
Recuerdo que en mis años de estudiante vino en una ocasión un padre jesuita a darnos Ejercicios Espirituales y no cesaba de hablarnos de la humildad. Pero lo que de verdad nos extrañaba es que siempre ponía el ejemplo de los obispos: cómo aspiran a serlo, y una vez que entran en órbita – esta era su frase – no cesan en el deseo de medrar.
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Nosotros no llegábamos a entender aquello. Nos parecía incluso fuera de lugar, porque lo inmediato era ser seminaristas mayores y después sacerdotes. Pero cuánta razón tenía aquel jesuita.
Hoy veo cómo gustan de subir en el escalafón: a arzobispos, a cardenales, a curia… les encanta, de tal manera que los últimos papas en distintas ocasiones les han llamado la atención para que no aspiren a hacer carrera. Tienen sesenta y más años y ni siquiera piensan en la muerte, sino en crecer más.
1.- Señor, veo mi necesidad de felicidad y de subsistir. Trabajo para ello.

2.- Necesito de tu amor de Padre para ser un poco feliz//.
3.- Hoy, Señor, gracias a ti, miro la muerte sin espanto. Le he perdido aquel miedo que me hacía temblar, pero todavía no la deseo como lo hacían los santos para juntarse contigo.
4.- Dame, Señor, la gracia de un amor sereno al encuentro definitivo contigo. .- Allí viviremos para siempre juntos sin temor a envejecer.
5.- Te pido por mi familia, por mis amigos.
6.- Mira cada uno de ellos con cariño y derrama sobre ellos tu gracia y bendición para que sigan por el camino del bien.
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Viernes, 1 de junio
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