Secularizados, mística y obispos

La formación en los seminarios en nuestros tiempos.

23.10.11 | 11:36. Archivado en Crítica
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Algo muy positivo: me siento feliz de la formación religiosa y teológica en el seminario de Pamplona. Los superiores supieron imbuir en mi alma virtudes fundamentales: fe, esperanza, amor a Dios, celo por la salvación de las almas, amor total a mis semejantes.

Y otras muchas: prudencia, sentido de justicia y equidad, compañerismo, laboriosidad, aprecio a la gente, cierto sentido de igualdad fundamental entre las personas, pobreza y amor a los pobres, compasión, dulzura de carácter, fuerza de voluntad, espíritu de sacrificio. Y más: amor, mucho amor a la Eucaristía, a la Virgen María; devoción bien formada; espíritu de oración; respeto a los que mandan; sinceridad; amor a la ciencia y a la cultura… y pienso que se quedan en el tintero otras muchas cosas buenas que he asimilado en mis años de formación.

A pesar de todo, algo fallaba en aquel cenobio, en aquella escuela de perfección, ¡y algo fundamental! Y no culpo de ello a mis magníficos educadores y profesores, casi todos ellos competentes, fuera de muy pocas excepciones deplorables. De hecho vivimos durante doce cursos, años fundamentales de la existencia humana, la adolescencia y primera juventud, vivimos metidos en un fanal.

A espaldas de la realidad humana, segregados del resto de las personas – buenas y malas – que existen en el mundo. Veíamos la realidad a través de la explicación de nuestros superiores, y durante el período de vacaciones. - ¡Las vacaciones ansiadas siempre! - Y sin embargo, también entonces separados de la realidad, siempre unidos al grupo de seminaristas, en un reducto bien protegido.

Mi padre a veces – muy sabiamente – me solía decir: “Vosotros veis el mundo por un agujero. Y lo peor que ese aguajero está medio tapado”. Lo lamentaba. Pero él – hombre fiel a la Iglesia – no se atrevía a pasar a la acción después de advertir que algo muy grave estaba pasando. Un día, teniendo yo catorce o quince años, en un paseo con mis padres, vi un gallo que montaba a su compañera.

Me llamó la atención; ingenuamente les dije a mis padres alguna simpleza fuera de la realidad. Mi padre después le comentó a mi madre (me enteré muchos años después) cómo podían tenernos así en el seminario, sin saber nada de la procreación en los seres vivos. Y así era. No se atrevió él a descubrirme este sencillo misterio.

Ignorancia, formación tardía en la vida afectivo – sexual; falta de madurez subsiguiente. Porque la realidad es que la mayor parte de cuantos subíamos las gradas del altar, llegábamos a la meta, a nuestro ansiado sacerdocio, con una inmadurez afectivo sexual plena y total. En aquellos años de formación a veces uno sentía un afecto de enamorado hacia algún compañero más tierno.

Había que cortar aquello de una manera tajante, porque las amistades particulares pueden hacer mucho daño a nuestra vida interior. Pero creo que todos ignorábamos que aquellos afectos eran el sucedáneo del enamoramiento de una chica. Y así caminábamos. Pienso que nuestros educadores lo sabrían, pero se limitaban a ayudarnos a cortar un afecto extraño.

Mientras tanto nos hablaban del peligro del trato con las chicas. Las veíamos como ocasión de pecado. Nos daba, sí, gusto verlas, tan lindas y entrañables, pero aquello no era para nosotros; porque nosotros no debíamos casarnos. Para nosotros era tema tabú. Fuera, fuera… ya pasará la racha de esos comienzos de enamoramiento en las vacaciones. Recuerdo que un compañero no quería entrar en el seminario después del tiempo estival del curso séptimo.

Nos decía a los amigos: “Me he enamorado de una chica; yo no entro, me vuelvo a casa”. Nosotros casi le empujábamos para que traspasara la puerta y así, a regañadientes, se incorporó. Fue uno de los primeros que se secularizaron, como otros muchos – un tercio de los compañeros – lo hicimos meses después, cuando se abrió la puerta.

Han pasado ya muchos años desde entonces. Ahora en mi ancianidad fecunda en ideas, llena ya de madurez, aunque un poco tardía, me formulo muchos interrogantes sobre aquella manera de educar: ayudarnos a cerrar los ojos para que no nos diéramos cuenta de la realidad humana – afectivo – sexual. No llego a entenderlo. Y no culpo de ello a mis profesores y educadores. Ellos muy probablemente también sufrieron los mismos traumas educacionales que nosotros; eran hijos de su tiempo. Pero algo fallaba en el sistema. Fue Juan XXIII, hombre clarividente y humano, quien abrió las puertas para que pudieran salir del clero y contraer matrimonio quienes lo desearan. Porque hasta entonces aquello era un callejón sin salida.

