
A nuestros queridos obispos: A veces oímos a los seglares criticar las vanidades de nuestros jerarcas. No es infrecuente en el obispo la tendencia muy humana de seguir subiendo en el "escalafón".
Pero el siervo de Dios no puede aspirar a eso. Es propio de los mundanos, y escandaliza a los fieles e incluso a los no creyentes. El verdadero obispo, "indigno siervo de Dios", procura gloriarse en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, como San Pablo, en la pobreza de Jesús, en el servicio sencillo a los sacerdotes y seglares.
Esa es la verdadera categoría del obispo. De vez en cuando encontramos casos de éstos. Hemos de darnos cuenta de que nuestras miserias en este terreno trascienden al exterior y tarde o temprano salen a la luz pública.
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Cuando hay un consistorio, me revuelvo por dentro. Son cosas que se repiten en la Iglesia y la figura del cardenal no es del evangelio. Debiera ser un cuerpo a extinguir.
Felicitemos a Mons. Abril. Ha llegado al grado supremo del escalafón en la Iglesia. Por pocos años, pues es mayor.
Viernes, 1 de junio
Juan Fernandez Krohn
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