.

UN PREFECTO DE DISCIPLINA SIN IGUAL EN EL SEMINARIO DE PAMPLONA
Conocí a José María Conget en 1950. Él contaba entonces 24 años; la flor de la juventud. Cursaba cuarto de Teología en el Seminario Conciliar de Pamplona; decían que era muy listo. Ojos azules, estatura media, como de 1,75, pelo negro, facciones angulosas, mirada hacia delante, decidida y sincera. Se adivinaba en él un gran corazón. Llevaba gafas. Le habían nombrado los superiores del seminario subprefecto de Filosofía, o sea ayudante del prefecto, educador diríamos hoy. Venía ordenado de subdiácono, con sotana y coronilla. Se le encomendaba sobre todo la custodia de los alumnos de quinto curso, muchachos de dieciséis años: unos adolescentes muy alborotados, a los que era preciso hacer reflexionar, y él iba a realizar esta labor con nosotros.

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Soledad: deseada o forzosa

26.02.12 | 11:04. Archivado en Enfermos y debilidad


Me decía un amigo: Me gusta la soledad. Pero no en un total aislamiento. Meterte en una casa de campo, a media hora de la ciudad, resulta saludable. Pero internase en el desierto tiene que dar sensación de angustia.

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Oh María, Madre mía. Puntos de oración 26-2-12

26.02.12 | 06:00. Archivado en Espiritualidad - Mística

1.- Oh María, Madre mía, oh consuelo del mortal: amparadme y guiadme a la Patria celestial.

2.- En este día me entrego, Virgen María, a tu amparo maternal. Me gustaría tener esta devoción sensible a ti, pero solo es devoción de convicción y de siempre haberme educado junto a tu regazo.

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Sábado, 23 de septiembre

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