Me da la impresión de que la educación de seminarios en aquellos tiempos tenía mucho parecido con la de las actuales sectas. Es duro decirlo. Me da miedo hacer tal afirmación, pero pienso que por ahí van los tiros.

¿Y quién me dice que muchas defecciones en la fe católica no habrán sido por la amargura de verse en situaciones irreversibles en tiempos pretéritos? Por fortuna hemos superado el trauma.

Pero deseo quede constancia, para que nuestra Iglesia se purifique de tanto lastre acumulado a través de los siglos, a la par que tanto bien, tanta santidad, tantas obras de amor que nos han acompañado, vienen estas lagunas de tipo humano. Porque nuestro Iglesia es santa, a pesar de las arrugas que le han puesto la indignidad e incluso la estulticia de muchas personas. ¡Y muchos de ellos eran dirigentes!

Puedes mirar mi página web http://personales.jet.es/mistica

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Comentarios
  • Comentario por Mercedes 26.10.11 | 11:59

    Los internados antiguos tendrían muchos inconvenientes, sin embargo observo que todos los chicos y chicas, hayan llegado a profesar o no, que han pasado por seminarios o colegios apostólicos, son por lo general profundamente religiosos y durante su vida han sido testimonio y ejemplo.

  • Comentario por Lucas 25.10.11 | 18:34

    Durante unos pocos años los seminarios fueron a parar a pisos particulares, y entonces el desastre gue mayor.

  • Comentario por Carmen 25.10.11 | 12:38

    Mi formación fue muy parecida a los seminarios, pues fui religiosa, auque salí en el noviciado. Y veo las mismas cosas buenas y malas que aquí se reflejan.

  • Comentario por Sofía Martos 24.10.11 | 16:31

    La manera de educar en la fe anterior al concilio era tremendista; metían el miedo en el cuerpo. Es verdad que el santo temor de Dios es algo bueno y comienzo de la Sabiduría, pero es que en nuestra edad infantil se resumía la religión en: pecado e Infierno. Y si te portas bien, irás al Cielo. Y menos mal que había mucha devoción a la Eucaristía... Pero nos metían el miedo en el cuerpo. Oí a un predicador que afirmaba que había algún niño en el Infierno por un solo pecado mortal... ¿Cómo se enteraría aquel predicador?

  • Comentario por Urriza 24.10.11 | 10:43

    Y pensar que hoy en día se ha comenzado a educar al estilo tridentino... pero con mucha mayor crudeza. Estoy pensando en Las Hermanitas del Cordero. Vamos del edonismo de nuestros días a un régime de tremenda penitencia que me cuesta mucho creer que Dios quiera eso.

  • Comentario por Antinio Carrillo 23.10.11 | 23:21

    Me gusta esta crítica serena, positiva, constructiva y llena de fe y esperanza. Creo que todos hemos de dar nuestro punto de vista a estas situaciones eclesiales. Es la manera de mejorar.

  • Comentario por Gaviota 23.10.11 | 19:57

    Arnulfo, hijo mío, con los palillos que me das, no se puede hacer mucho encaje de bolillos.Dices que muchos obispos" son ya viejos, y tienen el alma un poco acartonada", (y antes de llegar a viejos?). "Otros estan enamorados de Dios desde su juventud". Esos naturalmente no van a enamorarse de"amores terrenales"...Otros, "viven con el peso encima",(menos mal que no está en el piso de encima,generalmente no hay pisos encima, o sea no hay opción).Algunos tendrán sus devaneos"... pienso yo tambien ,"pero restringen su alma para no enamorarse y la retuercen".
    Ahora bien. Tu crees Arnulfo que a Dios le gusta muchísimo todo este martirioligeo, y se lo agradece como a hijo amantisímo? Te digo que yo creo que no. Que hoy votarían a favor? Pues hay que ser ciego para dudarlo, pues con esta crisis, si no tienes trabajo ni de Administración ni de Dios, dime tu a mi, si por arte de birlibirloque, te vas a convertir en lirio del campo.Se le echaron encima a Juan XXIII los de siempre.-

  • Comentario por Arnulfo de Orleans 23.10.11 | 19:19

    Yo no soy obispo, Gaviota, pero te digo mi opinión. Muchos obispos son ya viejos y tienen el alma un poco acartonada. No se pueden enamorar. Otros, están enamorados de Dios desde su juventud. Otros, pienso yo, viven con el peso encima; restringen su alma para no enamorarse y la retuercen. Algunos, creo que los menos, tendrán sus devaneos. Pero a la hora de votar sobre el celibato, la mayoría, hoy por hoy creo que votarían a favor de él. Por otra parte, nadie vota. Es lo que quiere el Papa, y sobre todos los cardenales de curia, pues dicen que Juan XXIII quiso quitar la ley del celibato y se le echaron encima.

