
Suelen decir que la medida del adelantamiento en la virtud es ver cómo va uno en el terreno de la mortificación. Es lógico.
La adquisición de hábitos buenos lleva consigo sacrificio y constancia. Humildad, dominar las pasiones, paciencia, retirarse de las aficiones del mundo, caridad, condescendencia... todo esto resulta costoso y exige mucho sacrificio.
A mi juicio la abnegación, renuncia, espíritu de mortificación es muy difícil de conseguir. Y es necesario comenzar por la oración diaria. Pedirle a Dios este don para poder avanzar. La honradez más elemental exige no aconsejar a otros lo que uno no practica o se esfuerza por practicar.
1.- .- Ves, Jesús, que en mi vida aspiro a la perfección; ves en mí algún interés.

2.- Por tu misericordia no me han infectado las ideas progresistas de cierto desprecio a la oración; pero se me hace duro el orar; como poco entretenido, porque soy el eterno principiante.
3.- Sin embargo, por nada la dejaría.
4.- Dadme el don de oración, el don de abnegación, la perseverancia final y celo por la salvación de las almas.
5.- Ayúdame a cambiar sin desanimarme.
6.- Que acabe de entregarme de verdad.
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Domingo, 19 de mayo
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