Secularizados, mística y obispos

Conflictos con la Jerarquía

07.11.10 | 10:50. Archivado en Crítica


La jerarquía de la Iglesia sabemos que no ha gozado siempre de gran discernimiento para enjuiciar causas y personas. Por eso no conviene ser papanatas y creer que cuanto dice o hace un obispo es una maravilla de discreción y acierto. Hoy nos ocupamos del caso de:
Magdalena Aulina y Saurina. 1897-1956
Fundadora de las Operarias Parroquiales


Magdalena Aulina llevaba ya veinticinco años trabajando en Bañolas, su pueblo natal, junto con un grupo de jóvenes, en actividades apostólicas parroquiales, cuando surgieron los conflictos. Su obra, muy modesta en sus orígenes, iba cargada de gran fuerza y vitalidad. Como las obras de los santos.
Tuvo Magdalena fervorosos seguidores, muchos admiradores, y muchos curiosos que estaban a la expectativa.

Hay que contar igualmente con un grupo de envidiosos que nunca suelen faltar en semejantes ocasiones. Lo indiscutible es que aquella mujer de Bañolas, todavía joven, había roto moldes, abierto caminos nuevos.

Llegó el momento en que las autoridades eclesiásticas consideraron su deber de actuar: a las oficinas de la curia episcopal habían ido llegando denuncias en torno a la seudosantidad de ciertas personas, entre las que se encontraba Magdalena Aulina. Eran habladurías sin concretar, pero que inquietaban a muchos.

Entre 1933 y 34, Magdalena se vio envuelta en un desagradable proceso, instruido por el obispo de Vich, en calidad de administrador apostólico de la diócesis de Gerona, entonces sede vacante. Magdalena lo asumió con toda seriedad; no puso la menor resistencia a la intervención eclesiástica.

El dictamen de los peritos consultados por el obispo se pronunció por la necesidad de aprobación diocesana previa para la obra de Bañolas. Magdalena contestó por escrito, jurídicamente asesorada, haciendo resaltar el carácter laical de la obra.

En 1939 un decreto del obispado de Gerona, resumía las acusaciones contra Magdalena, que habían dado lugar al proceso anterior. Además quedaba patente el aspecto de falta de aprobación canónica para la obra de Bañolas, Magdalena seguía siendo acusada de desobediencia al prelado en materia grave, y propagar revelaciones y manifestaciones sobrenaturales no aceptadas por la Iglesia. Fue interrogada y contestó. Sin embargo, el prelado diocesano no quedaba satisfecho. Para dar por resuelto el conflicto se pidió a Magdalena que firmara una confesión de fe y una abjuración de errores.

Firmó la confesión de fe. Pero mal podía firmar la retractación de unos errores que no había cometido. No era cuestión de humildad, sino de exponer la verdad sin paliativos. El obispo exigía la firma a ultranza. Y Magdalena no podía firmar sin faltar a la verdad. Se arriesgó a todo y no firmó la declaración. La causa quedó vista para sentencia.

El 3 de agosto de 1939, el obispo de Gerona, con todo el peso de su autoridad, dictaba sentencia prohibiendo la obra apostólica de Magdalena Aulina. Al mismo tiempo privaba de sacramentos tanto a la que consideraba fundadora como a todos sus seguidores, si no acataban la autoridad del obispo de la diócesis. Se creó una situación de molesta perplejidad en muchos simpatizantes de buena fe. Y solamente el grupo de adictos, conocedores y seguros de la inocencia y buena voluntad de Magdalena, se mantuvieron unidos a ella, pero con las penas canónicas encima.

Magdalena, arropada por la comprensión y fidelidad de las operarias y amigos fieles, abandonada por otros, objeto de burlas por ciertos sectores, incomprendida por la mayoría que pasaba de largo ante su tragedia, no tenía más recursos que esperar en Dios y en los pocos que hacían lo que podían.

Caso insólito: Una mujer joven, cuya ejemplaridad no podía ponerse en tela de juicio, es considerada desobediente y rechazada por el obispo, el cual le impone graves penas canónicas. Don Marcelino Olaechea, obispo de Pamplona, de indiscutible autoridad moral, asumió el delicado e ingrato papel de mediador.

El 23 de diciembre de 1941 tuvo lugar en el palacio episcopal de Gerona el histórico encuentro entre el obispo de la diócesis y Magdalena, en presencia de cualificados testigos por ambas partes. El prelado presentó a Magdalena unos puntos complementarios, no previstos en la entrevista, para que los suscribiera. A través de ellos se veía constreñida a aceptar aspectos que no respondían a la realidad.

Se vio metida en un callejón sin salida. El obispo exigía la firma. Don Marcelino Olaechea aconsejó que firmara para que viera el prelado que había en ella buena voluntad. Magdalena se hallaba sometida a una verdadera tortura moral y sicológica. Al fin firmó. Fue un acto de obediencia ciega en búsqueda de la paz.