  • Comentario por Gaviota 23.10.11 | 19:08

    Quiero que esteis sentados, caros mios, para que no os caigais patasparriba...pero voy a hacer una pregunta ingenua.
    así; las manos juntas, los ojos bajos y los pies cruzados...
    Vosotros caros Obispos, nunca jamás os habeis enamorado de ninguna chica, que pasara por la iglesia, o fuera de ella,? o sea solamente de Sta Cecilia,? Es que estais vacunados, contra el amore? O os habeis puesto una pinza en el cerebelo. No, no hace falta que me contesteis....y mucho menos enfadaros por la pregunta. Ay Jesús!-

  • Comentario por Alfredo 23.10.11 | 17:59

    Dejé la carrera de cura en los primeros años, pero con mucha angustia, porque nos decía un director de ejrecicios: "El que pierde la vocación, corre mucho peligro de condenarse". Yo creo que nunca tuve vocación de solterio, ni siquira de cura

  • Comentario por Pastor 23.10.11 | 17:36

    Me gustaría que "resucitara" ACÓLITO y nos dijera qué la parecía su formación en los seminarios. Yo no la conzoco y creo que él tendrá un criterio distinto de los que aquí escriben.

  • Comentario por Anselmo 23.10.11 | 16:24

    Las amistades particulares eran el sustitutivo del enamoramiento normal. En algunos casos casi llegaban a noviazgo, pero no conocí que pasaran de ahí. En pocas ocasiones, pienso yo, pudo degenerar en homosexualidad. Por fortuna, al salir del seminario, desaparecían por completo, fuera de casos de verdaeros homosexuales. ¿Hoy habrá en los seminarios este problema? He oído que sí se dan casos e verdadera homsexualidad en seminarios y que incluso algunos seminarios los han tenido que cerrar por estos problemas. Sólo son rumores por mi parte. Me gustaría saber si hay algo de verdad en esto.

  • Comentario por María Luisa 23.10.11 | 14:58

    Creo que ahora ningún nuevo sacerdote se puede quejar de inmadurez afectivo sexual, pero siguen secularizándose. Incluso cononzco un caso de uno que ha salido, entró al seminario a los 24 años y tuvo antes novia. Ahora, vuelto a enamorarse de otra, ya está casado, con treinta y cinco años. Cuatro o cinco años después de cantar Misa.

  • Comentario por Angel Garcia 23.10.11 | 14:32

    La formación de seiminarios en tiempos pasados era muy buena en el terreno espiitual. Estuve en un seminario ocho años y me ha venido muy bien durante toda mi vida la espritualidad allí aprendida y asimilada. Doy gracias a Dios por ello. Lo demás que se mencina aquí no puedo juzgarlo, aunque sí me parece que era imposible salir de allí con una madurez psíquica en lo humano.

  • Comentario por Mateo Calavia 23.10.11 | 13:29

    Pensando en todo esto cada vez me convenzo más de que debe llega el tiempo de menos imposiciones por parte de la Igleisia: sí orientación, consejo...

  • Comentario por Andrea Jara 23.10.11 | 13:03

    Esa jnmadurez afectivo sexual de que se habla ha sido la causa de que la mayor parte de los sacerdotes haya tenido que replantearse su vocación al celibato, hacia los treinta años. Muchos han optado por casarse, dejando armas y bagajes colgados. Otros, debiéndolo hacerlo, no se han atrevido; normal. Algunos se han dado cuenta de que de verdad su vocación al celibato les servía para el ministerio. ¡Esos son los que eran llamados al celibato: no los del primer y sgundo bloque.

  • Comentario por Lucio 23.10.11 | 12:17

    La gran responsabilidad de la Iglesia en las orientaciones de los seminarios de mediados del siglo XX y anteiores fue el tener a sus futuros sacerdotes metidos en un fanal y luego sacarlos al mundo con el compromiso del celibato, a ellos, que habían visto el mundo por un agujero. Después, decían ellos mismos a quienes salíamos que habíamos sido infieles. ¿Cuándo se arrepentirá de esto la Jerarquía?

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