Con frecuencia pienso en la muerte. Ahora más que antes. Sobre todo desde la muerte de mi madre, desde mis cincuenta años. Me ayuda mucho leer en vidas de personas santas cómo ellas han afrontado el problema. No hace mucho leía y se me grabó:
El padre Nieto entregó su alma al Señor la noche del Viernes al Sábado Santo de 1974. El jueves pudo celebrar privadamente la misa de la Cena del Señor. El mismo viernes Santo no salió apenas de la capilla en todo el día. A las cinco y media recibió la comunión. Cenó normal. Cuando se fue a acostar, tocando la puertecilla del sagrario, se despidió de Jesús como todas las noches: "Si quieres, puedes llamarme esta noche".
Besó la imagen de la Virgen y dio tres besos al crucifijo. El hermano notó que el Padre Nieto comenzaba a tiritar como si tuviera frío. Le arropó, pero seguía temblando. Comenzó el dolor y la gran dificultad para respirar. Cayó en cuenta de la gravedad e inició el coloquio con el Señor, uniéndose a su pasión:

El arzobispo Emmanuel Milingo ha afirmado hoy que no acepta la excomunión dictada por el Papa Benedicto XVI y que "la devuelve al Vaticano para que sea reconsiderada".
1.- Que toda mi vida esté orientada a la santa Iglesia.

2.- Que transforme la cáscara de ella tan "legal y distante" en acogida cordial, en amor verdadero, en amor de sentimiento.
Viernes, 1 de junio
Juan Fernandez Krohn
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