Más tarde se consiguió la aprobación diocesana de la obra y se extiende con brío por Navarra. Es elevada a Pía Unión en Navarra. En 1962 es erigida en Instituto Secular. Ahora tiene 10 centros en España, 5 en Italia, 4 en Francia; 3 en Puerto Rico y uno en Guinea.

No sé cómo va la causa de beatificación de esta mujer que tanto labor hizo en el Reino de Dios. Pero cualquier día podemos verla en los Altares.

Consecuencia: que los obispos son hombres falibles como todo el mundo. Que a veces se dejan llevar por estereotipos, amor propio, complejo de autoridad y poca humildad. Y es necesario que estos hechos sirvan de reflexión a los prelados de hoy para no caer en los mismos baches que otros compañeros suyos. Y lo mismo podemos pensar con relación a los dicasterios vaticanos. El aforismo que se suele decir: “Roma loquta, causa finita” (Ha hablado Roma, terminó la causa), no quiere decir que hayan acertado. El tiempo puede dar la razón a la otra parte. No vamos aconsejando la rebeldía, pero sí la constancia en seguir una causa justa.

Ver página web http://personales.jet.es/mistica


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Comentarios
  • Comentario por Alfonso de la Paz 08.11.10 | 19:36

    El caso de Aulina es bastante corriente. Es muy importante que los obispos no se dejen llevar de algunos adlateres llenos de envidia y las malas querencias contra otros. Y que él mismo sea un hombre lleno de discreción y celo verdadero. No debieran abundar estos casos. Para un obispo de verdad lleno de fe y amor a las almas debe ser un consuelo que haya personas del estilo de Aulina. Basta hablar con ellas y obeservar su humildad, amor y fe para saber fiarse.

  • Comentario por Lumen 07.11.10 | 16:46

    He leído la biografía de Magdalena Aulina y es conmovedora. Supo respetar la autordiad, guardar silencio sin ser criticona, pero a la vez mantenerse firme porque se veía inocente. Aquí apareció la luz. Pienso en otros casos en que no aparece la luz.

  • Comentario por Gaviota 07.11.10 | 12:26

    ...comportando, como hombre de Dios que era, y menos como eclesáastico de aquél entonces, que lo que ocurrió con este episodio difícil de explicar, fué que al Obispo, le entró un ataque de celos y amor imposible de aquilartar, y que como hombre que era, el cúmulo de querer y no querer, era más de lo que Dios le mandaba soportar. Este dilema del cual no podía hablar con nadie, le hacia ser como demostró, una persona tremendamente cerrada, porque precisamente había cerrado la Puerta para hablar con Dios.
    Solo cuando volvió a abrirla el asunto se arregló. Lo cual demuestra que los Obispos también necesitan,para hablar con Dios ,un pucherito de miel...-

  • Comentario por Gaviota 07.11.10 | 12:12

    ...que "hasta ahí podíamos llegar." y entonces hizo lo posible e imposible para obligar a Magdalena Aulina a firmar algo que no tenía qni debía firma. El Obispo estaba herido en su amor propio , en unos tiempos en que la autoridad eclesiastica era sagrada e importaba más incluso como se veía esto con los ojos del público más que a os Ojos de Dios. La lucha fué titánica, aunque fuera la de la lógica con l
    ilólgico (como sucede hasta nuestrs dias),pero yo con permiso de los Obispos actualizados,me atrevo a decir que el Obispo que tenia la querella, no meditaba, si lo hubiera hecho, habría oído la Voz de Dios , y habría sido la cosa más apacible, como hasta que vino el mediador, que fué como si hubiese sido mandado por Dios.
    Aqui se puede uno imaginar que la cuestión de igualdad de hombres y mujeres, (con el que la mujer no ha salido ganando aunque crean lo contrario...)no existía . Yo más me inclino a creer , puesto que el obispo no se estaba comportando como ....
    .

  • Comentario por Gaviota 07.11.10 | 11:41

    "Conflictos con la jerarquía" Dedicada vida la de Magdalena Aulina y Saurina que es posible que un día
    veamos eb los altares. Pero hay que comprende que estuvo ideada de muchísimo tener que tirar de la cuerda, medir el pulso... y ser "vapuleada mentalmente" por los Obispos del tiempo.
    Sea cuel fuere el caso, lo Senhores Obispos a mi corto entendimiento... no se comportaron como Hombres de Dios.Pues no hijos, no. O debo de llamarles Padres? Se portaron como apaisanados , rústicos y prepotentes senhores corrientes y molientes, sin un átomo de usar la cabez, ya no digo el corazón , puesto que era un caso en el que había que hablar con la lengua y no con los punhos o la fuerza.
    Aqui se junto no solo el hambre con la gana de comer, sino que se quiso demostrar, a Dios y a los hombres?) quien llevaba la batuta ,(lease báculo).y por encima del mundo entero, incluyendo todos los santos y San Pedro que era el que mandaba más, había que demostrar que "hasta ahí...

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