
Recuerdo mis años infantiles: con mi hermano mayor acudía en las tardes domingueras a la parroquia. Allí, en exposición solemne, estaba en la custodia Jesús Sacramentado.
Aquel hermano me decía con voz bajita: - Mira; mira fijamente la sagrada Hostia; verás en ella los ojos de Dios.
Yo miraba sereno, sentado el banco; mis ojos fijos, sin pestañear. Mientras tanto, mis piernecillas, en vaivén constante, incensaban a la Majestad divina. Yo veía allí unas leves sombras, los ojos del Amigo que siempre me han cautivado.
El alma goza cuando conoce una verdad oculta, y se desvanece de en éxtasis cuando descubre este Tesoro escondido. Suenan entonces en el espíritu melodías de campanas y acordes en cascada de órganos místicos.
Somos mayores. Cuando nos encontramos frente a frente ante las velas que ocultan a Cristo, - ¡Dios y hombre verdadero! - lo buscamos con afán; como María Magdalena, cuando observó el sepulcro vacío. Y no deseamos apariciones extraordinarias, pero sentimos una voz interior que nos dice: "Aquí estoy; venid a mí". Y en la custodia santa contemplamos los ojos de Dios.
La Eucaristía es para nosotros la verdad siempre antigua y siempre nueva. ¡La gran verdad! Es el Amor eterno: amor de millones de padres, amor de millones de esposas y amigos y madres y esposos. Nunca jamás podremos acostumbrarnos a El con rutina tibia. Tampoco se acostumbra la mujer enamorada al esposo bueno y tierno, también enamorado.
Miremos a los santos amantes de la Eucaristía; aprendamos de
ellos. Su experiencia y su doctrina confirman nuestra certeza.
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Verás los ojos de Dios, veras el rostro de Dios. Esa es la ilusión de todo creyente: contemplar la realidad del Señor y sacar de ahí ilusión y fuuerza para caminar. Es cuestión de esperanza.
Algo muy lindo y agradable leo en este artículo. Las primeras impresiones de niño se graban en nuestras almas con fuerza. Son gracias actualles con las que Dios hace que la fe arraigue en nuestras almas. Es bueno recordarlas. Aquí se trata de pura imaginación infantil, pero tiene su gran importancia para el futuro. Nos damos cuenta, sí, de eso, de que fue imaginación. Pero en nuestras almas arraiga la fe. El Señor se sirve de estos medios. La realidad es la presencia de Jesús en la Eucristía.
Hace unos días, cuando daba la bendición eucarística con la custodia, notaba tan de cerca a Jesús, que me parecía verlo. Casi no necesitaba de la fe. Pero no siempre es asi. Con mucha frencuencia la fe se hace nebulosa, turbia, como impenetrable. Señor, muéstranos tu rostro, suelo decir. Y me parece también oír la respuesta: "Mi rostro está en el débil, en el pobre, en el necesitado: atiéndelos".
Verás los ojos de Dios"
Josemari.Has dicho todo lo que puede articular palabra "humana" y es verdad que se ven lo Ojos de Dios cuando se mira fijamente a la santa custodia, cuando se "siente en el espiritu, la cascada y el sonido de la campana, alertándote de la presencia del Amor eterno.-
Lunes, 13 de febrero
Francisco Baena Calvo
Alfonso Saborido Salado
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Asoc. Humanismo sin Credos
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